sábado, 22 de julio de 2017

 
Greenpeace

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El futuro de los océanos está en juego

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Cada vez más amenazados por la actividad humana y el cambio climático
Estamos llegando a zonas de los océanos que antes eran demasiado lejanas, difíciles, profundas o peligrosas de acceder. Ya no hay santuarios naturales para la vida marina, por eso es hora de crearlos. ¡Ayúdanos a seguir presionando a la ONU!
Actúa!

Sabemos más de la superficie de la luna que de los secretos que se esconden en el fondo de los océanos. Y corremos el peligro de perderlo todo, antes incluso de poder descubrirlo.
Dos terceras partes de los océanos, o lo que es lo mismo, la mitad de la superficie terrestre, están desprotegidos.
Desprotegidos ante los gigantescos buques de carga que arrojan sus residuos en el medio del océano, los barcos de arrastre que abren cicatrices en el fondo marino, las flotas de pesca ilegal que agotan la vida marina o la extracción de petróleo que cambia la banda sonora de alta mar.
¿Y cuál es la forma más efectiva de protegerlos? Creando una red de santuarios marinos, espacios para proteger la vida marina y que se recupere tras décadas de explotación.
Esta semana la ONU está reunida en Nueva York para decidir el futuro de los océanos y las especies únicas que lo habitan.
El mar de Alborán, entre el estrecho de Gibraltar y el cabo de Gata en Almería, es una de esas aguas internacionales que necesitan protección. Y por eso esta misma semana lo hemos navegado a bordo del barco Esperanza, en busca de esa biodiversidad que Naciones Unidas tiene la oportunidad de proteger a través del Tratado de los Océanos: ballenas, delfines, tortugas, aves marinas,...
no te pierdas las increíbles imágenes de cetáceos que conseguimos captar a bordo del Esperanza junto a la costa de Almería >>

