viernes, 21 de febrero de 2014

El 23-F como "sistema". El videojuego más antiguo. El prototipo..



                                             


 Pasado mañana, dioshmediante, el golpe de Estado que hasta ahora venimos disfrutando tan ricamente, con una paciencia de santos, una ceguera del 15, y una borreguez pasota de antología, celebra sus 33 febreros. Una fecha inolvidable, sobre todo para los que a raíz del evento dejaron atado y bien requeteatado el ovillo de una pseudo democracia a medio gas, de cara a la UE y al resto del occidente civilizado a su aire, para cubrir expediente, pero con la cruz de más de lo mismo para el ex-pueblo y cada vez más ciudadanía. Es lo que tienen los malos tratos, que los maltratados a base de sopapos, escupitajos en plena dignidad, latigazos en los derechos, humillantes tijeretazos paralizadores de toda capacidad laboral, adquisitiva y remunerativa, acaban comprendiendo lo que hay. Y diciendo ¡Basta ya! Algo que los verdaderos golpistas tratan de evitar por todos los medios: manipulando a su conveniencia los medios, las leyes que conviertan en legal la ilegitimidad y la ilicitud. El delito social y económico. La estafa en vivo y en directo. Sin más. La culminación de El Golpe. Porque el 23-F fue el triunfo de los golpistas reales. Nunca mejor dicho. Un montaje irrisorio en formato juego de mesa. Una combinación lúdico-grotesca entre  el monopoly, el ajedrez, el stratego, el cluedo y el scrable. Me explico:


  El monopoly fue el desencadenante primordial. Los padres y padrastros de la claudicante Constitución la fueron pensando sólo como figurante, no como nada serio. Un mero trámite que convirtiese, con la ayuda del engaño al "pueblo" y de sus propios votos suicidas, en proceso "democrático" el jaque mate retroactivo del dictador contra los españoles, desde la zona más underground de la historia reciente, con su príncipe heredero como mascarón de proa y como ancla inamovible del pasado, clavado en los cenagosos bajos fondos del futuro. Para que el amarre fuese un allegro moderato en YO sostenido mayor-mente. Nada de allegros vivaces ni andantes fortes assai. En todo caso, andantes con moto, que al parecer era uno de los hobbies más discretos y menos estrepitosos del malestad futurible. Y aquí entra a paso de la oca, sibilina y mendaz, la oligarquía plutócrata, la madame del Monopoly. La ramera del Apocalipsis que retoza sobre la chepa de la Bestia de shiempre. Se trataba de hacer un cambio aparente para que los fundamentos y principios del in-movimiento forrístico-caciquil que Juan March, el banquero de diosh y el joven general más ambicioso, mediocre y taimado de la historia de España tramaron en clave Dragon Rapide, en 1936 y que esos principios sacrosantos de la pela y del poder adjunto, permaneciesen inctactos y además "protegidos" nada menos que por una democracia. Si eso no es un jaque mate perfecto, a ver qué es.

                                      

El ajedrez siempre es cosa de una corte real sobre un damero, o sea que sin el sostén de las damas, no se entiende un reino. Por eso es necesario que el rey, la reina, caballos, torres y alfiles, se vayan deslizando sobre ese damero de salón con la mayor destreza posible, una versión en blanco, a cara vista, opuesta a otra en negro, para pasar desapercibidos, como los shobres y las contabilidades de cualquier Bárcenas o los enjuagues con resonancias helénicas de cualquier Urdangarín, añadiendo un pp damero definitivo y comodioshmanda. Si además el juego completo se encarga a los artesanos helvéticos, el juego suele salir un negocio redondo,porque en cuestión de solidez, losh suizosh eshtán de lo másh pueshtosh. No fue difícil vender la cabra corruptriz a las torres de un socialismo sin más tradición que la amargura de la melancolía pasada por la derrota y la euforia de un regreso al pasado, que todos creímos de buena fe que era el futuro. Las torres cayeron por su propio peso. O sea, precisamente por falta de peso ético envuelto en el celofán del triunfalismo, como lo vaticinó un conocido empresario millonetísimo que en noviembre del 82 me dijo exactamente algo que nunca olvidaré porque, desgraciadamente, fue como una previsión del Oráculo de Delfos: "da igual que hayan ganado los socialistas, no nos preocupa lo más mínimo, también los comparemos. Mientras España siga como siempre, da igual quién mande, porque siempre mandaremos nosotros. Los mismos. Acuérdate de estas palabras". No he tenido ocasión de poder olvidarlas, por desgracia.

