martes, 31 de octubre de 2017


Declaración de independencia y "coacción federal": la confluencia de dos espejismos




La Plaza de Sant Jaume en la mañana del 28 de octubre. Foto: José Precedo
La Plaza de Sant Jaume en la mañana del 28 de octubre. JOSÉ PRECEDO
El espejismo es una “ilusión óptica…que proporciona una imagen invertida de objetos lejanos”, ilusión que desaparece con la proximidad. Con estos términos lo define el Diccionario de la RAE, que añade una segunda definición en sentido figurado: “ilusión de la imaginación”.
Como fenómeno físico, como “ilusión óptica” es un fenómeno exclusivamente individual, carente de dimensión social. Como “ilusión de la imaginación” no tiene por qué serlo. Una sociedad puede verse afectada por una “ilusión de la imaginación” y actuar de conformidad con ella. Las consecuencias suelen ser adversas cuando no directamente catastróficas.

El Brexit es el ejemplo más reciente de la dimensión social de un espejismo y de la catástrofe que puede provocar. La “ilusión” con base en la cual los ciudadanos británicos adoptaron la decisión de abandonar la Unión Europea, se ha ido desvaneciendo a medida que la separación tiene que materializarse. El Brexit se está revelando como un “concepto, imagen o representación sin verdadera realidad, sugeridos por la imaginación o causados por engaño de los sentidos”, que son los términos con que el Diccionario de la RAE define el término ilusión.
En España hemos estado a punto de deslizarnos hacia una catástrofe de proporciones similares como resultado de la confluencia de dos espejismos con dimensión social: el espejismo de la declaración unilateral de independencia por parte del nacionalismo catalán y el espejismo de la coacción federal por parte del Gobierno de la Nación, acompañado en esa ilusión por el PSOE y Ciudadanos.
La declaración unilateral de independencia de Catalunya es un espejismo. Mucho más que el Brexit. El Reino Unido de la Gran Bretaña ha sido la cabeza de uno de los más grandes imperios que se han conocido a lo largo de la historia y continua siendo un Estado con todos los atributos propios de esta forma política. Ha sido además un país cuya economía y sociedad han estado relativamente poco integradas en el continente europeo hasta fecha relativamente reciente. Cuando Keynes publica en 1920 su libro sobre “Las consecuencias económicas de la paz” (recomiendo su lectura en este momento) dedica la primera página a subrayar que, a diferencia de lo que ocurre en el continente en donde todos los países constituyen una unidad dada la estrechísima relación que hay entre todos ellos, no ocurre lo mismo con el Reino Unido, que forma parte de Europa, pero de una manera muy distinta. Hoy ya no es así y, posiblemente, si Keynes viviera, sería el primero que consideraría que el Brexit es un disparate.
Catalunya no ha tenido respecto de España ni siquiera la distancia que tuvo en el pasado y que ya no tiene el Reino Unido respecto del continente europeo. La integración de Catalunya en España no es menor que la de las demás nacionalidades y regiones que la integran. Y esa integración forma parte de su constitución material de la misma manera que el nacionalismo catalán forma parte de la constitución material de España. Dicha integración la está poniendo de manifiesto la división de la sociedad catalana cuando se ha intentado activar la independencia de Catalunya. Catalunya está dividida en dos mitades. Lo que para un 47 % de los electores es un sueño, para el otro 47% es una pesadilla. Se repite elección tras elección, se ha repetido en los datos de participación de los dos referéndums y empieza a repetirse en el ejercicio del derecho de manifestación, que se traduce en actos de magnitud parecida. La evidencia empírica de que disponemos nos indica que la independencia de Catalunya supondría la desintegración de la sociedad catalana realmente existente.
En el marco de la Unión Europea, que es el único marco en el que es posible la afirmación de un país europeo como Estado independiente, una declaración unilateral de independencia es una contradicción en los términos, es conceptualmente inimaginable. La Unión Europea no es un Estado, sino una Comunidad Jurídica carente de los atributos propios del Estado como forma política. Y en una Comunidad Jurídica la unilateralidad está excluida por principio. La Unión Europea no puede ni siquiera crear derecho unilateralmente como hacen los Estados miembros. La vida de la Unión Europea consiste en una cadena ininterrumpida de relaciones jurídicas, en las que, por definición, la unilateralidad no tiene cabida. Ni en la Unión ni en cada uno de los Estados miembros.
En la parte occidental del Continente Europeo donde nacieron las Comunidades Europeas, que acabaron convergiendo en la Unión Europea, la declaración unilateral de independencia es un fenómeno del siglo XIX o, en todo caso, anterior a la Segunda Guerra Mundial. A estas alturas del guión, no puede hacer su entrada en escena.
Pero si espejismo es la declaración unilateral de independencia, no lo es menos la coacción federal. El ejercicio del derecho a la autonomía por los ciudadanos de Catalunya mediante sus representantes democráticamente elegidos no puede ser sustituido por la dirección política desde el exterior de manera coactiva.
Intentar gobernar Catalunya desde el exterior recurriendo de manera inevitable y progresivamente más acentuada a la coacción, conlleva la destrucción del Estado de las Autonomías tal como lo hemos conocido.
Ni la independencia unilateral ni la coacción son alternativas creíbles para enfrentarse al problema de la integración de Catalunya en el Estado. Lo acabamos de ver en este fin de semana. Se ha producido una declaración unilateral de independencia y no ha pasado absolutamente nada. Catalunya no se ha aproximado ni un milímetro a la condición de Estado independiente. Sigue estando, política y jurídicamente, en la misma posición en que estaba antes de la declaración, ya que no ha tenido reconocimiento por parte de nadie.
A la declaración de independencia del nacionalismo respondió el Gobierno con la activación de la “coacción federal” en el Senado por la mañana, para anularla en la práctica por la tarde con la convocatoria de elecciones. Lo que en el discurso del Presidente del Gobierno ante el Senado era el punto de llegada tras la restauración de la normalidad, se convirtió en el mensaje televisado por la tarde en el punto de partida.
La convocatoria de elecciones supone la anulación en la práctica del 155 CE. Supone el reconocimiento de que en la práctica no se puede hacer uso de la misma, porque supone el fin del Estado de las Autonomías que con dicha coacción se pretende proteger.
Afortunadamente, el Presidente del Gobierno lo ha entendido así y ha corregido su posición de por la mañana. La convocatoria de elecciones impone dos meses de tregua y acaba con una manifestación de voluntad del cuerpo electoral, que se va a producir después de que se hayan desvanecido los espejismos y, en consecuencia el derecho de sufragio va a ser ejercido por unos ciudadanos más informados, más preocupados y más movilizados de lo que hayan podido estarlo en cualquier lugar del mundo en cualquier tipo de consulta.
No son malas circunstancias para encontrar una salida.  