¡Ayúdanos a proteger los océanos

Y Dalí culminó la actualidad surrealista de España

Captura de imagen del reportaje Informe Semanal, TVE, sobre la muerte de Dalí. 1989
Captura de imagen del reportaje Informe Semanal, TVE, sobre la muerte de Dalí. 1989
  Arturo Caminada coge un pañuelo de seda amarillo y tapa el rostro de Salvador Dalí con dolor y rabia incontenibles. Es 25 de enero de 1989 y su patrón, para el que trabajó desde muy joven y durante 40 años, lleva dos días muerto y expuesto al público en el Museo de Figueres. Caminada conocía el deseo explícito de Dalí: no quería que nadie viese su cadáver. Y se ha hecho exactamente lo contrario. 28 años después el gran creador del surrealismo ha sido removido de su tumba por una demanda de paternidad que bienvenida sea si reconoce derechos pero que sorprende por las costumbres sexuales del artista. La exhumación se ha producido rodeada de la misma expectación o mayor que su entierro.
 Dicen que Dalí murió una vez por las secuelas de un incendio en el que se vio afectado. De nuevo cuando desapareció Gala, su esposa, su musa, su soporte y en cierto modo artífice del mito. Dalí no deja de morir, mientras su obra vive y sigue produciendo admiración sin fin y cuantiosos beneficios. Sus extravagancias tapan hoy, en recuerdos frívolos, la larga agonía de una década en la que Salvador Dalí cambió la gloria por la soledad. Abrumadora.
Le conocí, no a él, más bien a una calva por la rendija de una puerta y un quejido, en el Castillo de Púbol, una de sus residencias. La de Gala en realidad, donde ella se dedicó a sus esparcimientos eróticos. “Hasta su muerte” con más de 90 años, aseguraba con admiración Arturo, el chófer y asistente de la pareja. El entorno del artista nos había ofrecido, a Informe Semanal, una entrevista en exclusiva para, de alguna forma, rebatir los rumores de su confinamiento y mal estado de salud. Eran ciertos. Durante tres días fuimos objeto de continuas dilaciones que sirvieron para contar la historia alrededor. La utilización de su figura. Los pinceles con telarañas mientras se aseguraba que seguía pintando. Los días y las noches en penumbra, sin querer que levantaran las persianas. “Está muy deprimido, quiere morir y a la vez siente un profundo miedo a la muerte”, me explicó su médico. 
   Salvador Salí reinventó el surrealismo, al punto de ser él mismo su más destacada obra viva.  Ahí están los relojes blandos, las cabezas llenas de nubes, los sueños oníricos cargados de sugerencias, la sobria ventana de Anna María, su hermana, con el azul eterno de Cadaqués al fondo. Lo vistió, innecesariamente, de espectáculo.  El primer artista envuelto en reclamos comerciales. El precursor de lo que habría de venir. Y luego el abandono, las pinturas falsificadas, el dejar hacer a otros, la fuente inagotable de uso y aprovechamiento.
  En Púbol, de apenas 300 habitantes, quedó Gala y, vacía, la tumba al lado que Dalí se preparó. En sus últimos días cambió el testamento de forma verbal y ante un único testigo: el alcalde de Figueres. Hubo su buen revuelo. El esplendoroso Museo donde está enterrado le cuadra mucho mejor y ofrece infraestructura adecuada para el ingente número de visitantes que recibe. Lo pensó el pintor a última hora, aunque muchos lo dudaron. Agua pasada.
Al cadáver de Dalí se le reconstruyó el rostro con la apariencia que tenía en 1980. Una obra de ingeniería y recauchutado... surrealista. “Parece de plástico”, comentó un chaval en la larga fila mortuoria. “Le admiraba”, comentaba un joven compungido. “Traigo al chico para que pueda contar de mayor que vio a Dalí muerto y vivo” dijo una mujer. La hermana, Anna María, no acudió al sepelio. Y apenas le sobrevivió 4 meses. Solo comentó: No ha muerto el pintor Dalí, ha muerto mi hermano Salvador.
 El espectáculo se ha reproducido este jueves noche en su exhumación. Hasta creen ver maniobras extrañas para trasladar el museo al hilo de la controversia que se vive estos días. En fin, le han raspado solo unas micras a sus restos.  La frase tópica donde les haya se revuelve de nuevo contra Dalí: La tierra no le ha sido leve. 
    Si el surrealismo es una de las mayores explosiones de la creatividad, su sentido peyorativo se expande hoy como pocas veces por algunas maltratadas tierras como la nuestra. Dalí sacado de su tumba para indagar el ADN de su semen masturbado. Comparte portadas internacionales con el presidente de la Federación Española de Fútbol, Ángel María Villar, encarcelado por corrupción, junto a su hijo. Sacaron provecho de cuanto pasó por sus manos, según se deduce del auto del juez. Exprimieron la pelota, antiguo balón, al máximo. No me digan que no hay paralelismo.
Y con Miguel Blesa, el banquero símbolo del “aznarato” y sus desmanes, objeto de una autopsia sumarísima que certifica oportuna muerte “compatible con suicidio”, y una incineración fulminante. Como la que sufriera Rita Barberá tras su impactante fallecimiento en Madrid. Y con las cuadrillas de la manipulación diaria, constante, lacerante, abusiva, estragante, que pretenden culpar a la crítica de inducir la muerte por bala o por whisky y pastillas. Y con quien lo traga.
  Y con la presidenta de la Comunidad de Madrid que no va a coger vacaciones de nuevo, a ver si cunde el ejemplo y se acaba con otro derecho laboral más.  Ya ha sembrado el debate, las tertulias, el éste dice, el otro dice, los servicios al poder, el espectáculo, la exhumación permanente de la inmundicia. La noticia, sin embargo, no ha traspasado las fronteras como las mencionadas. De momento al menos. En China y otros submundos laborales puede tener una buena acogida.
  Tampoco ha llegado aún al exterior el ascenso del fiscal de Canarias a quien el Supremo ha considerado culpable de vulnerar los derechos fundamentales de la jueza Victoria Rossell. Más aún, el Ministro de Justicia, de Justicia, considera que es una anécdota. De hecho ni es fácil encontrar la noticia en los  medios nacionales.  
Ni siquiera la conclusión del Congreso que certifica la existencia de una policía “política” en España al servicio del PP.  Lo que venía siendo en su espíritu la Stasi o la Gestapo. Sin que implique pena alguna para el gobierno que la amparó. PP y Ciudadanos no suscribieron el dictamen. PSOE excluyó del texto los dossieres falsos sobre Pablo Iglesias. Y los tres partidos votaron a favor de mantener las medallas pensionadas a los policías implicados.
Quien realmente copa portadas internacionales y crónicas cortesanas es la reina Letizia de España. Tan elegante, tan hierática, desplazando al cónyuge y a la realeza británica, a la altura de la perpetua monarca británica Isabel. Con los SMS al compi-yogui Lopez Madrid de nuevo en el juzgado para uso mediático interior y restringido.
Retazos de la España de hoy. Surrealismo es poco.  Del malo. Del que no se recrea en curvas de belleza, ni hace nacer la divinidad del alma mater huevo, ni deja al hombre invisible para sí con los ojos espantados ante los otros. Con la luz, el color, el alma, el surrealismo que abre ventanas. 

