lunes, 5 de septiembre de 2016

Mi querido Varoufakis, eres providencial

Varoufakis responde a Vicenç Navarro: DiEM25 y la izquierda europea tras el Brexit

05 Sep 2016 (Publico)
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*En respuesta a Tariq Ali, Stathis Kouvelakis, Vicenç Navarro y Stefano Fassina
Prefacio: Este artículo se dirige a los compañeros de izquierda críticos con DiEM25 que afirman que DiEM25 persigue el objetivo erróneo (democratizar la Unión Europea) mediante una estrategia incorrecta (centrarse en el nivel europeo en vez del nacional). Esta respuesta, aunque se dirige a los izquierdistas partidarios del “lexit” (la estrategia de convocar referendos a favor de abandonar la UE, al estilo del brexit), es pertinente también para abordar las preguntas planteadas a menudo por parte de otras tradiciones políticas a las que DiEM25 pretende unir en la lucha por la democratización de la UE; p. ej. los liberales, los ecologistas, las feministas, los miembros de partidos “piratas”, activistas que no quieren integrarse en partidos existentes e incluso conservadores progresistas. [1]
En un periodo de once meses, dos referendos han sacudido no solo a la Unión Europea sino también a la izquierda europea: el OXI griego en julio de 2015 y el brexit en junio de 2016. Exasperado por la mezcla de autoritarismo y fracaso económico de la UE, un sector de la izquierda europea ahora clama por una “ruptura con la UE”, [1] una postura que se ha asociado con el término “lexit”. [2] DiEM25, el Movimiento por la Democracia en Europa 2025, rechaza la lógica del lexit y ofrece una agenda alternativa para los progresistas europeos.
No cabe duda de que la izquierda tiene el deber de enfrentarse, con toda su energía e imaginación, a la práctica de la UE de despolitizar la toma de decisiones políticas. [3] Por tanto, la pregunta no es si la izquierda debe enfrentarse al establishment de la UE y a sus prácticas actuales. La pregunta es en qué contexto, y dentro de qué narrativa política inclusiva, debe tener lugar esta confrontación. Nos encontramos ante tres opciones.
Opción 1: euroreformismo, “más democracia”, “más Europa”
Una opción (que languidece rápidamente) es la variedad estándar de euroreformismo, típicamente practicada por los socialdemócratas que defienden “más democracia”, “más Europa”, “reformar las instituciones de la UE”, etc. Es una opción fundamentada en una falacia: la UE no padece de un déficit democrático que pueda solucionarse con “un poco más de democracia” y unas pocas reformas por aquí y por allá. Como argumenté en mi reciente libro, [4] la UE se construyó intencionadamente como una zona libre de democracia diseñada para mantener al demos alejado de la toma de decisiones y dejar a esta en manos de un cártel de grandes empresas europeas y del sector financiero. Decir que la UE padece de un déficit democrático es como si una astronauta en la Luna se lamentara por el déficit de oxígeno de dicho satélite…
Las instituciones de la UE son incapaces de ser reformadas mediante el proceso ordinario de deliberaciones intergubernamentales y cambios graduales en los tratados. Por esta razón, las llamadas a “más Europa” son erróneas, ya que, bajo el actual régimen de la UE y sus instituciones, “más Europa” y reformas gradualistas supondrán la formalización y legalización de la Unión de la Austeridad Europea en la línea de lo que yo he descrito como el Plan Schäuble. Esto, a su vez, profundizará la crisis que aflige a los ciudadanos más débiles de Europa, aumentando el atractivo de la derecha xenófoba y, en cualquier caso, acelerará la desintegración de la UE. Si esto es cierto, y creo que lo es, entonces los demócratas no tienen otra alternativa que encabezar un enfrentamiento directo con el establishment de la UE. Lo que nos lleva a la segunda y tercera opciones.
Opción 2: lexit (abandonar la UE)
La segunda opción es, obviamente, la ruta del lexit. Tariq Ali, entre otros, la ha defendido elocuentemente. [5] Stathis Kouvelakis, tras el brexit, resume así esta posición: “Así pues, debemos jugar al juego del referéndum, mientras evitamos que las fuerzas de la derecha nacionalista y xenófoba obtengan la hegemonía y desvíen la revuelta popular”. En pocas palabras, para vencer a la misantropía de la derecha xenófoba debemos unirnos a su llamada a referendos que sacarán a nuestros Estados nación de la UE.
