miércoles, 13 de noviembre de 2013

13 nov 2013

Vicenç Navarro
Catedrático de Políticas Públicas. Universidad Pompeu Fabra, y Profesor de Public Policy. The Johns Hopkins University


Hoy podemos encontrar el término “populismo” con gran frecuencia en los discursos políticos y en la narrativa mediática. En general, se utiliza para definir aquellos movimientos que son percibidos como una amenaza para los establishments financieros, económicos, políticos y mediáticos del país. Bajo tal rúbrica aparece una enorme variedad de movimientos pertenecientes a múltiples sensibilidades políticas. Así, se ha identificado como populismo al partido de ultraderecha fundado por Le Pen en Francia, al movimiento de Beppe Grillo, de izquierda liberal, en Italia, al movimiento 15-M en España, de clara orientación progresista, lo mismo que ocurre con el movimiento Occupy Wall Street en EEUU, al que se le define también como populista. Y este término también se utiliza para definir a los movimientos fascistas que están apareciendo en Europa, al Tea Party, al movimiento pro Berlusconi, y un largo etcétera.
Puesto que tal denominación abarca a un grupo tan variado, que incluye sensibilidades no solo diferentes sino incluso contrarias y opuestas, parecería que el contenido no es el determinante que justifica esta definición. Podría serlo, pues el estilo de estos movimientos que son percibidos como irracionales, altamente emotivos y amenazantes al orden. Su carácter teóricamente contestatario con el sistema dominante parecería ser una característica común de estos movimientos. Pero esta característica tampoco parece ser suficiente para catalogar a un movimiento como populista. Después de todo, hay partidos políticos que se presentan como revolucionarios (bien de derechas, bien de izquierdas) en un intento de cambiar profundamente las sociedades donde existen, y en cambio, no se los define como populistas.
En ocasiones se han considerado populistas movimientos como el peronismo, que movilizan a grandes sectores de la población alrededor de un personaje carismático que se percibe como el portavoz de demandas populares, y que se transmiten de las bases al líder carismático, directamente sin canalización de partidos políticos. Pero bajo esta definición, al movimiento de derechos civiles de EEUU liderado por Martin Luther King también podría habérsele definido como populista y pocos lo han considerado como tal.
Entonces, hagamos la pregunta de nuevo, ¿qué es un movimiento populista? Y la respuesta la encontrará, no en el sujeto definido —es decir, en el movimiento llamado populista—, sino en el definidor, es decir, en la persona que define al movimiento como populista. Este término es, ni más ni menos, que un insulto que tiene como objetivo expresar desaprobación con dicho movimiento. Y puesto que hay un número creciente de movimientos que son del desagrado de los establishments citados anteriormente, el número de movimientos populistas ha crecido exponencialmente. Así de claro.

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