sábado, 25 de febrero de 2017

Ese mundo paralelo llamado monarquía. Ains!

Sofía y Letizia: batalla real por el futuro de la infanta Cristina

21/02/2017 

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Un nuevo conflicto azota Zarzuela después de que la sentencia del caso Nóos decretara una pena de multa para Cristina de Borbón, que esquivó la prisión. Según informa el portal Hispanidad, la resolución ha provocado un cambio en la voluntad de Doña Sofía respecto al papel institucional de su hija, algo que desagrada a Doña Letizia.
Dado que la pena se ha quedado en una multa, la Reina emérita piensa que Cristina debe recuperar su papel representativo e institucional. Cabe recordar que la Infanta nunca renunció a dicho título ni tampoco a su representatividad, por lo que podría actuar en nombre de la Casa Real si así le requiriesen desde palacio.
Para lograr su objetivo, dice el medio, Doña Sofía está dispuesta a plantar batalla ante su hijo Felipe VI, de quien considera que no se ha portado bien con su hermana. La monarca emérita incluso se podría negar a sustituir a Cristina en los actos oficiales. 

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Pero bueno, ¿Sofía de Grecia no es una reina emérita, o sea, jubilada? Si es así ¿por qué interviene en asuntos que ya no son de su incumbencia laboral? Y si no es así, ¿por qué es emérita y no sigue currando para ganarse el sueldo que le regalamos como pensión millonaria? ¿Qué pasaría si, por ejemplo, una maestra, una dictora o una magistrada ya jubiladas se empeñasen  en meter las narices en las decisiones profesionales del maestro, del juez o del médico que las ha sustituido en el puesto de trabajo? ¿Se lo permitiría el sistema organizativo de la educación y la salud? ¿A que no? Entonces por qué la normativa que debería regir los comportamientos y competencias de los reyes,  se lo permite a esta buena mujer que ya no está en funciones profesionales por eso de la edad...y de las abdicaciones reales?

Lo que pasa es que el trabajo de esa familia ni es real ni es trabajo, sino un cansino desfile de comediantes institucionales entronizados de aquella manera, que se forran por representar un papelón que nadie les ha pedido que representen, salvo la momia de Tutanfrankón, -o Tutanfrankín, por lo de la estatura-, (q.e.p.d. si su karma y el montante de sus crímenes se lo permiten) y sus embalsamadores de corte emperrados en que el nudo atado y bien atado de aquella dictadura infame, siga su curso tan democrático y tan legítimo, sino que ya dieron por hecho que las monarquías se imponen por derecho de pernada y por el timo de la transición de largo recorrido, que nunca acaba de transicionar. En esas andamos aún, después de cuarenta y dos añazos. Pagando el sueldo a los reyes, que se multiplican como los champiñones y a la nena heredera que sin salir del  cascarón ya cobra una pasta gansa, más todo lo que vaya cayendo por el camino para bagatelas reales y familiares. 
A tanto llega la deformación de la realidad que padece esta realeza, que llevan implícito el derecho hereditario a la pernada nacional, y están convencidos de haber nacido señalados por el dedo de dios con la gracia especial de un morro inaudito y una prepotencia impune indescriptible; para ellos no pasa el tiempo, siguen anclados balanceándose entre los imperios de la Antigüedad, los del Medievo y el Renacimiento. De Calígula a Carlos V pasando por Pepino el Breve o Carlos el Calvo, aterrizando a la fuerza en el estropicio de Isabel y Fernando con su peculiar sentido exterminador de la catolicidad, para luego ir patinando neuronalmente desde Felipe II hasta Felipe VI...con un pedigrí que pone los pelos como escarpias cuando se estudia la saga. Y ahí se nos han quedado pinchados como chinchetas oxidadas, sujetando notas añejas con las letras a medio borrar, en el corcho de la oficina de la Historia. Madremía, qué panorama...

