jueves, 25 de agosto de 2011

El falso "estado de bienestar" o el precio astronómico de los perros atados con longanizas

Es impresionante comprobar qué terrible esfuerzo social y personal requiere asumir responsabilidades y tomar conciencia de que lo que nos sucede es la consecuencia de nuestra forma de vivir, de pensar y de actuar. Ya sé que no es un discurso grato de leer ni de escuchar, que "el pueblo", en su eterno papel de niño y de súbdito, no está nunca inclinado a asumir su parte de responsabilidad en los errores del sistema en el que está anclado y tiende constantemente a culpabilizar a los "mandamases", jerarcas y prebostes que ese mismo "pueblo" ha elegido, aupado y promocionado con sus votos y su obediencia. El "pueblo" siempre se ve a sí mismo como víctima. Es decir , a pesar de los siglos, de los estudios, de la "cultura" -cultivadora del saber acumulativo e informativo que ocupa lugar y facilita el alpinismo social, no el conocimiento ni la sabiduría, sino la gramática parda y la picaresca- no ha logrado aún convertirse en ciudadanía. Comprender la diferencia entre "pueblo" y ciudadanía es vital para poder hacer algo real y contundente, capaz de cambiar este sistema absurdo e inoperante que nos ha servido desde la revolución americana, a finales del siglo XVIII hasta los años 20-30 del pasado siglo XX.

Ya en aquellos años hubo unos toques urgentes de invitación al cambio. Señales como la gran depresión económica que culminó en la hecatombe de 1929 y el nacimiento, como reacción "natural" del miedo, de una corriente de totalitarismo social y político, que dio lugar a dos guerras mundiales concatenadas en el curso de sólo dos décadas. El nacimiento del comunismo, del nazismo, del fascismo, de las dictaduras en Portugal y España, que duraron hasta los años 70 del pasado siglo. Y por su puesto, de un movimiento irracional, egoísta, insolidario, explotador y más autodestructivo a largo plazo que ninguno de los anteriores "peligros", que se ha terminado haciendo el dueño verdadero del mundo: el capitalismo salvaje, sin escrúpulo alguno, sin más ideal que un autoenriquecimiento insaciable, depredador y terminator, disfrazado de "estado del bienestar", cuya bandera y vanguardia se localizó desde su comienzo, en los EEUU de América y se ha ido expandiendo a través de verdaderas invasiones del "american life's way". Del modo americano de vivir. Ecléctico. Caótico. Permisivo y contradictorio en sus dogmática ambigüedad, en la moral íntima, pero intransigente en la moral pública. Es decir, hipócrita y sin piedad. Puede condenar al genocidio a países enteros para "salvarles" mientras les quita materias primas o por estrategia militar, sin que sus Reagans, Clintons, Bushes y Obamas, tengan el menor remordimiento ni den cuenta jamás en un tribunal de justicia internacional por sus bárbaras acciones criminales al servicio del dinero mientras rezan y llevan a sus predicadores de bolsillo junto a ellos, pero a la vez condenar a muerte a individuos que han cometido idénticos delitos en solitario, tal vez por patologías, por marginación o por robar, igual que los poderosos, pero sin la cobertura social de "la patria" y las cuentas corrientes de los negociantes. Un país rico en mezclas étnicas engañosas que son verdaderos apartheids y ghettos en la realidad. Una oligarquía mundial que ha convertido en "pueblo" al mundo entero, privándole de la ciudadanía soberana de los hombres libres, que es la asamblea social compuesta por seres atónomos, adultos, responsable solidarios con el bien común. Ciudadanos. Este es el mapa histórico y sociopolítico en el que estamos ahora. Para caminar con una cierta orientación, además de un mapa, hace falta un brújula. Y eso es lo que no hemos desarrollado hasta ahora. Y la brújula es la conciencia de ciudadanía global, porque en una mundo compartido globalmente, ya no hay fronteras. Porque los "pueblos", las masas, no necesitan brújula. Las masa, los "pueblos", no van a ningún sitio. No tienen futuro ni viaje que realizar en la historia, son meros comodines, conglomerados anónimos, fichas de parchís, o figuras de ajedrez o bolas de billar. Esclavos que producen riqueza que nunca será suya, porque es una riqueza falsa, que en vez de bienestar real, produce consumismo insaciable y contaminante. Tóxico. Competitividad destructora y rivalidades inhumanas. Ansiedad, depresiones y un mundo donde la enfermedad se ha convertido en uno de los negocios más rentables. Como la guerra, se basa en la destrucción y la muerte, pero a muy largo plazo , en cuyo interegno deriva hacia un estupendo y sustancioso medio de vida para unos pocos, que además se basa en el prestigio de los científicos que lo mantienen y viven de él. Premios Nobel, etc.
Una de las inversiones más lucrativas que han hecho los USA, ha sido comprar cerebros brillantes en todo el planeta y ponerlos a trabajar a su servicio, dándoles a cambio fama, publicidad, prestigio, dinero y facilidades de todo tipo para sus proyectos. Con la única condición de no plantearse jamás qué uso se hace de sus descubrimientos. ¿No recuerda esta trampa, a aquella del Evangelio, en que el demonio hace la misma oferta a Jesucristo en el desierto? "Te daré el mundo con todas sus riquezas y todo cuanto desees si postrado ante mí me adoras". Está claro que ante tan tentadora oferta, sólo puede resistir alguien despierto que sabe de antemano cual va a ser el resultado de tal transacción. Un falso estado de bienestar para unos cuantos y al depredación salvaje, ruinosa y cruel para el resto de planeta.

Esa misma "filosofía" es la que ha terminado con los ideales, con el sentido común y los sueños realizables, con las ganas de mejorar, con la fraternidad entre "pueblos", con el contenido ético de las religiones, que se han reducido a unos trucos de magia para dormir conciencias al amparo de dogmas y liturgias, pero al servicio del mismo "dios" dinero. Está demostrado, que como "pueblo" no se puede hacer nada, si antes no nos hemos convertido en ciudadanos inmanipulabes y conscientes. Si no hemos encontrado o fabricado, la brújula imprescindible para salir del laberinto el manicomio global. Protagonistas de su propia historia, no eternos figurantes de atrezzo a las órdenes del mismo director loco y sin idea de adonde le lleva su locura. Como pueblos y como masas, no somos nada más que una fuerza primitiva en manos de unos pocos listillos que van a la suya. Que manejan a los políticos, banqueros, militares, científicos y jerarcas religiosos, haciéndoles ilusoriamente partícipes de pedacitos de gloria ridícula, pero muy rentable mientras dura.

Ahora, tenemos por delante un reto: reorganizar la economía y la sociedad, impulsados por la crisis más grande y profunda que jamás ha sufrido nuestro mundo. Es el momento de apoyar las ideas justas y de no pretender que las falsas longanizas de un falso bienestar, que es lujo para hoy y miseria para mañana mismo, nos vuelvan a comer el tarro con milongas irrealizables. La propuesta del Gobierno para poner un techo al déficit es imprescindible si queremos dar un paso hacia la solución de este pozo sin fondo que se traga todo en una deuda loca e irreversible, al parecer, y cada vez más grande. Que esta histeria por el dinero y sus prisas, pretendiendo recoger firmas con informaciones confusas, no nos distraiga de la principal reforma: frenar el consumismo. Cambiar nuestros hábitos y nuestro pensamiento dependiente y angustiando por un pensamiento sereno y creador de lo que de verdad necesitamos. Simplicidad y apertura. Solidaridad. Esperanza y realización. Y que sepamos que es mucho más básico e importante cambiar la ley electoral y conseguir la participación ciudadana en el control de la política, que lograr un par de meses de dineros menos difíciles, que después nos volverían a la sorpresa de la miseria y seguramente en peores condiciones que las actuales.

Sí, debemos reclamar al Gobierno una explicación clara de la reforma, antes de que la voten en el congreso. Pero que nos quede claro que la vieja mentira del "estado de bienestar" a base de créditos y facilidades, se ha terminado, porque ya nos ha demostrado su peligrosa curva inestable con precipicio al fondo. Y que ser ciudadano significa ser adulto capaz de vivir sin un papá subvencionador de becas que se dan sin pedir un certificado posterior de que se han usado para estudiar, de subvenciones sin garantía de que se cumplan los objetivos para los que se han dado. Y también de que haya un estudio serio y personalizado de las declaraciones de renta y de impuestos. Para que pague quien más tiene o más cobra y menos o nada, quien no tiene y cobra poquísimo. También debemos pedir que los políticos no cobren sueldos astronómicos. Que se reduzca el número de diputados. Que desaparezcan el Senado y las diputaciones. Que los diputados que no viven en Madrid, se alojen en edificios del Estado pagando con sus dietas, en vez de vivir en hoteles de cinco estrellas o en apartamentos super de luxe, a costa de los impuestos. En fin, que ser político se convierta en un sacrificio por el bien común, en un esfuerzo incómodo, con una remuneración que permita vivir con dignidad, pero sin ostentaciones. Que requiere una responsable vocación temporal por el servicio público. Y deje de ser un modo vitalicio de lucro y de asegurarse una pensión, sin hacer otra cosa que apretar un botón, para votar, aplaudir a su grupo y abuchear a los contrarios. Para eso ya está el fútbol.

No olvidemos nuestra disciplina personal, nuestra reeducación modeladora de nuestras costumbres intoxicantes. Antes de comprar cualquier cosa, una pregunta: ¿Lo necesito de verdad o puedo vivir dignamente sin ello? ¿Qué le aporta a mi ser real tener esto o qué le resta el no tenerlo?

Resumiendo: empezar a ser consecuentes con nosotros mismos y pedir información y transparencia antes de que se incluya la reforma económica en la Constitución, es un derecho y un deber. Pero que reclamar ese derecho, no nos aparte de lo más vital y necesario: el deber de que la Constitución se reforme entera con la participación y las aportaciones de los ciudadanos.