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Comparto este análisis del señor Pérez Royo. Podría haber sido peor, desde luego. Pero, además de los hechos hay más cosas a tener en cuenta, que también están ahí: las consecuencias de todo este proceso, los traumas políticos y sociales que ha producido que no se quitan por el hecho de que se hayan convocado elecciones mientras se interviene la gestión del gobierno catalán por los sumos sacerdotes del Imperio Haciadiós y arriba España, se cazan presos políticos y huye el Govern en plan refugiado político, cuando ve lo que se juega y pierde por los dobles sentidos del sí pero no de ida y vuelta. Quedan pendientes las responsabilidades que se deben asumir con honestidad y sin prepotencia ni porcojonismo, tan español y tan cerril. Tan machista.Lo más inteligente sería la generosidad y la conciliación en un encuentro para marcar un fin de la incomprensión sin revanchas ni cuentas pendientes y un comienzo de la convivencia desde otro plano mucho más razonable y acogedor. Por desgracia el pp no cuenta entre sus virtudes ni con la inteligencia ni con la generosidad ni la con empatía. Su lema lo dejó clavaíto Gallardón en este mantra magistral: gobernar es producir dolor.

El gobierno de los pueblos y naciones no puede ser una berrea de ciervos ni una pelea de gallos. El ser humano además de hormonas y neurotransmisores que le hacen capaz de accionar y reaccionar por instinto, tiene una mente capaz de pensar, una voluntad capaz de realizar y una conciencia capaz de distinguir entre la ética y la mećanica del deseo y del interés oligárquico y mercantilista, más la activación constante del bien común y del PIB de felicidad social necesaria para la vida y el desarrollo humanos. 

