jueves, 21 de marzo de 2019

Fernando Luengo, eso que tanto te escandaliza ahora, es el signo "normal" de Podemos, su gran contradicción entendida como virtud y herramienta política imprescindible. ¿Ya no te acuerdas de Vista Alagre I y la patada a la democracia interna a favor del hegemonismo, porque si no se hacía jefe de la tribu a Iglesias, éste decía que se largaba y dejaría "huérfano" el proyecto, como si solo fuera suyo? ¿Y qué decir de la desactivación de los círculos sin preguntar nada en las asambleas? ¿y qué decir de la magia potagia en las votaciones, que dejó fuera de juego los mejores proyectos e hizo ganar a lo más mediocre y estrepitoso? Lo que está pasando es solo la consecuencia de lo que hasta ahora nadie ha querido asumir ni analizar en asamblea no corregir a tiempo. Es el cuento de los tres cerditos y el lobo. Las casas mal construidas se cayeron al primer soplido del depredador, sólo la casa bien hecha resistió.Pues eso mismo le pasa a Podemos desde el principio, solo que la venda en los ojos no permite ver lo que hay xd! Por eso, a los que se les cae, se van. Cuanto más se retrase el cambio imprescindible, peores resultados se obtendran en la eficacia política, en la credibilidad y, como consecuencia, en las urnas electorales. ¿Cómo es posible que esta sangría imparable no espabile ni alarme al aparato organizador (¡?)

El lío de la candidatura de Podemos al Parlamento Europeo



Fernando Luengo
Economista y miembro del círculo de Chamberí de Podemos

Aclaro lo primero para no inducir a la confusión: tengo la mejor opinión de Maria Eugenia Rodríguez Palop. He coincidido con ella en diferentes espacios y recientemente ha participado como conferenciante en los encuentros “Por Otra Europa” que yo organizo. Su ponencia “¿Cómo hacer frente a la extrema derecha?” fue brillante, interesante e inteligente. Siempre es un placer escucharla y leerla.
Hoy me entero por las redes sociales, como la inmensa mayoría de inscritos en Podemos, que nuestro cabeza de lista en la candidatura a las elecciones del Parlamento Europeo (PE), Pablo Bustinduy, ha dimitido. Más allá de su declaración oficial, ignoro las razones de fondo, si es que existen, para que haya dado ese paso atrás. De cualquier modo, su retirada es una pésima noticia. Era un gran candidato y estoy seguro que, rodeado de un buen equipo, con la experiencia del trabajo ya realizado por la Secretaría de Europa, coordinada por Miguel Urbán, podría haber realizado un trabajo extraordinario en el PE.
Al mismo tiempo, ha saltado la noticia de que su lugar será ocupado por Maria Eugenia Rodríguez Palop. No dudo, como indicaba al principio, de su capacidad política, y, seguramente, su trabajo en Europa al frente de nuestro grupo parlamentario será muy valioso. Pero, para mí, no es esa la cuestión, o al menos no es la única cuestión a considerar. Lo siento, no soy tan funcional, ni me he vuelto tan pragmático.
Hace unas pocas semanas habíamos tenido unas primarias que habían colocado en la primera posición a Pablo Bustinduy, seguido de Idoia Villanueva y de Miguel Urbán (el más votado de la lista). La celebración de primarias, de las que Podemos ha sido pionero -poniendo patas arriba un escenario político vertical, centralista y conservador- está en nuestro ADN, o debería estarlo. Es la manera de que los inscritos decidamos sobre programas, objetivos y prioridades, y designemos los equipos que deben llevarlos a la práctica.
Por eso, me pregunto ¿ingenuamente? qué poderosa y para mí misteriosa razón existe para que no se haya tirado de la lista ya votada; o por qué no se ha sometido a votación el liderazgo de la candidatura. De cualquier modo, necesitamos protocolos reconocibles y donde nos reconozcamos. El “dedazo”, la arbitrariedad, las decisiones tomadas en las bambalinas (por cualificadas que sean las personas que sean elegidas) nunca pueden ser una opción, una buena alternativa para un Podemos que quiere ser un factor de transformación de un régimen político podrido hasta la médula.
Son muchas las amenazas y los riesgos que se ciernen sobre Podemos. Pero actuando de esta manera -con estas urgencias, con esta opacidad- no nos hacemos más fuertes, sino todo lo contrario.
Sinceramente, no soy de los que creen que los fines justifican los medios.

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