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Magnifico repaso a la inmudicia celtiberica del momento, Rosa Maria Artal. Acertadisima cronica de la desventura politica y social que padecemos todos y todas, excepto quienes la perpetran, obviamente, que  disfrutan y se encumbran en la mugre, con el dolor del projimo mientras se lo llevan crudo. Menudo panorama... la version indecente y  genocida del surrealismo. 
Gracias, como siempre, maestra.


jueves, 20 de julio de 2017

Vida sostenible

El dinero no da la felicidad climática

planetadinero1000

Cada vez que se habla de “la lucha contra el cambio climático” se habla de millones. Por un lado, lo mucho que nos van a costar (por ejemplo, en hormigón para construir los diques que protegerán nuestras ciudades de la subida del mar) las consecuencias del cambio climático en sí mismo. Por otro, lo mucho que nos va a costar luchar contra el cambio climático, principalmente cambiando nuestro modelo energético fósil y derrochador por otro basado en la eficiencia y las energías renovables.
Así que la lucha contra el cambio climático se plantea como un gasto, un sobrecoste, una pejiguera económica. Los políticos esgrimen cifras de cientos de miles de millones de euros, que es lo que nos va costar reducir la emisión de CO2 de los niveles actuales a una cantidad más razonable. En realidad el CO2 es un activo financiero: se puede calcular cuánto cuesta reducir o dejar de emitir un kilo o una tonelada de CO2. Así que, tonelada a tonelada de CO2, pagadas a buen precio, vamos alejando la amenaza del cambio climático a base de gastar cientos de miles de millones de euros.
Los escépticos están contentos con esta situación, pensando que avala sus argumentos: ¿para qué vamos a gastar esa montaña de dinero en algo, el cambio climático, que ni siquiera está demostrado científicamente? ¿No sería mejor gastar esa punta de millones en mejorar el abastecimiento de agua potable y limpiar las aguas residuales, por ejemplo? La conclusión evidente es que es mejor seguir quemando petróleo, que sale más barato. Incluso los no-escépticos van más o menos por el mismo camino. En la II Cumbre del Cambio Climático de las Américas (Jalisco, septiembre de 2016) el director de la Plataforma Mexicana del Carbono (MéxiCO2) estimó los daños a la economía mexicana de no hacer nada: un cambio climático rampante costaría el 3,6% del PIB en 2050.
Es decir, que el apocalipsis climático equivale al 3,6 % del PIB. Con cifras como esta podemos seguir quemando petróleo tan tranquilos. Reducir el cambio climático, sus efectos y la manera de combatirlo, únicamente a dinero, equivale a neutralizar todos los esfuerzos. Sería más eficaz hablar de ”cambio global a peor”, olvidarnos de los forcejeos científicos entre negacionistas y afirmacionistas del cambio climático y plantear una respuesta cultural y social a este cambio global en la mala dirección.
Se trata de colocar los millones de euros o de dólares en segundo plano, y el cambio cultural y social en primer plano. Aparecerán sorpresas, como que muchas de las acciones más importantes resultarán mucho más baratas de lo que se pensaba. Por ejemplo, pasar del modelo actual de millones de coches de motor térmico en propiedad al de miles de coches eléctricos compartidos. O generalizar el autoconsumo eléctrico a base de miniaerogeneradores y paneles solares. Además, casi todas las acciones propuestas tendrán también un beneficio que se podrá contar en dinero. Por ejemplo, la generalización de las renovables terminará por abaratar mucho la energía eléctrica.
Hay que tener en cuenta que el modelo energético sostenible (eficiencia/renovables) es mucho más barato que el actual (fósil/derroche). El primero tiene una estupenda cualidad que no tiene el segundo: se amortiza. Una vez instalado el material aislante o el panel fotovoltaico, podemos esperar tranquilamente –asegurando un mantenimiento correcto– a que la instalación proporcione beneficios, en términos de litros de combustible para calentar la casa o de kilovatios-hora que ya no habrá que pagar. En cinco o seis años, los ahorros pagan la instalación, y a partir de ahí uno puede empezar incluso a ganar dinero. También uno deja de respirar gases contaminantes, y hay otros beneficios que ahora mismo solo podemos entrever a lo lejos.
Muros sin Fronteras

