martes, 8 de octubre de 2019





El prestigioso historiador británico Simon Schama escribió este fin de semana en el Financial Times un magnífico artículo titulado, '¿Quién habla en nombre de la gente'. Expresaba su preocupación por los nuevos liderazgos que están lesionando las instituciones democráticas apoyados en una idea tóxica: su conexión directa con la voluntad popular. Menciona específicamente a Boris Johnson y a Donald Trump, pero alude a una ola que llega muchas orillas, la gente contra el Parlamento, con la gente contra la élite, la voluntad directa de la gente por encima de sus representantes, por encima de la ley.
Pensamiento que venden como una versión avanzada de la democracia, pero que muy al contrario puede llevarla a la destrucción. Schama recuerda que fue Polibio en el siglo segundo antes de Cristo el que puso nombre a ese arrastre de los demagogos: oclocracia; gobierno de la muchedumbre, de la masa, del gentío, que consideraba una forma de degeneración de la democracia.
Simon Schama subraya además un aspecto singular de la oclocracia moderna. Singular y muy peligrosa. Los actuales líderes demagogos hablan en nombre de su pueblo. Llaman traidores a los que se atreven a oponerse a la voluntad del pueblo, pero resulta que sus pueblos están divididos, profundamente divididos y por lo tanto, los mesianismos los dividen aún más.
No sé si ustedes conocían este termino: oclocracia. Yo no, pero sí muy bien el concepto que más o menos velado ha tenido entre nosotros defensores muy notables. Ya hemos comprobado la capacidad disolvente de este tipo de apelaciones que sospecho se van a reproducir con la sentencia de una sentencia del procés. Una sentencia que desde una orilla y desde su opuesta muchos parecen creer que se ha de dictar por aclamación popular.
Postdata para recordar a Pepe Oneto, uno de los principales notarios de la Transición y de cuanto ha ocurrido en España desde entonces. Un ejemplo de lucidez periodística y de amor a la vida y un muy querido amigo.

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Querido y entrañable Iñaki, hay que tener un cuidado especial con los espejismos de la demagogia, -aunque los refleje el Financial Times-, una triquiñuela  aun más vieja que la oclocracia, una de sus criaturas favoritas.  Demagogia en griego es engañar al pueblo para manejarlo mejor por parte de los gobernantes con todos sus recursos mediáticos y la amenaza de una oclocracia de propina como espada damóclea, esa oclocracia (oclos:multitud,cracía:ejercicio de poder)  -el término usado por Polibio para definir un más que ilusorio poder de las masas-  es la forma preventiva de meter miedo a las élites y de rebote a los pueblos, ante la posibilidad absurda de que se pueda constituir un trastorno catastrófico de masas desatadas. Demagogia y acojonar con la oclocracia son dos caras del mismo sistema en la gens política de toda la vida.
Un ejemplo al respecto lo tenemos en la Guerra Civil española de 1936, provocada y tramada sottovoce  por las élites monárquicas del poder que pasó de la dictadura del general Primo de Rivera, compatible con la monarquía,  a la Falange terrorista de su hijo José Antonio, a tiro limpio por las calles, cuando ya su papá había muerto en París después dejar España al borde del abismo entre una monarquía cadáver y una república a estrenar y sin raíces sociales, sin saber qué era el laicismo, ni la democracia ni el derecho a la alfabetización y a no pasar hambre ni miseria, con la instauración de la república en 1931 por medio de las urnas y no de la revolución armada, pero en manos económicas e ideológicas de unas clases dominantes que se vieron desposeídas por el nuevo régimen de su patrimonio manipulador exclusivo secular. Desde el primer momento se dedicaron a minar la democracia con provocaciones y actos violentos, a crear problemas cada vez más graves al gobierno republicano, que no tenía experiencia alguna en gobernar, nunca le habían dejado hueco para hacerlo, precisamente siguiendo los consejos de esa especial negrura tan de tizne y tan española, de verlo todo fatal antes de que ocurra algo diferente a la rutina habitual.
Es muy recomendable, a este respecto, la lectura o repaso, del libro impecable del profesor universitario, catedrático de la Complutense e investigador, Ángel Viñas, ¿Quién quiso la guerra civil? Un buen tratamiento para la amnesia histórica, que a lo mejor le sentaría de lujo leer al articulista que comenta Iñaki. Porque, afortunadamente,  el mundo no se reduce a USA y UK. Hay muchísima tela que cortar y  muchas conexiones en el resto de la historia humana. No hay mejor tratamiento para la fake memory, que la verdad de los hechos con sus fechas y sus fachas, con sus fallos y sus fullerías, con sus juegos dobles y sus leyendas medio pensionistas.

