jueves, 12 de febrero de 2009

Las mil y una caras del mismo cuento

Un saludo muy especial para los cuatro: Paco, Luis, Conchita y Amelia. Fue una alegría encontraros ayer tarde en la presentación de esa maravilla de libro "Contra el Islam". Nunca había tropezado hasta ahora con una tesis doctoral de esa calidad: la denuncia lúcida, hecha desde la inteligencia y el amor. El mundo posmoderno y autocomplacido tiene de verdad unas cuantas asignaturas pendientes con las culturas que desprecia y que, por supuesto, desconoce, aunque las utilice y trivialice como telón de fondo para películas, pinturas o floklore exótico, tipo danza del vientre, por ejemplo. Quizás en la base de toda injusticia flagrante lo que late es simplemente, la superficialidad y el indiscreto "encanto" de lo frívolo.
Quiero daros las gracias por haberos constituído como club de cestochuferos asiduos y silenciosos. Eso es lo mejor. Así podemos comentar en persona y en presencia el jugo de lo que descubrimos, pero como me pedísteis ciertas aclaraciones sobre el cuento sufí de ayer, que con tanta prontitud habeis leído y analizado, aquí os las dejo. He pensado que tal vez vuestra petición sea un sigo para que lo aclare a todo el que lo lea. Y así lo hago.

