domingo, 24 de marzo de 2019

Sería una maravilla que existiera un pp así. Joan Margarit es un ejemplo, como lo son Antonio Machado, Miguel Hernández, Blas de Otero, Gabriel Celaya, Alberti y Lorca, por citar a algunos, cuyos versos son un océano de conciencia hecha palabra y vida...Parafraseando a Juan Luis Guerra: ojalá que llueva luz en el fango y poesía en la basura, para reciclar sobre todo...para curarse homeopáticamente y de verdad



Al contrataque 

El otro PP
FERRAN NADEU

El otro PP

Carles Francino

¿No podría existir el partido de la poesía? Sería un PP muy distinto... porque en el de ahora -como en el resto de partidos- no parecen buenos tiempos para la lírica


«La única respuesta es la cultura, es la poesía…! Es la única esperanza de no llegar a una democracia analfabeta». La energía de Joan Margarit, a sus 80 años, podría desarbolar al más aguerrido de los 'millennials'. Conserva intacta la capacidad de cabrearse, pero acumula mucha mili como para dejarse ir por la pendiente del enfado sin aportar algún argumento. La otra tarde en 'La ventana' tuvimos el placer de conversar con él para celebrar el Día Mundial de la Poesía y lo comprobamos. Margarit llegó al elogio de la cultura a partir de la crítica política... y social. «Los políticos no bajan del cielo -tronó-, no basta con decir: ‘¡Qué malos políticos tenemos!’. Porque si ese es el problema, vamos y los echamos. Pero es que luego vienen otros iguales. Quiere eso decir que somos nosotros; es toda la sociedad la que responde a estos políticos».
Margarit venía de batirse el cobre con centenares de universitarios en Madrid; y estaba pletórico, satisfecho. Le gustó ese paisaje generacional alejado de los estigmas que nuestra civilización de etiquetas les ha endosado a los más bisoños. Y celebró con alborozo la  iniciativa -casi un milagro- que ha puesto en marcha Montse Iglesias, de la editorial Condé Nast, bajo el título 'Amamos la poesía', donde personajes de distintos ámbitos hacen algo tan simple como recitar poemas ante una cámara; simple y exitoso porque acumula casi 120 millones de impactos.
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He participado en ese proyecto para el que seleccioné, precisamente, un texto de Joan Margarit, 'A través del dolor', que, entre otras cosas, dice: «La policía, en Catalunya,/ llevaba a cabo interrogatorios/ con torturas tan solo en castellano./ Pero a través de tanta humillación/ he llegado a quereros a Ramón, a Luis, y las peores entre las palabras,/ las que más daño iban a causarme,/ las he escuchado en mi propia lengua».
¡Me pareció tan oportuno! Porque además rememoramos otro poema que Benjamín Prado había alumbrado en Granada, cinco días después de aquel infausto 1-0 del 2017, frescas las imágenes de los porrazos policiales, que hoy algunos intentan presentar en los tribunales como prueba de una revuelta violenta que nunca existió. Como tampoco existió un referéndum digno de tal nombre, ni la república que prometieron los aprendices de brujo. Yo me quedo con algunos versos de ese poema titulado 'Hablemos, parlem': «Hablemos sin quemarnos las banderas/ con razones, sin sangre en las aceras/ con libertad, sin ira, como hermanos/ hablemos de palabras, no de idiomas/ digamos ‘te respeto’, ‘no te vayas’/ sin ver puntos finales donde hay comas/ sin ver desiertos donde solo hay playas».
¿No podría existir el partido de la poesía? Sería un PP muy distinto… porque en el de ahora -como en el resto de partidos-  no parecen buenos tiempos para la lírica. La canción de Golpes Bajos tiene ya 21 años, pero sigue vigente.

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Todo es poesía, doy fe; ahí dejo mi versión poética del cubo de la basura.
En todo, hasta en lo menos lógico, puede sorprendernos la vida que no cesa


DE LA BASURA Y SU NOCTURNIDAD

Hay un crujir opaco bajo el sopor de una camelia seca.
Frutales esqueletos
fermento de las horas
y ese abrigo de plátanos que se descuelga, triste,
sobre una soledad de nuez abandonada.

Y qué denso el aliento en este espacio
bajo la tapa azul, definitiva y dura
como un dosel cerrado.
Sin estrellas ni brisa.

Aquí bulle otra historia hermética y espesa.
Un mundo acelerado de bacterias oscuras
que transmutan acelgas en líquidos encajes,
lentejas en espuma, residuos instantáneos
que hace nada danzaban en la mesa, los platos,
y el mantel,
gérmenes asociados -rincones laboriosos-
que se coronan reyes en sus tronos de polvo
pelusa y circunstancia,
efímeros y grises. Desde el todo a la nada,
del glamour a la depre, en plan Jorge Manrique.

Cuánta fragilidad en cúpulas de huevo,
leves arquitecturas, ábsides presidiendo
el subterráneo signo de la vida
que se derrama y calla.

Deslizantes racimos de huesos y cristales,
de palmas aceitosas
en veredas mojadas de romero y laurel.

Dos bucles de naranja
duermen sobre las trenzas de la sombra.

Y mis manos aquí,
dos gaviotas varadas en la orilla
dispuestas a cruzar el mar acostumbrado.
Dos gaviotas mis manos, al fin,
como testigos mudos del asombro.


(La levedad del signo (1997)



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