Los migrantes no caen del cielo

Publicada 20/07/2017(Infolibre) 



No tenemos suerte con los ministros del Interior. El actual, Juan Ignacio Zoido, dijo hace unos días: “Hay que concienciar a las ONG de que no favorezcan la inmigración irregular”. Si no se lo creen pueden escucharlo en el vídeo anterior. ¿Afirma Zoido que rescatar a personas en el mar convierte a las ONG en cómplices de las mafias que se lucran del tráfico humano? Hubo escandalera y más que debió haber cuando se mostró sorprendido del efecto de sus palabras. Aunque la presión de la nueva política le forzó a pedir disculpas, no hay arrepentimiento. En su comparecencia el martes en la comisión parlamentaria, en teoría para matizar lo anterior, soltó otra perla que me deja muchas dudas sobre la capacidad intelectual del ministro: “No es nuestra responsabilidad que los inmigrantes decidan huir”.

Sé que es inútil, que la cohorte de asesores no seleccionará este texto, pero aquí dejo unas pinceladas para calmar la ignorancia del ministro.
 
  • España es el sexto exportador de armas del mundo. Vendemos a 78 países. Algunos, como Egipto, Bielorrusia y Arabia Saudí, son dictaduras. Otros están en guerra o padecen conflictos internos: Irak, Afganistán y Ucrania. O tienen un pobre récord en el respeto de los derechos humanos: Turquía, Azerbaiyán, Qatar, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait, Pakistán, China, Uzbekistán, Argelia, Burkina Faso, Chad… Hemos exportado a Arabia Saudí por valor de 1.245 millones de euros en 2016. Muchas de estas armas y municiones acaban en Siria y Yemen.

  Siria: 465.000 muertos, un millón de heridos, la mitad de la población ha tenido que dejar sus casas. El ministro puede profundizar en esta información de Al Yazeera titulada: “La guerra civil siria explicada desde el principio”. Sobre Siria también puede preguntar al hombrecillo insufrible por la foto de las Azores, las armas de destrucción masiva de Sadam Husein y la desestabilización de Oriente Próximo. O leerse este libro: La semilla del odio (Debate) de Mónica G. Prieto y Javier Espinosa o leerse esta entrevista.
 