Ah, un último toque: olvidemos ya esa letanía engañosa que pretende hacernos volver al estado de "bienestar" que nos ha traído este malestar preagónico global. Esta amenaza constante. La precariedad y el hundimiento de tantos y a tantos niveles de profundidad. No es sostenible una sociedad cada vez más enferma de sí misma, que necesita destrozar la vida del planeta que la sostiene , para aumentar su comodidad y anularse como conciencia pensante y sintiente.
No podemos volver a crear empleos contaminantes, vendedores de la nada, del aire acondicionado y el frigo plan renove, y la cocina que ya no me gusta, aunque está nueva, paro la cambio por otra mucho más fashion que la de mi vecina, del ladrillo y del automóvil-piruleta, que dan la "libertad" y la "felicidad" de quita y pon, que hoy te alegran la vida cuatro días de vacaciones y mañana te dejan en la calle hipotecado hasta el cuello y comiendo menestra de ladrillo y puré de cigüeñal. Y encima con un aire irrespirable, unas ciudades y pueblos inhabitables, montes y campos achicharrados por incendios interesados, y a continuación desertizados por las urbanizaciones, e inundaciones torrenciales precisamente por esos motivos, cuya indemnización pagará papá estado con el dinero de todos. Abandono de la agricultura y de la vida rural. Aglomeración en los suburbios urbanos. Jóvenes sin futuro y con muy mala baba reivindicativa y violenta, porque desde chicos han carecido de amor, dedicación y pedagogía. Falta de tiempo y de calidad real de la vida. Depresiones y enfermedades "laborales". Crack total de humanidad. Pero eso sí, tenemos comodidades, coches, teléfonos móviles, ordenadores y tv de último grito, Ipad, Ipod, Play, vestimos al son que nos toca la moda y tarjetas de credito y sobre todo de débito. ¿Estado de bienestar? ¿Seguro?



miércoles, 24 de agosto de 2011

Reflexionemos



Revuelo en internet. Confusión. Como casi siempre que se pretende hacer un cambio fundamental y necesario. A veces con acierto, otras sin él. Y otras, a medias.
El revuelo viene de la mano de una noticia: Zapatero, de acuerdo con la oposición, pretende hacer un cambio constitucional rápido y sin consultar a los ciudadanos, acerca de unas reformas necesarias en la economía. Veamos el plan.

a) Se trata de introducir en la Constitución unos puntos nuevos que afectan a la gestión de recursos financieros y a la previsión de riesgos del déficit nacional. Estas reformas consisten en :

* Reducción del IVA a la mitad en la compra de viviendas.
* Reforma del gasto farmacéutico apostando por los medicamentos genéricos, que constituyen un ahorro importante en el gasto sanitario.
* Anticipación de la recaudación de los impuestos de sociedades a las grandes empresas.
* Creación de un sistema que regule y garantice la estabilidad presupuestaria a medio y largo plazo tanto del déficit como de la deuda y que vincule a todas las administraciones públicas.

b) Estas propuestas no son en absoluto negativas ni perjudiciales. Es cierto que las ha recomendado Alemania. Pero, esta vez, no nos dejemos llevar por la indignación y por el mal concepto mal rollo más que merecido que nos produce esta Frau Merkel-Rottenmayer de nuestras pesadillas, porque esta vez tiene razón; son medidas racionales, sensatas y necesarias y no suponen -por esta vez!- para nada una privación de algo fundamental, sino un ajuste adecuado que evite el despilfarro de las empresas y el descontrol que llevamos tanto en los bancos, en el IVA de las hipotecas, en los gastos farmacéuticos exorbitantes y en las administraciones autonómicas que funcionan como verdaderos reinos de taifas, gastando los presupuestos básicos en lo que les da la gana, sin tener en cuenta ni las necesidades ni el despilfarro. En pleno descontrol. Estas propuestas son justas y necesarias. No limitan la libertad de nadie, sólo ponen un tope a la pésima adminstración que ha habido hasta ahora, a base de endeudarse hasta las cejas, por falta de organización.

c) Un profesor jubilado, Vinçent Navarro, anda por ahí metiendo bulla y diciendo que esa reforma va a limitar el estado de bienestar. Conviene preguntar a ese señor si lo que tenemos ahora mismo es un estado de bienestar o un penoso viacrucis de maldeber. Porque a base de vivir en pijolandia y debiendo desde el piso, el coche, las vacaciones, los libros de texto, la gasolina del coche, las zaptaillas de deporte o la trajeta del Corteinglés, sin tocar suelo real, hemos llegado a un punto de no retorno miserable. Don Navarro no se entera, por lo visto, de que el sistema de "bienentramparse" que hemos dado en llamar "de bienestar" no nos sirve ya. Porque lo que nos está arruinando demuestra que por esa vía no sólo no se está mejor ni se pierde libertad, sino que se pierde el trabajo, el poder adquisitivo y la libertad real, porque estamos trabajando para que la libertad de los bancos y los sueldos en alza de los banqueros acosta de las inyecciones públicas, se coma la nuestra y nos convierta en esclavos, que atados al gasto happyflower, no podremos salir de la trampa consumista, por lo menos en dos o tres generaciones.

d) Sí que hay un punto en que el Gobierno falla en este proyecto, pero es un defecto de funcionamiento democrático, y es en la desinformación y en la prisa, que aprovecha para no explicar a los ciudadanos en qué consiste esta reforma, para qué sirve y en qué afectará a nuestra vida cotidiana. No creo que sea necesario someter a referendum unas medidas económicas justas, que sólo van a afectar para bien, según las propuestas, al control de todo tipo de gasto: público y privado. Algo imprescindible. Pues afecta a grandes empresas y al IVA, a éstas para que adelanten los pagos de sus impuestos al Estado por vía constitucional y al IVA para rebajarlo en la adquisición de viviendas. Lo mismo que para cortar el descontrol manirroto de los gastos en fármacos innecesarios, cuando los genèricos solucionan los problemas y cuestan mucho menos y para que ayuntamientos, autonomías y demás hierbas aromáticas no se suban los sueldos cuando les apetece o se gasten las partidas presupuestarias en los amiguetes de las empresitas adosadas al poder de la amistad.

e) Pensemos quienes pueden estar detrás de esa campaña demagógica que pretende confundir y recoger firmas a base de la confusión para pedir un referendum por un tema que es meramente de gestión ordianria. Rajoy apoya las medidas del Gobierno, pero el PP, paradógicamente, se abstiene de votarlas. ¿Quienes se benefician de un IVA más alto? Los cargos públicos y los sueldos parlamentarios de Europa, donde el PP es mayoría. ¿Quienes salen perjudicados por el edelanto del pago de impuestos en las grandes empresas? Pues los grandes holdings que acogen a todo ex-político que ha perdido escaño. A todo el trust bancario, que tendrá que revisar sus sueldos a la baja cuando la Constitución les ponga el límite de una decencia sostenible, con el adelanto y el control de los impuestos. En cuanto al control del gasto farmacéutico, está claro que son los laboratorios y sus mafias los que se arriesgan a perder dinerete a base de bien si se establece la exclusividad de la subvención a los medicamentos genéricos. Y ¿qué decir de establecer un tope de gastos y un control de las administraciones públicas, que son la fonda del postigo, donde los gürteles, las marbellas, los fabras, los trajes, las visitas papales, las basuras, los festejos y eventos, las copas de las américas y las fórmulas innumerables, se gastan lo que no está escrito, sin que una carta constitucional les pida facturas ni les diga¡ hasta aquí! ?

En cuanto a las "asociaciones" espontáneas que salen como churros, con idea de asesorar y aglutinar el descontento ciudadano en firmas rebeldes ante el poder, pongámoslas en cuarentena, porque son ramas de su mismo árbol. Si nos fijamos bien, nunca aclaran nada. Simplemente amenazan, alarman, asustan, dispersan y cuando te acercas un poco para saber cómo funcionan enseguida descubres que quieren venderte los libros y dvds de sus socios o gurús, o piden una "pequeña ayudita" para pagarse las webs, los gastos de su desvelo y el trabajo intensísimo que su preocupación por el bien común les acarrea. Concretamente sobre el tal profesor Navarro, que proclama en la prensa alarmadísimo que estas medidas nos quitarán el bienestar, conviene saber que según su curriculum, fue asesor económico de los EEUU cuando más fuerte y escandaloso era el despilfarro y el desgobierno. Cuando comenzó la guerra del Golfo y el golfo de Clinton y su gobierno se ponían las botas con el comercio de armas, vendidas a su propias víctimas mientras él, Clinton, en una vivienda pagada por los impuestos de todos sus conciudadanos, se enrollaba con la becaria de turno en el despacho oval de la casa cada vez menos blanca y más sucia. Y su asesorada Hillary o bien no hizo ni caso a sus consejos, o los llevó a la práctica, nunca lo sabremos, porque el resultado fue un lío impracticable que nunca consiguió esa seguridad social que ni Clinton nio Obama ni un milagro de Santa Ritam la abogada de los imposibles, ha conseguido jamás en la patria individualista e insolidaria del tea party. Con semejante profeta financiero y semejantes asesorados y semejantes planes sociales en el cesto de los papeles, la llevaríamos clara.
Tenemos el derecho y la corresponsabilidad de informarnos antes de que nos vendan no sólo la cabra, sino el rebaño completo y el pastor añadido. Una vez informados por diferentes canales y revisado cada punto con honestidad y sin pasión partidista, pidamos y exijamos lo que nos parezca justo. Estamos en pleno derecho.
Y no olvidemos que una verdadera democracia no sólo se indigna por lo que le cuentan los medios, sino que también debería indignarse por lo que no le cuentan o le cuentan al revés los medio-cres, que son el caldo de cultivo repetitivo e inconsciente de la corrupción y de la manipulación.

martes, 23 de agosto de 2011

Reflexiones a tiara pasada

Me doy cuenta, leyendo este artículo que he colgado debajo, de que hay un problema grande entre los cristianos y los católicos que tratan de convivir bajo el mismo techo religioso, pretendiendo cada uno de ellos cambiar el lado opuesto, sin posibilidad de éxito....
Y es que se debería considerar, entre los cristianos -los católicos, no se lo plantearán jamás- el propio concepto de iglesia.

1) El concepto ecclesia, no viene de Jesús. Es una palabra griega, adoptada a finales del siglo primero, para denominar la vocación asamblearia y participativa de los primeros seguidores de Jesús, con unos responsables servidores y testigos directos de la vida del Maestro, que con el tiempo y los juegos malabares con el Imperio Romano, se convirtió en jerarquía. Basándola en la figura del apostol Pedro, que en origen jamás se consideró pontífice de nada, ni en sus hechos, ni en sus dichos. Porque además él era un pescador galileo que no sabía latín, ni lo que era un pontífice, es decir un cargo político de la sociedad imperial romana, que, justo, le crucificó, como a Jesús, aunque boca abajo, como él mismo eligió, al parecer, porque no se consideraba ni su vicario ni su igual. Y por supuesto a millones de años luz de ese Benedicto, que afirma en Madrid, sin el más mínimo empacho, que sin iglesia no hay Cristo.

2) Jesús no era un lider que pretendía poder, ni organizar nada. Jesús sólo daba la noticia de la liberación, despertaba, denunciaba al poder religioso como al político y servía. Todo lo contrario que hace ese sistema que ya no es eclesial, porque no es asambleario, sino eventuario. Vive de eventos y se sostiene de los poderes políticos y económicos, de los grandes holdings que le financian viajes y eventos varios, siendo él mismo un estado político y económico mucho más que una samblea de asambleas, ética y espiritual. ¿Cómo se puede pensar que quien predicó el Evangelio de los pobres bienaventurados de Dios fundase algo así, o sea que fundase lo que había venido a eliminar?