Los que nacimos en la posguerra española nos encontramos un mundo de miseria civil, de miedo a respirar y a significarse socialmente si no era para aplaudir a SE el Jefe del Estado, entre altares, palios, sotanas, procesiones y silencios inexplicables cuando preguntabas qué era un "rojo", qué era el "maquis" , quienes eran los milicianos, por qué algunas mujeres estaban peladas al cero y  las demás no, por qué tanta gente estaba en la cárcel, por qué tantas casa en ruinas en algunas zonas de la ciudad, por qué había mendigos por las esquinas, en las puertas delos bares y de la iglesias sentados en el suelo, con las piernas cortadas, y las respuestas eran supermarcianas. Un escenario espantoso que se nos presentó como única interpretación de la realidad, y ahí nos quedamos años y años, en un suma y sigue disparatado, luego algunos pudimos estudiar y encontrar algún profesor que se jugó el tipo, la carrera  y hasta la vida, por explicarnos qué eran en realidad aquellos "25 años de paz", con la explicación de la Historia real y dándonos con ello un ejemplo de valor y responsabilidad; dicen los psicólogos que las primeras impresiones de la infancia se quedan para siempre en el inconsciente humano y seguramente es verdad. Sólo que en algunos casos se afrontan, se reconocen, se disuelven y se sacuden como una alfombra llena de pelusas, pero en otros se asumen como algo normal y ya está, entonces se nos transforman en visión habitual del mundo for ever, pasada por el cliché de una infalibilidad pontificia. Certificada. Y llega un momento en que como le pasó a Unamuno no se tiene más remedio que elegir aunque eso cueste la marginación, el descrédito social, el aislamiento, la depresión y hasta la cárcel o el exilio, o que te llamen radical o equidistante, según quien te lo diga, claro. Unamuno pudo callarse en el Paraninfo salmantino y otorgar, lo tenía facilísimo, a portata di mano, hubiera sido el rey de la cultura y del pavoneo franquista, justificado por  haber ganado nada menos que la aprobación del Maestro insobornable, espantado con el panorama de la ingobernabilidad patria y con el aval de su propia destitución como rector por parte de la República, por dar a poyo inicial a lo que, como muchos españoles, al primer golpe de vista creyó un golpe militar incruento sin otros fines que restaurar una república moribunda en un registro diferente, sin violencia ni agresividad ideológica. Para mejorar el estado y la sociedad. Pero no fue así. Cuando le vio las orejas al lobo del crimen político como bandera, solo le quedó  elegir entre conciencia y su miedo. Eligió conciencia consciente. Volvemos una vez más a la tonada del albedrío de Silvio Rodríguez. Un tratado de evidencias.

