domingo, 22 de octubre de 2017


El caldo de cultivo de la extrema derecha valenciana: la guerra identitaria del PP

La simbología nazi desfiló libremente en la procesión cívica
La simbología nazi desfiló libremente en la procesión cívica
Un día de principios de diciembre de 2014, un policía local de Gelida en excedencia se lanzó al foso de los leones en el zoológico de Barcelona con uniforme militar de camuflaje. El hombre, afectado por un trastorno mental, fue rescatado de las fauces de las fieras gravemente herido. Entonces se supo que había protagonizado varios episodios histriónicos con anterioridad, como la quema de una senyera estelada el 11 de septiembre en Barcelona o una protesta contra el aborto en Valencia el 9 de octubre vestido de soldado nazi.
Pero su actuación valenciana no había sido advertida como algo extravagante porque se camufló en un tipo de suceso más amplio y desgraciadamente más habitual en las celebraciones del Día de la Comunidad Valenciana.
Fue el último 9 d'Octubre de la era del PP, dado que al año siguiente tanto la alcaldesa de Valencia, Rita Barberá, como el presidente de la Generalitat, Alberto Fabra, ya habrían perdido el poder. Durante la denominada "procesión cívica", en la que se traslada la senyera desde el Ayuntamiento hasta la estatua de Jaume I, hubo saludos a la romana, exhibición de simbología fascista, consignas nazis, insultos a los representantes de las formaciones de izquierda y amenazas de mandar a Artur Mas, entonces presidente de la Generalitat de Catalunya, a la cámara de gas.
En ese contexto, la estrafalaria presencia del trastornado expolicía vestido de nazi adquirió visos de autenticidad. La Delegación del Gobierno se limitó a considerar que las fuerzas del orden y el dispositivo de antidisturbios habían conseguido "el objetivo básico de evitar choques".
El actual alcalde de Valencia, Joan Ribó, entonces en la oposición, denunció que una militante de Compromís y una amiga fueron agredidas por elementos ultras al acabar la procesión. Y criticó a la alcaldesa Barberá por haber apuntado con su discurso anticatalanista a los partidos y militantes de izquierda. Tanto los socialistas como Esquerra Unida del País Valencià reclamaron sin éxito que se abriese una investigación por unos altercados que suponían una evidente incitación al odio. No hubo detenciones.
El asunto no era nuevo. Se repetía cada 9 d'Octubre, con mayor o menor intensidad, desde los tiempos de la transición a la democracia, en los que grupos anticatalanistas actuaron en la calle en connivencia con la extrema derecha nostálgica del franquismo como una auténtica fuerza de choque contra la mayoría de izquierdas en las instituciones y las reivindicaciones nacionalistas. El alcalde de Valencia de aquellos años, el socialista Ricard Pérez Casado, fue uno de los blancos principales de las iras de aquellos grupos.
La virulencia de una batalla identitaria en la que se acusaba de "catalanistas" y "traidores" a todos aquellos -fundamentalmente las formaciones de izquierda y valencianistas, el mundo de la cultura y las universidades- que defendían que el valenciano es la misma lengua que el catalán y apoyaban su promoción, declinó en términos generales tras la llegada de la derecha al poder, impulsada por un discurso maniqueo de valencianos buenos y malos que se consolidó durante largos años de triunfalismo, euforia y grandes eventos bajo los que se desplegaba un sistema de corrupción que acabaría en desastre colectivo.
En cuanto las dimensiones de ese desastre quedaron en evidencia y se abrió paso la idea de que las dos décadas largas de poder del PP llegaban a su fin, los grupos ultras, que nunca dejaron de estar presentes en la procesión cívica y acosaron a menudo a los participantes en la tradicional manifestación de la izquierda y los nacionalistas la tarde del 9 de octubre, así como en otros actos o manifestaciones de la izquierda y el valencianismo, subieron de nuevo el volumen de su agresividad.
Ya con la izquierda en el poder, una izquierda en la que tanto el PSPV-PSOE como Compromís (en el que se integran militantes del Bloc con simpatías hacia el nacionalismo catalán) y Podemos se han esforzado por eludir el enfrentamiento identitario, el conflicto independentista en Catalunya ha venido a arrojar gasolina sobre unas brasas extremistas que nunca se apagaron. Se ha podido comprobar con las agresiones ultras en la manifestación del pasado 9 d'Octubre. La novedad ha sido que, esta vez sí, ha habido detenciones. Una docena larga de fascistas sobradamente conocidos de la policía han desfilado por comisaría mientras la Fiscalía ha abierto una investigación.
Ultras revientan la manifestación nacionalista del 9 de Octubre en Valencia
Un grupo de ultras ataca a un joven durante la marcha del 9 de Octubre en Valencia EFE
La exaltación es sin duda el caldo de cultivo de la extrema derecha. Una exaltación históricamente fomentada en la sociedad valenciana por la derecha parlamentaria sin complejos. Por ejemplo, tres días antes del episodio del 9 d'Octubre de 2014, el último en el poder, el PP convirtió Valencia en la capital de un homenaje a la bandera española en el que participaron todas las autoridades y Barberá hizo de madrina de una rojigualda regalada por Fabra a la Guardia Civil. El presidente de la Generalitat Valenciana, Alberto Fabra, había advertido apenas dos meses antes en una conferencia organizada por FAES, del riesgo de que la llegada de un gobierno 'tripartito', "radical de izquierdas y procatalanista" pudiera hacer que "la agitación independentista" de Cataluña y el País Vasco prendiera en la Comunidad Valenciana e incluso en Baleares.
Esa advertencia constituye todavía hoy el núcleo del discurso del PP valenciano, que ahora lidera Isabel Bonig, mientras el presidente de la Generalitat, el socialista Ximo Puig, se esfuerza por tender puentes con una Catalunya estigmatizada. Un PP que dejó como legado de los últimos estertores de la legislatura pasada una norma más que sintomática, la Ley de Señas de Identidad, que preveía retirar cualquier subvención pública a quienes no adecuaran "sus actuaciones al pleno respeto de la individualidad de la lengua valenciana" o se manifestaran contrarios a "los festejos taurinos tradicionales", entre otras cosas.  La ley fue derogada por las Corts Valencianes en enero de 2016 entre protestas de los diputados del PP.
Por si había alguna duda, el pasado jueves, pocas horas después de que dos decenas de ultraderechistas acosaran a la vicepresidenta de la Generalitat Valenciana, Mónica Oltra, en su propia casa con la excusa de defender la unidad de España, el expresidente del Gobierno José María Aznar afirmaba en un acto organizado por FAES en Valencia que " las mismas fuerzas ideológicas, los mismos sentimientos rupturistas que han quebrado la convivencia en Cataluña quieren actuar ahora en la Comunidad Valenciana y con los mismos objetivos". La estrategia incendiaria continúa.

sábado, 21 de octubre de 2017

LUCES Y SOMBRAS DEL SIGLO DE ORO - Concierto de Jordi Savall

El estado neogolpista 36 años después


Crisis en Catalunya Rajoy aplica la versión más dura del 155 y culpa a Puigdemont: "Es lo que querían"
Rajoy comparece para explicar la aplicación del Artículo 155 de la Constitución, tras el Consejo de Ministros extraordinario celebrado hoy. EFE/Juan Carlos Hidalgo





Prometía "prudencia" y "responsabilidad" y ha sacado pecho por su "paciencia", pero a la hora de la verdad Mariano Rajoy ha diseñado una aplicación dura del Artículo 155 de la Constitución que le permitirá obtener plenos poderes en Catalunya.
Las medidas del 155: cese del Govern, convocatoria de elecciones en menos de seis meses y restricción de los poderes del Parlament
El Consejo de Ministros de este sábado ha aprobado una materialización del 155 que permitirá al presidente convocar elecciones autonómicas en un máximo de seis meses -"Cuando se recupere la normalidad"- y cesar a Carles Puigdemont, Oriol Junqueras y el resto de miembros del Govern. Sus funciones serán asumidas por el Gobierno central -a través de la creación de un órgano específico o desde los ministerios- y los poderes del Parlament serán restringidos: no podrá designar candidatos, ni votar la investidura de otro president tras la destitución de Puigdemont. Tampoco podrá ejercer el control de estos órganos de gobierno provisionales, y el Gobierno tendrá un plazo de veto de sus iniciativas de 30 días.
Sin ningún atisbo de autocrítica, el presidente ha culpado en exclusiva al Govern de todo lo ocurrido -"No se pueden hacer peor las cosas"-, y ha retratado al Ejecutivo como una suerte de actor secundario obligado a tomar todas y cada una de sus decisiones: "No era ni nuestro deseo ni nuestra intención", afirmaba, llegando a deslizar que tiene "la convicción" de que "algunos lo que querían es que se aplicara el 155".
Teniendo en cuenta que el PP cuenta con mayoría absoluta en el Senado, previsiblemente la Cámara Alta aprobará en el Pleno del próximo viernes esta materialización del 155, que según Rajoy no supone la "suspensión de la autonomía ni del autogobierno" de Catalunya.  "Esto se arreglará y sin más daño para nadie", apuntaba. 

