martes, 15 de octubre de 2019

La respuesta la tenemos que elaborar dentro para poder repartirla fuera, como la luz, la música, la ciencia o el cononocimiento




Confieso que me siento en este mundo como una transeunte circunstancial. Podría haber nacido en cualquier país, en cualquier región del Planeta. Las amo y las valoro por igual, no porque sean "especiales"ni "mías" ni porque yo crea pertenecer a ninguna  particularmente. En el continente Conciencia no hay posesiones, ni reinos, ni mogollones ostentosos de bienes ni de etnias ni de patrias, lenguas, ideologías ni culturas que manipular, no son necesarias sino más bien estorbos, barreras y cortocircuitos, y es que en el territorio de la Conciencia solo funciona a pleno rendimiento el disfrute compartido y estimulante al cien por cien, del ser sin necesidad del temer, del aferrar, del juzgar, del ganar o perder. Sino porque el vínculo que nos mezcla y nos une, a todos y todas las y los habitantes de este sufrido balón cósmico, aunque no lo entendamos a la primera, es inevitable, como lo es que las uvas sean racimo para poder ser uvas de verdad y no canicas blandujas e improductivas, que es en lo que nos convertimos cuando pretendemos ir en solitario y solo a nuestra bola egocéntrica rodando por esos mundos hasta que algo nos para el rodaje, no aplasta y nos liquida, sin que hayamos podido desarrollarnos de verdad y convertirnos en algo mejor, como en vino reconfortante, en un postre nutritivo y agradable, o en un zumo terapéutico como el mosto, que cuando yo era chica se vendía embotellado en las farmacias y curaba y aliviaba las dolencias hepáticas. Para llegar a eso y dejar de ser bolas rodantes sin sentido, rumbo ni orientación, tendríamos que haber elegido permanecer en modo racimo, en la casa de la fraternidad humana. Miro los racimos de uvas verdes, negras y moradas y veo las posibilidades tan geniales que tenemos cuando somos racimo armonizado, cada uva es única y múltiple, ninguna empuja ni expulsa a las otras para sentirse la reina del racimo. Cada una tiene su lugar, su espacio, su armonía. Su particular laboratorio de dulzura, de acidez, su peculiar tonalidad cromática, su orientación ante la luz y el rocío o la brisa o las hojas y el tallo. Una viña es una república federal de la naturaleza, como lo es un trigal o un campo de frutales o de almendros. Ningún sarmiento destaca ni manda sobre los demás, ningún árbol se empeña en ser el rey de la contornada para que todos le admiren y reverencien, si destaca en algo es en la sencillez natural de dar más frutos, más sombra en verano y más hojas con las que repartir oxígeno en el aire para que el Planeta pueda respirar y vivir a un nivel biológico tan hermoso como único. No hay ningún otro igual por más viajes que se hacen al espacio no ha podido descubrirse nada semejante. Deberíamos valorar nuestra genial rareza cósmica y en vez de hacernos papilla, aprender a disfrutar este privilegio que por falta de conciencia, hemos convertido en un infierno inexplicable, precisamente gracias a nuestros hábitos conductuales, psíquicos, materiales y convivenciales. 

