martes, 21 de mayo de 2013

Elogio a la pluralidad




Cualquier hombre que tenga más razón que sus prójimos ya constituye una mayoría de uno.

La desobediencia es el verdadero fundamento de la libertad. Los obedientes deben ser esclavos.

En vez de amor o fama, dame la verdad.
Henry D. Thoreau

Un error no se convierte en verdad por el hecho de que todo el mundo crea en él
Mahatma Gandhi

La verdad y el amor son el cuerpo y el alma de la misma realidad. Inseparables, pues aislada la una del otro se convierten en enfermedad. La verdad sola es la enfermedad del fanatismo inmisericorde. Y el amor solo es egoísmo dominador o sumisión humillante, dependencia y esclavitud. El amor sin verdad es una farsa y la verdad sin amor una cárcel
Sanai-ben-Syphanì


La sociedad española está conmocionada constantemente por la actitud impresentable e inaceptable del gobierno actual;  un país que soñaba vivir en democracia institucional pero al despertar ha visto que todo es justamente lo contrario. Una tiranía. En toda la extensión del concepto. Una tiranía alevosa. Llena de mentiras y de fraudes. En cualquier democracia verdadera la sola sospecha de la más mínima corrupción es motivo suficiente para la dimisión de los representantes políticos. Ni que decir tiene que jamás ningún gobernante cuyo nombre se haya mezclado con la basura puede quedarse tan pancho y como si nada hubiese pasado. La propia ética de la ley se cumple por sí misma. Dimite. Se le juzga. Y paga lo que deba pagar. Pasó en EEUU con el caso Watergate. Willy Brandt, en Alemania, dimitió "sólo" porque su secretaria particular se echó un novio del Berlín Este, que entonces era socialista pro comunista. El ministro de justicia socialista Mariano Fernández Bermejo también dimitió porque fue a cazar sin el papel de la licencia, a pesar de haber pagado los mil euros que costaba. Al dimitir dijo esto: "Nadie es insustituible y nadie debe estar amarrado a un puesto; lo importante no es el cargo sino que el proyecto socialista se cumpla lo mejor posible". Creo que con estas pinceladas queda muy clara la diferencia de sensibilidades y de estados de evolución.

Para el estilo "moral" del pp la dimisión, cuando hay un fallo leve como el Fernández Bermejo, significa hacer el ridículo y si se trata de una falta grave como las de ellos -atentado 11M, metro Valencia, Gürtel, sobres, caso Castellón-Fabra, caso Blasco y ONGs, Barberá-Emarsa, ppValencia-Calatrava y Urdangarín, casa Feijóo y barco del narco,etc...- es la fijación por oscurecer lo evidente negándose a aceptarlo e inventando conspiraciones sin ton ni son para ir mareando la perdiz mientras se siguen vaciando fondos públicos. Para el pp la dimisión significa la derrota, tirar la toalla, ser cobardes y no tener dignidad. En cambio robar, prevaricar, cohechar y defraudar con mentiras electorales carece de importancia. Todo ese juego en bolsas de basura, ha sido la escala hacia el poder máximo y por eso todo está justificado. De un plumazo una democracia amanece dictadura. 

España necesita urgentemente el reconocimiento y puesta en marcha de la pluralidad cívica para poder superar este hundimiento de las instituciones y vivir la unidad del civismo y del respeto. El bipartidismo no es plural. Es bipolar y monolítico. Un juego de péndulo que no tiene capacidad para mirar a su alrededor y escuchar y observar. Está viciado en dos direcciones que resultan ser la misma, pero de ida y vuelta, como un billete directo al precipicio.

Este mismo sistema arruinó la España de finales del siglo XIX y las dos primeras décadas del XX. Sagasta y Cánovas. Sagasta y Silvela. Montero Ríos y Maura. Canalejas y Maura. Romanones y Dato. Conservadores y Progresistas. Conservadores y liberales. Las dos Españas. Un directorio militar con Primo de Rivera. Fin de la monarquía. Una república fallida en manos del caciquismo, de la injusticia, de la inexperiencia política y del sufrimiento social. El miedo. La indefensión absoluta de la ciudadanía ante la barbarie que se llamaba "pueblo" o "gente de orden" según el lado del péndulo y el contenido y el color de la misma violencia. Una guerra fratricida y terrorífica que deja una estela de odio, miedo, heridas profundas y rencor durante más de medio siglo. Represión, oscuridad. Banderas al viento, prietas las filas y vacío en el alma. Muertes sin sentido y venganza a sangre fría. Sin perdón. El dictador se muere en su palacio sin que nadie durante años se plantease un cambio. Sólo desde el exilio y la clandestinidad alguien suspiraba y conspiraba con la esperanza y acababa en la cárcel o en el garrote vil. El resto dormía el sueño de la indiferencia y de los 25 años de "paz" y cementerio.
Una democracia a estrenar por primera vez. Y el miedo siempre. Nada de pluralidad. Se vuelven a repetir las dos Españas cada una a lo suyo. Socialistas y Conservadores. Monarquía de nuevo y de viejo. Progreso y marcha atrás. Dos Españas por obligación y votos impuestos. Una Constitución pensada por unos cuantos leídos y "escribidos" educados en una dictadura para millones de ignorantes democráticos nacidos y crecidos en la misma sopa dictaorial. Dos Españas inevitables y fijas como un sello. Cuando el bien de una de ellas triunfa no dialoga, no consulta, no escucha, aplasta. Se venga con rencor acumulado en los años de oposición. Y así la cadena que vitoreaba a Fernando VII, sigue soportando a sus descendientes. Sagasta ha reencarnado como Rubalcaba, Zapatero o González. Maura  y Dato se repreoducen en Aznar y Rajoy. Los mismos perros con distinta sigla. 