"Aquí ha habido un intento de imposición, no un diálogo"

Arropado por el grueso de su Ejecutivo, Rajoy ha defendido que podrían haber puesto en marcha este mecanismo mucho antes, pero prefirieron "actuar con prudencia y responsabilidad", "intentando una rectificación que no se produjo" -en referencia a su intercambio epistolar con Puigdemont, en el marco del requerimiento previo a la activación del 155-. Tras la rueda de prensa, la vicepresidenta, Soraya Sáenz de Santamaría, ha celebrado un briefing con la prensa para profundizar sobre las medidas adoptadas por el Consejo de Ministros [Consulta el documento completo aquí].
Los objetivos concretos de su aplicación son cuatro, según el presidente del Gobierno: "Volver a la legalidad", "recuperar la normalidad y la convivencia", "continuar con la recuperación económica" y "celebrar elecciones en situación de normalidad".
De hecho, y como se esperaba, el aspecto económico ha tenido un peso considerable en el discurso del presidente, que en definitiva ha querido dibujar al Ejecutivo como una víctima de un "intento de imposición", que la Generalitat habría querido disfrazar de "diálogo".  "Lo que se hizo fue liquidar la ley y poner en marcha una ley paralela", zanjaba.

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Esta vez no ha sido como en el 23F, para desactivar y quitar del medio  militares descontentos con la corona y la democracia, que querían más dictadura. Esta vez la causa ha sido la bomba de relojería del pp, diseñada en 2006 y activada en 2010 para cortar las alas a la plurinacionalidad de compromiso de la Constitución y coincidir con el 23F en el efecto reafirmante de la monarquía con  la pésima gestión e interpretación que la Corona ha hecho de la crisis  a base de una actitud impasible tanto del ademán como de la falta absoluta de empatía social ante el sufrimiento del pueblo y la complicidad descarada con sus maltratadores, un panorama tremendo que ha dejado bien patente  la indiferencia absoluta de los monarcas ante el problema sangrante de los refugiados, de los desahucios, de los recortes infames, de los suicidios de cientos de ciudadanos y de la miseria provocada a miles de familias, como de las grandes tragedias mediombientales, como ignorar y no mover un dedo ante la pérdida de la soberanía con la mutilación del artículo 135, o la irresponsabilidad de irse de safari y de amantes en medio de la hecatombe, con su narcisismo exhibicionista de burbuja aleatoria y su inutilidad manifiesta que sitúa el anacronismo de un trono que nos devora nada menos que en el 0'9 % del PIB, que no solamente paga el sueldo de un rey y sus lacayos, sino los  de la reina, la princesa de Asturias, el del abuelo  Juan Carlos y la abuela Sofía, que no son pensionistas recortables precisamente.
Son demasiadas goteras dinásticas y un gasto desorbitado para un país que rebosa desempleo, sueldos y contratos basura y la "estabilidad" inamovible de la corrupción: el único sector económico que no pierde nunca sus cotas de beneficio vergonzante.

La monarquía lejos de dar indicios de preocupación seria por el tema, participa en el sarao del pp y no sólo no lo reprueba, sino que se empareja con él y se coloca contra el pueblo, al que luego pretende camelar con comedias de salón como la entrega de los premios Princesa de Asturias, una niña pequeña multimillonaria por estirpe, pero en realidad privada, por el apellido, de su libertad completamente hipotecada y de sus derechos secuestrados  como el de vivir una infancia sana y normal, encerrada  en un contexto familiar deplorable, lejos de la vida, de la convivencia con ese pueblo que siempre le será indiferente porque no lo conoce y para el que siempre será una parásita como el resto de su familia, a la que nada menos que una Constitución de apaño oligárquico y no democrático, ha diseñado como representante estrámbotica de un país que en su mayoría los considera el chambergo del Hidalgo del Lazarillo. O sea, el hidalgo vago e inútil que vive de las limosnas y pequeños hurtos de un criado aún más pobre que él, al que no sólo no paga sino que le mantiene. Democracia y monarquía, una antítesis que en el siglo XXI es un disparate. Máxime cuando la mayoría actual de españoles ni siquiera pudieron votar la Constitución que la incluíaa en el lote para salir -ahora sabemos que no del todo- de la dictadura que la repescó de un río revuelto disparatado y retrógrado.

Esa penuria histórica que el régimen ha hecho imprescindible para su estabilidad y la de su bipartidismo decimonónico  es lo que en realidad está en vilo para la casta cleptócrata. Y si el pueblo sigue aplaudiendo e identificándoles con su patria devoradora, con su bandera y su himno esto sólo irá a peor, esa casta usa las emociones populares y el substrato franquista del miedo y la amenaza para seguir subida al carro del poder. La monarquía es su comodín y su paraguas, la casta es el carro y el chófer de la monarquía. El pueblo son los caballos y  el combustible para que el  viaje a los infiernos se pueda sostener en el tiempo y en el espacio.
No hay un proyecto de país, no hay líneas de acción inteligentes, no hay unos raíles por donde circular en una dirección consensuada y elegida por todos, no hay tren ni locomotora, sólo hay una huida hacia el vacío y sin retorno posible de unos políticos que sólo son filibusteros y analfabetos voluntarios, tanto políticos como sociales, económicos y éticos. Es una carrera de ciegos que han hecho una luz de gas con su ceguera y ya les da igual lo que pase con tal de salvar su cueva de Alí Babá haciendo de la plurinacionalidad el problema más grave que eclipsa la gravedad de lo suyo. Para ello la Europa actual les viene al pelo, si además la preside el alma gemela de Berlusconi y la controla Donald Trump desde el otro lado del charco. Sólo es cosa de apretar el cuello de la ciudadanía hasta casi ahogarla de miedo y de inseguridad, para poco a poco, ir aflojando la presión y hacerse pasar por los salavadores de "la patria" y su unidad, o sea, de nuestro castigo constante, que es su modus vivendi et operandi. 

En ese tira y afloja del sálvese quien pueda programado caben todas las villanías y excesos justificados por la situación que ellos mismos, seres sin escrúpulos que consideran legal la inmoralidad que les beneficia, han provocado. Como tienen las llaves de todos los recursos materiales del estado pueden hacer lo que les dé la gana. Solamente una oposición con votos suficientes podría haberles frenado en su alienación con una moción de censura, pero el Psoe ha resultado  ser pan de la misma masa y hornada que el pp. C's es irrelevante como diferencia diversa, es más de lo mismo. 

Sólo nos quedan Unidos Podemos y los partidos territoriales si es que aún no les ha absorbido la cerrazón separatista enloquecida o el capitalismo sin conciencia. Y, si el pueblo quiere y se empeña en ser más decente y justo que aprovechado y comprable por sus verdugos, será posible el cambio político de las bases sociales, que son el verdadero pulmón del presente y del futuro, el rescate de la conciencia y de la inteligencia colectiva que vive en lo concreto del día a día, no especulando en Wall Street con las preferentes de nadie ni con las pensiones ni con los presupuestos generales, como si fuesen calderilla de los señoritos, dueños del cortijo español. Sólo nos quedan, como cantaba Raimon, el diguem NO y la cara al vent, al vent del mon, buscant la llum, buscant la pau, buscant a Dèu...para librarnos de la casta golpista de una vez por todas, como del mismo infierno.