Esta opción (el lexit) levanta dudas en cuanto a su realismo y probidad. ¿Es su agenda factible? En otras palabras, ¿es una expectativa realista que, en palabras de Kouvelakis, al llamar a referendos para abandonar la UE, la izquierda pueda evitar que “las fuerzas de la derecha nacionalista y xenófoba obtengan la hegemonía y desvíen la revuelta popular”? ¿Y es una campaña como esa coherente con los principios fundamentales de la izquierda? DiEM25 considera que la respuesta a ambas preguntas es negativa y, por esta razón, se opone a la opción del lexit. Dejadme explicar estas dos respuestas antes de comentar con brevedad la propuesta alternativa de DiEM25 (la tercera opción).
La izquierda solía ser eficaz a la hora de separar los análisis estáticos y dinámicos. Desde que Marx, recurriendo a Hegel, priorizó el proceso sobre los resultados, la izquierda aprendió a reconocer el sentido del cambio, no solo los varios estados del mundo. En el caso de la UE, esto resulta crucial. Por ejemplo, la postura que deberíamos haber adoptado antes de que fuera creado el mercado común, o la Eurozona, no puede ser la misma una vez que estas instituciones han sido establecidas. Era, por tanto, perfectamente coherente:
  1. oponerse a la entrada de Grecia al mercado común y/o la Eurozona, y
  2. oponerse al referéndum para que Grecia abandonara el mercado común y/o el euro.
Aún más importante, supone una enorme diferencia si nuestro punto de comienzo es una Europa sin fronteras (donde los trabajadores europeos ejercen el libre movimiento) o una Europa como la de principios de la década de 1950 donde los Estados nación controlaban las fronteras y podían crear a voluntad una nueva categoría de proletarios griegos o italianos denominada gastarbeiters.
Este último punto subraya los peligros del lexit. Dado que la UE ha establecido el libre movimiento, el lexit implica conformidad (o incluso apoyo real) con su desmantelamiento y el restablecimiento de los controles fronterizos nacionales, con concertinas y guardas armados. Dado que, si tuviéramos que revivir la historia, la izquierda debería exigir salarios mínimos comunes a cambio de su apoyo al Mercado Único, ¿realmente creen los partidarios del lexit que, hoy, la izquierda puede ganar la batalla por la hegemonía contra la derecha xenófoba apoyando la llamada de esta a construir nuevas vallas y acabar con el libre movimiento? De manera similar, ¿realmente creen que la izquierda ganará la guerra política y discursiva contra la industria de los combustibles fósiles al apoyar la renacionalización de la política medioambiental? Bajo la bandera del lexit, a mi juicio, la izquierda se dirige hacia derrotas monumentales en ambos frentes.
Opción 3: la propuesta de DiEM25 por la desobediencia dentro de la UE
Y así llegamos a la tercera opción, la propuesta de DiEM25. Esta rechaza tanto las llamadas euroreformistas a “más democracia” y “más Europa” como el apoyo del lexit a los referendos para abolir el nivel de la UE por completo y volver al control absoluto de los Estados nación. En vez de eso, DiEM25 propone un movimiento paneuropeo de desobediencia civil y gubernamental con el que provocar un auge de oposición democrática contra la manera en que las élites europeas operan en los niveles local, nacional y de la UE.