3) Esa iglesia no se sostiene todavía porque sea "vicaria" de Dios, sino porque a lo largo de 1700 años ha usado el poder imperial, mezclado con la intromisión controladora de conciencias a través de lazos emocionales y culturales. No se deja elegir al individuo si se quiere o no ser católico o cristiano, nada más nacer se le impone el bautismo y se entra, por las raíces familiares y sociales, a formar parte de una secta mundial poderosa que, a través del negocio de los sacramentos, unido a los puntos álgidos en la vida del indivíduo -igual que hacían en la religión romana y hebrea- con los ritos de las fiestas de invierno, Navidad o las chozas-, lupercales- carnaval, la Pascua herencia judía que conmemora la salida de Egipto, combinada con los ritos romanos de la Primavera. La Confirmación en la Fe, es la fiesta del cambio de toga romano, donde el niño pasaba a ser un joven admitido como tal en la comunidad social ; el rito funerario, en el culto a los manes que es ahora la fiesta de todos los santos y difuntos, la fiesta nupcial etc..,o el culto a la diosa madre Isis o Hera o Juno o Cibeles, revertido sobre la figura de María, que en el edipismo masculino del clero célibe sustituye a la madre y a la novia imposible, lo mismo que la leyenda de Santiago ha sustituído el camino de los canteros en la religión druídica, una disciplina y viaje de conocimiento simbólico donde el ego quedaba sepultado en el Finis Terrae para comenzar una vida distinta con todo lo que se ha ido aprendiendo y evolucionando en un camino que podía durar un par de años.
Todo ese tejido mezclado y manipulado por la costumbre, la política y la conveniencia garantiza la pertenencia a una institución decisiva en cuanto a la influencia que da un sistema prefabricado de seguridades ultraterrenas, que ya no dependen de que uno quiera o no a ceptar ese método de vida, sino de la obviedad impuesta sin fuerza fáctica, pero con unas connotaciones heredadas, irracionalemotivas, y dirigido por una casta sacerdotal creada especialmente para salvaguardar el patrimonio y la influencia de la propia casta que ha hecho de su "ministerio" una profesión remunerada, mucho más volcada en su propio interés y en su propia importancia manipuladora de "poderes espirituales", que para para ayudar a la evolución de la humanidad hacia su plenitud en el ecuentro con los valores eternos que la puedan hacer llegar a su estado divino, plenamente humano.
Rituales consoladores y opresivos que atan mucho más que cualquier ideología política, a quienes no son capaces de madurar adecuadamente y mezclan el sentido salvifico con la tutoría religiosa, la infancia permanente como "rebaño" de ovejas, que necesita pastores cultos y con derecho de pernada, la necesidad de amistad y de complicidad, de compartir , de realizarse, de fenderse frente a un mundo hostil y "pagano", pecador y pervertido. Por algo se va a la caza de vocaciones entre loe jóvenes, los que todavía no han madurado, y durante siglos se entregaban los niños a los seminarios para que recibiesen una educación y estuviesen alimentados. Así, ha surgido esta enfermedad profunda y fanática, incardinada en el "pueblo", a través del culto, la desinformación, la sospecha de herejía, el miedo al infierno, al hambre, a la ppbreza y a ala ignorancia. La iglesia no era sólo la humilde barca de Pedro el pescador, sino un transatlántico de lujo en medio de un mar incierto y amenazador: la vida. Y 1700 años subidos a ese buque insignia ha creado adicción consuetudinaria.Todas esas expectativas de conveniencia se ven frustradas cuando se crece y se madura, y se compara el propio evangelio que te han predicado toda la vida, con la realidad que se está sufriendo en el mundo que te rodea.

4) De ahí viene esta divisón, esas "dos iglesias", que se mantienen enfrentadas desde el 313 con el edicto de Milán y Constantino. La madurez de la conciencia ya debe dar un paso para salir de tal laberinto interminable. Hay que quitarse los miedos a las excomuniones y a la condena por apóstatas. Es una falacia. Jesús no dio jamás poder a nadie para regular la relación de Dios con sus hijos. Ni para condenar ni para marginar a nadie. Se nota perfectamente cuando se lee despacio el Evangelio, qué cosas se añadieron después, porque no están para nada de acuerdo con el mensaje de Jesús. Por eso la figura del apóstata es un invento inquisitorial que ha condenado a lo largo de la historia a los cristianos auténticos porque no se sienten católicoromanos imperiales. O sea, se han identificado de tal modo con ese mensaje que han traicionado, que no creerles a ellos es no creer en Dios. Como si ellos fuesen la única verdad y todo lo que no son ellos fuese mentira. Es el colmo de la soberbia y por tanto, de la estupidez.

5) Debemos tener muy claro que quien se aparta de esa institución corrompida o quien señala sus vicios y su prostitución, no es un hereje, ni renuncia a ser hijo de Dios y dscicípulo de Jesucristo. Si no que está haciendo un trabajo profético y amoroso. Algo que ha aprendido en el contacto con la figura de Jesús, que transmite el Evangelio y los libros del Nuevo Testamento, meditado y orado en conciencia y en la praxis de una vida comprometida como hombres y mujeres despiertos y fraternales en la filiaciaión divina. Esa secta no tiene poder para separar lo que es uno en el Amor incondicional de Padre/Madre Dios. Y en cambio ella misma se ha fabricado un poder absoluto con la complicidad del miedo, la comodidad, la inmadurez infantil de los "feligreses" y adeptos.

6) Si esos curas tan descontentos, en vez de darse cabezazos contra el muro del absolutismo, dejasen de intentar cambiar desde dentro el sistema, mientras lo están manteniendo con su participación en él, si se asociasen y creasen alternativas y ejemplos de vida nueva según su conciencia, unidos al resto de los ciudadanos laicos que buscan otro modo más ético y sano de gestionar la sociedad y dejasen de ver como madre iglesia a esa madrastra desabrida, abusona e injusta, una pirámide de poder, que no viene de Jesús sino que ha empañado su mensaje desde hace tantos siglos, que ha matado por defenderse de la verdad, que ha sido capaz, por sobrevivir, de hacer guerras, de bendecir dictaduras y tiranías, de callarse ante la barbarie nazi, de crear capellanes castrenses que bendicen cañones, que condena a los pobres que no pueden pagarse una anulación matrimonial pero concede esa anulación a ricos y famosos, que condena e incluso elimina si es preciso - véase el caso de Albino Luciani, JuanPablo I- a sus propios miembros cuando avisan de que las cosas no son tan santas ni tan buenas como parecen en el seno del montaje; que con un índice de homosexuales impresionante entre sus filas, condena la homosexualidad, que no considera delito la pederastia ni se somete a leyes civiles ni paga impuestos municipales ni de hacienda, que recibe dinero y subvenciones de los estados y de los políticos que condena y ante el hambre y la miseria mantiene un patrimonio de escándalo, unos viajes hollywoodenses a costa de los parados y de los desatendidos en plena crisis y en pleno desgarro del Cuerno de África.
Si esos curas "rebeldes" comprendiesen que Dios no pertenece a ninguna bandera y que su templo es el corazón y el alma del hombre, pasando por la integración con el cuerpo y el modo de vivir, y obrasen en consecuencia, hace mucho tiempo que esta tragicomedia de los macarras de la moral - como les llama Serrat- habría pasado a la historia, con bastante más pena que glamour.

Un artíclo de El País muy interesante

Los otros curas

Lejos de las posiciones más conservadoras de la jerarquía oficial, muchos sacerdotes luchan por una Iglesia más cercana a los que sufren y con un mayor papel para los laicos. No se sienten perseguidos ni obsesionados por la moral sexual; ellos tienden puentes con la sociedad y apuestan por los pobres y los emigrantes

JESÚS RODRÍGUEZ 17/12/2006

Veteranos sin pausa.

Enrique Castro, de 63 años, es un cura obrero.- ALFREDO CÁLIZ

Eusebio Losada y Quintín García no se conocen. Quintín es sacerdote en Babilafuente, un pueblo de Salamanca; Eusebio es cura en Sestao, una villa próxima a Bilbao. Quintín tiene 61 años y Eusebio 49. Quintín es dominico y Eusebio escolapio. Quintín es licenciado en Filosofía, Teología y Periodismo; Eusebio, en Teología e Historia. Quintín trabajó en una barriada marginal, dio clases en la universidad, y en los ochenta se hizo cura rural cuando nadie quería ser cura rural; Eusebio ha dedicado toda su vida sacerdotal a la enseñanza, los jóvenes y su parroquia. Son dos buenos tipos. Sencillos y austeros. Felices con su trabajo. “Esto no es un cargo, es una tarea”. Los dos aman la Iglesia. Los dos son críticos con la Iglesia.

En octubre de 2004, Quintín publicó Contralamentaciones de un católico, un artículo en defensa de los derechos de los homosexuales. Lo iniciaba con un “me parece muy bien que por fin no sean denigrados por su inclinación sexual”; lo concluía con un “no usaré el púlpito de mi comunidad para defender los intereses de los obispos”. En la misma línea, Eusebio publicó en mayo de 2005 una reflexión titulada Matrimonio entre dos personas del mismo sexo que concluía: “Espero con alegría y satisfacción la aprobación de este proyecto de ley”. Quintín y Eusebio habían firmado su pena de muerte eclesiástica.

Unas semanas más tarde, tras una operación de acoso y derribo dirigida por su obispo, sin saber de qué le acusaban ni posibilidad de defensa, Quintín García decidió renunciar a su cargo y sueldo parroquial: “Me adelanté a que el obispo me leyera la sentencia. No iba a tener fuerzas para guardar las formas reverenciales. Ahora vivo de lo que escribo”. Después de un proceso similar, Eusebio Losada siguió su mismo camino. “Antes de que me echaran renuncié a mi sueldo y parroquia; hoy me gano la vida en un trabajo civil. Soy cura y nunca dejaré de serlo; pero, por fin, puedo ser fiel a Dios y a mí mismo”.

Durante los duros días de su proceso, Quintín y Eusebio apenas recibieron tibias muestras de apoyo de sus compañeros. Siempre entre susurros. La solidaridad no abunda entre los curas. No es costumbre. “La Iglesia es una dictadura justificada ideológicamente y aceptada profesionalmente”, define un sacerdote. “El gran problema es que en la Iglesia no hay libertad de expresión”, analiza un jesuita represaliado durante el pontificado de Juan Pablo II, “porque, si la hubiera, habría libertad de opinión y se podría debatir. Por eso, más grave que la obsesión de los obispos por la sexualidad es que los teólogos no puedan hablar o no haya libertad de cátedra”.

Desde su triste experiencia, otro jesuita, Juan Masiá, de 65 años –un especialista en bioética formado en Europa y Japón, y despojado de su cátedra en la Universidad Pontificia de Comillas por la jerarquía a comienzos de este año (“aún no sé por qué me han echado”)–, pone la rúbrica: “Yo dije que el condón no es cuestión de fe, sino de sentido común; que es recomendable para evitar contagios y abortos. Y que en los estudios sobre clonación tiene que haber un código ético, se debe actuar con prudencia y seguir investigando. Pero el cardenal Rouco no traga el disenso. Disentir es explosivo. Algunos piensan que soy un imprudente, pero yo creo que no decirlo sería inmoral”.