Ya demostraron Gandhi, Luther King, Jesucristo, Mandela y Desmond Tutu,  que los verdaderos cambios no los logran las guerras sino los pueblos que saben construir desde la noviplencia, ahimsa, -como como se llama en sánscrito-, sólo es posible cambiar haciendo lo contrario de lo que nos ha hecho el daño del que pretendemos liberarnos. Ya ni siquiera es "buenismo" es inteligencia. No te puede liberar aquello que te ha encadenado. No es inteligente repetirlo ni usarlo como herramienta. La desobediencia civil y pacífica organizada es el mejor armamento, pero incluye una condición imprescindible para que esa intención liberadora sea eficaz y tenga éxito: hay que cambiar personalmente de horizonte vital y abandonar el ámbito canijo del ego para entrar en  el territorio universal de la conciencia. No funciona la noviolencia en la mentira ni en los enredos, ni en el chantaje, ni en la soberbia, ni el fanatismo, ni en las ansias de poder sobre los demás, ni en las dobles caras, ni en el marasmo ni de las adicciones, ni en la banalidad. Eso hay que trabajarlo y potenciarlo para que la física cuántica de la inteligencia emocional funcione y fluya. No hay tecnología capaz de crecer en conciencia por cada uno de nosotras, que no nos enreden los colocones de LSD de S.Jobs, con los que según confesó, se inspiraba para inventar sus fantasías maquinetas: lo que no consiga el ser humano desde dentro jamás lo conseguirá ninguna máquina por muy perfecta que sea. Un cacharro jamás es humano, desde el momento en que sin conciencia no hay autonomía y se funciona a base de programas pensados por humanos, capaces de crear sin previa programación.

Y entonces, una vez dado el paso liberador hacia la verdadera independencia constituyente del yosotros, la sincronicidad de la energía vital que es conciencia hace el resto. Así se pudo cambiar Sudáfrica y así la India recobró su libertad echando al imperio británico sin disparar un solo tiro, así se consiguió que los negros norteamericanos dejasen de ser esclavos y pudiesen tener los mismos derechos que los blancos, así Bolivia llegó a tener un presiente indio como Evo Morales y Uruguay a José Mujica, así Marinaleda se liberó de los amos ducales y se ha hecho dueña de su tierra, usando los presupuestos del Ayuntamiento para ir comprando su libertad y construyendo su presente con esfuerzo, entusiasmo currante ( y  ni "ilusión" sino certezas materializadas) y solidaridad, gracias a que Sánchez Gordillo animó y empujó la acción y la conciencia social.

No es fácil pero no es tan difícil e imposible como nos pretenden inculcar. Se puede si se quiere y se intenta.


2ª Trobada Podem Horta Nord. 21-10-2017 a Foios.

¡Help, querido pueblo!

La Europa capitalista se atrinchera en Oviedo como Don Pelayo, preparada para reconquistar la dictadura y derrotar a la democracia. ¡Vivan los visigodos y su concepto innovador de las artes marciales!
Lástima que lleguen con 12 siglos de retraso y después de haber convertido varias veces España en la cochiquera de Europa, eso sí, una zahurda con mucho turismo y visiteo festero, borrachín y casposo low cost, cuyo caché privilegiado es el servicio de habitaciones y de barra de bar y restaurante de postín o de chiringuito y bocata, de recepción y limpieza, corre a cargo de expertos licenciados y brillantes doctoras en paro, récord europeo jamás batido por ningún otro estado de la surrealista community

Para cantar tanta gloria visigótica allí estaba el último mohicano de la saga, presidiendo el festejo promocional y dando premios a tutiplén a extranjeros maravillosos mientras debajo de las alfombras quedaban ocultas las pelusas de los DDHH, las libertades y la dignidad de los aborígenes en ruinas que generosamente subvencionan los premios con el sudor de sus trabajos forzados combinados con el desempleo, por la pericia gestora del héroe del momento: Mariano Rajoy. 


Fue conmovedor escuchar al rey, tan convencido de su discurso, aplaudido y coreado por uno de los padres del berlusconismo ahora convertido en máximo gerifalte de la UE, Tajani, poniendo por las nubes la mansedumbre tan estupenda y fiel al trinke organizado, del pueblo español tan afín al italiano sobre todo en su capacidad para organizar estructuras de forring office clientelares que los insensatos como Roberto Saviano, los jueces Di Pietro o Garzón llaman mani pulite, gürtel, mafia, camorra, taula, lezo, púnica o cosa nostra, y sobre todo el mazazo patriótico de escuchar sus palabras acompañadas por la banda sonora de Manolo Escobar y su ¡qué viva Ejpaña! tras el desfile del rey, las reinas y Rajoy por el pasillo...

¡Madremía qué mogollón de emociones arrolladoras! Qué diluvio de carnes de gallina, qué desparrame de gloria de los chinos y todo a un 'eulo' en lo que atañe a la vergüenza y al pudor, que sólo se descolocó cuando las cámaras despistadas de tv se descuidaron negligentemente por unos segundos y mostraron la cara b del escenario: unos cientos (pocos, según la crónica real de la irrealidad Gran Hermano) de desastrados antisistema maleducados y aguafiestas que como cada año, pero éste en especial, se han empeñado en abuchear en esta fecha estelar, a las maravillosas personalidades, armados hasta los dientes con peligrosas y provocadoras  banderas republicanas que  recuerdan al Borbón una cosa fundamental que, al parecer, él no retiene en su frágil memoria dinástica: para ser Jefe de un estado que se considere democrático en el siglo XXI, primero hay que preguntar al pueblo si está de acuerdo en conformarse o no, con la triquiñuela de una Constitución pergeñada en un estado de excepción permanente a la muerte del mismo tirano que repescó la monarquía para seguir manejando el timón  después de muerto. 

El Borbón apeló como siempre, pero con más énfasis y gallos laríngeos que de costumbre, a la unidad de esa patria que nadie tiene muy claro lo que es en realidad, ¿un club de fútbol o de alterne?, ¿una cofradía de semana santa? ¿una peña taurina? ¿un casal fallero? ¿una peña vasca en su choko con el orfeón donostiarra cantando Maitexu mía?¿un desfile de la santa compaña? ¿una muixaranga? ¿un castell? ¿una peña taurina? ¿la RAE en versión autonómica? ¿la Pandorga manchega? ¿la sobreasada mallorquina? ¿el turrón de Jijona? ¿Benidorm? ¿la romería del Rocío? ¿tal vez los Sanfermines y el club del toro embolao? ¿el mojo picón? ¿Marinadorqueguay, Porcelanosa, el aeropuerto de Castelló, el 'caloret' valenciá d'hivern o la sede de todos los trespercent del cotarro español, que para eso no hace falta ningún estatut regulador, sino jetas acorazadas  sin fronteras? ¿Tal vez Cuéntame? ¿La gran evasión?...En ese momento de explosiva cogorza patriótica nadie podría localizar en concreto el pedazo de patria que le hace más tilín y con más garantías de representar a gusto de todos el alma españolaza urbi et orbe. Todas son iguales en lo fundamental. Los pelos como escarpias eran los protas indiscutibles del momentazo. Qué passsssada, coleguis...

Porfa, volved a repasarlo en YouTube y sabréis de qué hablo, de qué conmociones inenarrables está tejido ese tapiz de nuestra esplendorosa y siempre vencedora raza celtíbera y seguro que después de tal impacto, de ese sock indescriptible, se acaban de un plumazo -del águila imperial, of course-, y de una vez por todas, esos soberanismos titubeantes y zangolotinos, para dar paso a una sola, grande y libre ppatria que todos soñamos desde siemppre, unificada y fuerte como un bunker, contundente y finiquitadora como una Cosppedal o en su defecto como una Inquisición, o como una falange macedónica o fascista, como una armada invencible renovada y con mejor curriculum terminator; como un nuevo y ,sin duda, nunca olvidado Bienvenido Mr. Marshall. Aunque debo reconocer que sin el toque genial de Berlanga, el magno evento  pierde una barbaridad.



Bernie Sanders el Joan Ribó de USA


Los republicanos son Robin Hood al revés, y su presupuesto es un regalo para los ricos

Bernie Sanders en un mitin en Santa Monica, California, en junio de 2016.
Bernie Sanders analiza la propuesta impositiva republicana para desvelar qué supondría para la mayoría de estadounidenses John Locher / AP
Donald Trump y los líderes republicanos dicen que su proyecto significaría una importante reducción impositiva para la clase media. Nada más lejos de la verdad.
Tras el fracaso al intentar hacer aprobar una ley de "sanidad" que hubiera dejado a 32 millones de estadounidenses sin acceso a una cobertura sanitaria, una ley que era aún menos popular que el rescate a Wall Street, ahora Donald Trump y los líderes  republicanos del Congreso han vuelto a la carga.
Ahora quieren hacer aprobar uno de los presupuestos y proyectos fiscales más destructivos e injustos de la historia moderna de Estados Unidos. Un proyecto que perjudicaría a decenas de millones de familias, a nuestros hijos, a la población enferma, a los pensionistas y a los pobres.
El presupuesto republicano, que probablemente se debata en el Senado esta semana, representa el concepto de Robin Hood, pero al revés. Le quita a aquellos que menos tienen para darle a los que ya viven en una opulencia increíble.
Donald Trump y los líderes republicanos dicen que su proyecto significaría una importante reducción impositiva para la clase media. Nada más lejos de la verdad. Según el Centro de Políticas Fiscales, un organismo no partidista, al final de esta década, casi el 80% de los beneficios fiscales del proyecto republicano habrían favorecido al 1% más rico de la población, y el 40% habría beneficiado a sólo el 10% de los más ricos de ese 1%.
Mientras los republicanos quieren ahorrarle 1,6 billones de euros en impuestos al 1% más rico del país, a la vez proponen recortar drásticamente los programas que la clase trabajadora estadounidense necesita desesperadamente.