Hasta tal punto se han alienado y trastornado, enquistados en su rol durante generaciones, y sin rozar la realidad del tiempo y del espacio habitables, que hasta la genética, al parecer, les ha ido averiando pasito a paso los circuitos neuronales, generación tras degeneración, hasta llegar a esto: creer que su derecho al trono, a la impunidad y a las prebendas, es vitalicio por gónadas reproductoras y no por capacidad y cualidades personales, unidas a la libre voluntad ciudadana que decida preferirles  a una república mediante el imprescindible referendum que los convierta en legítimos de verdad y no de dinastía desnaturalizada, como si fuesen una camada de perros de raza selecta o una manada de caballos de carreras. Y estar convencidos de que esa circunstancia les concede la excepcionalidad de lo irresponsable, que para más inri certifica el apaño irracional de la propia Constitución ejpañola. De modo que el mismo monarca o su parentela pueden hacer lo que les mole y apetezca sin consecuencias, ni pérdida de derecho alguno. O sea, que si un ciudadano/a  hiciese la cuarta parte de indecencias e ilegalidades que ellos, se pudriría en la cárcel sin misericordia, pero ellos, no sólo se libran del marrón, sino que además, como es el caso de Sofía de Grecia y su nena manos largas y memoria corta, su parentela les defiende y reclama para ellos la dignidad que no tienen ni merecen tener. 

Ciertamente, a estas alturas de su real ignorancia, ni se imaginan que  no son los cargos  y laureles heredados los que dignifican a las personas, sino las personas las que dignifican o degradan, con su conducta, criterios prácticos y valores personales sanos e inteligentes, los encargos que les hace la ciudadanía, el trabajo y el oficio. El cumplimiento de sus responsabilidades con honestidad, transparencia y eficacia y que cuando eso falla y se incumple no hay derecho a nada, y sí, el deber de dejar para siempre un cargo que viene tan grande y supera con creces las capacidades de la infractora o el infractor, o de ambos, como es el caso Infanta & Urdangarín.
Acerca de todo eso la familia irreal no sabe ni contesta. No tienen ni idea, es como hablarles en annobonés. Ellos, como Mª Antonieta, aún no saben distinguir el pan de les gallettes au chocolat. No sabemos con exactitud si ha sido el tipo de educación la que les ha disminuido la capacidad cognitiva o si es que solo los de esa capacidad cognitiva se interesan por vivir en una burbuja incomprensible y hasta vulneradora de sus propios DDHH fundamentales, que permite el secuestro de la libertad de los individuos con genética "real"(¿?) desde su nacimiento y les convierte en verdaderos marginados sociales por exceso de atenciones protocolarias, hipocresía connatural en todo, analfabetismo ciudadano y desconexión psicoemotiva con el resto de la humanidad durante sus vidas acopladas a modos y diseños anacrónicos y disparatados.Un ambiente patológico no puede dar resultados saludables.
Es curioso que teniéndolo todo ni siquiera se den cuenta de que desde su nacimiento les falta lo más importante: la verdadera libertad que nos permite elegir a qué dedicar la existencia de acuerdo con una vocación y unas aptitudes personales y de libre desarrollo y elección.

