jueves, 22 de octubre de 2015

Confesiones necesarias



Ya sabemos que el voto es secreto, pero hay veces en que ese secreto grita a voces hasta romperse. Eso me está pasando con IU. Un partido entrañable y muy querido, con sus cosas, claro que sí, ésas que no nos gustan, como le pasa a la familia. Hay cosas de nuestros padres, hijos o hermanos que tampoco nos gustan. Y sin embargo les quieres sin más, porque sabes que en el fondo hay un vínculo humano irrompible que permeabiliza el alma y la mente, por encima de los genes, y nos hace crecer juntos, porque sabes que en el fondo, bajo los defectos hay una bondad y una disposición generosa y abierta a cualquier causa noble para aportar lo mejor de cada uno, pasando por sacrificios y dificultades, pero sin perder el fuelle de la dignidad y de la honradez desde la base. Pues eso me pasa con IU. Ese refugio de la decencia, al que siempre acabas por votar, porque no encuentras mejores respuestas que las suyas. Porque cuando las ilusiones políticas sin fuste se descascarillan, ella, la sigla roja como la sangre y verde como la naturaleza en esplendor y como la esperanza, siempre sigue ahí. Vapuleada, minimizada, traicionada y hasta casi olvidada. A pie de calle. A golpe de lucidez y de revisión sincera, cuando se pone el dedo en la llaga. 

Estos días IU está siendo el apoyo generoso a Ahora en Común. Nos ha dado todo lo que tiene: la modestia de su local, la sencillez de sus medios escasos, pero tan generosos que crecen por arte de corazón. Nos ha dado su acogida y su dolor también, ese dolor que siente una madre cuando los hijos la critican,  no le perdonan un solo fallo y la juzgan con más dureza que a nadie. Cuando la quieren olvidar en un asilo o se burlan de ella llamándola vieja y desfasada...

Sin embargo, la generosidad del universo crece según se da. Y a IU le está pasando algo así. De repente la familia olvidadiza está recuperando la memoria y el recuerdo ahora y en común, en unidad popular. Y las semillas en peligro, están germinando de repente; unas primarias jalonadas de cuchilladas, de golpes bajos, de boicots, de zancadillas inexplicables, de cepos y bajezas increíbles, están demostrando que por encima de todo, los españoles de bien, siempre acaban por volver a casa y no se conforman con imitaciones ni sucedáneos en los burdeles del camino. La buena gente de siempre ha retomado el respiro y, con todos los medios en contra, han empezado a llover inscripciones en el censo de unas primarias por las que nadie daba ni un pensamiento. 

Los españoles de base saben cada vez mejor, según avanza la fofez de las ofertas electoralistas, que nadie da euros a céntimo. Y no han acabado de olvidar quiénes han estado desde siempre al lado del que sufre, al lado del desposeído, del pisoteado, del abandonado...dónde están los valores que hacen que la vida valga la pena, como la solidaridad, la empatía social, la cooperación, el esfuerzo diario por hacer que la vida sea un camino digno y no una condena a cadena perpetua si no se es rico y poderoso, donde se refugian  las posibilidades de conseguir el bien común, la justicia colectiva, la fraternidad de los sencillos, de los bienaventurados que sólo quieren el pan de cada día conseguido con su trabajo sin ser explotados cruelmente y sin amenazas. Son ellos, los que serenamente y gota a gota, han comenzado a apuntarse en el censo que ya parecía estar borrándose de la realidad.  

No se puede asolar ni derribar un patrimonio de la conciencia, una historia llena hitos inolvidables; IU ha sido, sigue siendo y será, con el nombre o el logo que sea, la construcción social y política de una conciencia ética y universal que nunca se puede perder. Sino que como el Guadiana, puede esconderse un trecho de tiempo, para salir a  la superficie con la frescura de sus aguas en medio del secarral, hasta hacer que crezcan juncos, helechos y árboles frondosos en sus orillas. 