En DiEM25 no creemos que la UE pueda ser reformada a través de los canales habituales de la política de la UE y de ninguna manera doblegando las “normas” existentes sobre déficits presupuestarios por un 0,5 o un 1 por ciento de la renta nacional (como están haciendo los gobiernos de Francia, Italia, España y Portugal). Vicenç Navarro escribió recientemente que “los parlamentos aún tienen poder, incluyendo el poder de cuestionar las políticas de austeridad”. Pero, lamentablemente, Navarro se equivoca cuando pone como ejemplo al nuevo gobierno portugués y afirma que este “detuvo la aplicación de las políticas de austeridad impuestas por la Comisión Europea”. Desearía que eso fuera verdad: antes de recibir el mandato de formar gobierno de manos de un presidente de derechas y favorable a la troika, los partidos de la izquierda portuguesa tuvieron que firmar los “compromisos con el Eurogrupo” de los gobiernos anteriores; es decir, se rindieron al programa existente de la troika desde el primer día y se limitaron a retrasar, durante un año o más, la introducción de nuevas medidas de austeridad. [6]
En pocas palabras, sí, los gobiernos y parlamentos nacionales tienen poder: el poder de hacer lo que nuestro gobierno de Syriza hizo durante la Primavera de Atenas, antes de rendirse la noche del referéndum del OXI. Pero con el Banco Central Europeo preparado para iniciar un pánico bancario en represalia, incluso a cerrar su sistema bancario, un gobierno progresista nacional solo puede usar ese poder si está preparado para una ruptura con la troika de la UE. Aquí es donde nosotros, en DiEM25, estamos de acuerdo con el bando del lexit: un enfrentamiento con el establishment de la UE es ineludible. Donde discrepamos con los defensores del lexit es en su suposición de que este enfrentamiento solo puede tomar una forma: una campaña para abandonar la UE. Rechazamos esta suposición de todo corazón y, por el contrario, proponemos un enfrentamiento con el establishment europeo basado en una campaña obstinada de desobediencia de las “normas” inaplicables de la UE a los niveles municipal, regional y nacional sin hacer ningún movimiento para abandonar la UE.
Sin duda alguna, las instituciones de la UE nos amenazarán (p. ej. a los gobiernos rebeldes y a los ministros de Finanzas que adopten la agenda de DiEM25) con la expulsión, con pánicos bancarios, “vacaciones” bancarias, etc., de la misma forma que amenazaron al gobierno griego (y a mí personalmente) con el grexit en 2015. En ese momento es crucial no sucumbir al miedo de la “salida” sino mirarlos a los ojos y decirles:
“¡Atreveos! La única cosa que de verdad nos asusta es vuestra única oferta: la perpetuación de la espiral deuda-deflación que lleva a las masas europeas a la desesperanza y las sitúa bajo el hechizo de la intolerancia.”
Si no pestañeamos, entonces, o pestañearán ellos (en cuyo caso la UE será transformada) o la UE será desgarrada por su propio establishment. Si el establishment (la Comisión, el Banco Central Europeo, Berlín y París) desmiembran a la UE para castigar a los gobiernos progresistas que rechazaron seguir sus políticas inanes, esto galvanizará las políticas progresistas por toda Europa de una manera que el lexit jamás podría conseguir.
Considerad la profunda diferencia entre las dos siguientes situaciones:
  • El establishment de la UE amenaza a los gobiernos progresistas europeístas con una “salida” cuando estos rechazan obedecer su incompetencia autoritaria, y
  • Los partidos o gobiernos progresistas nacionales hacen campaña junto a la derecha xenófoba a favor de la “salida”.
Esa es la diferencia entre:
(A) Enfrentarse al establishment de la UE de manera que se preserve el espíritu del internacionalismo, se exija acción paneuropea y nos distanciemos completamente de la derecha xenófoba, y
(B) ir cogidos de la mano con nacionalismos que, ineludiblemente, reforzarán la derecha xenófoba mientras permiten que la UE represente a la izquierda como populistas apenas distinguibles de Nigel Farage, Marine Le Pen, etc.
Naturalmente, parte de la agenda de DiEM25 debe involucrar estrategias de desarrollo que permitirán a nuestras ciudades, regiones y Estados nación rebelarse contra un establishment de la UE que reprime mediante amenazas de “salida” o “expulsión”. Otra parte de la misma agenda debe incluir planes para lidiar con el colapso o desintegración de la UE si su establishment es tan estúpido como para activar estas amenazas contra gobiernos nacionales desobedientes. Pero esto es profundamente diferente a iniciar la desintegración de la UE como el objetivo propio de la izquierda.