Ya sabeis que toda narración de corte espiritual tiene varios escalones hacia arriba o hacia abajo, quizás hacia un lado u otro, como una escalera dibujada por Escher. Y este modesto microrelatito también lleva esa carga, más todas aquellas añadiduras que aporte cada lector, por supuesto.
En principio la historia es una metáfora del encuentro entre el Yo Superior, es decir el adulto psicoespiritual y el yo paterno-infantil. El adulto es autónomo, luminoso, certero y sereno. Sabe lo que quiere y donde lo tiene. Sabe quién es y cuál es el objeto de su camino. Está representado por el derviche, un músico danzarín, nómada y libre, pero seguro de su pertenencia y de su origen: sólo puede posarse y vivir, como el halcón educado por su mentor celestial, en el brazo de Su Señor. De su parte divina, Inviolada, Sagrada. Mientras que el ego, la princesa, tiene un reino porque lo ha heredado, no ha hecho nada por merecerlo,vive de lo que ha encontrado entre quienes la protegen y le abren caminos. Depende de la corte que la mantiene y la venera: sentidos, pensamientos, deseos, caprichos, normas convencionales, programaciones, rebeldías y obediencias, seguridades y compromisos. Así no puede despertar y descubrir su verdadera meta: crecer en una dirección más elevada. Por eso se enamora de la belleza de la danza y de las palabras hermosas del derviche, de la energía que siente en su presencia, aunque en realidad lo que ella necesita es desarrollar su fuente interna, pero eso prefiere posponerlo y dejar que sea la presencia física de aquel mago del espíritu quien llene sus vacíos. Es decir, que nuestro ego es enormemente perezoso y cómodo y si puede vivir de la energía que él no produce, la parasita de otras fuentes ajenas por medio de la posesión, la admiración y la dependencia: el resumen perfecto del enamoramiento primitivo, que por supuesto está a años luz del enamoramiento supremo y del AMOR verdadero.
El derviche es la gratuidad adulta: da porque dar es lo que irradia. Como el sol da sus rayos sin cuestionarse darlos o no. La princesa, en cambio, es la trampa afectiva: entra en mi palacio, te daré lo que me pidas, ven, te "necesito", dime quien soy, a donde debo ir, qué debo hacer, como tengo que pensar y comportarme. Y el derviche contesta: despierta. Modifica tus centros de recepción. Liberate hasta de mí, porque mientras yo sea tu meta no podrás descubrir la tuya y te estarás engañando. Por eso el Yo Superior es incompatible con la vibración aprisionadora del deseo de baja vibración. Pues hay dos energías desiderativas: la que nos eleva y nos libera y la que nos esclaviza y nos rebaja.
También se plantea la "trampa" del magisterio. Un verdadero cepo para dejarnos hundidos en el ego para siempre y enredados en sus cantos de sirena. ¿Quién puede resistir ser "imprescindible" en la vida de algún "alumno" para el que te consideras ultranecesario? Pero hasta eso viene cambiado en la nueva energía que ya ha disuelto las ligaduras antiguas haciendo patentes y más reales que nunca aquellas antiguas e intemporales palabras del carpintero nazareno: "A nadie llameis maestro, señor ni padre, porque uno solo lo Es. Dios". Claro, que hemos necesitado dosmil años para poder alcanzar aquella invitación a la danza del conocimiento. Y esa es la invitación del derviche que ha leído en el alma de la presunta alumna y se ha dado cuenta de la clase de requerimiento y de trampa que le está ofreciendo a cambio de una felicidad perecedera y precaria a la larga, cuando él ya conoce ese camino engañoso, seguramente porque lo ha tenido que superar muchas veces. Hacerse adulto es un trabajo y hacerse adulto espiritual, un premio, una gozada. Y el ego suelto ya sus anchas nos estará acechando por todos lados, nos hará concesiones que atan, regalos que deberemos recompensar, satisfacciones "generosas" pero endiabladamente estratégicas y adictivas para rodearnos de sus cadenas invisibles y por eso terribles, como los hábitos agradables, divertidos, graciosos y aparentemente inofensivos...No sabemos qué estrategias se monta el ego para que no le descubramos y así poder sobrevivir a una extinción aplazada, que de todos modos llegará con la separación final de la muerte física. Y eso es la angustia que impulsa al ego a conseguir ataduras que le aseguren su autosatisfacción infantil y alienante. Algo muy diferente es el AMOR de naturaleza eterna y superior. Ese Amor no se aleja nunca de nosotros, somos ÉL/ELLA. Vive en ambos y les hace eternos y fundidos en una unidad que la mente humana no puede clasificar ni los sentidos limitar. Como dice Pablo de Tarso: "ni ojo vió ni oído escuchó lo que el espíritu guarda para los que viven en Él" o aquello otro "lo que está unido en la tierra, está unido en el cielo." Nada que ver con el matrimonio pactado y "bendecido" por la costumbre socio-religiosa, aunque no está excluído el que dos personas se descubran como almas gemelas en ese vínculo. Es un AMOR total, que en nada se puede comparar con lo que aquí creemos que es amor.
En el Tarot de Marsella este proceso selectivo está reflejado en el aracano VI, el Enamorado. Un hombre joven está de pie frente a dos mujeres muy distintas: a su derecha, en el lado del inconsciente pero que rige la mente mecánica-racional hay una mujer de tonalidad y cabellos oscuros, mayor, y de espaldas que ha puesto su mano derecha, la que toma y retiene, sobre el plexo solar del hombre: sobre su mundo emocional y primitivo, lo que es difícil de manejar y reconocer: el mundo inmaduro y dependiente de la trampa egoica. También la podemos identificar con la madre, que es el principio arcaico femenino que almacena el inconsciente. A su izquierda, es decir en el lado que rige la intuición superior y el consciente hay una mujer de colores y cabellos claros, joven, serena, de frente, se le ve la cara, la mirada, que pone su mano izquierda, la que limpia y libera, sobre el plexo cardiaco del hombre: sus sentimientos. Esta trabaja a un nivel superior que eleva la conciencia y despierta el alma para aunarla con el Espiritu que es el ángel solar que preside la escena desde la parte superior del naipe. Podría identificase con el alma gemela, el pricipio femenino afín y complementario cuyo encuentro y descubrimiento hace posible el ensamblaje de nuestra historia cósmica y el fin de nuestra orfandad amorosa.
Este puede ser el resumen de nuestro relato. Rashid le indica a Zoraida , justo, este proceso. El que descansa en el brazo de su Señor es el que ha podido conectar con el ángel solar -Yo Superior- por medio de la superación de las emociones y el despertar de los sentimientos, que nacen en el corazón cuando el mundo emotivo se ha purificado por medio de la elección adecuada y de un proceso de superación de niveles cognitivos y energéticos siempre en armonía.

