lunes, 29 de abril de 2019



El triunfo estaba donde siempre ha estado

El análisis de las elecciones de Iñaki Gabilondo 

 
 
 

Ya conocen los datos y los principales titulares. La alta participación, la ciudadanía tenía conciencia de la importancia de la cita, el gran éxito de Sánchez ‘el insumergible’, que en las condiciones más adversas, con la hostilidad feroz de sus rivales y las reticencias de muchos de los suyos, ha logrado reflotar al PSOE y llevarle de nuevo a una victoria en las generales. El viejo partido tiene 140 años pero aún le queda músculo.
El fracaso de la Triple Alianza de la derecha en su intento de lograr la mayoría con gritos y con furia, olvidaron que el triunfo electoral estaba donde siempre ha estado: en esas zonas templadas de las que parecían querer huir.

El clamoroso pinchazo del PP, el mayor de su historia, por un lado como consecuencia natural del fraccionamiento de la derecha pero por otro por su extravío al acunarse temerariamente hacia su extremo más reaccionario abandonando su espacio moderado mientras invocaba a Suárez. Se queda sin escaño en Euskadi y con uno solo en Cataluña y así no se puede ser un partido verdaderamente nacional. Los populares, recién renovados, van a tener que renovar su contrato de renovación. Casado huele a Hernández Mancha. El PP debería aconsejar Aznar que no les aconseje más.
El notable crecimiento de Ciudadanos, que sin embargo se produce a costa de dilapidar un tesoro -el centrismo- que lo hubiera permitido obtener un resultado mejor y tener en su mano la riendas de todos los procesos ulteriores. Ahora se postula como líder de la oposición y aspirante a la Moncloa, pero Rivera tiene que decidir con cuál de los atuendos de su surtido guardarropa el tremendista o el liberal centrista.
El cualitativo paso adelante de Unidos Podemos que podría llevarle nada menos que al Gobierno. Un acierto personal de Pablo Iglesias pues reapareció justo a tiempo de frenar la caída de su partido e impulsarlo en los debates.
Irrupción histórica de la extrema derecha con un resultado extraordinario de Vox que no nos parece extraordinario por el desbordamiento de las expectativas y los temores que infundía, pero que es de la máxima relevancia y que va a cambiar muchas cosas en nuestra vida parlamentaria.
Y extremadamente significativos son los resultados en Cataluña, que se movilizó como nunca. Dos cosas a destacar: una que por primera vez el independentismo gana en unas generales y dos el triunfo de Esquerra entre los independentistas y del PSC entre los constitucionalistas abre una rendija en el muro de cemento de los bloques enfrentados.
Pero la gran moraleja política de la jornada es que no hay atajos, que no hay recetas milagros, que no sale ninguna suma fácil, que hay que ponerse a caminar por la senda fatigosa de la política democrática que sigue propuestas, diálogos, debates, acuerdos, es decir trabajo, mucho trabajo. Esperamos que Sánchez y los demás responsables políticos estén a la altura y nos permitimos recordarles que la sociedad lleva 5 años demostrando una paciencia infinita y que se ha ganado el derecho a una mínima estabilidad aunque habrá que esperar por qué nadie puede abandonar todavía el campo de batalla. La pelea continúa dentro de menos de un mes -el 26 de mayo- hay que enfrentarse otra vez en las elecciones municipales, autonómicas y europeas. Por el momento todo al congelador o a pactar en las trastiendas.

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