¿Que a santo de qué digo estas cosas? Pues a santo de la maldición acémila de la guerra eterna que nos divide, en tantas modalidades que ya cansa, precisamente estallando en el centro dinámico y consciente que debería unirnos, y al que aunque no nos guste, estamos unidos indefectiblemente como gajos de la misma naranja infinita, ya ni siquiera como ciudadanos de una patria o de diez, sino como seres humanos hijos de la misma naturaleza, de los mismos átomos, partículas, moléculas, ondas electromagnéticas, células madre, hijas o nietas. ¿Qué me puede importar la etiqueta de una nacionalidad super mega cuqui, si te veo sufrir porque te hacen daño mis hábitos consumidores, viajeros y conquistadores, devoradores ávidos de experiencias y tesoros que siempre acaban  vacíos en un fondo, que solo se rellena de ilusiones, miedos, deseos tan insaciables como aburridos y cansinos en cuanto se realizan, anécdotas de mínima intensidad real, porque no hay nada valioso que lo llene todo de sentido y luz reconfortante sin ocupar el lugar de la vida ni de los seres que la habitan.  Me pregunto si vale la pena la gresca por las patrias y las banderas, por las religiones y las ideologías, si es propio de adultos convertir la maravilla de vivir comprendiendo y empatizando, cooperando en descubrir e implementar lo mejor para todos en consenso entre las estupendas e imprescindibles diferencias,  en vez de funcionar a estacazos para uniformar intereses y miserias que se convierten en ideales, leyes y manejos políticos indecentes y lesivos para quienes no dominan e imponen. 
Vivimos cuatro días, y ése es el plazo para descubrir y desarrollar lo que tenemos dentro en potencia, en simiente, en posibilidades. Para que ese desarrollo sea el adecuado y más feliz es imprescindible el OTRO, la OTRA, el Nos-otras-otros. El Nosotros es la medicina, el tratamiento que nos cura y nos proporciona la rehabilitación definitiva, que nos aterriza y nos hace comprender que los cielos no se conquistan, se construyen a ras de suelo, en el tú a tú, en el codo con codo, superando los enfrentamientos de la dualidad en sus peores manifestaciones, con la lucidez y la inteligencia del amor, que a su vez es imposible descubrir sin alma ni conciencia ni mente que se cocinen juntas en los sentimientos que fabrica el maestro del Corazón, como lo llaman en Oriente y Annie Marquier, la matemática, psicóloga y pianista que lleva décadas haciendo terapias y entrenamientos estupendos en Canadá. Y escribiendo libros como La libertad de ser, El poder de elegir o El Maestro del corazón.
Solo el Nosotros tiene el poder de de curarnos, y liberarnos  del peor enemigo: el ego, no solo en versión individual, también en modelo social, económico, religioso y cultural. 

Y sí, también confieso que me ha llevado a compartir esta reflexión la actual e inamovible situación política del estado español y su suicidio total: Catalunya. Un episodio que ya no se corresponde con el nivel más amplio y lúcido en el que está entrando la conciencia colectiva de la humanidad. No es posible afrontar las catástrofes climáticas vestidos como en la corte de Luis XIV . Pues lo mismo hay que aplicar a las políticas de este estado añejo y rancio en su estructura y mentalidad, pero que intenta aggiornarse con una mera estética aparente, que sigue siendo decimonónica, de la restauración de Alfonso XII, Cánovas y Sagasta. Y ya lo creo que s'hagastao y desgastao. Catalunya es la prueba del nueve. Ya no es el independentismo lo que está en juego, sino algo mucho más serio y menos manipulable emocionalmente: son los derechos humanos haciendo saltar por los aires las leyes de Hammurabi y éstas, fortaleciendo con su inútil y arruinada cabezonería, los derechos que no quiere reconocer: la legítima libertad de expresión de los pueblos y de la ciudadanía, que a ningún ser humano se le puede recortar mientras no mate, hiera, arruine ni impida la vida de nadie. Hechos que no han tenido lugar en ningún momento por parte de los afectados, pero sí por parte de la represión estatal. En cuanto al respeto a las normas, antes que exigirlo, es fundamental que las normas sean respetables por sus contenidos como por sus herramientas de gestión. 