Cada ficha de inscripción que pasa por las manos de los y las compañeras, cada fotocopia del DNI que llega y suma y confluye, nos llena de alegría, nos abre el camino y nos invita a seguir con todos y todas. Cada asamblea, cada reunión de comisiones y nodos, cada votación con que se elige algo, nos enciende el ánimo y nos ilumina los rincones oscuros del cansancio hasta hacerlo fluir convertido en  esperanza. Y a pesar de todos los pesares, y hasta fortaleciéndose con ellos, en plena resiliencia. 

Sí, hoy quiero contar y no dejar en secreto que mi voto será el 20 de Diciembre para IU, o para Unidad Popular. Yo, como los griegos o como los portugueses o como los ingleses, o como los noruegos, también quiero otra Europa, pero no una Europa como el chicle, que lo mismo hace un nudo que una pompa mientras pierde el sabor y la frescura, sino una Europa de sus pueblos soberanos, federal, trabajadora y fraterna, justa y honesta, que cuando consiga adecentar  Bruselas y los demás Estados, no vuelva a creerse la milonga de la OTAN económica ni la panacea de los bancos y las guerras.  Y esa Europa no la van a lograr los fantasmas de la viejoventud gattopardista, sino la ciudadanía libre, responsable de sí, igualitaria y sana. Donde el dinero, por fin, deje de ser un fin para ser lo que debe ser en realidad: un medio que representa el trueque entre bienes que se intercambian. Sólo eso. Y nada más. Es una utopía, ya lo sé, pero las utopías, lejos de ser un producto de la fantasía humana, son el corazón del futuro. Las vías por donde corre el tren de la evolución. No lo vamos a perder. Mientras vayan llegando fichas para el censo y siga habiendo cientos de personas pidiendo votar presencialmente, porque una mano negra les impide votar por internet, está claro que la utopía goza de una salud estupenda. E IU, respira y recupera el latido de ese corazón a la izquierda y el calor de su sangre roja. Eso que  todos los seres humanos llevan dentro sin poder evitarlo.

La banca y el poder neoliberal han hecho y están haciendo todo lo posible por favorecer y facilitar la desaparición de IU, del último baluarte de la honestidad social y política, que se ha venido llamando izquierda hasta que los alevines de la trepa política del "recambio biparty" la han dejado en el desván.
Los poderes económicos han conseguido que el miedo deje a Syriza en stand by  y lo mismo que en el 78 auparon en España un socialismo artificial para dejar fuera de juego al socialismo real que había mantenido en alto y clandestino los valores de la izquierda, con condenas a muerte y cadenas perpetuas para los militantes que caían en manos del sanguinario dictador, ahora con los descafeinados podemitas y naranjitos, los pitufos teledirigidos de la guardería oligócrata, están intentando con bastante aceptación de la credulidad general, que se recree un nuevo episodio setentayochista. Pero los tiempos han cambiado y ellos no. Se les ve el plumero aunque intenten pintarlo de innovación y "revolución" involutiva. Hacia atrás como los cangrejos. Huele a podrido sin que pueda evitarse. Se han olvidado de unos detalles importantes : Luis XIV, el absolutista por antonomasia con un ego como Nôtre Dame por lo menos, ya llevaba coleta. Y el discurso económico de Rivera es el mismo del de López Rodó, -por ejemplo-, un ministro franquista. Sólo hay que mirar hemerotecas para reconocer lenguajes y pasos atrás.

Estoy segura de que, a pesar de lo que cuentan las encuestas, el 21 de Diciembre, España, al despertar, habrá dejado de ser la vergüenza de la Europa del Sur. Habrá recuperado a la madre olvidada. La dignidad y la decencia en la unidad de lo plural y lo honesto. El sentido ético de la democracia y el timón perdido de su triste historia. Y poco a poco pasará de ser las arenas movedizas  de Gran Hermano y Sálvame a ser la tierra firme de Salvados.



                                               
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