Sólo un mes más tarde del artículo de Eusebio, el 18 de junio de 2005, 20 obispos se manifestaban en Madrid, con la refulgente cruz pectoral sobre el terno negro, en contra del proyecto de ley de matrimonios homosexuales. Codo con codo, la cúpula del PP. Sólo un puñado de medios religiosos, como la revista RS 21 –vanguardia informativa del catolicismo más avanzado; la de mayor difusión y con una vibrante presencia en Internet–, se mantuvieron al margen de esa iniciativa política. “Se nos convocó como católicos, y como católicos no estábamos conformes con esa manifestación”, asegura su redactora jefe, Ángeles Romero. Los artículos de RS 21, editada por la Congregación de los Sagrados Corazones, levantan ampollas en el búnker. Algunos les llaman herejes. Ellos siguen su camino. No saben por cuánto tiempo.

Pero es cierto: hay otra Iglesia. En la que confluyen sacerdotes y laicos ajenos a la alianza de su jerarquía con las posiciones políticas más conservadoras. Invisible, plural, desperdigada y muda. Sin más vínculo entre sus miembros que el Evangelio e Internet. Una Iglesia que no se considera el centro de la sociedad ni espera que todo (incluso las leyes) giren en torno a ella. Que no se siente en posesión de la verdad. Que busca su espacio y misión en un país que ya no es católico por decreto. A la que no obsesionan los condones ni los homosexuales. Abierta. Que no regaña. Que trabaja con los excluidos. En las cárceles, los barrios marginales y el olvidado medio rural; con los sin papeles, los yonquis y las mujeres maltratadas. En la universidad. Que cree en un Estado aconfesional. Que apuesta por la autofinanciación. Que tiende puentes con otras culturas y religiones, y no rechaza el proceso para el fin de la violencia en el País Vasco. Afirma que hay que reflexionar y asesorarse en los temas de reproducción asistida. Y que el problema de la institución va mucho más allá del celibato de los sacerdotes o la ordenación de las mujeres (“asuntos que caerán como fruta madura”). “El problema es qué modelo de Iglesia queremos los católicos para el futuro: el del siglo XIX o el del XXI”.

“Es decir, todo lo contrario de lo que ha hecho estos años la jerarquía, que nos está dejando sin clientela”, afirma un cura barcelonés. “Según un estudio del año 2005 de la Fundación Santa María (que no es sospechosa de nada porque es de los marianistas), en la última década los jóvenes que se definen como católicos han descendido del 77% al 49%. Y la última encuesta del BBVA concluye que el colectivo en que menos confía la juventud es el religioso. De lo que se deduce que si la Iglesia fuera una empresa, los cardenales Rouco y Cañizares estarían en la calle, porque su cuenta de resultados es nefasta. Hay menos ordenaciones, menos gente en misa y ha bajado nuestro prestigio entre los jóvenes. Esos chicos a los que los obispos montan en autobús para ver al Papa, luego no siguen sus normas de moral sexual. Hay un cisma entre la jerarquía y la base. Entre lo que se dice y lo que se hace, entre la doctrina y la práctica”.

“De acuerdo, un millón de jóvenes van a ver al Papa. Y después, ¿dónde se meten? Porque en las iglesias no están”, se pregunta Emiliano de Tapia, un sacerdote de 54 años que ha creado en su parroquia, en el deprimido barrio salmantino de Buenos Aires, todo un modelo para la Iglesia de trabajo social. El sótano de su parroquia es un conglomerado de inserción dedicado a los olvidados. En la casa de Emiliano viven 12 personas; entre ellas, varios ex presidiarios. Es su forma de vivir el Evangelio. “La caridad sin denuncia es seguirle el juego al poder”. Hoy, en su mesa, nos sentamos una veintena de personas en torno a un cocido. Hay dos iraníes, dos africanos, algún latino. Y Celedonio, un sacerdote de 37 años que trabaja en la cárcel, colabora en tres parroquias y da clases de religión. El cura Celedonio se suelta: “Estar con los excluidos no vende en la Iglesia actual. La Iglesia oficial está por las formas externas, las iglesias bonitas y los curas de negro. Pero no pierdo la esperanza; ojalá fuéramos la mitad de curas y fueran los laicos los que tomaran la iniciativa… Pero nos da miedo. Y mientras, la gente se nos va”.

Emiliano continúa: “La Iglesia tradicional ha tocado fondo, en algún momento tiene que hacer crack. Muchos estamos por el cambio. Pero la cuestión es cómo recoger a esos pequeños grupos aislados. Hay que unir a esa gente que está sola, desilusionada, triste. Crear redes. Porque la parroquia de siempre, ya no es la solución”.

En esa dirección, en el País Vasco, Eusebio Losada y el fraile Koldo Rodríguez ya están dedicados a tejer una red de cristianos que busquen colocar el Evangelio en el centro de la Iglesia: “Ser una comunidad de iguales. Hablar de todo en libertad. Superar el binomio curas-laicos. Hoy estamos en una institución de obediencia ciega, y la Iglesia está para servir, no para mandar”.

Un párroco del madrileño barrio de Vallecas trabaja en ese sentido: “No nos podemos quedar en la superficie. Más importante que exigir el celibato opcional es denunciar el actual estatus de la Iglesia; la Iglesia debe ayudar, acompañar, consolar. Debe denunciar el mundo del dinero, la guerra, la especulación. Rebelarse. Para empezar, yo no cobro un duro del obispo. Siempre he vivido de mi trabajo”. A su espalda, viejas fotografías de Óscar Romero y Juan Gerardi, un obispo salvadoreño y un guatemalteco asesinados por defender los derechos humanos: “Ellos consiguen que la Iglesia aún tenga valor para mí”.

Muchos quieren el cambio. La Iglesia es más plural de lo que la monolítica composición de la Conferencia Episcopal puede dar a entender. El problema es el miedo. Los sacerdotes progresistas temen las represalias de la jerarquía. Especialmente en las diócesis más conservadoras, como Madrid, Burgos, Granada, Toledo, Valencia, Castellón… “Te pueden hacer la vida imposible”, explica un cura madrileño de treintaitantos, enviado al dique seco por hablar más de la cuenta. “Nadie movió un dedo por mí. Los sacerdotes que pertenecen a órdenes, los franciscanos, jesuitas, dominicos, se cuidan entre ellos; pero los diocesanos estamos solos, a expensas del obispo. Sobre todo en Madrid”.

–¿Madrid? ¿Por qué?

–A Roma le preocupa Madrid, porque todo lo que se publica aquí llega a América Latina. Fueron curas españoles como Casaldáliga, Ellacuría y Cardenal los que cambiaron la Iglesia de allí. Y en Roma no quieren que se repita. Y ponen a los más duros, como a Rouco y antes a Suquía.

Hay miedo. La prueba es el amplio número de sacerdotes que han participado en este reportaje exigiendo total anonimato. Pero lo curioso es que estos mismos curas críticos con la jerarquía, situados en lo que se podría definir izquierda templada, también temen que sus palabras se puedan interpretar como un intento de dividir la comunidad católica. Romper la unidad de los creyentes. Hay un nebuloso sentido corporativo que hace que muchos se muerdan la lengua. “Lo último que desearía es escandalizar a las personas mayores; a gente como mi madre”, afirma Javier Vitoria, sacerdote y profesor de universidad en Deusto, muy crítico, por otra parte, con el modelo oficial de Iglesia. Una afirmación que asumirían muchos sacerdotes. Carlos García Andoín, coordinador de Cristianos Socialistas, intenta explicarlo: “Un cura cuelga su vida al ordenarse, pone todos los huevos en la cesta de la Iglesia: su trabajo, su realización personal, sus afectos. Una persona normal tiene su empleo, familia, ocio. Pero el cura pone toda su vida en la Iglesia. Y un conflicto con la Iglesia es algo que le hace sufrir mucho personal y psicológicamente. En la Iglesia, al que discrepa no le meten en la cárcel, le relegan. Pero más doloroso que esa marginación es el sentimiento de ruptura con su comunidad. Y lo evitan a toda costa”.

De ese miedo objetivo y subjetivo ha surgido una Iglesia bis; un archipiélago de curas que sobrevive poniendo cara de póquer al obispo de turno. Que trabaja con total discreción en su parroquia, no proscribe los condones y torea como puede las consignas decimonónicas de los obispos, que van desde el uso obligatorio del alzacuellos hasta negar la comunión a los divorciados, prohibir las confesiones comunitarias o evitar que las mujeres administren la comunión. Lo explica un sacerdote castellano que trabaja en el ámbito de la marginalidad: “Yo estoy en contra de las ideas de mi obispo; hace 20 años que no me pongo el clergyman, pero tengo claro que lo importante es ayudar a los excluidos. Sacarlos adelante, aunque me tenga que vestir de cura para que el obispo se calle”.

Enrique de Castro, de 63 años, sacerdote en Vallecas desde 1972, es crítico con esa concepción dúctil del sacerdocio. Animador de la humilde parroquia San Carlos Borromeo junto al sacerdote Javier Baeza –donde han logrado construir una comunidad dominada por el cariño, la solidaridad y el diálogo–, recibió antes del verano la visita admonitoria de uno de los auxiliares de Rouco. Puede estar cerca el fin de su sueño. Sin embargo, Enrique de Castro López-Cortijo, un cura obrero de origen burgués que se ganó la vida como taxista y pintor para vivir como los humildes, no se calla: “Muchos sacerdotes no dan el último paso porque temen romper la unidad de la Iglesia. El cordón umbilical; quedarse sin nada tras toda una vida. ‘¿Qué pintamos fuera de la Iglesia?’, se preguntan. Aquí dentro eres alguien. Dicen que no hablan por prudencia, pero muchas veces es por cobardía. Porque a nivel privado hay una ruptura total entre la jerarquía y los curas; pero al final, pocos se mojan, por una fidelidad mal entendida. Claro, que todos tenemos nuestros miedos”.

Y los miedos de la Iglesia española no acaban ahí. A su vez, la jerarquía se siente atemorizada ante la sociedad actual. Ante los cambios culturales. Tiene miedo a vivir en una sociedad secularizada, a competir con otras Iglesias; teme la libertad de expresión, los avances científicos, la cercanía de los sacerdotes con el mundo. “Antes, la Iglesia organizaba la vida del individuo; hoy disfrutamos de libertad individual, y la sociedad ya no entiende a esa institución paquidérmica en la que no hay igualdad de género y que te impone cómo debe ser tu sexualidad. La Iglesia es la institución más refractaria al cambio cultural. Siempre han impuesto las normas, y el cambio cultural les ha hecho rearmarse en su identidad más conservadora”, explica Carlos García de Andoín.