En pocas palabras, DiEM25 rechaza apoyar la “salida” como un fin en sí mismo, o incluso utilizarlo como amenaza. Pero no debe detenernos de la desobediencia gubernamental cuando nos enfrentemos ante la amenaza de “expulsión” o “salida” forzada.
El internacionalismo, la UE y el Estado nación
El internacionalismo tradicional de la izquierda es un ingrediente clave de DiEM25, junto a otras tradiciones constituyentes democráticas de diversos proyectos políticos (incluyendo el liberalismo progresista, los movimientos feministas y ecologistas, los partidos “piratas”, etc.). La postura de DiEM25 sobre la UE refleja precisamente este tipo de internacionalismo. Espero que mis compañeros de la izquierda me permitan recordarles que cuando Marx y Engels estaban adoptando su eslogan “proletarios del mundo, uníos”, no rechazaban la idea de cultura nacional o de Estado nación. Estaban rechazando la idea de un “interés nacional” y opinaban que las luchas deben ser prioritarias al ámbito del Estado nación.
DiEM25 propone una rebelión para proveer de auténtica democracia a los niveles de gobierno local, nacional y de la UE. No priorizaremos a la UE sobre el nivel nacional, del mismo modo que no priorizamos el nivel nacional sobre el regional o el municipal. Lamentablemente, bastantes europeos de izquierdas insisten en una priorización inversa: la del nivel nacional sobre el de la UE. Stefano Fassina, por ejemplo, en respuesta a un artículo en Repubblica de Lorenzo Marsili y mío, nos censura, así como a DiEM25, por argumentar (citando a Ralf Dahrendorf) que la democracia al nivel de la UE “no es posible… porque un ‘pueblo europeo’, un demos europeo para una democracia europea, no existe…” “Entre los idealistas y los eurofanáticos”, continúa Fassina, “todavía hay quien piensa que la Unión Europea puede transformase en una especie de Estado nación, solo que más grande: los Estados Unidos de Europa”.
Esta objeción desde la izquierda a la llamada de DiEM25 a un movimiento paneuropeo es interesante y desconcertante. Efectivamente, argumenta que la democracia es imposible a escala supranacional porque un demos debe caracterizarse por la homogeneidad nacional y cultural. ¡Puedo imaginar la ira de Marx al oír esto! Igual que puedo imaginar el desconcierto de los internacionalistas de izquierdas que soñaban con, y lucharon por, una república transnacional desde el Atlántico hasta tan al este como fuera posible.
La izquierda, no lo olvidemos, se opone tradicionalmente a la creencia burguesa de la relación unívoca entre nación y parlamento soberano. La izquierda contraargumentaba que la identidad es algo que creamos mediante la lucha política (lucha de clases, la lucha contra el patriarcado, la lucha para destruir los estereotipos sexuales y de género, la emancipación del imperio, etc.). DiEM25, por tanto, al convocar una campaña paneuropea de desobediencia hacia las élites transnacionales, para crear el demos europeo que consiga la democracia europea, está en sintonía con el enfoque tradicional de la izquierda: el mismo enfoque que se encuentra bajo el fuego de Fassina y otros que defienden el retorno a la política del una-nación-un-parlamento-una-soberanía, reduciendo el internacionalismo a una “cooperación” entre los Estados nación europeos.
Al apoyar esta priorización del nivel nacional, Fassina evoca a Antonio Gramsci y su defensa de la “categoría de lo ‘nacional popular’ para darle bases populares y capacidad hegemónica a ese Partido Comunista Italiano, que en su símbolo tenía la bandera roja con el martillo y la hoz sobre la bandera de Italia”. El propósito de Gramsci era, de hecho, que, para conseguir el progreso a nivel internacional era necesario crear un movimiento progresista a nivel del pueblo y de la nación. No era, pese a la intención de Gramsci, priorizar el nivel nacional sobre el transnacional y argumentar que las instituciones democráticas transnacionales fueran inviables o indeseables.
En el mismo espíritu de Gramsci, DiEM25 insiste en que nuestra rebelión europea debe suceder en todas partes, en pueblos, regiones, capitales de Estados nación y en Bruselas, sin priorizar ningún nivel sobre otro. Solo a través de esta red paneuropea de ciudades rebeldes, provincias rebeldes y gobiernos rebeldes puede volverse hegemónico un movimiento progresista en Italia, en Grecia, en Inglaterra y en cualquier lugar.
