lunes, 25 de marzo de 2019

Pues si ya estamos todos, querido Losada, ¡que viva la madre superiora, xd! El juego de Cronos está servido...Ains


Ya estamos todos

Iglesias parece disponerse a plantear una campaña en clave ideológica, con más mensajes y contenidos y menos tocar la guitarra con María Teresa Campos. Haría muy bien
Pablo Iglesias, en el acto de su regreso en el Reina Sofía.
Pablo Iglesias, en el acto de su regreso en el Reina Sofía Marta Jara / Madrid
Ha vuelto Pablo Iglesias y se nota. En una campaña donde todo se desplaza hacia la derecha extrema y los debates no alcanzan ni siquiera la altura de las polémicas y peleas del Sálvame, resulta reconfortante y un alivio contemplar a un candidato que pretende correr claramente por la izquierda, sin pedir permiso y sin pedir disculpas.
Después de un interminable desfile de oradores, que le confirió al acto un aire al festival de Eurovisión, el deseado se subió a la tarima morada el sábado al atardecer y demostró dos cosas. La primera es que vuelve en plena forma y con ganas de dar la batalla. La segunda es que tiene muy claro que debe tratar de hacerse con el espacio que está dejando a su izquierda Pedro Sánchez.
En su estrategia de ocupar el espacio que le ha dejado libre Albert Rivera, empeñado a su vez en ir a la derecha para quedar como sea por delante del Partido Popular, los socialistas juegan a situarse en el medio de todos los extremos. Entre el independentismo y el neoespañolismo, entre la extrema izquierda y la extrema derecha, allí están ellos, los siempre moderados y sensatos socialistas. Piden el voto para acabar con la polarización, aunque dan pocas pistas sobre cómo piensan hacerlo. No ofrecen políticas, venden una actitud: la derecha extrema promete pistolas y los socialistas prometen diálogo.
Iglesias ha visto el hueco y parece disponerse a plantear una campaña en clave ideológica, con más mensajes y contenidos y menos tocar la guitarra con María Teresa Campos. Haría muy bien. Para todos quienes queremos una campaña donde se confronten ideas y visiones del mundo y se hable de políticas sanitarias, educativas, energéticas o medioambientales, solo puede constituir una buena noticia. Solo puede ayudar a dar cierta altura política y moral a una precampaña que abochorna por su banalidad y prueba, una vez más, que la mayoría de los candidatos están firmemente convencidos de que sus electores no saben pensar, solo saben sentir y cuanto más fuertes las emociones, mejor.
Nunca pensar estuvo tan castigado. Justo cuando más necesitamos lideres y políticos capaces de manejar pensamientos complejos y políticas ambiciosas, más nos ofrecen festivales de fin de curso y chistes de despedidas de soltero.

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