“La Iglesia sólo sabe vivir perseguida o en el poder. El martirio siempre atrae clientela, y… mandar lo hemos hecho desde el siglo IV”, argumenta Francesc Romeu, de 47 años, párroco de San Francisco de Asís, en Barcelona, y profesor de comunicación. “Y ahora, sin mártires ni poder político, la Iglesia no se acostumbra a su nuevo papel”. Para un jesuita, “los obispos han vuelto a sus cuarteles de invierno y nos toca a nosotros abrir las ventanas para que entre el aire fresco, como intentó Juan XXIII con el Concilio Vaticano II”.

El mito del Concilio (1962-1965). La esperanza de una radical puesta al día de la Iglesia que nunca se llevó a cabo. Entre 15.000 y 20.000 curas abandonaron, en todo el mundo, el sacerdocio en aquellos años de efervescencia. Ante el espanto del papa Pablo VI. Después, el enroque. Y la contrarreforma. A partir de 1978, a cargo de Juan Pablo II. Y sus peones en cada país. Una estrategia intervencionista. Con un perfecto orden de batalla. Primero, el nombramiento de obispos jóvenes y dóciles. A continuación, un férreo control de los seminarios. Después, la censura en las revistas religiosas. El cese de los teólogos renovadores. El control de las cátedras. La persecución de la Teología de la Liberación. Todo engrasado con el avance de los movimientos neoconservadores. Que a finales de los ochenta ya copaban los seminarios. “Con el cardenal Tarancón, los seminaristas vivíamos en los barrios más pobres. En 1990, con el cambio de rumbo nos obligaron a volver al seminario. Fueron años duros: ponías un cartel del Dos de Mayo y te colocaban encima uno de la vigilia de la Inmaculada. De los 19 que nos ordenamos, 13 eran neocon. Y ésa puede ser la proporción de jóvenes curas conservadores frente a los progresistas: de tres a uno”, explica el sacerdote Javier Baeza, de 39 años. A comienzos de los noventa no quedaba en España ni rastro del Concilio. Muchos sacerdotes se marcharon. Otros se plegaron. Era el fin del sueño de una Iglesia abierta.

Desde su casita de barro en San Félix (Brasil), rodeado por un coro de gallinas que se cuelan a través del teléfono, el obispo Pedro Casaldáliga, de 78 años, recuerda su llegada a Brasil en 1968, al hilo de ese Concilio. “En América hemos tenido la suerte de vivirlo de una forma muy incisiva. Como una opción real por los derechos humanos. Y ha provocado recelos en el Vaticano, temían que rompiésemos la Iglesia. Yo le dije al Papa: estamos por la unidad, pero no por la uniformidad. La cabeza se te adapta al lugar en el que estás: si vives entre pobres, piensas muy distinto que si vives en la abundancia. Yo no podría ser obispo de Madrid; soy un obispo sencillo, comprometido con las causas del pueblo. En Europa, el obispado está demasiado sacralizado”.

–¿Y la Iglesia en España?

–Ha estado inmersa en el nacionalcatolicismo. Ya pasó lo de ser religión oficial, pero algunos no se han enterado. La Iglesia no puede olvidar que España es hoy un país plural; que también es musulmán y evangélico y agnóstico. No puede ser prepotente sino dialogante.

–Los jóvenes están muy lejos de la Iglesia española. ¿Cómo se les puede atraer?

–Si somos coherentes, sencillos, austeros; si renunciamos al lujo y la prepotencia, a las subvenciones; si vamos a los necesitados, seremos aceptados como una alternativa de vida, no como una simple obligación.

En 1989, Casaldáliga, que estuvo a punto de ser asesinado en 1977, era propuesto para el Nobel de la Paz en reconocimiento a su apuesta por los sin tierra. En 1998, otro obispo español afincado en Latinoamérica, Nicolás Castellanos, de 71 años, conseguía el Premio Príncipe de Asturias a la concordia. Nombrado obispo de Palencia por Pablo VI en 1976, Castellanos dejó el cargo en 1991 para trabajar en Santa Cruz de la Sierra, una de las regiones más deprimidas de Bolivia. “En América, la Iglesia ha devuelto la esperanza a la gente; es la institución de mayor credibilidad gracias a su compromiso frente a la pobreza. En Bolivia, todos los avances se deben a la Iglesia. Estamos en todos los movimientos sociales y reivindicativos. Ésa es nuestra Iglesia”.

–¿Cómo ve la Iglesia en España?

–El Evangelio está asfixiado por la institución. Y los sacerdotes no tenemos que dejarnos ahogar por la institución, sino estar cerca de la gente. La Iglesia en España es cerrada e involucionista. Hoy no da esperanzas a la gente.

Ángel Aguado tiene 53 años. Desde el comienzo de su carrera apostó por el apostolado rural. Fue colaborador del obispo Castellanos. En los noventa le tocó bregar con la crisis de la minería en la comarca palentina de Guardo, que provocó inmensos problemas sociales, desde la droga hasta el desempleo. Luchó. Sufrió mucho. Hoy es párroco en Villamuriel de Cerrato, un pueblo de Palencia que alberga una gran factoría de Renault y comienza a tener problemas sociales con la nueva inmigración. Ángel nos recibe en su parroquia del siglo XII. Hace mucho frío. La niebla esconde el campanario. Desde aquí, Ángel ha creado una asociación intercultural para promover la integración de los inmigrantes. Sin olvidar su tesis doctoral, centrada en el cambio cultural de la sociedad y el consiguiente desafío para la acción pastoral. “La Iglesia no sabe conectar con la nueva sociedad. Está perdida. Y a no ser que consienta convertirse en un gueto, donde sólo tengan cabida los grupos de pensamiento conservador, las comunidades cristianas deben convertirse en un lugar abierto para la reflexión y el debate; donde se trabaje a favor de la dignidad y la justicia. Nuestra obligación es, más que nunca, tender puentes”.

Una iniciativa que el jesuita Manuel Plaza, de 70 años, ha convertido en el centro de su vida. Dirige desde Burgos el Centro Ignacio Ellacuría “como un espacio de diálogo intercultural e interreligioso en pro de los derechos humanos; para tender puentes entre el cristianismo y la izquierda. Un lugar para asumir el reto de la inmigración, del proceso de paz en el País Vasco; para enfrentarnos a la violencia de género”.

La actividad de Manolo Plaza, por cuyo foro han pasado Ramón Jáuregui, Patxi López o Margarita Robles, es la punta del iceberg de la silenciosa e intensa labor progresista de la Compañía de Jesús, que vuelve a ser punta de lanza de la Iglesia tras una amarga travesía del desierto durante el papado de Juan Pablo II. Plaza sigue trabajando temporadas en El Salvador. En el entorno donde fue asesinado en 1989 por el ejército salvadoreño su amigo Ignacio Ellacuría junto a otros cinco jesuitas. La inmediata reacción de Manuel Plaza aquel trágico 16 de noviembre fue denunciar a la prensa “que detrás de los asesinatos estaba el Gobierno norteamericano; hoy parece muy fuerte, pero con Reagan se hacían barbaridades en nombre de la seguridad. Como hoy con Bush”.

El pasado sábado 25 de noviembre era ordenado en San Sebastián el sacerdote más joven de España: Unai Manterola, de 26 años. Llega al sacerdocio como una vía “para conseguir un mundo más digno y más justo”. El padre Manterola cree en una Iglesia de los pobres y que respete el derecho de los pueblos a decidir su futuro. Con su cerrado acento de Zumaia, Unai Manterola se indigna ante los juicios morales de la jerarquía sobre el proceso de paz en el País Vasco: “Yo escucho condenar el proceso de diálogo, y alucino. Es como si yo me pongo a hablar del Estatuto valenciano o de la política agraria en Andalucía; pues no tengo ni idea. Que hablen de lo que saben. Porque hablan de paz, pero yo no vi a ninguno en las manifestaciones contra la guerra de Irak”.

Manterola afirma con vehemencia que su diócesis es un oasis frente a lo que pasa en Madrid, Castilla o Valencia. Que aquí no mandan los neocon. Que en Euskadi, los curas no se sienten rechazados. Un argumento que comparten la mayoría de los sacerdotes catalanes y vascos consultados. No andan descaminados. Los ciudadanos en Cataluña y el País Vasco están en paz con una Iglesia que apenas apoyó el fascismo ni la dictadura. Hubo curas vascos y catalanes en la cárcel y el exilio. Dos obispos, Mateo Múgica y Francesc Vidal, se negaron a firmar el documento de “la Cruzada”. Y la sociedad no lo olvida.

En Barcelona, el sacerdote Antoni Matabosch, de 70 años –catedrático; presidente de la Fundación Joan Maragall, Cristianismo y Cultura, y ecónomo de la diócesis–, afirma contundente: “Aquí la Iglesia no es de derechas. Ni nos sentimos perseguidos por los socialistas. Aquí los cristianos votan a todos los partidos; al PSC, y a Ciutadans, y a Iniciativa. Y si un obispo se pusiera aquí a hablar desde la derecha le dirían: ¡cállese usted! De hecho, a un porcentaje mayoritario de los curas catalanes les parece fatal la Cope. Debería emitir el mensaje de Cristo y no estar sólo con un partido, y menos aún con el ala de extrema derecha de ese partido. Una emisora del episcopado no puede mentir, atacar, insultar. Debe poner en relación distintas tendencias sociales y políticas; si encona, no es Iglesia”.

Javier Vitoria, profesor de teología, escritor y responsable de una ong para la cooperación, vive en Bilbao con su madre, de 90 años. La noche es inhóspita. Su primera reflexión en torno al proceso de paz en el País Vasco es la siguiente: “En este país, o se está con la paz, o no se está”. Vitoria fue una de las primeras voces en criticar la ambigua posición de los obispos vascos con las víctimas del terrorismo. No es una figura complaciente con el nacionalismo. Sin embargo, apuesta por el diálogo. “Dialogar nunca es inmoral. Y la Iglesia debe acompañarlo sin protagonismo, con humildad; debe escuchar más que hablar, estar atenta a las víctimas. Y no dar voces, como hace algún cardenal, que parece mucho más preocupado por la unidad de España que por los cayucos que llegan o por la cohesión social de este país”.

Una reflexión que comparten muchos curas, que consideran un catálogo de obviedades los juicios políticos de la Conferencia Episcopal sobre el diálogo en el País Vasco. Aun así, los optimistas esperan que el pontificado de Benedicto XVI, sumado a la presidencia de la Conferencia de Ricardo Blázquez, obispo de Bilbao y hombre moderado, suponga una renovación para la Iglesia. Los pesimistas afirman que la revolución nunca se podrá hacer desde arriba. Y que es preferible que las iglesias se vacíen para empezar desde cero.