Recortes en sanidad

El presupuesto presentado recorta Medicaid en más de 850.000 millones de euros en los próximos 10 años, lo cual significaría dejar a  15 millones de estadounidenses sin la cobertura sanitaria que tienen actualmente. Además, el presupuesto da un paso que los republicanos no se habían atrevido a dar en sus leyes sanitarias anteriores: recortan en 400.000 millones el presupuesto de Medicare, a pesar de que Trump prometió durante su campaña que no recortaría estos programas.
Todos los sondeos señalan que la gran mayoría de estadounidenses no quiere que el Congreso recorte Medicare ni Medicaid, ni que se le den beneficios impositivos a los más ricos ni a las grandes corporaciones.
Un sondeo reciente de la Fundación Pew concluyó que el 85% de los republicanos y el 94% de los demócratas quieren mantener o aumentar el presupuesto de Medicare. Y el 60% de los estadounidenses se opone a recortar el presupuesto de Medicaid, según un sondeo reciente realizado por Quinnipiac.
Otro sondeo realizado recientemente por el Wall Street Journal y la NBC concluyó que sólo el 12% del pueblo estadounidense cree que los ricos deberían pagar menos impuestos, mientras que el 62% piensa que los ricos deberían pagar más.
¿Entonces por qué los republicanos insisten en aprobar un presupuesto que contradice en cada instancia lo que quiere el pueblo estadounidense?
La respuesta es simple: hay que seguir los pasos del dinero.

Financiación de campañas electorales y corrupción

Hoy en día tenemos un sistema de  financiación de campañas electorales corrupto que hace posible que los multimillonarios, junto con los CEOs más poderosos del país, aporten cientos de millones de dólares para que resulten electos los candidatos republicanos que representan sus intereses. Como resultado, el 1% más rico de la población puede hacer que el sistema político juegue a su favor, a expensas de prácticamente todo el resto del país. Vamos a ver algunos ejemplos.
El presupuesto republicano le ofrecería a la familia más rica de Estados Unidos, los Walton, dueños de Walmart, una reducción impositiva de 44.000 millones de euros, al derogar el impuesto estatal, un impuesto que sólo pagan los multimillonarios. Pero a la vez, si eres un jubilado de bajos ingresos, tú y más de 700.000 otras familias pueden tener dificultades para calentar sus casas en invierno, porque se recortaría en 3.400 millones de euros el Programa de Asistencia Energética para Hogares de Bajos Ingresos.
Este presupuesto dice que si eres la segunda familia más rica de Estados Unidos, los hermanos Koch, pagarás hasta 28.000 millones de euros menos en impuestos. En cambio, si eres un estudiante de clase trabajadora que intenta ver cómo hacer para pagarse la universidad, tu sueño de una educación universitaria podría evaporarse junto con el de otros 8 millones de jóvenes, porque se recortarían más de 84.000 millones de euros de las Becas Pell y otros programas de ayuda económica para estudiantes.
Este presupuesto reduce en hasta 3.400 millones de euros los impuestos que debe pagar la familia Trump, pero si eres una embarazada de bajos ingresos, tú y otras 1,2 millones de madres, bebés y niños podrían perder la nutrición que necesitáis por un recorte de 5.500 millones de euros al Programa para Mujeres, Bebés y Niños (WIC, por sus siglas en inglés).
Lo alarmante es que a pesar de esta increíble reducción de impuestos a los más ricos, los hermanos Koch y sus amigos dicen que no es suficiente.
Cuando David Koch se presentó como candidato a vicepresidente por el Partido Libertario en 1980, proponía no sólo recortar Medicare y Medicaid, sino directamente abolir estos programas. Proponía no sólo reducirles los impuestos a los más ricos, sino eliminar cualquier tipo de impuesto.
En un momento en que la clase media se achica cada vez más, y mientras más de 40 millones de estadounidenses viven bajo el umbral de la pobreza, debemos derrumbar este presupuesto y reemplazarlo por un proyecto que refleje las necesidades de las familias trabajadoras del país, y no sólo los intereses de los más ricos, los más poderosos y las grandes corporaciones que financian campañas electorales.

Un salto al vacío en otro tiempo y lugar


Tajani (Parlamento Europeo) afirma que respetar la ley no es una opción, "es una obligación"
Tajani (Parlamento Europeo) afirma que respetar la ley no es una opción, "es una obligación" EFE
"Rajoy y Pedro Sánchez pactan que las elecciones en Catalunya sean en enero".  Un titular impactante -no inesperado- que mostraba en toda su crudeza la realidad: los partidos de un bipartidismo que nunca triunfó  en Catalunya deciden convocar elecciones, en la mejor demostración de una anomalía que no se resuelve por la fuerza. No en tiempos de cordura.
Luego han venido los desmentidos paternalistas del PP, hay acuerdo pero el PSOE se ha ido de la lengua, no tocaba contarlo. Mejor este sábado. Ha sido la exministra del PSOE Carmen Calvo en un periplo de entrevistas. Hablando de un acuerdo entre Rajoy y Sánchez. Ciudadanos ha salido a corroborar que no tocaba y que también están en el ajo. Nivel política española. De todas las españas.
"Me parece que estoy en otro tiempo", me dijo una chica muy joven y con honda expresión de tristeza en la plaza de la iglesia de Lloret de Mar, Girona. Un pueblo volcado en el turismo, sin más. Y, aún así, velas encendidas y doblar de campanas para pedir la libertad de dos líderes independentistas recién ingresados en la cárcel, acusados de sedicion. Hay muchos otros vecinos que "piensan primero en su casa, su familia y sus vidas", explican. Y en otros muchos pueblos y ciudades, de Catalunya y del resto de España. Como si esto no fuera con su casa, su familia y sus vidas. 
La confrontación ha ido demasiado lejos y se advierten peligrosos signos de un deterioro grave de la convivencia democrática. Personalmente, me sobran las fronteras y si las hay no me detienen,  pero aquí estamos hablando de justicia, de derechos, y de intereses. Volvamos al comienzo: algo anormal ocurre cuando deciden en una comunidad partidos que no ostentan ni de lejos la mayoría.
Lo peor es todo lo que se está llevando la guerra contra el enemigo común. Y todo lo que está trayendo. El enemigo común por supuesto es Catalunya, todos los catalanes, menos algunos tolerados por su españolidad. Y en la guerra todo vale, desde faltar a la verdad a obviar los graves desajuste que siguen su curso tapados por las crónicas de la gesta. La corrupción, la Gürtel, el nuevo récord en pobreza infantil, el aumento de los desahucios. Todo queda amparado y justificado por la contienda. 
La mano dura, como sed de violencia. La exaltación del nacionalismo de fachada. Educacion inicia el programa escolar de adoctrinamiento en bandera, himno y defensa de España, nos dicen. Ojalá fuera en decencia, respeto, cultura y lucha por el bien común. La normalización de la ultraderecha, con múltiples evidencias ya. Este viernes TVE daba dos días más tarde la noticia del acoso ultra a la vicepresidenta de la Generalitat valenciana Mónica Oltra justificando el porqué a modo de portavoces: "la acusan de apoyar el independentismo". Dos días más tarde para poder equiparar este ataque de extrema derecha a las protestas recibidas por el líder popular García Albiol.  Los bandos están marcados y encendidos. Las heridas que esta sin razón deja hasta en familias y amigos ni siquiera se han tenido en cuenta.
Todos nos hemos dicho todo ya acerca de cómo se cambian las leyes en el tiempo de tomarse un café o es imposible cambiar las leyes, de la legalidad o ilegalidad de distintas acciones emprendidas por ambas partes, lo que queda son las pasiones y los intereses.
En el fondo, vuelvo a insistir, desde el lado prioritariamente españolista, "constitucionalistas" según su autodefinición, régimen del 78 atrincherado para entendernos, se trata de mantener su hegemonía, quizás su supervivencia. La gran prueba es el papel del PSOE en este conflicto y sus prolegómenos.
El multipolar Pedro Sánchez, que tantas caras ha venido ofreciendo, ahora está en modo hombre de Estado firmando acuerdos con Rajoy de la envergadura de aplicar el 155. Se atreve a convocar elecciones en una comunidad donde tiene un papel menguado y menguante como el del PP. Y abre la posibilidad, según su negociadora Carmen Calvo, a controlar instrumentos de la autonomía catalana: los Mossos o TV3 para abrir boca. Se dice pronto. Y aún se felicitan con aquello de "menos mal que estábamos allí, si no hubiera sido por nosotros"...
Igual que el empecinamiento, sobre todo en ese sector, de afirmar con vehemencia que los independentistas encarcelados son solo políticos presos. Son políticos presos por hacer cosas de políticos, sáquese la deducción lógica. Amnistía Internacional ha pedido su liberación. Y no lo hizo  por los corruptos  de Islandia. Lo mismo que meter en un saco a todos los independentistas, todos no son autores de vídeos rocambolescos.
El PSOE sabe que cuenta con la fidelidad de antiguos soportes que creen seguir viviendo de los réditos del 82, hoy dilapidados, y que aún citan artículos o editoriales de El País como valor de referencia. "La Prensa Libre acorralada", tocaba difundir este viernes, en inglés, desde el propio rotativo de PRISA. 
El problema es cómo van a repartirse entre PP, PSOE y Ciudadanos ese voto conservador poco escrupuloso, según estamos viendo ahora mismo, con irregularidades tan serias como la corrupción, el autoritarismo, la promoción de las desigualdades, la bajada a mínimos históricos del gasto en educación y sanidad en España que acaba de presentar Montoro y todas sus consecuencias. Cuesta creer que un partido nominalmente de izquierda haya unido sus destinos a ese paquete.
Es evidente que unas elecciones en medio de esta crispación pueden dar resultados totalmente alterados. Los autores del acuerdo parecen confiar en que sus posturas en este caso les favorecerán. Es lo que importa. Difícilmente en Catalunya, sin embargo. Salvo que sucumban a la tentación, ya enunciada, de prohibir programas independentistas. Sería otro desbarre. 
Este compacto grupo se encuentra tan lejos de la realidad como para montar un festejo de alto copete en Asturias y dar (entre premios muy merecidos) el de la Concordia a la Unión Europea. Una UE en sus peores días por el trato a los refugiados y por el aumento de la ultraderecha xenófoba. El rey Felipe VI ha aprovechado la ocasión para apoyar tacitamente la aplicación del 155. Igual que el presidente del Parlamento Europeo que recogió el premio, Antonio Tajani, cofundador con Berlusconi Forza Italia. Su  vibrante discurso político puso al auditorio y autoridades en pie.
"Por qué este deseo de humillar y machacar si tanto nos quieren retener". Esta es pregunta fija por Catalunya. Y el recuerdo de los aciagos días del franquismo. La chica que creía estar viviendo en otro tiempo es quien puede estar dando la clave. No es necesariamente del pasado, sino de un tiempo que se abre en el que todo sirve y cualquier valor se pone en entredicho y en subasta. Ni es solo de Catalunya de quien hablamos. 

