domingo, 13 de octubre de 2019

Elisa Beni, conciencia de guardia


El Supremo hace un vestido

Encuentro terrible que Marchena asuma que las filtraciones sobre la sentencia del procés "son inevitables", porque era una parte importante de su trabajo que esto no sucediera

Si siete magistrados de la máxima categoría no pueden hacer su trabajo y sellar el secreto inherente a él, vamos dados



El Poder Judicial convoca la plaza de Marchena tras la sentencia del "procés"
EFE
"En los carteles han puesto un nombre que no lo quiero mirá (...) Francisco Alegre tiene un vestido que entre suspiros yo le bordé"
Manuel López-Quiroga. Pasodoble español



No he estado en la recepción de la Fiesta Nacional y, afortunadamente, este año he tenido que sobrellevar menos vuelos rasantes de aviones sobre mi morada. Es curioso que en los días de ensayo pasaran más y más bajo que ayer en el propio acto. No he estado pero creo profundamente en la profesionalidad de mis compañeros que cuentan como Manuel Marchena se ha dolido de las filtraciones de la sentencia de su vida "que son inevitables".
Encuentro terrible que un presidente de tribunal asuma algo así, excepto que sepa como humano cuáles son los motivos de esa irremisibilidad, porque era una parte importante de su trabajo que esto no sucediera. Más que nada porque el Tribunal Supremo debe cumplir la ley y eso debe ser un objetivo prioritario. Si siete magistrados de la máxima categoría no pueden hacer su trabajo y sellar el secreto inherente a él, vamos dados. Y no han podido o no han querido.
No tengo ninguna duda sobre la profesionalidad de los compañeros que han publicado las filtraciones y tengo claro que mañana quedará reafirmada cuando conozcamos la sentencia pero tampoco dudo que sea una cagada del Tribunal Supremo de la que difícilmente se va a sobreponer la Justicia española. Del Rey abajo, ninguno o del Rey abajo, todos. A partir de ahora el prurito del resto de tribunales inferiores puede rebajarse varios grados. Por algo me dijeron a mí que el viernes se conocería la sentencia... siempre pensé que hablaban de forma oficial pero, claro, se referían a esto.
No sólo hemos sabido lo principal del fallo, no habrá rebelión sino sedición y malversación, y una aproximación de las penas, sino que también ha habido filtraciones sobre las propias deliberaciones que según la ley son secretas y obligan a los magistrados. Nos han dicho que Marchena veía la conspiración para la rebelión y que ha sido la presión de Ana Ferrer, que no estaba dispuesta a pasar por ello, la que ha llevado la transacción a la sedición para mantener la unanimidad y el supuesto "blindaje" ante el Tribunal Constitucional y Estrasburgo.
La inane unanimidad que ninguna ley consagra. La ley lo que arbitra es cómo paliar esa obligación del magistrado de firmar resoluciones en las que su postura ha perdido sin vulnerar su conciencia, por eso establece los votos particulares. No es cierto que una sentencia pierda efectividad o fuerza por las divergencias jurídicas. Eso es un invento de hace pocas décadas para blindar más al tribunal ante las críticas que a la propia sentencia. En este país se ha condenado a un ministro del Interior por terrorismo de Estado con varios votos particulares en el Tribunal Supremo y ahí está la institución y ahí está el Estado. La unanimidad, según constatan los compañeros en sus crónicas de filtración, produce monstruos. A veces, dicen los expertos, consigue resoluciones transaccionales que ninguno de los participantes harían suyas de forma individual. Puede ser el caso.
No obstante, no haber querido guardar las formas hasta el final es una cuestión nada baladí. Nos han contado que andaban estudiando cómo realizar la notificación para que "según la ley" los interesados fueran los primeros en conocerla. Evidentemente el espíritu de la ley se opone a que dos días antes sean los medios de comunicación los que les den la noticia. Todo el esfuerzo que hagan el lunes para dar la apariencia formal se habrá estrellado con la realidad.
Ha habido sentencias de gran calado político y de gran repercusión en este país cuyo secreto se ha mantenido hasta el final. Los magistrados obtuvieron ordenadores nuevos que nunca habían estado conectados a Internet y que nunca se conectaron para evitar hackeos. La conjura para lograr que la ley se cumpliera y que la notificación se produjera de primera mano a los acusados se cumplió a pie de la letra. No ha sido el Tribunal Supremo el que nos ha obsequiado con una escrupulosidad de tal calado. Los motivos poco me importan. Como siempre hay quien justifique lo injustificable, he llegado a leer y a oír a jueces decir que tal vez lo que han intentado es ir dosificando el impacto de la sentencia soltando pequeñas píldoras. Solo el número de los que están dispuestos a encontrar siempre una explicación a lo que está mal hecho es mayor que el número de los justos.
Lo que, según lo filtrado, veremos mañana merece una lectura muy atenta de la forma en la que el tribunal ha cortado y cosido el vestido porque, a priori, parece que tira de las costuras jurídicas según muchos expertos. Veremos cómo sienta el corte al Estado de Derecho. Y espero con ansia la aquiescencia de los que gritaban dando por hecho el golpe del Estado y la condena de los "golpistas".
Lo que sí parece es que las tesis jurídicas de la ministra Delgado, armadas a través de la postura de la Abogacía del Estado, habrán tenido un más que buen respaldo y, según nos cuentan, que la postura de la magistrada Ferrer ha sido decisiva para este resultado.
Al final nos vemos con una mujer al frente del Poder Judicial por primera vez en la historia. Se hace camino al andar.