Mal asunto encastillarse en reprimir sin escuchar, que no es lo mismo que oir. Para escuchar hay que dejar en silencio y sin juicios la mente y activar el "pen" de la conciencia para que grabe los contenidos en limpio que nos permitan la reflexión sin manipular. Pero, ahí topamos con la Iglesia, Sancho. No con la aparente y su liturgia, sino con la que es una actitud soterrada dogmática y fóbica grabada en el inconsciente colectivo y personal por la costumbre y el gotero perenne de los sermones de lo sublime unidos a un ejemplo práctico deplorable. La rutina de seguridad ilusoria que carece de conciencia consciente que es la única manera de trascender, pero que permanece secuestrada en manos del clero. Una conciencia castrada en el día a día, y cosida a  las ideas políticas pringadas en religión,o sea, convertidas en dogma, incluso al margen de la religión y combatiéndola.
Fue una tragedia histórica que en España nunca se llegase a conocer la Reforma evangélica del siglo XVI. Si no hay conciencia despierta ni desarrollada, no hay escucha sino mosqueo, hostilidad y prevención, retintín, rechazo, con una negación predeterminada a considerar todo lo que presuntamente 'ya se sabe que no cuadrará'  con nuestros conceptos previos que hacen imposible la escucha que en ese estado solo es oída, pero no asimilada ni entendida, ni mucho menos respetada. Así lo están haciendo la Justicia, el Gobierno y la Oposición. Mal remedio tenemos si esto no cambia. Y no solo por Cataluyna sino por el resto del estado, que está aun más atrasado y dormido en tantos aspectos. El daño es mutuo  y el mismo para las dos partes, ninguna de las dos podrá superar este desastre sin la otra. Catalunya está llena de españoles y en España hay miles de catalanes. Ellos serán los que de verdad decidan: catanyoles y españtalanes, que se quieren y se comprenden demasiado como para partirse el alma, la esencia y los lazos fraternales. El estado se suicida en este plan que le lleva estúpidamente a la misma debacle en versión independen como  en 155 fashion, pero ellos y ellas, la fraternidad sin fronteras, seguirán despertando, construyendo, cooperando y haciendo posible lo mejor para el conjunto entre la Hispania Citerior y la Ulterior. Más allá de una  amnistía, habrá  fratría y sororidad. Porque ya la hay. Sólo necesita que la dejen crecer en paz y limpia de recelos tan cortos de miras, que resultan pírricos y como apolillados, atufando a alcanfor viejuno.


Por aquí dejo estas notas de Marquier, a ver si ayudan y orientan un poco en la navegación existencial:

*Nuestra percepción de la realidad no es la realidad. Depende del camino que toma la conciencia.

*El ser humano actual cree que su percepción de la realidad es la única realidad, una inmensa ilusión que lo mantiene prisionero de la insatisfacción y del sufrimiento en todas sus formas.

*Cuanto más clara y exacta es nuestra percepción de la realidad, más poder, autonomía y libertad tenemos. Cuanto más sesgada, estrecha y deformada es, más difícil es vivir con armonía.

*La evolución humana depende de la forma en que va evolucionando nuestra capacidad para percibir tal como es la realidad esencial y definitiva, fundamental, del universo y de responder a ella de manera inteligente.

*La calidad de nuestra percepción depende del camino que tome la conciencia en el interior del filtro mental.  
 Filtro estrecho y tosco (circuito inferior)=percepción aproximada=caos, vida rudimentaria y difícil.
Filtro amplio y claro (circuito superior)=percepción adecuada=coherencia y plena realización. 

*La calidad de nuestra experiencia de la realidad depende de la calidad de nuestra percepción de ésta, así pues, del contenido del filtro( o de la parte del filtro utilizada).
*A un nivel de conciencia más o menos elevado=percepción más o menos clara de la realidad=consecuencias más o menos afortunadas y dichosas para nosotros y para el Planeta.

*Dos niveles de conciencia=dos niveles de percepción=creación de dos mundos diferentes (tanto en lo personal como en lo colectivo, dentro y fuera es lo mismo.)

*El mundo materializado y palpable en el que vivimos es la expresión del nivel de conciencia colectivo. Cuanto más calidad alcanza el nivel de conciencia, más fácil resulta crear un mundo de conciencia y de armonía cada vez más amplio y contagioso.

Estas afirmaciones pueden parecer anodinas, sin embargo, resumen el proceso evolutivo del ser humano y el fundamento de la felicidad y de la libertad, tanto a nivel personal como colectivo.

Annie Marquier. El poder de elegir

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