La castración del nacionalismo catalán

La activación del 155 es una operación dirigida a convertir al nacionalismo catalán en una opción políticamente estéril
La dirección del PSOE debe saber que los nacionalistas catalanes van a ser los primeros damnificados, pero que ellos serán los segundos
Los catalanes tuitearon 175.000 mensajes con las palabras "vía catalana"
EFE
Que nadie se llame a engaño. La operación que se va a poner en marcha con la activación del artículo 155 CE tiene como objetivo la castración del nacionalismo catalán. Es una operación dirigida a convertir al nacionalismo catalán en una opción políticamente estéril.
En realidad, se trata de una prolongación de la operación que el PP puso en marcha contra la reforma del Estatuto de Autonomía de Catalunya en 2005/2006. En aquella ocasión la operación tenía como objetivo vaciar de contenido la reforma pactada entre el Parlament y las Cortes Generales y aprobada posteriormente en referéndum. Volver a 1979, reducir el contenido y alcance del ejercicio del derecho a la autonomía a lo que había sido desde la entrada en vigor del Estatuto originario con el desarrollo normativo y jurisprudencial de esos algo más de veinticinco años. Todo lo que fuera más allá en el Estatuto reformado debía o ser declarado anticonstitucional directamente o ser interpretado de tal manera que acabara encajando en los límites del Estatuto del 79.
Este era el núcleo esencial del recurso que interpuso el PP. El derecho a la autonomía que cabe en la Constitución es el que se ha venido ejerciendo desde que se construyó el Estado de las Autonomías con la aprobación de los diferentes Estatutos de Autonomía y no se puede ir más allá de lo que ha sido este ejercicio. Para que se pudiera ir más allá sería preciso una reforma de la Constitución. Como no ha sido el caso en la reforma del Estatuto de Autonomía de Catalunya, la operación reformista tiene que ser vaciada de contenido. Este objetivo del PP fue hecho suyo por el Tribunal Constitucional en la STC 31/2010. El pasado del derecho a la autonomía es también su presente y su futuro, mientras no se reforme la Constitución.
La Constitución y el Estatuto de Autonomía se convirtieron de esta manera en una jaula para el derecho a la autonomía. Independientemente de que estuviera en el Gobierno o no, el PP siempre dispondría de minoría de bloqueo para impedir la reforma de la Constitución, con lo cual tenía en su mano de manera indefinida la llave de la jaula. Con la STC 31/2010 el PP se aseguró que sería él el que fijaría el límite del contenido y alcance del derecho a la autonomía, si no para siempre, sí para un periodo tan prolongado de tiempo que, políticamente equivale a para siempre.
Contra esta reclusión en la jaula a perpetuidad es contra la que se ha alzado la sociedad catalana con su exigencia del llamado “derecho a decidir”. Queremos ser consultados sobre nuestra integración en el Estado, no queremos vivir indefinidamente en la jaula en la que estamos recluidos. Esto es lo que ha ocurrido en Catalunya en estos últimos siete años. Alrededor del 80% de la población es partidaria de la celebración de una consulta para pronunciarse sobre su integración en el Estado, para poder ejercer realmente un derecho a la autonomía no enjaulado.
La negativa del Gobierno presidido por Mariano Rajoy a que se pudiera explorar siquiera esa posibilidad o a que se pudiera intentar encontrar algún sucedáneo con el que la sociedad catalana pudiera conformarse, se ha traducido en un pulso constante entre el nacionalismo catalán arropado por un porcentaje considerable de la sociedad catalana, que no era independentista, pero si partidaria de la celebración del referéndum, y el Gobierno de la Nación. Dicho pulso ha tenido dos momentos culminantes en los días 9 de noviembre de 2014 y 1 de octubre de 2017, en los cuales algo más de dos millones de catalanes ejercieron una suerte de derecho de manifestación con la fórmula de depositar un voto en una urna. Porque el 9-N y el 1-O no han sino referéndums sino ejercicios del derecho de manifestación. Ejercicios muy fiables, ya que el número de manifestantes se acredita con plena seguridad.
Ante el doble desafío que han supuesto los dos “referéndums” y, sobre todo, ante el que ha supuesto el segundo, el Gobierno de la Nación ha decidido dar un paso más y poner en marcha una operación que no se reduce a enjaular al nacionalismo, sino que pretende la castración del mismo. Esto es lo que significa el recurso al artículo 155 CE.
Creo que la dirección del PSOE no se ha dado cuenta de adonde lo está llevando el PP. A Pedro Sánchez sus compañeros le han levantado el “arresto domiciliario” (Juliana dixit) para uncirlo al carro del 155, creyendo todos que están participando en eso que se suele llamar una “operación de Estado”. Me temo que, cuando se den cuenta, va a ser tarde. No hay intervención breve e indolora en una operación de esta naturaleza. Va a ser todo lo prolongada que sea necesaria y todo lo dolorosa que sea preciso hasta que el nacionalismo se resigne a operar como un animal domesticado.
La dirección del PSOE debe saber que los nacionalistas catalanes van a ser los primeros damnificados, pero que ellos serán los segundos. No va a ser preciso siquiera esperar a que termine la operación de castración. En el curso de la misma la dirección del PSOE advertirá el error que ha cometido, pero se encontrará desarmado ideológicamente para rectificar e inerme frente a la presión de la derecha española, con el rey por delante o por detrás según convenga, que caerá sobre los socialistas de manera inmisericorde si intentan hacerlo.
La activación del artículo 155 CE pone fin de manera definitiva al acuerdo constituyente con base en el cual se construyó el Estado de las Autonomías. El ejercicio del derecho a la autonomía desde la entrada en vigor de la Constitución pertenece al pasado. El equilibrio político-institucional en el que ha descansado ha sido destruido y no va a poder ser recompuesto. Sin el reconocimiento del nacionalismo catalán y su participación activa el Estado de las Autonomías no es posible.