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En efecto, Elisa, se hace camino al andar, lo que les falta a las señorías togadas y a la ciudadanía que las sufre, es saber adónde desemboca ese caminar renqueante y cabalístico de nuestros adalides justicieros; personalmente, el hecho de que una mujer haya tomado la iniciativa de rebajar a los presos políticos la carga de tal veredicto solo me hace pensar qué pintará una chica como ella en un sitio como ese o que si un sitio como ese la ha acogido tan ricamente en su seno a lo peor es que no es tan distinta de la sastrería marchenera. Tengo la sensación de que igual que en el ejército, disciplina intocable y democracia son incompatibles por su propia estructura, a la justicia española con la ética y la conciencia le pasa lo mismo. Me encantaría estar equivocada, pero sus señorías, hasta ahora, con sus incorregibles palos de ciego no me han dado la oportunidad de corregir este convencimiento malgré moi. Si fueron capaces por un defecto de forma, de condenar al Juez Garzón y dejar sueltos a los orcos gurteleros del pp valenciano y madrileño durante unas dos décadas así a grosso modo, y no han sido capaces de impedir que ese partido no pueda ir a las urnas hasta que se regenere de verdad y se quite de encima la mugre, creo que su función es meramente decorativa y felpudista del ideologismo caciquil  a la hora de ejercer Justicia como Poder estatal. En el caso de Catalunya ni sedición ni rebelión: simple, legítima, expresa e inofensiva disensión política y adminstrativa, qué menos que eso, tras haber sido podado el Estatut por Rajoy en 2010, mientras el Gobierno socialista, el PSC, el Legislativo y la propia Justicia silbaban el only you mirando para otro lado como si no tuviesen nada que decir. Con el pírrico añadido de considerar como delito golpista levantar las manos, votar en urnas de cartón y decir en catalán "no tenim por", en una caricatura de  referendum que ni siquiera fue como el de Escocia, sino un puro símbolo reivindicativo, un derecho a protestar sin más violencia que la perpetrada por el propio Gobierno Central, que más que de Europa  se puso a la altura  de Sudán, de Libia o de Israel en Gaza. Ains! Y la Justicia, missing a la hora de ver y valorar una realidad tal y como fue, no tal y como el pp y sus cómplices quisieron pintarla al modo rupestre con reminiscencias históricas de Felipe V y cucamonas en plan hereditario de Felipe VI.Para que todo quedase en familia. Las dinastías son tan entrañables, ¿verdad?

¿Independencia judicial? ¡Ja! Creo que en España los magistrados decentes o no pasan de ser jueces comarcales o los incapacitan  para los altos tribunales  al menor indicio de independencia. Véase Garzón, o el Juez Elpidio Silva o Castro, el que imputó a la Infanta manos largas y decencia invisible, que se jubiló oportunamente y se atrevió con el caso seguramente porque ya le tocaba jubilarse, le quedaban cuatro días y así se iba con la conciencia tranquila y se despachaba a gusto, diciendo como en el escondite: ¡Por mí y por todos mis compañeros! Quién sabe. 

Somos una anomalía. Una especie de bochorno normalizado con el que nos hemos habituado a convivir de tal modo que estas barbaridades no nos traumatizan ni nos avergüenzan, ni nos hacen mella en el patriotismo ni en los pasodobles, ni en las procesiones ni en los gallineros tertulianos donde apenas se sabe de lo que  debaten, sin sacar jamás conclusión alguna, mientras todos se desgañitan entre anuncio y anuncio, a ver quién grita más y dura  más tiempo cacareando o berrando, sin aportar nada audible ni aprovechable más allá de la altura de decibelios y los mismos tópicos de siempre, de tal modo que ya te puedes ahorrar la conexión, ya se sabe por anticipado qué argumentos va a aportar cada trinchera: siempre son los mismos y los mismos invitados se saben de memoria los argumentos que soltarán en un gotero insoportable. Al final tienes que agradecerles las horas de lectura interesantísmas que te proporcionan acompañadas por Radio 2 y su música de fondo. 

Qué ganao, xd! 

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