                                  

El stratego fue exactamente la culminación de la mascarada implicando al sector carca y cerril del mundo militar. No convenía al monopoly rector del tinglado que las expectativas de apertura a la gran empresa mundial, a los marcos normalizadores de la política, que los militares más fachas junto al sector más ultra de la sociedad, (digamos que "civil", por puro eufemismo) arruinasen la proyección internacional del negocio. Por un lado, la buena disposición y apertura de Suárez era una garantía de éxito civilizado fuera de las fronteras, sobre todo, políticas y éticas -¿qué mejor prueba de cambio radical, que un Ministro del Movimiento, que era el depósito moral e ideológico del régimen, liquidase su función en las Cortes asegurando que aquel ministerio no tenía ya el menor sentido en los nuevos tiempos?- fronteras más que físicas y territoriales, morales y antropológicas, que encerraban a los españoles desde hacía cuarenta años en el corralón vergonzante, separados de la nueva Europa. Así que mostrar al mundo la imagen de una sociedad auto regenerada por arte de birlibirloque, a la Portuguesa, les pareció o los oligócratas rupestres de toda la vida, una pica en Flandes. Pero España tenía una cáscara amarga que amenazaba con arruinar el lucrativo proyecto de la marca Transición: los militares rebeldes y los paisanos cerriles. Los "vivan las caenas" que ya eran un clasico, los que asesinaron a Prim y a Riego,y que colocaron a Espartero y a Primo de Rivera como garantes del juego de Tronos y que culminaron su ascensión imparable con Franco y su dictadura. Ellos seguían fieles a su estilo y era cuestión de utilizarles con inteligencia para matar varios pájaros con el mismo tiro.

                                       

El cluedo fue el siguiente paso. ¿Cómo hacer que la mayoría de los españoles dejase de mirar con recelo, desconfianza y mal fario, al recién coronado Juan Carlos I, por sus vínculos indiscutibles con el dictador y por la continuidad indecente que significaba la restauración chapucera y sui generis de una monarquía que no quería nadie, salvo los cuatro nostálgicos de cetros y coronas porque sí, y por supuesto esa oligocracia camuflada de lagarterana bajo cualquier régimen a explotar sí o sí? Pues convirtiendo al señor Borbón vestido de seda y armiño, en Supermán, al que garantizaron una vida de marajá mientras el cuerpo resistiese tal vidorra de excesos, impunidad absoluta y bula universal para hacer de su capa un sayo, siempre que no saliese del cuarto dorado de la Zarzuela, mantuviese controlado el cetro, que es su herramienta defensiva y obedeciese las normas del forring que le recompensaría generosamente con todos los tesoros de la Cueva de Alí Babá a su disposición, a cambio de no ceder ante cualquier  indicio de remordimiento o de bochorno o de síntoma alarmante de culpabilidad o vergüenza que indicarían un posible despertar de conciencia moral. Con este plan en el que cada integrante tuviese su color, su lugar y su "arma" y su sospecha-coartada, consiguieron  que Juan Carlos, conducido por el sacrificado y leal Señor general Armada, simulase en diferido y con bombo y platillo su triunfo "democrático" sobre el mal, encerrado en la habitación del Palace, vestido de uniforme y con el teléfono como arma disuasoria ante un mal malísimo que entonces estaba encarnado en Milans Del Bosch e Inestrillas, enrocados en los tanques,y como arma, sus cañones apuntando a los ciudadanos,  coreados por sus secuaces, que no eran muchos, pero sí con muy mala leche y dispuestos a armar la de Sanquintín si las cosas no les cuadraban como cuando el caudillo mandaba, como hay que mandar, con dos argumentos bien puestos, que según las malas lenguas, al parecer, se habían reducido a uno solo por culpa de un disparo perpetrado con muy mala uva y muy curiosa puntería, por los levantiscos seguidores de Abdel Krim, en la última guerra contra Marruecos por la posesión de las minas del Riff; siempre la oligocracia del forring office acaba por ser la Señorita Amapola del cluedo y se lo lleva crudo. Vestida de rojigualda, en el salón de té y con la daga oculta en el liguero.
El señor Suárez con su manía de legalizar el comunismo, el derecho a la huelga, el divorcio y las libertades, había perdido el color y el arma; la democracia se le  había caído por la ventana del salón CDS, que de repente se convirtió en una guarida de lobos rabiosos que se lo comieron con patatas sin que hubiese que hacer ninguna pesquisa; estaba clarísimo.
El Señor Pueblo, por supuesto, estaba tan entusiasmado con haber votado un par de veces y por salir a  manifestarse sin que lo fusilaran en masa, que, la verdad, ni se fijó en los detalles del juego sucio cuando los titiriteros del guiñol montaron el escenario sin hacer ruido en las emisoras de radio y tve, repartiendo las nueces salvadoras de la democracia. Lo demás fue pan comido. Llamar al señor Tejero para que hiciese de carnaza con su bufonada lorquiana, en plan Zapatera Prodigiosa, fue lo más fácil del mundo, con las ganas que él le tenía al techo del hemiciclo, que fue la única víctima de sus disparos. Menos mal. Porque al parecer, fue el único que creyó a piesjuntillas en el golpe militar a la antigua usanza, que era precisamente de lo que se trataba. Luego, la apoteosis del Señor Elefante vestido de blanco invisible como un ectoplashma shalvador de patriash en la inopia, y totalmente desarmado, en todos los sentidos, fue coser y cantar. Wall Street, el FMI en pleno y la Reserva Federal brindaron con espumoso de California, el BM y el BCE estaban que se salían. Finalmente por encima de dictaduras, democracias y libertades, ellos, o ello, era el triunfador indiscutible que arramblaba con todos los Oscars habidos y por haber.
                                          