Finalmente, uno puede preguntar con descaro: “¿Por qué detenernos al nivel de la UE? Como internacionalistas, ¿por qué no hacéis campaña por una democracia mundial?” Nuestra respuesta es que hacemos campaña por la democracia en todo el mundo y desde una perspectiva internacionalista. De hecho, DiEM25 está estableciendo fuertes vínculos con la “revolución política” de Bernie Sanders en Estados Unidos e incluso está registrando a miembros en América Latina, Australia e incluso Asia. Pero, puesto que la historia, para mejor o para peor, nos ha dejado una UE sin fronteras, con políticas comunes sobre medioambiente y muchos ámbitos más, la izquierda (internacionalista por definición) debe defender esta ausencia de fronteras, las políticas comunes de cambio climático, incluso el programa Erasmus que da a los jóvenes europeos la oportunidad de relacionarse en un sistema educativo sin fronteras. Darles la espalda a estos espléndidos artefactos de una por otra parte regresiva UE no es coherente con lo que debería ser la izquierda.
La agenda progresista de DiEM25
Los progresistas tienen el deber de liderar la lucha para repolitizar la toma de decisiones políticas y democratizar este ámbito político una vez recuperado. Donald Trump en los Estados Unidos, los brexiters de derechas en Gran Bretaña, Le Pen en Francia, etc., se han alzado como consecuencia de una crisis económica provocada por la crisis de la financiarización y de las democracias liberales, que ya no pueden funcionar como democracias liberales en la era de la crisis de la financiarización. La pregunta para la izquierda europea, para los progresistas liberales, para los verdes, etc. es, ahora, si esta lucha, este proyecto, debe tomar la forma de una campaña para abandonar la UE (p. ej. el lexit) o, como sugiere DiEM25, una campaña civil, cívica y de desobediencia gubernamental dentro de, pero enfrentada a, la UE.
DiEM25 rechaza la campaña de los eurotradicionalistas para reformar la UE trabajando dentro del marco del establishment de la UE donde el cambio o es glacial o va en la dirección equivocada. Asimismo, rechazamos la lógica del lexit de convertir la desintegración de la UE en nuestro objetivo. DiEM25 se formó para crear una auténtica alternativa: una oleada sin fronteras de políticas unificadoras por toda Europa (en países miembros y no miembros de la UE por igual) fundamentada en la alianza de los demócratas de diversas tradiciones políticas (incluyendo a la izquierda, pero sin limitarse a ella) y a todos los niveles de actividad política (pueblos, ciudades, regiones y Estados).
Recapitulando, aquellos que reprenden a DiEM25 su llamada a un movimiento democrático paneuropeo como algo utópico, nuestra respuesta es que una democracia paneuropea y transnacional sigue siendo un objetivo legítimo y realista a largo plazo, uno que está en sintonía con el internacionalismo tradicional de la izquierda. Pero este objetivo debe ir acompañado de pragmatismo y de un plan preciso para la acción inmediata:
  • Oponerse a cualquier discurso de “más Europa” ya, cuando “más Europa”, bajo las circunstancias actuales, se traduce en una jaula de hierro de austeridad institucionalizada ideada por el establishment de la UE.
  • Presentar a los europeos un plan de acción (una serie exhaustiva de políticas y acciones) de cómo planeamos reimplementar las instituciones existentes europeas para cortar de raíz la crisis económica, revertir la desigualdad y revitalizar la esperanza.
  • Y garantizar que este plan de acción toma medidas para mantener vivo el internacionalismo dado el caso de que el autoritarismo incompetente del establishment de la UE provoque la desintegración de la UE.
“La UE será democratizada. ¡O se desintegrará!”