  • Yemen: 7.600 muertos y 42.000 heridos desde marzo de 2015, la mayoría en bombardeos de la coalición dirigida por los saudíes, nuestros compradores de armas. Las condiciones creadas por la guerra han provocado una epidemia de cólera que ya ha matado a 1.500 personas, según la OMS. El número de afectados potenciales supera los 276.000.
  • Sobre nuestra responsabilidad y la de “ellos”. El siguiente vídeo es antiguo, pero sigue vigente porque nada ha mejorado. Los cambios han sido a peor. Los cambios a mejor dependen de las decisiones políticas de gobiernos como el suyo.
Somos líderes en los recortes a la ayuda al desarrollo, que consiste en crear las condiciones en los países de origen para no tengan la necesidad de emigrar. El recorte acumulado es del 73,5%. Estamos a la cola de países donantes de la OCDE.
  • Sobre la pobreza y su consecuencia mortal, el hambre. El 12% de los habitantes del planeta tiene hambre, hablamos de 842 millones de personas. Solo en 2010 murieron 200.000 niños al día. Aquí tiene más estadísticas.

 Los presuntos deslices de Zoido tienen un sesgo ideológico. El problema es que no está solo, se mueve en la misma frecuencia ideológica de quien fuera primer ministro francés, Manuel Valls, ya oficialmente exsocialista, ideología que nunca defendió. La misma que Marine Le Pen y el holandés Geert Wilders, que han contaminado el discurso de la derecha democrática europea que ahora habla de identidad cuando en democracia lo único importante es que funcionen las instituciones. O de Donald Trump. Más allá de las diferencias, el tronco común: presentar al extranjero (pobre) como una amenaza económica o de seguridad.


En España carecemos de sociedad civil, con excepción de Cataluña, que ya existía antes de que estallara el procés como efecto de la crisis económica y de la torpeza del PP con el Estatut. En el resto del Estado, la sociedad civil sigue durmiente. Existe, pero no halla los cauces para expresarse. Ni la corrupción sistémica sirve de percutor. El PSOE y el PCE mataron el proceso asociativo en la Transición, muy rico en los barrios y en las asociaciones de vecinos. Los partidos de la izquierda no querían vida civil fuera de su control.

Pero esta sociedad paralizada que solo protesta en el bar y en Twitter tiene fogonazos de gran impacto. Hubo una movilización masiva en Andalucía en la defensa de la vía del 151 que daba paso a una autonomía de primera categoría. Las hubo tras el fallido golpe de Estado en 1981, en favor de Miguel Ángel Blanco y contra la guerra de Irak. La sociedad civil dormida despertó en el movimiento del 15M y lo hizo a lo grande. Se recuperaron los barrios, se multiplicaron las asociaciones, surgió Podemos, mutó Ciudadanos, cayó el bipartidismo, numerosos jueces valientes y policías de la UDEF y guardias civiles de la UCO comenzaron a poner cerco a la corrupción con pocos medios y con un gobierno, el de Zoido, que conserva munición gruesa para defenderse y defender sus cajas B y sus ordenadores martilleados.

Esa sociedad civil de las grandes ocasiones no sale a protestar por lo de todos los días, lo que nos limita como sociedad libre y democrática. Parece tan acostumbrada a la corrupción que el saqueo no provoca protestas como las que vivió Rumanía hace unos meses. Da envidia.

Los migrantes caen en ese mismo saco de invisibilidad que transforma las noticias en un runrún aceptable que incorporamos a la banda sonora de nuestras vidas. No hay movilizaciones (excepto la de Barcelona). Pero una porción de la sociedad civil está ahí, en el trabajo valiente de las ONG, de MSF y Open Arms en el Mediterráneo. O en los que trabajan a pie de tierra en Libia, Jordania, Turquía, Líbano, o en países europeos como Grecia e Italia, entre otros, para atender a miles de refugiados de la guerra de Siria e Irak, o a los migrantes del hambre, las enfermedades y la pobreza. Aquí, en la tierra prometida les esperan los campos de internamiento y tipos como Valls y Zoido.


