miércoles, 23 de octubre de 2019

¿ Y si todo bajase de revoluciones y empezase a destensarse por el simple gesto de que Sánchez coja el teléfono cuando le llama el todavía President Torra? Los problemas nunca son unilaterales. Pero la unilateralidad cerril sí que es el problema más grave cuando no se es una dictadura, claro. Dos no se enfrentan si uno no le sigue el juego y en este caso, el juego es precisamente negarse a escuchar, a preguntar y a construir en vez de demoler, desde posturas irreconciliables y dogmas intocables, que Torra aprovecha estratégicamente para dejar en evidencia quién es el que no quiere escuchar i arreglar nada si no es a lo bestia cenutria. En plan Rajoy. El independentismo es una fijación dogmática sacralizada y el nacionalismo estatal irrevisable e intangible es otra, exactamente igual. En este momento, ninguna de las dos opciones es razonable ni recomendable para el estado y la ciudadanía ni para la democracia, los derechos básicos y la dignidad del alma y del cuerpo colectivo. Todas las cuestiones de Iñaki en este comentario son impreguntables sin coger el teléfono cuando llaman a Sánchez desde la Generalitat para preguntar o para responder. No es posible gobernar en democracia si solo se escucha a los que nos dan la razón. Para eso, ya tuvimos al exhumando como maestro y al pp como alumno aventajado. Del Psoe esperábamos algo mejor. Pero, según pintan bastos y espadas monclovitas, si no lo remedian antes del hostión del progresismo, va a ser que no. Y todo gracias a un presidente en disfunciones. Sánchez, bonico, ¿estás seguro de que tu coach no es un comando infiltrado del pp o c's? A lo mejor es a él al que no deberías cogerle el teléfono y mucho menos pedirle consejo. Viendo lo que hay, yo que tú, me mosquearía muchísimo, y con unas elecciones dentro de cuatro días, ya ni te cuento.Y en el peor de los casos, la peor hipótesis: a ver si el comando del trifas resulta que eres tú y ni siquiera has caído en la cuenta, carinyet



¿Incongruencia o provocación?







El desafío no remite. El independentismo catalán vuelve a enfrentarse al Constitucional. el Parlament ayer una propuesta de resolución de ERC, JxCat y la CUP para, además de rechazar la sentencia del Supremo, reprobar al rey y reclamar la autodeterminación. Los letrados del Parlament advirtieron del riesgo de incurrir en delito de desobediencia. Acto seguido, sin apreciar la menor incoherencia, el Parlament exigió una solución democrática.
Para saber en qué márgenes nos movemos, el independentismo debería aclarar unas cuantas cosas. En especial, Esquerra, que parece ser el partido llamado a liderarlo: ¿Quiere el diálogo para negociar una solución o para dar forma a una decisión que ya ha tomado? ¿Podría darse alguna solución democrática distinta de un referéndum de autodeterminación? ¿Una reforma del Estatuto de Autonomía, por ejemplo, o eso ya se considera superado? ¿Una reforma de la Constitución o tampoco? ¿Alguna reforma que suponga seguir formando parte de España y respetar su marco legal básico, por ejemplo, el punto 3 del artículo 1º de la Constitución, el que dice que la forma política del Estado es la monarquía parlamentaria o eso ya está descartado y no admite marcha atrás?
Estos interrogantes responden además a una perspectiva de parte porque el problema que debe ser solucionado democráticamente, ¿cuál es exactamente? ¿el problema que tiene el independentismo catalán con España o el problema que tiene Cataluña incluyendo los catalanes no independentistas? Necesitamos precisar bien las preguntas antes de buscar las respuestas. La resolución de ayer en el Parlament nos muestra que el diálogo, que es el único camino de futuro, es completamente imposible en las actuales circunstancias. Enfrentarse al Constitucional y pedir al mismo tiempo soluciones democráticas es más que una incongruencia: es una provocación.

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