Convocar elecciones así sin más, después de la sarta de daños y torpezas ejercidas con saña y dureza impensable en una democracia de verdad, es como poner una tirita en el corte de una operación quirúrgica en vez de puntos para coser, y pretender que la sutura funcione adecuadamente y no se abra de nuevo al menor movimiento. Va a hacer falta un largo tratamiento para que la normalidad aparezca y no será posible si no hay cambios decisivos en la actitud del gobierno central. Sería genial que los santos católicos que se celebran mañana hiciesen un milagro intensivo y diesen la vuelta como a un calcetín al gobierno y al pp, a c's y al psoe (con éste lo tendrían más fácil porque se apunta a un bombardeo, si eso le da puntos para seguir siendo la cara b en la reserva espiritual del biparty), pero los milagros tienen una condición imprescindible para hacerse realidad: que los interesados, enfermos y deficitarios, reconozcan sus carencias y miserias y deseen curarse, cosa en que ni pp, ni c's ni psoe parecen estar por la labor. La culpa de todo la tienen Venezuela y Podemos. Lo demás son serpentinas de verbena. Y de Cataluyna si eso, ya se encargan Cospedal, Piolín y los fachirulos de las banderas a ostias, si la cosa no amainase comme il faut.

En este intermezzo patético que hemos vivido desde septiembre hasta hoy nos han quedado claras algunas cosas: que un gobierno formado por personas impresentables, corrompidas hasta las cejas y aferradas al poder como a un salvavidas, capaces de pisotear y escarnecer la Justicia, de abusar del poder que se les ha cedido para servir y no para mandar lo que les viene bien a ellos y a su montaje, sin tener en cuenta las consecuencias de sus actos y omisiones, que desprecian todo lo que no viene de ellos, que ni siquiera se plantean preguntar, escuchar ni dialogar, sino que sueltan sus determinaciones sin contar con la realidad que les rodea, y que esa misma sintomatología se convierte en paradigma holográfico en una autonomía que se quiere independizar, con un gobierno autonómico que hace lo mismo en versión propia, en un contexto que demuestra la inutilidad de un sistema oligárquico que acaba siempre en el enfrentamiento de intereses implicando la emocionalidad y las ilusiones vacías de contenido real de unas masas alienadas por el nacionalismo con los mismos colores repartidos en más o menos barras, esteladas y estrelladas contra la misma piedra de la Realidad con mayúscula, a las que no se les permite ejercer como ciudadanía sino sólo votar como rebaño que bala, con la $ colgando del palo en plan zanahoria, es un sistema absolutamente incompetente e incapaz de afrontar y gestionar unos acontecimientos políticos y económicos que lo desbordan por todas partes. Hay que jubilar YA gobierno y sistema. Y sustituirlos por otros nuevos y limpios. Capaces e inteligentes, que no confundan la fuerza impositiva con la capacidad política, tanto legislativa como ejecutiva y judicial, sin montar merengues y ollas podridas entre los tres poderes fundamentales en los estados democráticos y de derecho sin retorcer.

¿Qué hará este pueblo dividido por un río, pero unido por la misma península y la misma manipulación en dos lenguas del mismo tronco original? ¿Quienes lo salvarán, los Piugdemont prófugos, los Albioles, las Arrimadas, las Forcadells, los Junqueras, los Rufianes, las Gabrieles, los Icetas, los Jordis entre rejas, los Coscubielas, los Pujoles y los Mas o menos y los mossos? o ¿tal vez las Sorayas y los Rajoys aun en inexplicable libertad y aún menos explicable ejercicio político, los Montoros, las Cospedales o los fiscales Azas, la policía y la guardia civil, las cloacas de Interior con el Ángel Marcelo al mando y la Virgen bendiciendo el cotarro? Ninguno de ellos podría hacerlo. Es imposible que un entramado político destrozado internamente por la corrupción más terrible que es la que ni siquiera se distingue de la 'legalidad' vigente legislatura tras legislatura y, por eso mismo, sin capacidad para reconocer su propio agotamiento e ineficacia más que comprobada, pueda resolver la demolición que  él mismo está llevando a cabo con una persistencia asombrosa e imparable. Y hasta obsesiva. 