Este relato indica que el Maestro real está dentro, como afirma Cristo. Zoraida sólo puede encontrarle en sueños, cuando sale de la programación habitual y entra en un estado libre donde aparecen las respuestas a sus inquietudes. Nunca ante la presencia física de Rashid hubiese podido tener acceso a este estado porque sus emociones e ideas fijas sobre su dependencia, focalizada en el derviche, le nublaban la capacidad de afinar la sensibilidad interna y de conectar con vibraciones más altas. Estaba encerrada en su personalidad y no estaba activada su individualidad. Realmente ella dormía mientras pensaba estar despierta y estaba despierta cuando dormía. Así se lo dice Rashid.

En este nuevo tiempo vemos como cambian las viejas religiones y de desmoronan los esquemas acostumbrados. Mientras el mundo debate sobre si se puede o no autorizar la eutanasia, el cielo, mucho más compasivo que los hombres, se lleva al moribundo discretamente. Mientras lo viejo clama en sus templos vacíos el cumplimiento de leyes obsoletas que nadie sigue, y no por libertinaje, negligencia ni olvido, sino porque la conciencia humana las ha superado con creces y es mejor que la propuesta ancestral, como ya intuyó aquel profeta entrañable que se llamaba Angelo Rocalli. Mientras el mundo viejo se escandaliza porque el concepto de "matrimonio" se ha ampliado a uniones homosexuales, esas viejas leyes se caen a pedazos entre las voces de homosexuales reprimidos torturados en confesionarios y abusos pedófilos, tarados por remordimientos inconfesables y neurosis patéticas y desoladoras. Mientras esas leyes claman justicia para los pobres sus legisladores acumulan capitales ingentes en sus arcas, dejando sin autoridad su capacidad de enseñar, regular y orientar y mucho menos, la de dirigir conciencias que se les han quedado grandes. Así actúa el Espíritu: desde dentro. Adonde los maestros de atrezzo no tendrán jamás acceso si no se lo permite el "alumno". Y si ya èste está alcanzando la mayoría de edad y madurez suficiente, la era de los "maestros" habituales, felizmente está acabada. Cuando un niño de seis años puede entender solo, por sí mismo, verdades eternas y fundamentales, hay que tener la humildad de reconocer que el "magisterio" usual ya no sirve para nada tal y como se ha heredado. Hay que aprender a venerar la presencia divina en el alma humana y simplemente acompañar con actos sinceros, desinteresados y compasivos, el crecimiento de los que crecen junto a nosotros, mientras crecemos con ellos. No podemos ser los padres ni las madres de seres adultos que deben volar por sí mismos. Ni los conseguidores ni solucionadores ni cómplices de la enfermedad del otro, porque jamás se sanará si saca "beneficios" de su estado y éste le sirve para retener a otros a su lado y para frustrar su propia evolución.
Este es otro de los múltiples significados del cuento: Necesitamos ir abriéndonos a un nuevo sistema de valores fundamentales y sólidos, pero también flexibles y respetuosos con todos. Realmente son valores eternos, nada es totalmente nuevo, pero todo debe renovarse, refrescarse y refundarse sobre bases más evolucionadas si queremos avanzar y ser más civilizados y serenamente felices. Más amorosos.
Tal vez el contacto con las nuevas energías que traen los jóvenes y los niños ayudará mucho a comprender este mensaje: La era de la imposición magisterial ya no sirve. Aunque hay que mantener un sistema de leyes sociales que garantice una transición de era lo más armónica posible porque la vieja energía no entiende las respuestas nuevas y debe recibir lo que puede comprender en su estado y las retribuciones correspondientes que pueda asimilar,mientras se transforma. Sin embargo no hay que preocuparse, el universo divino, que es una fuente de inteligencia emocional y sabia, tiene herramientas increíbles y sencillísimas para convertirse en el maestro ideal. Sólo hay que aprender a danzar con él y en él, como Rashid el derviche.

Gracias por vuestra paciencia.

martes, 3 de febrero de 2009

Sonetos entre líneas

No es fácil transmutar las rarezas del tiempo
en la normalidad de un sentimiento
que nace de la eterna maravilla
y fluye por los cauces de la vida.

Pero gracias a Ti, mi Luz querida,
cada dificultad es la medida
de este cielo constante que mantienes
lejos de cambalaches y vaivenes

En el centro de la serenidad estás presente
en el fondo del alma me acompañas
con el son rumoroso de esa fuente

cuya pureza alada siempre baña
la dulce claridad y el don de esta corriente
que al AMOR verdadero nunca engaña.