Parece mentira que después de más de 2000 años, los criterios políticos estén aun en ese nivel cognitivo, como el de mister Schama, con lo que ha llovido desde entonces por todas partes...
Sin embargo, hay razones para tranquilizarse y comprender, muchas más que para bloquearse y retroceder, como se hizo por desgracia en el siglo XX, hasta derivar en dos guerras mundiales apocalípticas, que precisamente no provocaron  las multitudes salvajes por su cuenta, sino los demagogos oclocraciofóbicos y manipuladores de las emociones e indignación de las masas, que ellos mismos se encargaron de organizar, intoxicar y lanzar al abismo de la destrucción. 
El poder desde siempre necesita implementar la violencia psicológica del miedo a todo aquello que le pueda obstaculizar el camino de la posesión manipuladora para controlar, sobre todo, a las masas humanas, que son el combustible de cualquier sistema social y político. Y, por ello, de todo montaje que permita dominar, ganar y tener la sartén por el mango. Han impulsado la tecnología de las comunicaciones al más alto nivel con el fin de meterse hasta en la sopa y como ya predijo Orwell, controlando el pensamiento, las ideas y las decisiones, orientando el consumismo hacia sus fuentes exterminadoras del Planeta, algo que a ellos les trae sin cuidado, porque están convencidos de su inmunidad a cualquier catástrofe, pero ven un peligro inminente cada vez que la sociedad se moviliza, piensan que todos son como ellos: que quieren dominar el mundo y por ello quitarles el chollo de sus vidas. Creyeron que lo podrían hacer sigilosamente, pero ha resultado que el Universo inteligente va haciendo su función, y esa misma tecnología tiene otra vertiente, además de adormilar a unos, puede despertar a otros, y lo está haciendo...Y esos otros son los que dan la voz de alerta y están empezando a exigir, no el poder para gobernar, a lo que no aspiran para nada, sino el derecho a participar en las decisiones vitales por medio de referendums y consultas, a ser informados de verdad, a tener instituciones decentes verdaderamente democráticas, no a ser ellos los que suplanten a la institución, ni mucho menos, sino los que la orienten desde la realidad social para que ésta no quede en deplorable esperpento inútil, tortuoso y socialmente letal. Y además dañino para el propio funcionamiento del sistema cívico más sano.
En vez de tener miedo a los pueblos, deberían revisar qué es lo que ellos están haciendo tan mal como para provocar la indignación social en tantos lugares del mundo a la vez. Qué disparates han convertido en sistema, para que energúmenos deficientes como Trump y Johnson, que por cierto no son precisamente "pueblo" sino casta millonaria,  salgan elegidos en las urnas. Porque este dislate nunca se habría producido con un Sanders o un Corbin en el la Jefatura del Estado o del Gobierno, respectivamente. Qué educación se da en las escuelas, qué orientación moral, cultural, emocional y mental hay en los medios de comunicación, en el cine, en la tele...y sobre todo que ejemplos prácticos de vida dan los presidentes y mandamases, que hagan visible la posibilidad y el atractivo por la sencillez de vida, la normalidad humana y la salud psicológica. Qué forma de vivir hay en ambas sociedades: adicción plena al consumismo entronizado como única forma de economía. Qué poco habla la prensa de USA y de UK, de la ciudadanía alternativa y pacífica, de los Transition Peolples, de las propuestas de Chomsky o de Klein, qué silencio tan elocuente sobre las propuestas de Varoufakis y de los Verdes en Europa, y de las propuestas municipalistas, como de la cantidad de personas y familias que emigran socialmente de ese sistema terminator para ir evolucionando hacia un vegetarianismo consciente, una sanidad que no mate intentando curar con sus medicamentos experimentales cada vez más tóxicos (acaban de matar a un bebé en un hospital español por una sobredosis de medicación), a energías alternativas, a escuelas que implementen valores sanos, convibibles y participativos, afortunadamente cada vez más distantes de ese mundo patológico en paralelo que mantiene  a los que se forran con el miedo y la negatividad por adelantado, esos que se aterrorizan y asquean con una mosca y usan contra ella productos más peligrosos que el propio bicho, pero viven de extender la basura que sirve de alimento a las moscas que luego tanto asco les dan. Si no quieren calamidades, que no las produzcan con sus fijaciones y comodidades absurdas a costa de hacer papilla todo, sociedad y planeta, ¿qué menos, no?