Alberto Garzón, ese hijo que muchísimas madres de bien querrían haber parido

"Cuando el derecho de autodeterminación lo exigen las partes más ricas hay que sospechar"

El líder de IU publica Por qué soy comunista, un ensayo sobre cómo debe adaptarse la izquierda marxista al contexto actual sin abandonar sus tesis orginarias
"La democracia, tal y como la conocemos, es el producto del empuje de la clase obrera bajo el ideal del comunismo y del socialismo"
"La independencia de Catalunya no va a permitir a las clases populares vivir mejor ni emanciparse del capitalismo"
Alberto Garzón, frente al cuadro 'El  abrazo' en el Congreso.
Alberto Garzón, frente al cuadro 'El abrazo' en el Congreso. Marta Jara / Madrid


150 años de la publicación de 'El Capital' de Karl Marx. 100 años de la Revolución Rusa. 80 años de la muerte de Antonio Gramsci. Y casi una década de una de las mayores crisis económicas y políticas que han conocido Europa y, particularmente, España. El coordinador federal de IU, Alberto Garzón (Logroño, 1985), ha publicado en este contexto un libro de un título que puede sorprender a muchos: Por qué soy comunista. El diputado expone sus motivos para defender unas tesis económicas y políticas centenarias pero que, sostiene, explican a la perfección la depresión que ha azotado al llamado Primer Mundo desde 2008.
Garzón repasa en esta entrevista la tradición política que sustenta el partido que dirige. Pero no solo. También cómo esta debe adaptarse a los nuevos tiempos, a la nuevas estructuras que depara el capitalismo, a la "terciarización" de la economía y al gran reto: articular a unas "clases populares" que a ratos sustituyen como sujeto político a la más clásica "clase obrera".
Esas clases populares serán las principales damnificadas de una hipotética independencia de Catalunya de cuyos promotores Garzón "sospecha". Y advierte: "La independencia de Catalunya no va a permitir a las clases populares vivir mejor ni emanciparse del capitalismo".

Dice en la presentación del libro que 2017 es un año perfecto para publicar este libro. ¿Por qué?
Lo es por el conjunto de efemérides de este año. 100º aniversario de la Revolución Rusa, el 80º aniversario de la muerte de Gramsci y el 150º aniversario de la publicación de 'El Capital'. Pero sobre todo lo es porque vivimos en un momento político extraordinariamente convulso con procesos y fenómenos sociales de enorme trascendencia y largo recorrido. Vivimos en un mundo mucho más ajetreado y convulso que el que se vivía en las economías más desarrolladas en los 70 o los 80 del siglo pasado.
Cuando afrontamos preguntas fundamentales como por qué crece la extrema derecha, por qué la izquierda no es capaz de llegar a las clases populares con la fuerza con la que debería,; por qué asistimos a una crisis política derivada de una crisis económica, cómo ha cambiado la estructura de clase de nuestras sociedades y cómo está en la base de todos estos fenómenos. La mejor herramienta para responder a estas preguntas es la perspectiva marxista.

¿Cómo se actualiza el término "comunista"? ¿Cómo se descarga de las connotaciones negativas que ha adquirido?
Lo primero es tener una perspectiva rigurosa de lo que ha sido el comunismo como ideal movilizador de las masas. La idea comunista ha sido por la que la gente se ha movido en favor de los derechos sociales en todas las partes del mundo. Las naciones emancipadas en los procesos descolonizadores, la lucha por el sufragio universal y de los derechos civiles como el derecho al trabajo o a la huelga. Es más, de una forma bastante evidente la democracia tal y como la conocemos es el producto del empuje de la clase obrera bajo el ideal del comunismo y del socialismo. El liberalismo del siglo XIX y del XX eran restringidos, no era democrático porque entendían que la democracia podía trastocar el sistema de propiedad. Para eso estaba el sufragio censitario que impedía que las clases populares pudieran votar porque temían que votaran comunismo.
Una vez que entendemos que el comunismo está detrás de esos procesos movilizadores también tenemos que comprender que el comunismo ha tenido sus pasajes negros que mucha gente ha puesto encima de la mesa. Se han hecho muchas barbaridades en nombre del comunismo que no deben afectar a lo que es la propia idea del comunismo o a personas como Marx que no tienen responsabilidad sobre esos hechos. A nadie se le ocurriría culpar a Jesucristo de las barbaridades de la Iglesia católica.
Pero es verdad que la palabra está, especialmente en nuestro país, connotada negativamente por las estructuras de poder. El comunismo ha sido desde el principio de los tiempo la bestia negra que combatían las clases propietarias, lo que hoy llamaríamos oligarquías. Son los que han construido el ideal del fantasma del comunismo más allá de la retórica que aparecía en 'El Manifiesto'. En España el comunismo tenía muy poca penetración y aún así gente como Cánovas del Castillo lo demonizaba. Esto ha llegado a la actualidad también gracias a un régimen franquista que decía combatir especialmente al comunismo.
Tenemos que ser conscientes de que es una idea que ha sido criminalizada especialmente desde la caída del Muro de Berlín cuando el combate cultural se hizo muy desigual. La misión que tenemos es resignificar el comunismo como hemos resignificado otras cosas. Para eso hay que ser valientes y decir con tranquilidad "yo soy comunista".

¿Es una democracia representativa como la española el ideal que conjugaría con un modelo comunista? ¿Es un paso intermedio?
Este es uno de los elementos centrales de la disputa que siempre ha habido dentro del comunismo y lo intento analizar en el libro recurriendo a los textos de Marx, de Engels y otros autores más actuales. La democracia representativa que nosotros conocemos fue para muchos de los autores socialistas al principio un instrumento para alcanzar los derechos sociales. Marx tenía mucha fe depositada en que la democracia representativa pudiera ser inmediatamente la expresión del deseo de la mayoría. Creían que la clase trabajadora se iba a convertir tarde o temprano en la mayoritaria y en unas elecciones se podría expresar esa mayoría. Se pensaba que habría cierto automatismo e ingenuidad en un planteamiento del que nace el concepto de 'dictadura del proletariado', que es la democracia de la mayoría.
Con el tiempo se descubre que el proletariado tal y como se entendía entonces de forma intuitiva, entendido como el obrero del mono azul, no conformó nunca la mayoría de la población. Por eso se tuvo que hacer alianzas con otras clases. Todo esto se analiza en el libro para concluir que en el socialismo tal y como yo lo concibo los derechos políticos son indisociables de los derechos sociales. La democracia representativa procedimental de unas elecciones con el concurso competitivo de distintos partidos tiene que ser complementario y necesariamente no puede estar desconectado de la consecución de los derechos sociales.
No se puede hablar de democracia solo por que haya elecciones si lo que hay es ausencia de derechos fundamentales o privaciones materiales. La democracia participativa debe estar acompañada de la democracia sustantiva, pero se deben la una a la otra.
Ese es uno de los errores que cierta izquierda cometió porque abandonó una idea de la Ilustración, que es entender que los derechos políticos y civiles eran una demanda de los movimientos obreros. Pero en determinados momentos históricos esto se abandonó, como en la Unión Soviética por contextos históricos muy particulares.
Alberto Garzón, frente al cuadro 'El  abrazo' en el Congreso.
Alberto Garzón, frente al cuadro 'El abrazo' en el Congreso. Marta Jara / Madrid
En el libro dice que la crisis desatada en 2008 ha dado la razón a Marx. ¿En qué? ¿Cómo entronca esta crisis con un libro que tiene 150 años?
El marxismo es una configuración posterior a Marx. Él mismo llegó a decir que no era marxista a tenor de lo que decían algunos que sí se calificaban así y con los que no estaba de acuerdo. Marx lo que construye es un sistema teórico que está en construcción y que no puede ser una doctrina. Quienes han intentado limitar y cerrar el discurso de Marx han sido ejercicios posteriores para vulgarizar un trabajo que es denso y complejo, como es el caso de 'El Capital'.
No se trata de que Marx tenga o no razón al completo. Su principal contribución es que Marx es capaz de buscar en las profundidades del sistema económico para entender cómo funciona realmente. Autores como Adam Smith o David Ricardo decían que el proceso económico era lo que se ve en la superficie, pero Marx dice que detrás de eso está la explotación, que es el eje central por el que funciona el capitalismo. Así el capitalismo funciona por la lógica de la ganancia lo que tiene una serie de consecuencias estudiadas en 'El Capital', un libro denso y con complicaciones importantes.
150 años después, tenemos una crisis capitalista en la que podemos entender fenómenos como la deslocalización de empresas, las bajadas salariales o las reformas laborales. Procesos económicos que parecen ajenos a lo escrito por Marx pero que están perfectamente descritos en 'El Capital' porque aunque el capitalismo ha tenido modificaciones superficiales no ha cambiado tanto. Esa base de análisis es fundamental para entender fenómenos que vemos día a día.