En Babilafuente, Quintín García lleva dos años sin sueldo por expresar su opinión. Subsiste gracias a la camaradería de Pedro, Luis, Alfredo y Bernardo, los dominicos con los que vive en comunidad. Hace un par de meses consiguió el galardón de poesía de la Kutxa, por su poemario Carne en fulgor. El premio estaba dotado con 10.000 euros. Está feliz. “Dios aprieta, pero no ahoga”.

lunes, 22 de agosto de 2011

Un regalo de un cartujo "sui generis"



Dios y Madre/Padre bueno,
que nos amas y nos buscas.
...A una porción de tu comunidad eclesial,
has convocado junto a la clase sacerdotal en Madrid
para que juntos bendigan tu nombre y al hacerlo,
se sientan aun más comunidad.

Otros miembros de la comunidad,
Madre y Padre de amor, nos negamos a celebrarte
de esta manera fastuosa, ritualista y programática,
pues nos da la sensación de que somos siervos de la ley,
y no siervos de tu Reino.

Queremos bendecirte Señor,
con la alegría que brota de nuestros corazones,
al saber que al morir en la cruz,
borraste de nuestro camino
los rígidos cañones de las leyes;
y nos llamaste a vivir en la libertad. ¡Bendito seas!

De los jóvenes cristianos y no tan jóvenes,
quieres que seamos unas personas sin jaula,
un grupo sin más constitución que la del amor,
el respeto y la solidaridad.
Quieres que seamos una especie cuya única norma
sea vivir con intensidad la vida.
En Ti y de Ti, Dios sin fronteras,
amor sin límites, vida oceánica,
aprendemos a caminar sin senda prefijada,
a vivir sin más ley que el amor libremente querido.

Unidos al rumor de los que nos narran su liberación
y esperando llegar al mundo prometido,
te aclamamos como Dios de nuestros corazones,
y solicitamos la asistencia de tu Espíritu
que es nuestro Espíritu,
pues nos alienta y anima a vivir una rebeldía espiritual
basada en la negación de lo preestablecido
y que subyuga las conciencias.

Somos muchos jóvenes, Dios y Madre/Padre;
los que estamos hastiados
de ser el objetivo de las reprimendas magisteriales
de los hombres vestidos de negro.
Demasiados siglos lleva nuestra iglesia católica,
haciendo del negro su bandera,
aun cuando en tu resurrección,
nos entregaste un sin fin de colores
fantásticos y llenos de energía,
para que cada cual eligiera el suyo
y así pudiera sentirse
efectivamente miembro de la comunidad cristiana.

Una comunidad con la cual soñamos,
y en la que jamás se vuelva a señalar al pecador con el dedo.
Ni se defienda al potentado,
ni se calle voces en pro de la buena diplomacia,
ni se pese al amor de unos en detrimento del de otros.

Una comunidad en la cual toda familia pueda integrarse,
teniendo el amor por bandera.
Una comunidad eclesial en la cual junto al evangelio,
podamos ser tolerantes y democráticos
en la libre elección de nuestros pastores o representantes.
Una comunidad donde cada mujer
pueda llegar donde puede llegar un hombre;
y aun mas alto.
Una comunidad sin magisterios obsoletos,
ni “monituns” recriminatorios hacia teólogos de libre pensamiento.
Una comunidad en la que se abrace
al que te adora –Dios de amor-,
con otro nombre u otra forma,
sin hacer acopio de absurdas verdades.
Una comunidad en la cual se tenga más en cuenta
el latido de nuestros corazones,
que la letra de la ley.

Esta es la comunidad que queremos,
Padre bueno y santo.
Y junto a nuestra admiración por Ti,
queremos manifestarte nuestra determinación
por seguir gritando a favor del reconocimiento
de la autentica persona de tu hijo,
Jesús de Nazaret.

Pues entregado hasta la muerte,
dio cumplimiento a la ley y los profetas
y acabó con la esclavitud de los mandamientos.
No antepuso norma alguna, por muy sagrada que fuera,
a los dictados de su fe.
Por lo cual, muchos se escandalizaron de El,
porque no era esclavo de preceptos,
ni se sujetó a la letra de la ley,
sino que se embarcó en la aventura de ser fiel al Espíritu.

Que este mismo Espíritu
que insufla valor al hombre y a la mujer
desde el comienzo de los tiempos,
nos ayuden a todos a ser
verdaderamente comunidad cristiana,
de los que se reúnen en tu nombre y aman sin reservas.
Así sea.

Publicado por Floren, "Cartujo con licencia propia" Yo solamente lo comparto
y he hecho mi pequeña aportacion, "Madre".

domingo, 21 de agosto de 2011

MixObRad2

Ecografía de un final feliz

(Sugerencia interesante: si os apetece podeis escuchar la canción que he colgado debajo de este post, mientras lo leeis. Para los que no entiendan inglés, el título dice "Dios y sólo Dios". Y es un canto repetitivo, en el que se dice que sólo esa energía es digna de ser venerada y adorada en todos y cada uno de los seres en los que se refleja. Es muy chula y el coro canta de maravilla. ¡Qué lo disfruteis!)

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Hoy me parece necesario remarcar la importancia de la verdadera jerarquía: el Amor. Ya sé que se ha escrito muchísimo acerca de él. Ya sé que todo está explicado. Pero en realidad el Amor no se explica. Se vive. Se experimenta. Se contagia. Transforma lo que toca. O no es Amor.

Ahora, que la visita a España de un jerarca del mundo se termina, creo que es un momento estupendo para reflexionar. Ese personaje ha venido a reafirmar lo que niega y a negar lo que afirma. El resumen perfecto de su función planetaria, después de discursos y coqueteos con la internacional de las juventudes nacionalcatólicas, ha quedado muy claro en sus propias palabras: "Sin iglesia, no hay Cristo". Es la consagración formal y definitiva del mensaje del anticristo. Su último As en la manga para rubricar lo que ya venía dando señales de lejos. Una iglesia, que nunca fundó Cristo, sino que fue la estructura primera de los seguidores de su enseñanza, pero autohipertrofiada por el poder, y la ceguera de la soberbia institucionalizada, necesita quitar de en medio a Cristo para colocarse en su lugar y decir al propio Cristo, al Espíritu divino que sopla donde quiere y como quiere, como tiene que comportarse. Y que si ella no le administra su relación con la humanidad, ese Cristo no sirve para nada. No es nadie.

La verdad es que un ser sensible y sano psíquicamente, después de la oscura tempestad, los rayos, los truenos y la furia del viento y del agua cebándose anoche con la mascarada y el tinglado de la suplantación, en el aeródromo de Cuatrovientos, hubiese repensado su discurso de hoy. Y tal vez habría sido capaz de ver el signo cósmico de rebelión de los elementos ante la gran mentira. La descalificación materializada de la conciencia del Planeta, exahusto y agotado por tanto abuso y por tanto engaño en nombre de su Creador, al que intentan imitar, sustituir y ocultar. Suprimir. para ponerse ellos en su lugar. No esposible que Dios sea tan blando que no castigue a los "malos". Esa debilidad divina de no apagar la llama vacilante y no cortar la caña doblada por si en un momento la llama se reaviva y la caña se hiergue con una caricia suave de humanidad, eso no se puede permitir. Hay que tener mano dura y asustar al rebaño con los ladridos amenazantes del pastor elemán. Permisivo con los poderosos que le reciben y le doran la píldora mientras dejan Kabul o Trípoli como la palma de la mano y con la homosexualidad y la pederastia intramuros, pero un Atila sin piedad para los extramuros. Justo, para aquellos que son los preferidos de ese Cristo filomarxista y tan poco católico e irreverente, que se atrevió a cantar las cuarenta a los mismos perros con distintos collares hace 2000 años. Por eso quiere "interpretar" y traducir ese mensaje evangélico tan radical y permisivo con los pecadores, Cristo no confesaba, perdonaba y liberaba directamente invitando al arrepentimiento y a la reconcialiación, porque no necesitaba manipular a los que llevaban pesos de culpa sobre sí mismos, que ya tienen bastante cuando están hechos trizas, sino que era medicina instantánea para los enfermos de cuerpo y alma, que es la misma enfermedad. Tampoco tenía necesidad de "hacer parroquia" prosélita, sólo anunciaba la liberación, daba signo de que era verdadera y seguía su camino. Sin estados pontificios, sin patrimonio artístico, sin millones de tesoros repartidos por el Planeta. Sólo había una bolsa común de limosnas para ayudar. No llevaba sandalias ni túnica de repuesto. No tenía ni donde reposar la cabeza. Por eso, es necesario que no haya Cristo sin Iglesia, porque en realidad, si está Cristo, la iglesia sobra.
El hecho de que Cristo se esté manifestando en la sobriedad, en la sencillez parca de los menos favorecidos, en la noviolencia que soporta agresiones e impide las respuestas violentas con el gesto desarmado de sus manos en alto como elevadas al cielo, en el diálogo, en el grito del silencio de los oprimidos, en la solidaridad y en la compasión entre los humildes que acampan en las plazas porque la sociedad les impide tener su propio lugar, es un verdadero peligro para parlamentos, gobiernos e iglesias y ellos se confabulan para evitar que Cristo se manifieste y la enfermedad se cure y la ceguera desaparezca. ¿Qué harían los médicos si no hubiese enfermos? ¿A qué se dedicaría el clero si no hubiese "pobres" buenos a los que ayudar ni pecadores a los que perdonar en nombre de un Cristo que sin ellos es agua de borrajas. Un algo incorpóreo, alegórico y matafórico. Cosa de pirados y de "espirituales"? Mejor esa falsa pátina beata y supersticiosa, que a falta del pan de Dios debe conformarse con las tortas de la sotana y el alzacuellos. Las banderas y los tronos, las primas de riesgo y los escuadrones de la muerte disfrazados de cruzada salvadora de la civilización blanca (!), rica, cristiana (!?) y poderosa. Imperial. Como Roma la vieja, la derramadora de sangre inocente y mártir que hizo de la tortura su diversión favorita y de la guerra su fuerza económica y territorial. Ese imperio que ahora en vez de latín habla inglés y que tiene su trono a las orillas del Potomac en vez de tenerlo en las del Tiber como antaño. También la tortura es su diversión, no hay más que ver los videos de Irak o Guantánamo. Y la guerra su gran negocio en todos los sentidos. Ese imperio necesita el pontifex maximus y lo ha encontrado en el carcelero del Evangelio, en el suplantador de Cristo gran manipulador y narcótico de conciencias. Y ese carcelero necesita un imperio que lo sostenga. Hé ahí el currrículum de la gran prostituta que vestida de púrpura y oro se pasea por las esquinas del mundo imperial, para llenar la bolsa con su caché y corromperse bebiendo en la copa del poder, la sangre de los mártires. No es un relato de ciencia ficción, ni una alegoría literaria, es lo que dice el Libro del Apocalipsis (Revelación), el último libro del Nuevo Testamento, en cualquier Biblia que consulteis por curiosidad, en su capítulo 17, si lo quereis comprobar.