Es posible que el  verdadero peligro no esté en los riesgos aparentes de un cambio adaptativo, ecológico en humanidad también, y necesario, que si no lo hacemos nosotros hará la propia inercia global con menos miramientos y tiquismiquis, sino en querer seguir eternamente reproduciendo las mismas milongas del pasado, los mismos formatos fallidos ya insostenibles, con diversos maquillajes y atavíos pero con idéntica pringue paleolítica y sobada en replay, porque no se intenta sacar una enseñanza de lo vivido y heredado por fuerza, -¡no para hacer lo mismo una vez y otra, imperio tras imperio!- sino para no tener que repetir curso cada siglo  o cada Era y avanzar en inteligencia, no solo biológica y morfológica, en vez de retroevolucionar en plan cangrejo cognitivo, empleando los talentos de aquella parábola del evangelio para hundirse mejor en el cieno, en vez de hacer del cieno abono y plantar en él los árboles de una nueva conciencia, abierta a la sorpresa transformadora, a la lógica inversa, a la luz que deja en evidencia la verdad de cada situación y a la valiente audacia de reinventar el mundo que necesitamos en el siglo XXI, a dosmil doscientos años de Polibio y su tiempo, sus prudencias de casta sensata y sus miedos muy lógicos entonces, ante una oclocracia que nunca sería posible si en vez de imperios soterrados en el veneno del poder, hubiese transparentes democracias.

Qué curioso, ni en Alemania, ni en Suecia, ni en Noruega ni en Finlandia ni en Dinamarca, ni en Eslovenia, ni en Chekia, ni en Austria, ni en Irlanda, ni en Escocia, ni en Portugal las masas resultan tan 'peligrosas' como en USA, Londres y Cataluyna o con los pensionistas, las kellys, los activistas del cambio climático, los precarios sin solución, los chalecos amarillos,  las víctimas de los alquileres y el turismo depredador o de la violencia ginefóbica...¿Por qué será? Qué incomprensible resulta algo así en el mismo continente unificado por una UE tan listísima, ¿verdad? ¿O es que habrá algo que ellos tienen y nosotros no?, o al revés, ¿será que tenemos algo muy chungo que ellos no tienen en tales dimensiones? Qué será, será...whatever will be, will be?
Saldríamos de dudas enseguida si Mr Simon Schama y los  de su cuerda fabricadora del consentimiento, como los identifica Chomsky con más razón que un santo, se quedasen de repente en la calle, sin trabajo, sin pensión, embargados por una hipoteca impagable y a verlas venir o sin seguridad social, y en plena street encontrasen a miles de estafados en el mismo plan. Está superclaro y nada más lejos de la realidad que la pretensión de mandar ni dar un golpe de estado para colocarse ellos en el poder; solo pretenderían un estado justo y decente que para eso pagan impuestos, y el legítimo derecho a opinar más allá de las urnas cada cuatro años, cuando las cosas no funcionen. Muchos ojos e inteligencias ven y comprenden mejor que unas cuantas, ya formateadas y limitadas por el mismo mecanismo que produce la avería del sistem in failure.

Estoy segura de que con esa experiencia les cambiaría de repente la visión y pasarían de las consejas de Polibio a la praxis universal de Sócrates y Aristóteles, al imperativo categórico de Kant, a entender a Marx, -Karl, no Groucho, of course-, a los planes de Pericles, al criterio de los justos y solidarios tribunos de la plebe en la república romana y por supuesto, a la empatía de Buda y a las Bienaventuranzas del evangelio, al equilibrio del Tao, a la praxis metódica del zen, a la poética de Walt Whitman, a la inteligente filosofía de Thoreau y a la conciencia imborrable de Luther King. Seguro que el nuevo discurso sería irreconocible.  Y el mundo no volvería a ser el mismo disparate que lleva siendo siglos y siglos, empeorando lo presente, como si fuese lo más normal.
Ains!

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