Y ahora hago un inciso que me parece interesante e iluminador tocando este tema. Al releer o ver alguna representación de La vida es sueño, no he podido evitar muchas veces la sospecha de que la figura de Segismundo no sea, además, una alegoría sobre esa cuestión de impedir la libertad y el disfrute de la propia conciencia a los miembros formateados artificialmente de un estirpe dinástica. El príncipe Segismundo, heredero de un reino, vive en una prisión desde su nacimiento y comienza su célebre monólogo con este lamento: "Ay, mísero de mí, ay, infelice,/ apurar cielos pretendo, ya que me tratáis así,/ ¿qué delito cometí contra vosotros naciendo?/Aunque si nací ya entiendo qué delito he cometido/pues el delito mayor del hombre es haber nacido. Sólo quisiera saber para apurar mis desvelos ¿qué más os pude ofender para castigarme más?/¿No nacieron los demás?/Pues si los demás nacieron/ ¿qué privilegios tuvieron que yo no gocé jamás?"
No se puede ser más elocuente. El texto es dramático y desesperado. Bellísimo. Y, como todas las obras de una gran inteligencia y profunda sensibilidad, conmueve y toca la fibra de cualquier ser humano; nos vale a todas para ahondar en nuestro interior y vibrar con las palabras de Segismundo. Todos, de alguna manera y en algún momento podemos experimentar esas sensaciones opresivas en un mundo que tantas veces es tan poco hospitalario y tan cruel. Tan cárcel. Pero desde siempre, tengo la impresión de que Calderón se inspiró en un príncipe de carne y hueso. ¿Tal vez en Don Carlos, el heredero conflictivo y rebelde de Felipe II? Nunca lo sabremos con certeza, pero, desde luego, no se puede describir mejor la situación que podría vivir un heredero de un reino que de repente despertase de las inercias y viese su vida desde el plano de la realidad humana y no desde la programación genética y absurda de una dinastía. El caso es que Segismundo se va comparando con todas las especies de los reinos de la naturaleza y acaba sintiéndose mucho peor tratado por sus secuestradores que cualquier criatura existente en medio de una naturaleza mucho más bondadosa que algunos seres humanos. Todos en la creación son libres de disfrutar la libertad, menos él, que ya está condenado de antemano sin saber por qué, a vivir en una prisión, de la que sólo el amor le puede rescatar.
Es prácticamente imposible que tales anomalías coronadas por intereses diversos y manufacturas de dudosa condición, tengan una idea clara de nada, salvo de seguir inercias diseñadas por otros. Tal vez por eso, es hasta posible, que Cristina de Borbón no supiese de verdad la trascendencia de su propia conducta al seguir las inclinaciones de su marido,al que, adora en su estupidizada existencia, le perdona todo -cuernos incluidos- con tal de que siga a su lado, y además, y acostumbrada a vivir en la anomalía de una vida surrealista en plan jauja, viese con toda normalidad que CCAA como Valencia y Baleares les agasajasen con cientos de millones, por pura consideración a su estirpe, que para ella eran  seguramente un merecido tributo a la corona y a las habilidades empresariales de su héroe particular; nadie se preocupó seguramente durante el periodo de su educación, de enseñarle que la ética está por encima de la realeza y la conciencia por encima de cualquier "beneficio" de dudosa laya. O quizás no hubo tiempo para bagatelas pedagógicas, con la de cosas que había que inaugurar, con la cantidad de visitas rituales que había que hacer al peluquero, al modista, al joyero, a los teatros, cenorrios, olimpiadas, regatas, vacaciones y cosas tan importantes para el Estado...Claro, así se explica que la criatura no dé pie con bola a la hora de distinguir entre la normalidad y el delito. Menos mal que para eso ya está mamá emérita, para recordar al hermano olvidadizo el deber de amparar a la familia por encima de leyes, vulneraciones gravísimas que tampoco son para tanto, ni bobadas sin cuento; la familia que chupa y trinca unida no puede tener fisuras ni blandenguerías ni tiquismiquis legales. Está por encima de todo.
Una cosa es el tópico rimbombante y teórico de que la ley es igual para todos y otra el protocolo de ser intocables se haga lo que se haga. A ver qué va a ser esto, pordiós.  La familia es lo primero. Lo chungo es cuando ser familia es básicamente un trabajo constitucional de diseño y un oficio palaciego muy bien remunerado, sin sentimentalismos ni ñoñeces plebeyas de por medio, donde se pierden las dimensiones de las cosas normales en el follón monárquico de las estrambóticas costumbres, tan protocolarias como absurdas. Algo parecido debía pensar Vito Corleone, seguramente. Claro que él solo era un personaje de Mario Puzzo y no miembro de una familia de verdad; tan real-real como la vida misma.


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