Hay una diferencia: el "pueblo" o gentuza y la "gente de orden" o de miras escasas, de antes, ahora ya no son los mismos. No hay analfabetos a los que engañar tan facilmente, aunque lo intentan. Han ido a la escuela, al instituto, a la FP. A la universidad, a las escuelas técnicas. Eso lo trajo la democracia en su vertiente más social. Y eso nos permite observar y entender. Movernos como sociedad y exigir los derechos ciudadanos que pagamos y que nadie nos regala. Se escuchan voces y los despiertos (que son ya millones) se asocian, dialogan, acuerdan y realizan proyectos conjuntamente. Se organizan , se apoyan en la angustia y en la desobediencia serena de quienes saben que les asisten la legitimidad y la razón. Y se preguntan ¿si nosotros, tan distintos unos de otros somos capaces de hacer todo esto juntos, cómo es posible que nuestros representantes no lo consigan nunca? Y han llegado a la conclusión: ellos, desde la pluralidad respetuosa de sus ideologías, religiones o tendencias personales, trabajan por el bien común en la unidad, pero los representantes de las dos Españas teóricas van cada uno a la suya; lo que les importa mucho más que el bienestar de la ciudadanía es detentar el poder sobre ella ganando la partida al "otro". Vencer y triunfar. El morbo de la "lucha" falsamente ideológica, porque lo único que queda en el fondo es la ambición, la soberbia, el orgullo, la vengaza, la difamación y la esterilidad. La estupidez. Cuando una "clase política" es superada por la ciudadanía a la que debería representar, es urgente que se pregunte por qué y cuál es el fallo garrafal que le impide representar a los que le pagan y le han votado para ello. No lo hacen ni se lo plantean. Este gobierno  no entiende nada. Y funciona aún peor que en la Edad Media, donde un súbdito como El Cid podía pedir públicamente al rey Alfonso VI que jurase su decencia para garantizar que no era un villano fratricida. 

España es plural. La sociedad es plural. La pluralidad enriquece. Es generosa y próspera. La suerte y la gracia la acompañan, porque la pluralidad es un signo solidario de acogida, de escucha, de apertura y de inteligencia. Mil ojos ven mucho más que unos cuantos. Un país despierto en su mayoría ve mucho más que un Parlamento adormecido en su rutina. Y por supuesto un gobierno de coalición, que escucha y aprende lo que no sabe ni se le ocurre, es un gobierno estupendo. Por ejemplo, si Rajoy en sus filas lo mejor que tiene en economía es Guindos y Montoro y en trabajo a la Mato, y a Gallardón en Justicia, y a Wert  en educación, podría llamar a Solbes para que les orientase. A Caamaño, a Ángel Gabilondo. Podría llamar para diversos temas a Patxi López, a Pepe Bono, a Rubalcaba, a Griñán, a Anguita, a Cayo Lara, a Alberto Garzón, a Llamazares, al minero Gerardo Iglesias que ya se habrá olvidado de la política activa, pero que tiene mucho que decir en asesoría, organización y en el empleo. Preguntar a Monago el extremeño rebelde porqué se entiende mucho mejor con IU que con Rajoy y su camarilla o con los socialistas. Llamar al alcalde de Marinaleda y  que explique en el Parlamento y en el consejo de ministros embobados como se pueden pagar 15 euros al mes y sostener una casa social  para cada familia que uno mismo se ha ido construyendo y que ese pueblo sea un ejemplo de progreso, de empleo y de cultura. Y de autosuficiencia. Eso piensan los ciudadanos. Hartos de una condena bipolar. Esquizofrénica. Un castigo que no merecen, existiendo, además personas muy bien preparadas y capaces para cooperar en un momento de crisis horrible y que, demostradamente, el pp no tiene ni idea de como afrontar.

