martes, 5 de noviembre de 2013

La wertiada: esa epopeya en busca del héroe perdido

Wert deja tirados a miles de estudiantes Erasmus con el curso iniciado: "Nos han engañado"

Educación cambia la forma de otorgar sus becas a los estudiantes que ya están en el extranjero
Solo tendrán la ayuda del Ministerio los alumnos que ya hubieran obtenido beca del Gobierno el curso pasado
"Nos han engañado con el curso empezado. Dos meses después. Si sé esto no vengo". (eldiario.es)
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En defensa del farolillo rojo

EL PAÍS

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En las cosmogonías y mitologías de la historia de la humanidad, siempre ha sido fundamental el rol pedagógico del héroe, del ser prometeico que era el bastión de los valores humanos más importantes: el coraje, la justicia, la generosidad, la inteligencia, la belleza, la seducción, la prudencia, la creatividad y la pericia, las habilidades sociales para dar la vuelta a las situaciones imposibles aparentemente, que con el heroísmo de los 'aristoi', o sea, de los mejores, se convertían en caminos de altísima realización y prestigio legendario.

Pero eran tiempos de estreno, iniciales, de descubrimientos de las obviedades, de cierta inocencia a lo bestia, que se sorprendía  y aprendía de todo. Era fácil creer en la estela magnífica de los relatos apócrifos como si hubiesen acontecido al lado de casa. La tradición oral de los aedas, primero, que eran los juglares del momento, los ciegos cotillas de antes, que iban de pueblo en pueblo contando epopeyas imposibles de imaginar para los sencillos pobladores tribales o mínimamente cuidadanos de la 'polis', y luego las religiones y sus sacerdotes enteradísimos de los pormenores divinos, fueron los portavoces del engranaje psico-emocional de la humanidad. Hasta la edad contemporánea, donde ya no hay nada más admirable que la figura del chulo, del trepa, del piraña, que es justamente el resumen deteriorado de la cara oculta del heroísmo. Porque realmente el mérito del héroe era que no sólo había nacido con dotes y cualidades especiales, sino que había sido capaz de neutralizar con ellas el lado más feo y desagradable de su personalidad, que de vez en cuando daba algún zarpazo que otro, aunque siempre terminaba vencida por la excelencia de una superación consciente, madura y por ello, heroica. Pasaba pruebas, tentaciones y batacazos, pero él seguía adelante sin que los reveses le atrapasen en su red paralizante.

Ahora de eso, nada. El héroe de hoy es el villano de ayer. El lado más miserable y torpe de los seres humanos triunfa a pleno éxito sobre el lado más noble y espléndido, que ya ni se ve ni se nota; y cuando hay algún amago de vislumbre, sólo hace un ridículo de campeonato.
Hoy a Victor Hugo, sin ir más lejos, no le habrían publicado ni un anuncio buscando ligue. Su Jan Valjean hubiese acabado siendo el alcahuete y el soplón del comisario Jalavert (huy, sólo por una letra no es Jala-wert...) y el viejo gruñón de Dickens en Cuento de Navidad, habría exterminado a su barrio entero. Hoy Don Juan Tenorio sería Ciutti y La Celestina, Melibea. Los héroes de Hamlet serían la traidora Gertrudis y su cuñado el fratricida Claudio. Otelo, sin contemplaciones, habría sido eclipsado desde el principio por el maravilloso Yago y Sócrates sería un pringao listo para el olvido, pero sus asesinos serían los inventores de la mayéutica que le habrían copiado y de la LOMCE que nos está fundiendo como sociedad sana y normal, aunque ya hay antecedentes históricos en la religión: el fundador del catolicismo fue Judas y Jesús de Nazaret, el gran olvidado y relegado a litúrgico y teológico papel envolvente del caramelo contaminado, que con el helenismo  se dio en llamar eklesía. Sólo Cervantes acertó  en el cierre del Quijote: Alonso Quijano, moribundo, recobra la lucidez y se arrepiente de sus locuras novelescas, mientras Sancho despierta y le anima a recuperar la fuerza de la hidalguía, la armadura, el yelmo, el escudo, la lanza y a Rocinante, a Dulcinea y los caminos del mundo. A no morir así, en la cama, como los resignados ylos dictadores en formol cutrefacto. Sino a vivir de pie hasta el final, como los héroes de antes.

Pero ahora estamos en la era de Srek y de Halloween. Ahora el Rey Arturo y la Reina Ginevra serían  su malestad  don Juancar y la Corinna de turno, Sofía sería Morgana, Mario Conde hubiese sido Lanzarote del Lago y los demás componentes del consorcio serían Urdangarín, la Infanta, Letizia y su chico, Marichalar y su Elena, estos dos, a distancia como la UNED. Y Merlín sería un híbrido entre Botín, Rato y el Banco de España. Todos para uno y uno para todos.
Los mosqueteros de Dumas, serían Rajoy, Fabra Carlos, Cospedal, Villalobos, Aguirre, Aznar, Rosa Díez, Gonzaguerra, Bono y el secretario del PSOE en Castilla-La Mancha. D'Artagnan, Rubalcaba. Y el  Conde de Montecristo, más que obviamente, Bárcenas.

Ahora el héroe es el monstruo wertde que, de eructo en eructo cognitivo, convierte en papel higiénico los relatos demasiado elevados para sus entendederas y las leyendas de altos vuelos que le parecen inutilidades y diversión para niñatos del Erasmus, mientras consigue que la Bella Durmiente de la Docencia Decente se convierta en una repulsiva y redundante flatulencia existencial. Y que trepando a calzón quitado, logra, con la magia de Harry Potter, ser ministro de Educación y Cultura, justamente para cargarse a fondo perdido, perdidísimo, ambas materias primas del mejoramiento humano.

Homero, hijo mío, menos mal que naciste entonces. Porque si llegas a nacer ahora no te comes una rosca con ese estilo tuyo tan hermoso, épico y musical, te hubiesen recortado las tablillas y los punzones braille y hasta los versos recitados. Y te hubiesen cobrado un impuesto añadido por poner en palabras la leyenda de Troya y sus... ¿héroes?, no, demasiado para ellos.  Lo hubieses tenido dificilísimo para inspirarte en un Camps, un Feijoó, un Gallardón, una Ana Botella o una Rita Barberá que a los "poderes del Imperio" les pareciesen dignos de ser inmortalizados por algo más que por los archivos de la Gürtel. Ésa sí que es la Epopeya Incompleta, como la sinfonía de Schubert, pero en lastimosa y patética versión Porrompero.








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