sábado, 27 de abril de 2019

El naufragio es innegable en España y en el mundo, pero aun se puede elegir entre ahogarse a toque de zafarrancho con el trifachito, o las lanchas salvavidas a la izquierda, con las que, al menos, salir vivos como democracia y estado de dignidad,- pero mucho ojo, que las pirañas "trifachas" están al quite a ver qué cae, disfrazadas junto a las lanchas en plan ONG "rescatadora", simulando ser lo que no son. Gracias, Nacho Escolar, más claro agua....Tal y como pudimos comprobar en el último debate en La Sexta, sólo nos queda una salida decente: las urnas inundadas de votos para la igualdad y la justicia. La democracia no la regalan gratis, la construimos nosotras desde la base superando amenazas y canguelos, dudas y desganas, rabias y negacionismos; mañana la rebeldía será votar y no quedarse al margen, por más que lo pida el cuerpo. Es el signo de los tiempos. Y en esta ocasión nos jugamos todo, desde la libertad y los derechos, a la dignidad, la escuela, la sanidad y las pensiones...Una vez camelados, con la bota en el cuello y la caballería pasando por encima ya no habrá forma de parar al monstruo al que se ha dado vida con la ceguera del fanático y/o la irresponsabilidad del pasotismo, por muy justificado que esté. ¿Si a base de papeletas pudieses parar a tu maltratador más que demostrado, acaso no lo harías? Pues por nosotras que no quede. No lo olvides: "el cambio que deseas ver en el mundo debes ser tú misma. El futuro depende de lo que decidas hacer hoy" (M. Gandhi) No se trata de miedo, es simple relación entre causa y efecto, entre un instinto suicida ético, social y economico y no perder el Norte de la conciencia. O sea, la vida en las mejores condiciones posibles en un tiempo realmente apocalíptico y al mismo tiempo, imprevisible en todos los aspectos. Ahora, depende de nosotras Así que, hágase según tu voto o tu ego-burbuja, tú verás, qué eliges...pero recuerda que no estás sola ni solo y muchas víctimas pagarán contigo sin tener por qué o contigo se librarán de la quema ganadera tri-destroyer-fachirula, que ruge a las puertas del caos a la espera de que te despistes para clavarte el colmillo y las garras, si no vienes forrado de casa y enchufes ¿No pensarás que quienes descienden por via directa del francopolio y su exquisita sensibilidad empática, harán contigo una excepción, solo porque no votas, ¿verdad? Pues, al loro, hermanas, que el marrón salta a la vista: ¡blanco es y gallina lo pone!


Carta a un indeciso que aún no sabe si votar

A los que creen que todos los partidos son iguales: no es verdad. A los que piensan que da lo mismo quien nos gobierne: no da igual. A los que opinan que no será para tanto, ojalá
La historia reciente del mundo –de Salvini a Trump– responde a un patrón pavoroso: la banalización del mal. Las generaciones que no conocieron el fascismo hoy juguetean con él




Querido abstencionista:
Supongo que estás harto de escuchar que estas no son unas elecciones más. Es cierto, lo han dicho en tantas ocasiones que hoy suena como un tópico más. Tantas veces vino el lobo que ya no te lo acabas de creer.
Pero este domingo, la historia de España va a cambiar. Aún no sé en qué dirección pero, desde que volvió la democracia, nunca antes hemos vivido unas elecciones así, tan impredecibles y tan determinantes. No porque la derecha gane, que eso ya ha pasado muchas veces, es razonable que pase y muchas otras veces pasará. Sino porque el Gobierno puede acabar en manos de la extrema derecha más reaccionaria y xenófoba, la que quiere acabar con el Estado del bienestar, la que niega la violencia de género y el salario mínimo, la que quiere privatizar las pensiones, la Educación y la Sanidad.
Si las encuestas aciertan, la extrema derecha no pasará. Entrará en el Congreso, y con un grupo parlamentario mucho mayor del que nunca soñó Blas Piñar. Pero si se cumplen las encuestas, será una oposición ruidosa pero irrelevante. Ojalá.

Casi todos los partidos están de los nervios. Las encuestas de estas últimas semanas ahondan en esa sensación. La campaña ha sido anómala, por la Semana Santa y el doblete de debates en el barro. Y hay tantos indecisos que el resultado es muy difícil de pronosticar. Circulan por las redes todo tipo de bulos, que se mezclan con las encuestas que aún se siguen haciendo en los partidos. Nadie tiene certezas, tampoco quienes vemos los datos de esos sondeos y no los podemos publicar. Nadie sabe lo que va a pasar.

No sabemos si los métodos clásicos de la demoscopia sirven para cartografiar el espacio electoral de la extrema derecha y acertar con su verdadera dimensión. No porque haya voto oculto a Vox, que no parece –la mayoría de sus votantes proclaman a gritos a los encuestadores su intención–. Sino porque los modelos fallen. Porque la ola de extrema derecha es tan reciente y ha tenido tan poco desgaste que puede llevar hasta las urnas a abstencionistas históricos, a personas que nunca antes quisieron votar. Lo mismo que pasó antes en el Brexit, en Brasil, en Italia y en Estados Unidos con Trump.

La serie estadística es clara. Si la participación es alta, la izquierda en España siempre ha ganado. Y el dato adelantado del voto por correo pronostica que este domingo habrá una baja abstención. Mi duda es otra: si esa participación masiva es para frenar a la extrema derecha o si, esta vez, juega a su favor. Si las series históricas sirven para un momento así. Si los llenazos de Vox en sus mítines son anecdóticos o un indicador adelantado de que algo este domingo va a cambiar.
La historia reciente del mundo –de Matteo Salvini a Donald Trump– responde a un patrón pavoroso: la banalización del mal. Las generaciones que no conocieron el fascismo hoy juguetean con él. La derecha más ultraliberal atrae a los votantes pobres, a pesar del aumento de la desigualdad. La izquierda es exquisita con sus candidatos y cualquier excusa le sirve para no votar.
A los que creen que todos los partidos son iguales: no es verdad. A los que piensan que da lo mismo quien gobierne: no da igual. A los que opinan que no será para tanto, ojalá. Porque lo imposible ya ha pasado muchas veces. Porque el lunes ya será demasiado tarde para votar.




















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