A este pueblo de pueblos, sólo lo puede salvar el pueblo. O sea, él mismo, ellos mismos, ellas mismas. Lo que ya no se puede predecir es lo que tardará en despertarse y reaccionar ante el marasmo ni cuántos palos tendrá que aguantar hasta que se espabile. Tendrá que aprender a distinguir entre comodidad-finiquito ovejil y libertad-igualdad-fraternidad y derechos humanos. Tendrá que aprender a escuchar y a observar qué dicen los partidos políticos y sobre todo cómo actúan y cómo viven sus predicadores, qué hacen, cómo aplican sus palabras a la realidad cuando y donde gobiernan.
Si un ayuntamiento de Unidos Podemos hace posible el fin de la corrupción institucional, la igualdad de oportunidades, el fin de la miseria energética, la reducción del déficit, los comedores escolares, la atención humanitaria, el fin de los recortes, la ciudad habitable y menos contaminada, las cuentas claras, la destitución instantánea de corruptos e indecentes en cuanto se descubren, si la atención médica en la sanidad pública mejora visiblemente, si los centros de cultura se ponen en marcha, si las escuelas en barracones van desapareciendo como negocio municippal y se van construyendo escuelas, si las ciudades y pueblos entran en una dinámica ecológica y de convivencia mucho más amable, si la huerta y el campo adquieren el valor que tienen de verdad para la vida y se ayuda a los productores fomentando agricultura ecológica y las energías renovables, si se potencian alternativas al tráfico contaminante, si los ayuntamientos y comunidades autónomas que eligen ese tipo de política se niegan a trabajar con entidades bancarias y empresas maltratadores de los ciudadanos, que deben cambiar sus métodos para poder negociar con entidades públicas en las que la transparencia es como el aire para respirar ¿por qué votar a las mismas formaciones que han provocado y mantenido tantos años una orbita insensata, injusta y destructiva, como el pp en Madrid y el PDCAT en Barcelona? 

Con políticas ejemplares y humanizadas no hay necesidad de secesiones ni de rupturas de ningún tipo. La cooperación brota como un hecho natural, -lo mismo que el conflicto mana naturalmente de la injusticia- la da el clima y la produce la salud social de una conciencia colectiva auto-orientada al bien común. Quien prueba gobiernos así no vuelve hacia atrás como los cangrejos. Hay que darse la oportunidad de probar cosas mejores, sobre todo viendo como están funcionando las comunidades y municipios del cambio -a pesar de todas las trabas del "enemigo" gobierno central y sus tentáculos extendidos a amplios sectores de la administración que obstruyen y fastidian lo que pueden hasta que se les descubre como quinta columna ppera y se pasa de ellos, que es la mejor forma de inutilizar sus enjuagues-.

Los catalanes lo tienen genial en Diciembre para dar forma a una Catalunya en Comú de verdad. Son muy inteligentes, muy prácticos y sabrán elegir lo mejor para todas. De hecho por eso tiene alma republicana, algo que les atrae y fundamenta aún más si cabe que su catalanismo. Tengo la seguridad de que si el catalanismo se rayase de repente y  quisiera un rey en catalán, se acabaría ipso facto. Eso tiene que entenderlo la España profunda de Dios Patria y Rey.

Y desde luego no van a ser Albiol, Arrimadas ni Iceta que se han quemado en la pira del pp. Posiblemente tampoco sea PDCAT con el curriculum que lleva encima de recortes y barbaridades corruptas sin límite. Esquerra, que es lo más catalán de todo, se ha pasado diez pueblos con la incapacidad para detectar el momento histórico adecuado para lo suyo, muy legítimo, pero fuera de tiesto en el contexto que nos aflige; la CUP  va por el anticapitalismo solidario que encaja muy bien en una república y es imposible en una monarquía, y  con En Comú, que es de vocación republicana total, serán las posibilidades que tendrán más tirón. Y será una suerte que así sea. Sería un resultado estupendo a la portuguesa, que hubiera sido genial y  que ya podría estar funcionando, con un partido socialista de verdad, pero que resulta imposible con estos posos pegados al fondo de la taza rota. Quizás si en Catalunya hubiese alguien con la sensibilidad política y el ojo temporal de un Ximo Puig, quién sabe...Ya veremos. Lo del Psoe no es fácil, Sánchez de ésta no lo cuenta, se ha quedado a cero en credibilidad sostenible y una tercera oportunidad no cuela en la urnas aunque cuele en Ferraz a falta de algo mejor, y de momento Pérez Tapias, que sería lo más potable para el proyecto, is out at the moment. El psoe ha quemado las naves de su ya exigua credibilidad con su apoyo incondicional al pp y su desprecio a esa izquierda real y palpable de la que asegura ser la exclusiva mientras ha pinchado el globo. No hay peor propaganda que vender la piel del oso antes de fusilarlo.


Así que el pueblo será el árbitro de sí mismo. No le queda otra. Ser o no ser. Esa es la cuestión en la que nos jugamos el presente y el futuro si seguimos drogados por el pretérito imperfecto de subjuntivo del mismo verbo ser con un ojalá como sujeto dadaísta.




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