El bipartidismo cerril es una endogamia política suicida, que, como las endogamias genéticas, produce deficientes y tarados. Y ahí estamos, en el atasco de Cottolengo institucional. Nos gobierna la flor y nata de la subnormalidad en materia política y sobre todo, en materia humana.
PP + intención de voto = - 0 ganado a pulso.

España además necesita el consenso y la reflexión conjunta en la legislación de todos los temas vitales como son la educación, la sanidad, las pensiones, el empleo, la protección social a los estados carenciales, los derechos y deberes, la política energética y la regulación del sistema bancario, los planes agrícolas o de industrialización y transportes u obras públicas. Todo ese conjunto de necesidades básicas debe ser pactado, consensuado y sellado por todas las fuerzas representantes de la ciudadanía. No puede dejarse al capricho y opinión de cada grupo ideológico que llega a la mayoría parlamentaria y en consecuencia, al ejecutivo. Al gobierno. Por eso hemos llegado donde estamos.

Cada gobierno que llega pone patas arriba lo que ha hecho el otro e impone sus fijaciones en cada tema. Uno aprueba el aborto, otro lo quiere quitar. Uno favorece la enseñanza pública y concertada y otro la quiere privatizar, lo mismo que la sanidad. Uno establece el laicismo en la educación y otro coloca la religión a la altura de las asignaturas más fuertes, algo que no pasaba ni en el franquismo, donde la religión era una "maría" más como la gimnasia, la música, la política y las labores del hogar.

Dentro de dos años y medio cambiará el gobierno y tendremos otra historia, otra guerra de despropósitos. Necesitamos un consenso plural. Y si demuestran constantemente que no pueden solucionarlo entre ellos y que se legisla en contra de lo anterior por el hecho de que es opuesto y no contemplando el bien de todos los ciudadanos, lo mejor será que se convoquen referendums y se puedan votar las leyes más importantes. Y que esas leyes no sean modificables por ningún gobierno sin otro referendum en el que la ciudadanía apruebe los cambios, ya que las mayorías absolutas quitan la voz y el voto a la pluralidad parlamentaria con una grave injusticia, porque casi siempre una mayoría absoluta en las urnas no significa un vuelco social verdadero, sino un voto condicionado y punitivo contra  el gobierno saliente sin apreciar atenuantes ni riesgos en el cambio. En realidad y en esas condiciones de rebote social, el voto no es completamente válido para legislar ni para gobernar, porque ha nacido miope y parcial. Deformado y manipulado por la situación determinada de desaliento y fracaso, que favorecerá por quorum la revancha de los ganadores, que a  su  vez se ensañarán  con los ciudadanos para fastidiar a sus rivales en el Parlamento y demostrarles como tiran por tierra su trabajo de anteriores legislaturas.
Así es imposible que un sistema de educación o de sanidad o de seguridad social o económico, dure años suficientes para que pueda dar resultados. Cambiando cada cuatro u ocho años sólo se consigue el desorden y la ineficacia.  Y desarticular el sistema educativo o sanitario o social. Yal mismo tiempo que  desaparece el interés de la ciudadanía por la participación en las votaciones. El caos. El fin de la democracia, cuya más elemental y básica expresión es en las urnas. No interesa a casi nadie votar por quienes demuestran un completo desinterés por ellos y no dudan en sacrificar la justicia y los derechos fundamentales de los ciudadanos en beneficio de los intereses partidistas y enjuagues particulares, que suelen estar mezclados.

Necesitamos más que nunca la pluralidad y que todos los partidos dispongan de los escaños que obtienen naturalmente y que ninguna ley chapuza electoral como la que tenemos ahora impida que las voces y los votos correspondan de verdad a la representación que tienen en la sociedad y en las urnas. Es injustísimo que una ley electoral dictamine a favor del bipartidismo que se pierdan escaños para cederlos a los más votados. Como ha pasado con IU y UPyD en las elecciones pasadas. En realidad y a pie de voto, el pp no es mayoría absoluta, pero esa ley de marras lo permite.  Por eso aunque ese funcionamiento es teóricamente "legal" no es legítimo porque no se corresponde con la realidad. Debe cambiar urgentemente si no se quiere llegar a la abstención mayoritaria, que ya es cada vez más numerosa. Y más lo será porque si los ciudadanos se están viendo obligados a solucionarse todo lo que antes hacía el estado, el estado se desmantelará por sí mismo, no sólo porque se privatice, sino porque se creará un régimen cívico y solidario independiente en paralelo, donde todo será economía sumergida, trueque y transacciones sin impuestos y dinero distinto y con otro valor, pero en realidad mucho más legítimo, honrado y coherente que pagar impuestos "legales" para subvencionar parásitos y desajustes sociales a la carta, corrupciones y chanchullos a capricho de los humores, intreses  y fijaciones de politicantes impresentables.

Cambiar o perecer. Ése es el futuro inevitable. El pp no lo ve. Debe irse.

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