El libro se lo dedica a Marcos Ana y a Julio Anguita, a quien le dice "porque eran gigantes y no molinos". ¿IU y el PCE también tenían razón en los años 90 del siglo pasado cuando criticaban Maastricht y hoy, 30 años después, se les da la razón a quienes alertaban de los riesgos de la arquitectura económica europea?
Evidentemente. Hay que comprender que el ciclo político funciona de forma mucho más lenta e inmediata que el ciclo económico. En los 90 IU, encabezada por Anguita pero con un potente equipo de economistas detrás, investigó las tendencias del capitalismo en esa fase concreta, la arquitectura institucional de la UE, lo que va a ser el posterior proyecto del euro y llegan a determinadas conclusiones. Esos análisis se hacen a la luz del enfoque marxista y llegan a la conclusión de que es un sistema que contiene determinadas fallas que tarde o temprano van a producir un efecto devastador sobre las clases trabajadoras en España. Y es un análisis correcto que si lo revisamos hoy vemos que está fundamentado y es riguroso.
Pero el ciclo político dura cuatro años y el económico no se puede saber. En 20 años ha habido muchas elecciones por medio y el castigo electoral a IU fue muy fuerte. Un castigo que estuvo mediatizado por esa caricaturización que hacían algunos poderes económicos y mediáticos, como El País o Los Guiñoles de Canal+, en el que Anguita salía peleando contra los molinos pensando que eran gigantes. Era la forma de ese periodismo y esa intelectualidad progresista 'mainstream' de decir que el análisis de IU era una tontería. Con el tiempo se ha descubierto que no era una tontería sino que estaba fundamentado.
Evidentemente, el poder económico tuvo mayor capacidad de atacar a IU y venció, no podemos negarlo, y las consecuencias son evidentes.

Decía antes que Marx pensaba que en una elecciones la clase trabajadora tomaría el poder por acumulación. Pero no ocurrió. Tampoco ocurre ahora. Usted apela habitualmente a esas clases populares a las que supuestamente representan. ¿Por qué no se logra?
Hemos vivido durante muchos años bajo la hegemonía de la idea de que no hay clases sociales y que la clase no importa. En el libro yo intento contribuir a la idea de que claro que importa y que nacer en una determinada familia y en un ámbito productivo o territorial influye en la distribución de recursos que vas a tener en tu vida. No es lo mismo nacer en el Barrio de Salamanca de Madrid que en otro. En Barcelona la diferencia de esperanza de vida entre el barrio más rico y más pobre es de ocho años.
La clase social es un producto de la tendencia del capitalismo y de la práctica política. La tendencia del capitalismo promueve cambios en la estructura social y las clases cambian. En una estructura productiva con mucha industria hay una gran cantidad de trabajadores industriales, en una economía terciarizada con un sector servicios muy heterogéneo hay una distribución diferente y más difícil de articular. Lo que nunca sucedió fue lo que esperaban Marx, Kautsky y otros, que preveían una polarización entre capitalistas y proletariados. Y lo que hubo fue el mantenimiento de algo que se llamó clase media que complejizó toda esa realidad.
La definición de qué es la clase trabajadora está en disputa, pero lo más relevante es la práctica política y es en lo que intento centrarme en el libro. La clase es un proceso en construcción, no una entidad o un hueco que está en el sistema capitalista. Se puede ser un trabajador industrial sin conciencia de clase, lo que en terminología de Marx sería pasar de 'la clase en sí' a 'la clase para sí'. Eso es una evidencia cuando vemos que el 30% de las personas sin ingresos en España votan al PP. ¿Cómo se cambia? Con práctica política. La clase trabajadora no se va a convertir de repente al socialismo. Tenemos que articular a los sectores más golpeados por la crisis. Este es el reto de la izquierda. Y mientras no lo hagamos ese espacio lo ocupan otras formaciones o movimientos políticos. Ahí es donde la extrema derecha ha sido capaz de penetrar en esos sectores populares.

En España ahora todo pasa por Catalunya. ¿Cómo se afronta un conflicto así desde la visión comunista? ¿Cómo se relaciona hoy el comunismo con el independentismo?
Desde el punto de vista meramente teórico no hay un punto de referencia común. Marx defendió de forma instrumental el derecho de autodeterminación de Polonia. Sobre Irlanda, primero lo negó y luego lo afirmó. Marx también escribió con Engels aquella famosa frase de "proletarios del mundo, uníos". Y en la tradición marxista hay prácticamente de todo. Lenin defiende el derecho de autodeterminación pero de forma instrumental y Rosa de Luxemburgo es todo lo contrario, absolutamente reacia. Los más hábiles e inteligentes son lo austromarxistas que hacen investigaciones más precisas. Pero no vamos a encontrar en la teoría más que determinadas herramientas que arrojen algo de luz porque está plagada de economicismo.
Para mí lo primero es entender que la construcción de una nación es una construcción social. La nación no existe como un elemento material. Hay quien se siente catalán y quien se siente de otra nación. Nosotros defendemos un país plurinacional pero eso implica, y una parte de la izquierda lo olvida, que eso implica que existe una nación catalana pero también una nación española. No se puede decir simplemente que España es una cárcel de pueblos, sino que integra determinadas concepciones e identidades nacionales que a veces están en conflicto.

¿Cuál es el principal peligro del proceso en su opinión?
Yo no soy nacionalista y no me identifico con ninguna versión nacionalista de la historia por muy a la izquierda que esté. Creo que el proceso independentista catalán es erróneo porque la independencia de Catalunya no va a permitir a las clases populares catalanas vivir mejor ni les va a permitir emanciparse del capitalismo. Cualquiera que lea la Ley de Transitoriedad pactada por Puigdemont con ERC y la CUP se da cuenta de que estamos ante la separación de una de las partes más ricas del Estado. Y cuando el derecho de autodeterminación lo exigen las partes más ricas hay que tener un elemento de sospecha.
Este proceso está demostrando otro error de la historia y es que un nacionalismo llama a otro de signo contrario. El rebrote nacionalista español es producto a su vez del rebrote del catalán, que a su vez lo era de forma dialéctica con el español promovido hace mucho tiempo por las estructuras del conjunto del Estado. Esto nos conduce a un escenario en el que no se debate de los elementos materiales y sociales. Se ha ocultado todo lo que tiene que ver con la corrupción, con la sanidad, la educación, el desempleo y la precariedad. Todo ha pasado un segundo plano. Y ves cómo aquellos que se movilizaban en Catalunya a favor de la educación pública y eran golpeados por los Mossos d'Esquadra de repente están haciendo una movilización a favor de los mismos mossos en un contexto en el que los que se lo están llevando a su terreno son los de siempre.

¿Cómo se resuelve el conflicto?
Tenemos que ser capaces de articular un ideal de "no queremos banderas, queremos trabajo" y abrir una brecha con una visión pragmática del Estado. No se puede negar como hace la derecha, incluyendo al PSOE en su concepción del Estado, que hay un problema en Catalunya en el que hay que apostar por una solución política. Y esa solución viene por una República federal, que es lo que mejor encaja con la tradición real y práctica del socialismo en España. El socialismo en España llega fundamentalmente a través del anarquismo, que era fundamentalmente 'proudhoniano', de autogestión. Por eso eran muy federalistas. Además, la burguesía radical, como Pi i Margall, también era federalista.
El movimiento obrero nace de ese movimiento radical burgués del republicanismo junto con las tendencias anarquistas. Por eso un gaditano como Fermín Salvochea defendía una república federal y que permitía el derecho de autodeterminación en Catalunya. Eso es lo que yo creo que tenemos que recuperar, una concepción solidaria de los pueblos para construir un Estado federal que diga 'no' a la independencia pero también 'no' a una versión reaccionaria de unidad homogénea de España.

viernes, 20 de octubre de 2017

Crónicas de Babia


Huir del presente organizando el futuro. Organizar el futuro para huir del presente. Un maratón tan extenuante como inútil.