Esta fue, y sigue siendo, la declaración que guía a DiEM25. No podemos predecir cuál de las dos (la democratización o la desintegración) será la que tenga lugar. Por eso, luchamos por la primera mientras nos preparamos para la segunda. Y lo hacemos trabajando hacia una Agenda Progresista para Europa que se compone tanto a nivel de base como con la ayuda de expertos progresistas. ¿Su propósito? Derrotar al peor enemigo de la democracia en Europa: el “no hay alternativa”, el dogma reaccionario de que no puede haber una auténtica alternativa progresista a las políticas actuales dentro de una Europa unida.
El antídoto de DiEM25 a este “no hay alternativa” es, de hecho, la Agenda Progresista para Europa que lanzaremos, consultando con los actores locales, regionales y nacionales, durante los próximos dieciocho meses. Componer esta Agenda Progresista para Europa, por todo el continente y las islas que lo rodean, es nuestra manera de demostrar a los europeos derrotados, descorazonados y desilusionados que, sorprendentemente, sí hay una alternativa.
La Agenda Progresista para Europa de DiEM25 será pragmática, radical y exhaustiva. Incluirá políticas que se puedan implementar de forma inmediata para estabilizar la economía social de Europa, mientras:
  • ofrecemos más soberanía a los ayuntamientos, parlamentos nacionales y autonómicos,
  • proponemos intervenciones y diseños institucionales que reducirán el coste humano en caso de que el euro colapse y la UE se fragmente, y
  • organizamos un proceso de Asamblea Constituyente democrática que permita a todos los europeos generar una identidad europea con que reafirmar sus revigorizadas culturas, parlamentos nacionales y autoridades locales.
La Agenda Progresista para Europa de DiEM25 tiene como objetivo una campaña unificadora con que una Internacional Progresista Europea pueda contrarrestar la Internacional Nacionalista que cada vez es más fuerte.
Conclusión
La UE se encuentra en avanzado estado de desintegración. Hay dos escenarios posibles.
  • La UE no ha superado el punto de no retorno (aún) y puede, aún, ser democratizada, estabilizada, racionalizada y humanizada
  • La UE ha superado el punto de no retorno y no puede ser democratizada. Por tanto, su desintegración es segura, así como el peligro inminente del descenso de Europa a una versión posmoderna de la deflacionaria década de 1930 [7]
DiEM25 cree que abandonar la campaña para democratizar la UE sería un error grave para los progresistas en cualquiera de los casos. Si aún es posible construir una UE democrática (un escenario que se está desgastando a cada minuto), sería una pena no intentarlo. Pero, incluso si estamos convencidos de que la UE existente no puede ser democratizada, y por tanto salvada, abandonar la lucha para democratizar la UE (y convertir la “salida” y la “desintegración” en un fin en sí mismo) servirá a la única fuerza política capaz de beneficiarse de una agenda como esa: la intransigente derecha xenófoba.[8]
¿Así que qué deberían hacer los progresistas? La respuesta de DiEM25 es:
  • Hacer una campaña vigorosa en líneas internacionalistas, transfronterizas, por toda Europa, para conseguir una Unión democrática: incluso aunque no creamos que la UE pueda, o deba, sobrevivir a su forma actual
  • Exponer la incompetencia autoritaria del establishment de la UE
  • Coordinar la desobediencia civil, cívica y gubernamental por toda Europa
  • Ilustrar mediante la propia estructura transnacional de DiEM25 cómo una democracia paneuropea puede operar a todos los niveles y en todas las jurisdicciones
  • Proponer una Agenda Progresista para Europa exhaustiva que incluya propuestas sensatas, modestas y convincentes para “arreglar” la UE (e incluso el euro) y gestionar de forma progresista la desintegración de la UE y del euro si, y cuando, el establishment la provoque.

[1] En palabras de su Manifiesto, DiEM25 se dirige a los demócratas europeos que “procedemos de diferentes partes del continente y estamos unidos por diferentes culturas, lenguas, acentos, afiliaciones políticas, ideologías, colores de piel, identidades de género, creencias y concepciones de una buena sociedad”.
[1] Ver el artículo de Stathis Kouvelakis titulado ‘The EU Cannot Be Reformed’, 26 de junio de 2016
[2] Es decir, una llamada y apoyo de izquierdas a referéndums que propongan la salida de la UE
[3] Estoy convencido de que muchos otros demócratas europeos, ecologistas y liberales, que no se sitúan a sí mismos en la izquierda, también tienen el deber de enfrentarse a la incompetencia autoritaria de la UE.