Que nada ni nadie os impida reconocer a eso que llaman Cristo en la vida, en el discurrir de cada día. Ni siquiera el nombre se interponga. Llamadle como querais: conciencia despierta, responsabilidad social, compromiso generoso, justicia y compasión, solidaridad y alegría, creatividad e inteligencia sanas, tolerancia, respeto, diálogo, amor de hermanos y de amigos, familia universal, naturaleza hermosa y en peligro de extinción, universo infinito, paz y comprensión profunda, poesía o iluminación, salud, belleza y armonía, autoconocimiento, camino, vida, resurrección, silencio y música, sentimiento, alma y cuerpo. Reconciliación. Creación de lo nuevo. Amor sin límites. Que cada uno lo encuentre y lo busque donde quiera, porque está impregnando la vida en todo lugar y en todo tiempo, para llevarnos a conocer el no tiempo y el no lugar del Intimo. Del ser. Quien lo encuentre en cualquier iglesia o en un cuartel o en un prostíbulo, se transformará y nunca más necesitará esos lugares para reecontrarlo, porque en el momento en que lo encuentre sentirá que ya vive con él desde siempre. Por eso lo empezará a ver reflejado en todos y en todo. No verá enemigos, ni verá al mal como un absoluto, sino como un pasadizo oscuro que conduce a la luz. Y entonces conocerá la verdad y esa verdad le hará libre. No por rebeldía sino por plenitud.

Y recordemos en todo momento lo importante que es conectar con esa energía vivificante que mana dentro de nosotros y salta hasta la vida sin fin cuando hemos encontrado "ESO".
Si de paso podemos salpicar ese agua a nuestro paso, no para "convertir paganos ni herejes", sino para refrescar al cansado, aliviar o sanar al enfermo, dar de comer al hambriento, acompañar y reparar al alma del triste, escuchar al que se siente solo, dar agua al sediento y vista al ciego, movimiento al bloqueado, casa al desahuciado, cultura y estudio al ignorante, patria al que emigra, perdón y sanación al culpable y a la víctima, paz al guerrero y marcha al pasota...pues miel sobre hojuelas. Y tened por seguro que lo último que Cristo quiso fundar fue un pastiche como el que anoche vimos en su nada más vacua, impotente y abatida, a pesar del marketing y la masa en teledirección, bajo las fuerzas desatadas de la creación harta de abusos y de malos rollos hipócritas.

Sin embargo, qué paz y qué humildad bondadosa emanaba del medio millar de personas reunidas sin sin ruido en silencio meditativo, con sus velitas de conciencia vigía brillando en la oscuridad de la Plaza de Oriente. Ni viento. Ni rayos caían sobre ellos. Sólo los brazos piadosos del cielo acogiendo el corazón sincero de los pobres de Dios. El resto. Los anawim de la Biblia. Los olvidados del poder. Pero en realidad aquellos de los que es el reino de los cielos. El futuro.

God and God alone

sábado, 20 de agosto de 2011

Los discípulos acudían cada mañana a la sala de la plegaria desde hacía dos años, aunque el maestro, extrañamente, no se dejaba ver como era su costumbre. Al principio algunos se quejaron de la falta de responsabilidad y delicadeza del hombre sabio que les había guiado con tanto empeño y cuidado a lo largo del tiempo de su enseñanza. Pero pronto se resignaron sólo a escuchar su voz en el piso de arriba, a donde seguramente estaba dedicado a sus meditaciones y prácticas que no deberían ser interrumpidas y tal vez ellos, los alumnos deberían tomarse este desapego como una seria e importante lección para desprenderse del ego impaciente y tan dado a aferrar los signos materiales del mundo intangible. Seguramente, aquello era un dura prueba para acrisolar firmemente la voluntad y la obediencia.

Así que llegaban y con gran unción cada uno ocupaba su lugar, en silencio y con los ojos cerrados respiraban expectantes, hasta el momento en que la voz del gran sabio volvía a repetir el mismo mantra cada día. "No es lo mismo San José de la montaña, que Pepito el alpinista". Después el silencio por unos instantes y luego la repetición. Los primeros días estuvieron muy confusos. No sabían como interpretar las palabras del maestro. Pero pronto fueron comprendiendo que tal vez aquella frase aparentemente sin sentido era una clave secreta de gran poder iluminativo. Y se dedicaron fielmente a dejarse empapar por el sentido secreto e iluminador, que de momento no veían, pero que con la fe y la determinación, llegaría a transformar sus vidas. Y así habían transcurrido tres años de práctica. Vivían en paz repitiendo el rito y desarrollando paciencia, humildad y aceptación. Cambiaban con pulcritud sus hábitos menos agradables y se abrían a un modo nuevo de vivir.
Por fin una mañana llegaron a la sala de meditar, iniciaron su trabajo interior, pero no escucharon la voz del maestro. Continuaron en silencio pensando que aquello era otra prueba y lo aceptaron sin preocuparse. Permanecieron en esa actitud hasta que de pronto escucharon junto a ellos la querida voz. ¡El maestro estaba allí en medio de ellos, había regresado de su aislamiento! Y abrieron los ojos al unísono. Se quedaron de piedra. En medio de la habitación había una jaula y dentro una cacatúa con su brillantes plumas blancas y negras que los miraba fijamente mientras repetía un mantra con la mismísima voz del querido y añorado maestro. "No es lo mismo San José de la Montaña que Pepito el alpinista" El animal había aprendido a imitar la voz de su amo, con tal exactitud que nadie hubiese sospechado ni por un instante que no fuese el maestro mismo quien repetía la misma frase.
Curiosamente los discípulos no dijeron nada. Sólo sonreían dulcemente y se miraban con ternura y complicidad unos a otros.
Pasados unos quince minutos, el maestro entró en el cuarto partido de risa. "Pero , a qué esperáis, idiotas, para sacar vuestra ira y enfadaros conmigo por esta broma de pésimo gusto?"- les dijo mientras lagrimeba en plena carcajada.

Ellos le miraron con la misma dulzura con que se miraban entre ellos mientras se levantaban. Y haciéndole una reverencia respetuosa fueron saliendo al jardín en dirección a la calle. El maestro no entendía aquella reacción tan poco natural. Les había tomado el pelo durante tres años, se había ido de viaje a Londres, a Berlín y a Oklahoma dejando a la cacatúa parlanchina en su lugar repitiendo estúpidamente una idiotez, y aquellos pobres idiotas se habían creído que era él. Había previsto gastarles aquella broma para despedirse de ellos definitivamente, porque ya se había cansado de ir de guru pobre y quería liberarse de aquel rol y de aquellos imbéciles que no le reportaban ningún beneficio. Mientras en su largo viaje había dado conferencias y cursos de yoga y espiritualidad, que le habían pagado estupendamente. Había conocido personas de muchísma fama y poder. Hasta en la Casa Blanca había sido recibido por el Presidente. Y aquellos mentecatos, allí. Meditando con una cacatúa. Qué absurdo. Y siguió riendo y pensando en escribir un libro sobre la estupidez humana.
Tras un tiempo de visitas y charlas en las emisoras de la región, entrevistas y coloquios contando su aventura internacional y el ridículo de sus torpes discípulos como anécdota graciosa, el maestro derrapó con su coche por una carretera de montaña y murió mientras llegaba una ambulancia a recogerle.
Nada más expirar se encontró en medio de una luz relajante y maravillosa. Y empezó a ver los rostros de los discípulos burlados. "¿Pero qué haceis aquí, es que os habeis muerto conmigo?", "No maestro, hemos venido para ayudarte a volver a la vida. Todavía debes aprender algunas cosas antes de irte, por eso nos han encargado que te curemos con el mismo amor que tus palabras desarrollaron en nosotros durante tu ausencia." Y con una sonrisa le soplaron en el corazón y en el cerebro para devolverla vida, mientras le decían cómicamente: "No es lo mismo San José de la Montaña que Pepito el alpinista, ¿verdad?".

Y el amaestro comprendió. Y dejó de permitir que nadie volviese a llamarle maestro para el resto de su vida. Y pidió, llorando amargamente, a sus antiguos discípulos que le perdonasen. Ellos le contestaron que no tenían nada que perdonarle y sí, mucho que agradecerle y que por esa gratitud habían ido a socorrerle en su accidente mortal. "Pero si os humillé y os abandoné, cómo es posible que ahora seais tan nobles conmigo?". "Porque gracias a la espléndida experiencia que nos proporcionaste, somos felices, sanos y agradecidos. Por eso te bendecimos".
Y el antiguo maestro nunca más necesitó salir de viaje para ser glorificado, liberarse de las rutinas ni ganar mucho dinero. Aprendió a ser de verdad un ser humano y eso le proporcionó tal felicidad que todo lo que necesitaba aparecía en su vida antes de que él se diese cuenta de que tenía que conseguirlo. Se convirtió en salud y en prosperidad para todos. Y supo que la gratitud y la aceptación son dos compañeras imprescindibles para vivir feliz.

Swami Yogasakti Namasté ( "Volver, no es sólo el título de un tango")

viernes, 19 de agosto de 2011

Aclarando algunas cosas

Seguramente los últimos post que he escrito sobre el personaje de Benedicto XVI suenan muy duros. Quisiera aclarar que esas denuncias lo que pretenden es que descubramos la manipulación y los enredos que nos despistan, que nos confunden y que pretenden darnos gato por liebre. Aunque parezca un ataque personal no lo es. Para mí la persona de Joseph Ratzinger es tan respetable y sagrada como cualquier otro ser humano, tiene todo el derecho a equivocarse en su vida particular y a aprender de sus errores. Como todos.
Pero no sucede igual con el personaje. Con la máscara que le hace de refugio, que le hace representar un guión, igual que a un actor de teatro trágico o cómico, pero con una diferencia muy peligrosa: el actor sabe que cuando al representación termina, él vuelve a su esencia, a su ser natural. Sin embargo en el caso de los jerarcas sean políticos, religiosos o financieros, el personaje se apodera del individuo y termina por anularlo hasta que se deteriora de tal modo que el primero absorbe al segundo para siempre. Es el caso de los reyes, de los papas y de los prebostes profesionales. Es a ese engendro inhumano a lo que se somete toda persona que asume un rol "importante" hasta convertirse en él. Y es ése el origen de toda tiranía. El camino que lleva a un ser humano hasta las cumbres del poder absoluto lo deteriora absolutamente para siempre porque para llegar a ese puesto desde el que pretende arreglar el mundo, debe asumir decisiones traumáticas que modifican y envenenan su conciencia, le cierran a la luz y a la verdad que habita en todo, pero no se identifica con nada dogmático ni fanático. Ni convenenciero ni partidista. La verdad indica que "en todas partes cuecen habas" y que el crecimiento consiste en saber qué son las habas y qué no pertenece a esa especie, que aunque esté en todas partes, no es la única. El error del personaje es que sólo ve habas en el guiso y él se cree el único cocinero. Por eso es muy importante que descubramos nuestro personaje y así podamos desmantelarlo y de ese modo podamos además ayudar a desmantelar los personajes que se apoderan de los recursos y de las conciencias, para anularlas creyendo o haciendo creer que las están "salvando". Cuando el personaje no es capaz de comprender ni respetar el libre albedrío y la naturaleza de la verdad honesta que nos hace libres, pierde la capacidad de distinguir a los seres humanos de sus personajes y se convierte en un tirano, en un parásito que se alimenta de la energía y la obediencia ovejuna de los personajes ajenos, más débiles que el suyo, pero igualmente dormidos en la nana del ego.