Pensar que el dinero acumulado y tu casta social te van a salvar de las consecuencias de tu propia irresponsabilidad, personal y colectiva. 

Vivir de la ilusión de construir realidades imaginarias para escapar de la realidad de carne y hueso en la que ni siquiera te implicas con el propósito concreto de mejorarla junto a los demás. 

Inventar máquinas semovientes y "pensantes" de chatarra y plástico para ahorrar trabajo humano con el dinero que se ahorra en salvar vidas, en educar personas, en sanar enfermos, en acoger refugiados, en cuidar y salvar la naturaleza que es el único aval que puede asegurar un futuro cada vez menos probable. 

Creer que el cambio climático enciende las cerillas en los bosques y que no son las cerillas de diversa índole las que provocan el cambio climático. 

Estar convencidos de que sólo la fuerza represiva legalizada en los papeles y combatir legalmente lo que no se entiende es la única manera de vivir en paz. 

Hacer de las normas un credo inamovible que impide el crecimiento de la conciencia colectiva e individual, aplicando en el siglo XXI los códigos del Imperio Romano o de la Inquisición. 

Identificar y rechazar a las personas con y por las ideas, creer que evolucionar y cambiar de criterio cuando la realidad demuestra tus errores, que no reconocer esos errores y vivir aplicando listones y juicios según las fijaciones propias, es ser justos, patriotas y demócratas.

Divinizar tradiciones y emociones ancestrales que nos esclavizan y nos impiden un análisis desapasionado de "lo nuestro" y despreciar a quienes hacen lo mismo con tradiciones y emociones ancestrales diversas a las nuestras.

Creer en Dios y machacar a nuestros semejantes si no piensan, dicen y hacen lo mismo que nosotros y tienen un concepto distinto del mismo Dios al que llaman con otros nombres. 

Calificar como antisistema todo lo que no  se comprende a bote pronto porque no coincide con nuestras rutinas mentales, sociales y políticas, como si nada nuevo pudiera cambiar y mejorar lo antiguo, como si el sistema en que vivimos atrapados fuese un absoluto intocable e inmejorable, sin comprender, que como la cultura, los usos, el lenguaje y las necesidades, los sistemas de vida cambian  con nosotros por las buenas, o a pesar de nosotros por las malas. Y que somos nosotros los responsables de lo que sufrimos. Un ejemplo es la cantidad de personas que han conocido y sufrido sin denunciarlo a ese magnate norteamericano que era un abusador compulsivo en Hollywood. ¿Cómo es posible que tanta gente fuese su víctima durante años y nadie lo denunciase? ¿Cómo es posible que tantos políticos del pp hayan robado durante años sin que los funcionarios ni las víctimas los denunciasen? El mal y la corrupción que es su manifestación evidente, se perpetran por el consentimiento y la tolerancia de la sociedad que los sufre. El silencio del miedo es complicidad con el delito. Beneficiarse indirectamente del delito sin participar en él, también es delito porque lo normaliza  y lo propaga, aunque las leyes no lo condenen, lo debe rechazar la conciencia. Cuando eso no sucede la sociedad se pudre desde dentro y sus propias leyes se convierten en las losas que la sepultan, en vez de ser la fuerza que la libera y nos ayuda a ser mejores.

Creer que repetir una mentira convertida en eufemismo la transforma en una verdad, convencidos de que ese fraude nunca pasará factura.

No comprender que una verdad impuesta a la fuerza deja de ser verdad para convertirse en abuso y tapadera de la injusticia.

No entender que la violencia devalúa y desactiva cualquier causa por más justa, legítima y legal que sea dicha causa.

El cristianismo creció y cambió la sociedad occidental durante tres siglos por medio de la compasión, el arrepentimiento voluntario, el perdón y la paz de espíritu que se manifestaba como no violencia, por el valor de quienes fueron capaces de desobedecer  a emperadores  y a ejércitos, sin combatirlos, hasta con el precio de sus propias vidas por no adorarlos ni someterse a leyes injustas.

El cristianismo se degradó cuando aceptó entrar en el engaño del poder y aceptó como válidos los mismos códigos violentos y tenebrosos que habían desobedecido durante tres siglos, obedeciendo a su conciencia antes que al miedo  a perder una vida que sin conciencia no es vida sino animalidad mecánica y miserable, ante la que la animalidad natural es una virtud muy superior a una falsa humanidad formal.

El reino de Babia es un tratado del disparate continuo, una enfermedad crónica que los enfermos, creyendo normalidad su estado de alienación, consideran un valor y un bien individual que desaparecería felizmente si el objetivo fuese el bien común en el ahora y no sólo una ilusión o un sueño recurrente que se pospone for ever & ever, para un futuro imposible mientras el presente sigue siendo un infierno para el que se trabaja como esclavos con todas la herramientas posibles: pensamiento, fantasía, deseo, ambición, trampas legales, robos normalizados, ciencia manipulada al servicio del dinero y del poder, malos tratos e injusticias bendecidas, fanatismos crueles, políticas letales, religiones teatrales y un egoísmo de tal calibre y torpeza que lleva al suicidio de la propia especie si no comprendemos lo que está pasando y cambiamos de actitud individual y colectiva.


¿Acaso se puede esperar una buena gestión de una asociación organizada para saquear por medio de la política?

"La Xunta está mintiendo"

Bomberos, brigadistas y forestales que trabajaron en la reciente ola de incendios en Galicia denuncian la descoordinación que hubo entre ellos y acusan a la Xunta de inflar el número de personas que participaron en las labores de extinción: "No hubo 5.000 como se ha dicho; a lo sumo éramos 500"
Representantes de la plataforma de bomberos públicos de Galicia, explica desde su punto de vista la oleada de incendios del pasado fin de semana. | LAVANDEIRA JR (EFE)

Miembros del operativo de extinción de incendios de Galicia, en el que se incluyen bomberos, brigadistas y agentes forestales, han denunciado este viernes la "descoordinación" sufrida entre ellos durante la ola de incendios de los pasados días y han reclamado medidas para evitar que esto vuelva a suceder.
El presidente de la Plataforma de Bomberos Públicos de Galicia, Miguel Uclés, ha presidido la conferencia de prensa que han ofrecido en Santiago y ha manifestado que los "números reales" de efectivos desplegados "no salen con lo que la Xunta dice que se aportó".
"Lo que están haciendo es mintiendo", ha sostenido, sobre las declaraciones de miembros del Gobierno gallego que cifran en más de 5.000 los efectivos desplegados, ya que —ha asegurado— se trataría de 500 "en el mejor de los casos", sin contar con vecinos o cuerpos de seguridad sin formación específica.
"Quisimos hacer más y no se nos permitió", ha terciado Uclés, ante una supuesta negativa de las autoridades a dejar participar en el operativo a medios de otros lugares o a trabajadores con el día libre.
Rafael Cudeiro, miembro de la junta directiva de la Asociación Profesional de los Agentes Forestales y Medioambientales de Galicia, ha lamentado también la descoordinación sufrida entre los cuerpo.
"Tiene que haber un mando único y un único canal de comunicación", ha manifestado, y ha reivindicado la integración de los agentes forestales en los medios movilizados del 112 y más competencias para los mismos.
El presidente del comité de empresa de los brigadistas de Seaga en la provincia de Pontevedra, Josafat Puente, ha coincidido en atacar la "descoordinación de todos los medios" y ha acusado a la Xunta de echar "balones fuera", después de no haber sido capaz siquiera de armar un dispositivo "eficaz" y cuyas consecuencias "habrían sido mucho mayores" de no ser por la intervención de la lluvia.
El portavoz de la Plataforma de Bomberos Públicos de Galicia, Gustavo Tubío, ha asegurado que la "única responsable" de la descoordinación de medios es la Xunta, especialmente una Agencia Gallega de Emergencias (Axega) que "parece no haber aprendido nada" con el paso de los años.
Susana Camba, trabajadora del servicio de emergencias del 112, ha explicado que "el colapso en la central se veía venir", ya que únicamente 7 personas atendían en la mañana del domingo las llamadas y prestaban una atención "claramente ineficiente" a la vista del volumen de casos.
Por esto, ha afeado las intervenciones del presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijóo, y del vicepresidente Alfonso Rueda, que instaban a llamar al 112 en caso de cualquier incidencia "en lugar de potenciar los números propios", como el 085 para incendios, ante la saturación del primero, ha concluido.