Los medios de comunicación españoles publicaron muchas historias sobre el viaje de miles de refugiados sirios. Pero a los refugiados les ha pasado como a las víctimas de un terremoto: la atención de los periodistas, de la gente y de los políticos es limitada. Cada tragedia tiene un periodo de caducidad.

En esta sociedad civil dormida y cansada, y por lo general desinformada, frases como las dichas por el ministro Zoido calan en la población y echan por tierra años de sensibilización. En esta cultura de la simpleza, los simples solo compran los prejuicios que repiten sus medios simples, o sus televisiones simples. La simpleza parece imparable. Dos ejemplos en Twitter.
 
Las ONG y los periodistas que hacen periodismo, más de los que parecen, se chocan con el silencio de esa sociedad que ha dejado de confiar en los medios como emisores de hechos objetivos y contrastables. El desprestigio nos llega porque dejamos de hacer nuestro trabajo hace tiempo, ahora que somos parte del problema, cómplices de alguna manera. Renunciamos a ser fiscales. Ya no estamos para tocar los huevos al poder sino para vigilar que nadie se los toque. Todo lo que no es obediencia es radicalidad: ETA, Venezuela (también vendemos armas a Maduro) y no sé cuántas cosas más. Y además está el uso y el abuso de las palabras.

Hemos perdido la capacidad de crear narrativa colectiva. ¿Cómo romper el muro?, ¿cómo activar esa sociedad civil latente que duerme y pasa? ¿Cómo imponernos a los zoidos? ¿Cómo sustituir la autocomplacencia por información veraz, jerarquizada, contrastada y que crezca el número de ciudadanos dispuestos a pagar por ella para garantizar su independencia y calidad? Todo está en la educación. Debería crearse una asignatura de Derechos Humanos en la que se enseñe la solidaridad, que disipe el miedo irracional al otro.

Dos vídeos para terminar. El primero recoge la respuesta de adultos y niños ante la pregunta ¿qué cambiarías de tu cuerpo? Es emocionante porque los niños no han perdido la capacidad de soñar; los adultos estamos hechos de incomodidades.



El segundo demuestra que la prueba del ADN debería ser obligatoria. Nos quitaríamos mucha tontería de nacionalismos excluyentes, razas puras y pueblos elegidos. Cada uno de nosotros somos la suma de puentes, no de muros. Una gran lección.


El muro de Cisjordania:un crimen de lesa humanidad

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“Cuando vuelvo y se cierra la puerta detrás de mí, me siento como en una cárcel”.
Lo cuenta la madre de Ayam, la niña que te presentamos la semana pasada. Las dos nos hablaron del muro. Ese muro del que todo el mundo habla, que oprime Cisjordania y que Israel comenzó a levantar en 2005. Más de 700 kilómetros de hormigón que hoy simbolizan la realidad de una ocupación inhumana que va mucho más allá del cemento.
El Tribunal Internacional de Justicia de La Haya declaró ilegal el trazado del muro antes incluso de empezar a levantarse. Si Israel completa su construcción, más de 200.000 palestinos quedarían aislados. Aislados, sí, aislado de todo lo que significa libertad.
Nuestro trabajo, nuestra propia existencia, se basa en la necesidad de sacar a la población refugiada palestina del aislamiento al que le somete la ocupación. Trabajamos para que los niños y las niñas reciban la mejor educación y para que también sus padres y madres y las personas mayores, puedan seguir recibiendo atención sanitaria y protección social a pesar de vivir bajo el asedio. En nuestros 67 años de historia, hemos visto envejecer a demasiadas personas apretando la llave del que un día fue su hogar y al que nunca le han permitido volver.
Trabajamos, existimos, para reivindicar el derecho humano y fundamental a vivir con dignidad. Nuestro trabajo depende de personas como tu. sol, hazte socio de UNRWA >>