Es por ahí por donde hay que entender las claves de estos post. No son una ofensa a J. Ratzinger, sino la denuncia del traje invisible del personaje Benedicto XVI. Si sólo se mira la máscara se ve el disfraz nada más, porque miramos desde nuestra máscara. Cuando se mira al hombre, desde nuestra desnudez, se ve que debajo de los fuegos artificiales de la fama, del prestigio y del poder, también está desnudo. En la vieja fábula, sólo un niño se dió cuenta y avisó a los ciudadanos del engaño, que ellos por miedo, no se atrevían a reconocer en voz alta, por no desentonar de la opinión general y hacer el ridículo o quedarse solos en medio de la masa monocorde.
No en vano dice Jesucristo: "Si no os hacéis como niños no entrareis en el reino". Un niño no se calla cuando ve un disparate. Lo dice y se pregunta por qué los "adultos" no ven esa parte de la realidad que la inocencia ve en primer plano.

Estos post aparentemente agresivos, sólo quieren despertar al niño de mirada limpia que todos llevamos dentro para que desmontando la inercia propia aprendamos a descubrir la inercia del poder que nos aplasta e intenta encadenarnos al personaje manipulador. Gran Hermano de Orwell. El "soma" de Houxley. Los sastres pícaros del traje invisible. A eso que la tradición llama "demonio" y que nosotros podemos modificar además llamándole "dominio". O Maya, como los hindúes. Ilusión vacua. El mascarón de proa de la apariencia. El señuelo de la nada.

El paroxismo del delirium tremens imperial

No damos a basto para alucinar. Hoy los periódicos dan la crónica de la borrachera católicoromana. Un galimatías de ignorancia de lo fundamental y de soberbia destarifada.

Pablo de Tarso recomendaba embriagarse con los dones del Espíritu, porque esa experiencia hace al hombre más lúcido, más sano, más bueno y más humilde y más prójimo. No exigía para ello ninguna obediencia a ningún pontífice ni a ningún gurú mortal. Sino un seguimiento de la oración y de la convivencia fraterna con los demás, que se basa en profundizar una enseñanza que en sí misma aporta cualidades humanas elevadas a la ética más exquisita: el mensaje de Jesucristo, que de religioso no tiene nada, porque es profundamente humano. Jesucristo fue crucificado precisamente porque vino a decir que los hombres, cuando evolucionan y se perfeccionan en la ética, en los valores eternos y en el amor solidario de los hermanos, alcanzan el nivel divino. Pueden hacer, decía "mis obras y aún otras mayores" o " se os ha dicho que sois dioses y es verdad". Y esa "blasfemia" le costó la crucifixión, justo a cargo de los jerarcas asustados por la evidencia de que Dios se manifiesta donde quiere y como quiere y no a través de la represión canónica, de la intolerancia ni del chanchullo religioso-político del poder que impide al hombre alcanzar estados de liberación, que ya harían inútil el tinglado. Pero esta vieja dama encerrada en su torre vaticana durante diecisiete siglos, desgastada y empobrecida por la ambición, la prepotencia, los vicios y la rutina del poder absoluto no parece darse por aludida.

Y como mirando no ven y oyendo no escuchan, así les va. Cada día más fuera de tiesto y más inasequibles a la cordura que da una fe real en un Dios sabio, amoroso, que no apaga la llama vacilante ni quiebra la caña doblada. Y sobre todo, bueno. Si se hubiesen molestado en aplicarse la parábola de hijo pródigo, por ejemplo, dejarían de juzgar, de oprimir, de condenar, de dividir. Y serían los primeros en declararse, humildemente, incapaces hasta ahora de comprender y aplicar lo que hizo Jesús. Algo a lo que no llegan ni pueden llegar en el estado lamentable en que esa institución les coloca. Han creado un monstruo dinosáurico y su función no es llevar el hombre hasta dios, sino alimentar el engendro que les separa de Él. Que oculta el mensaje real que todos los clarividentes, profetas o filósofos iluminados por la Realidad Infinita, han dado al mundo desde el inicio de la civilización humana. por eso han censurado teólogos que avanzasen una visión más alta y mejor, de la que ellos ofrecen.

Ahora, Benedicto dice que hay gente que se cree Dios y que quiere borrarlo del mapa. Y para eso se basa en que esos que se creen Dios, pasan de la iglesia católica. Sin embargo, está mucho más cerca de Dios quien puede distinguir el amor del miedo, la lucidez, del fanatismo, la fraternidad , del seguimiento borrego, quien descubre a Dios en la conciencia despierta del hombre, y no en los discursos vacíos de una institución que para sobrevivir es capaz de hacer guerras o instigar a que las haya, a discriminar, a invadir el alama humana con el miedo, la amenaza y el pecado, a creerse la única poseedora de la verdad, a condenar por un divorcio o por una inclinación sexual y hacer la vista gorda con el poder, las riquezas, la violencia y los abusos de ese sexo que condenan tanto, aplicado a niños que "salvan" del aborto físico para convertirles en zombies desajustados el resto de sus vidas, y todo ello en el seno de su santísima organización a la que tienen el cinismo de declarar "santa y pecadora". A ver si se aclaran, porque no se puede ser día y noche o dulce y amargo, en la misma sustancia. "Porque no eres ni frío ni caliente, te vomito de mi boca", dice la Revelación de Juan. Es decir, porque eres tan cómodo, tan mediocre y tan chanchullero, que no sabes distinguir lo que construye de lo que destruye y te has creído que ser "tibio", te pone a salvo tus intereses, porque nadas y guardas la ropa al mismo tiempo. Y no comprendes que mientras sigas así nada cambiará en ese mundo que deseas santificar sin que desaparezca el lado infernal, no violentamente ni con inquisiciones ni hogueras ni excominiones, sino por evolución.
El "pecado" que combates y a la vez "santificas", es tu obsesión, no eres capaz de superar ese estado enfermo de esquizofrenia, ni de comprender que no se trata de mezclar en una convivencia imposible el cielo con el infierno, sino de transformar el infierno en cielo, porque la conciencia humana haya descubierto estados deliberación donde ya el mal no tiene sentido, ni atractivo, ni es una tentación, sino un asco. Una desgracia, una pérdida de tiempo y energía y, además, una estupidez, y por eso no puede ser feliz nunca mientras esté secuestrada por ese absurdo desajuste.
Con este panorama, cuando se les ve montando shows y movidas de circo programadas , con jóvenes que no saben distinguir un avemaría de una cocacola o una jaculatoria de un ligue veraniego y filopapista y ves a un arzobispo al nivel de la secta Moon, invitando a los jóvenes ya escapados definitivamente de la tentación del seminario o del convento, a salir emparejados y matrimioniados del evento papal y a casarse como heteros piadosos, aunque sólo sea para ir de excursión cuando lo requiera la compañía teatral vaticana, sientes una compasión y una pena infinitas por esa O.N.C.E. pseudoespiritual, que está perpetuando el mundo de las divisiones, de la rivalidad entre lo laico y lo religioso, entre lo sagrado y lo profano, sin darse cuenta de que para ese Dios que predican tanto y conocen tan poco en la práctica, esos conceptos no existen. Son puro interés primario para perpetuarse como eterna confusión fragmentada de una Verdad que es Todo y es Una, pero repartida en parcelas, que sólo el amor respetuoso, valiente e incondicional, tolerante y sabio, sabe poner de acuerdo, no en lo más grosero, sino en lo más sutil y por ello, más noble e incorruptible.

Querido papa, ni usted es Dios, ni su iglesia es la única acaparadora de la divinidad. Y el hombre está dotado, por ese Dios inatrapable, de una cosa que se llama libre albedrío inteligente y de su directora espiritual, que se llama conciencia. Y las religiones, sin son verdaderas, no tienen otra función que ayudar al hombre a descubrir ese par de dones más que suficientes para saber quien es y de donde viene. Y si no lo consiguen, no valen para nada, porque son lámparas apagadas y sal sin sabor. Y si encima ni siquiera tienen la decencia de reconocer que han fallado porque no ven ni entienden el mensaje que han ido heredando a través del tiempo, se convierten en sectas muy negativas para el desarrollo humano integral. Y por más que se aferren al poder, se deshacen en la nada del absurdo. Se vuelven un obstáculo para el crecimiento espiritual integrado en el mundo. No entienden nada y lo confunden todo y emplean su publicidad para arrastrar a los más indefensos y asustados a su propio callejón sin salida.

Quizás el éxito de un verdadero camino espiritual comience con la humilde confesión de los errores históricos, del dogmatismo y la violencia religiosa, de la connivencia hipócrita con los poderes que por un lado se critican y por el otro son la cadena que no deja crecer al hombre ni despertar a su conciencia. Quizás ese alarde de despilfarro en medio de un mundo agónico no sea nada más que el canto del cisne viejo, agotado y moribundo, que incapaz ya de volar, quema su último aliento en autoafirrmar multitudinariamente su ego, es decir, la causa de su enfermedad y de su desgaste históricos. Es una reacción biológica muy comprensible. La pena es que se dedique a ese responso el dinero y los recursos que podrían salvar muchas vidas del hambre, de la miseria y de la muerte ignominiosa.

Si todos los jóvenes que siguen estos espectáculos píos se reuniesen a reflexionar, a amparar a los desahuciados , a exigir justicia para los oprimidos, a repensar un mundo más sano sin humos ni consumismo ni masas idiotizantes y no lo hiciesen para llenar templos, consumir sacramentos de repetición, complacer a un líder ni para ganar un "cielo" y evitar un "infierno", sino por amor a sus hermanos sin pedirles el carnet de "buenos" ¿no estarían mucho más cerca del mensaje de Jesús, que esa pantomima manipulada?

Perdóneme, don Benedicto, pero no puedo evitar decirle que el reino de Dios de que habla el Evangelio en el sermón del monte, se parece mucho más a los "indignados" del 15M por la cusa de la justicia y la misericordia en línea directa, por ser pobres de espíritu, por llorar con los otros y ser limpios de corazón y constructores de la novioelncia, de lo que se desprende de su montaje neocon y corteiglés fashion rebosando entusiasmo prefabricado y fatuo, violencia moral y presión psicológico-mediática. Y usted lo sabe. Por eso ha querido que su coro de voces blancas y alienadas acompañen el canto del cisne clerical al final de los tiempos.