[4] ¿Y los pobres sufren lo que deben?: ¿Cómo hemos llegado hasta aquí y por qué necesitamos un plan B para Europa?, Barcelona: Deusto, 2016.
[5] Ved aquí un debate entre nosotros sobre el brexit y aquí otro discurso que él dio a favor de la agenda del lexit en términos generales.
[6] El artículo de Navarro me produce una segunda discrepancia sobre una cuestión no relacionada con el lexit: Vicenç malinterpretó mi propuesta de Renta Básica Universal. No es concebida como un sustituto para el sistema de bienestar/seguridad social estándar. La RBU que yo defiendo no se financiará mediante impuestos sino transfiriendo la equidad por todo el capital a un fondo social (p. ej. el 10% de las acciones de todas las empresas) del que se extraerán los pagos de la RBU. Pero es mejor dejar esto para otra ocasión.
[7] La ruptura de la UE y del euro con casi total seguridad provocará la creación de cuanto menos dos Europas. Una comenzará en el río Rin y se expandirá hacia el este (al norte de los Alpes) hasta el Báltico y Ucrania, sostenida en una versión revivida del marco alemán, cuya apreciación imparable generará deflación y desempleo masivo. La otra, la Europa latina-católica (con o sin Grecia), se centrará en depreciar divisas que encabezan una estanflación aguda (una combinación de alta inflación y alto desempleo). En este entorno económico oscuro, los países miembros y no miembros de la UE (como Gran Bretaña, Noruega, etc.) se convertirán en cloacas de fanatismo derechista. Es la posmoderna década de 1930 a la que me refiero.
[8] Hablando desde la experiencia, los nacionalistas de derechas en Europa del Norte recibirían una ayuda poderosa para reforzar su campaña si yo llamara a los griegos a votar a favor del grexit. Algo similar sucedería con otros izquierdistas españoles, italianos, portugueses, que llamaran a sus compatriotas a abandonar la UE. Por el contrario, la llamada de DiEM25 a una campaña internacionalista paneuropea de desobediencia cívica y gubernamental dentro y en contra de la actual UE les deniega el acceso a los europeos desencantados. 

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Mi convencimiento de que la física cuántica es la clave, por explorar, de la aventura humana, se me confirma con estas cosas: por ejemplo, llevar años enteros dándole vueltas a la posibilidad materializable de un proyecto sensato y realista de la izquierda europea como propuesta ante la debacle actual de Europa, que sin fronteras ni zancadillas financieras ni de gobernanza, nos permita una unidad social, popular y democrática basada en el respeto a los DDHH y a la dignidad de las y los trabajadoras, y en la riqueza de nuestras diversidades, considerando también como ingredientes indispensables las diferencias que construyen, transmutando en salud política las diferencias y similitudes que limitan y destruyen el entendimiento y la cooperación desde la fuerza colectiva e individual, y un buen día encuentras un libro como éste  ¿Y los pobres sufren lo que deben?: ¿Cómo hemos llegado hasta aquí y por qué necesitamos un plan B para Europa?, Barcelona: Deusto, 2016., firmado por Yanis Varoufakis y en ese compendio de ideas magníficamente expuestas analizadas y sintetizadas, descubres escritas tus hipótesis de siempre, las ideas y sugerencias que tantas veces vienen y van por tu mente y por tu voluntad, donde la utopía empieza a clarear como realizable si nos lo proponemos entre todas y nos ponemos manos a la obra. 

Como regalo de cumpleaños, -no hay casualidades, mañana cumplo los 69- el universo sensible e inteligente me trae con la luz del día este artículo en Público del profesor Varoufakis, donde ofrece un resumen magnífico y cristalino de su propuesta DiEM25. Gracias al universo, siempre tan detallista, hasta cuando no lo parece. Gracias a Varoufakis por ser, por estar, amar a y  pensar en algo más que en sí mismo y escribirlo. 
Como canta Violeta Parra, gracias a la vida que me sigue dando tanto cada día.

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