El scrable fue el método retórico, el instrumento lingüístico y mareo léxico de perdiz, con que se refundó y se estableció el nuevo lenguaje de Gran Hermano Orwell fashion, adaptado al momento. Se trataba de hacer que los viejos conceptos de shiempre encajasen en neologismos de última hornada, de acuerdo con las nuevas-viejas circunstancias. La dictadura se empezó a llamar monarquía constitucional, el enjuague "estado democrático", la corrupción "cloaca de desagüe necesaria para la democracia", el neoliberalismo camuflado de igualdad, se empezó a llamar  "estado de bienestar ( ya te pillaré en cuanto te descuides)", el parasitismo a base de impuestos se colocó el pomposo nombre de "clase política", y las mentiras más cínicas se pusieron la etiqueta de "instituciones". A los apaños tapa-costuras y desvergüenzas se les llamó "Leyes", a los jueces decentes se les impuso el sambenito de  intrigantes, prevaricadores y "jueces-estrella", o jueces locos, o jueces rojos, la pederastia de los civiles conservó su calificación de delito, pero la de los religiosos se convirtió en "enfermedad misteriosa" que pillaba por sorpresa como la gripe.
Las enfermedades más graves se convirtieron en negocio privado de pudor y decoro, y sus tratamientos en "protocolo" de laboratorios farmacéuticos que experimentaban libremente con los pacientes como si fuesen muñequillos del Lego. El despido y patada abolidora del derecho fundamental al trabajo se llamó "reforma laboral para la "regulación de  empleo", a poner a la gente de patitas en la calle sin dar cuentas a nadie, se le llamó "externalización" y ERE, y a la pérdida de soberanía económica hecha de espaldas a los ciudadanos,"euro-reforma fiscal imprescindible", a la bajada de pantalones ante las presiones del rating y los tecno-banqueros de la UE, se le llamó "responsabilidad para evitar el rescate", al chantaje financiero de la banca internacional se le llamó rescate a la fuerza, al robo a mano armada de los bancos en quiebra voluntaria se le llamó "inversión rescatadora del Estado para salvar los ahorros de los ciudadanos", que a continuación fueron estafados con las preferentes y cuyos impuestos llenaron a rebosar los bolsillos de los banqueros, que se retiraron con finiquitos multimillonarios sin que la banca no sólo no haya devuelto un céntimo al Estado de aquel dinero aportado, sino que ahora se vende a los mismos que la vaciaron con las inversiones del fraude. Y para que nada quedase sin su nueva nomenclatura, se suprimió de un plumazo el derecho de cada español a tener un techo digno y al desahucio se le concedió derecho de pernada directo e inconculcable. El derecho, el progreso, la justicia social y la dignidad se quedaron atascados en los bancos de alimentos, los abuelos eran los encargados de mantener a las familias enteras y de elegir entre el pan y las pastillas para la tensión, entre la calefacción y el dentista, entre el andador y los libros y el material escolar de los nietos, entre hacer tres comidas al día y pagarse el seguro de defunción y no ser un gasto inasumible para sus hijos en paro y con la casa en desahucio e incluso perdiendo la suya, comprada en los setenta por avalar a algún hijo que ahora ya no puede pagar la hipoteca porque los chinos "amigos" de los oligócratas, les pagan shobres por establecerse y vender porquería tóxica en vez de los hilos y manufacturas de calidad que ese hijo vendía en el pequeño negocio familiar, que ha quebrado por falta de compradores e impagos al proveedor, que a su vez, ha tenido que cerrar su pequeña fábrica con cien años de solera. Para rematar, acabaron por permitir que la seguridad pública la asumiesen empresas privadas con personajes borderlines sin estudios ni formación alguna, armados hasta los dientes para controlar la libertad de expresión y agredir "legalmente" a los ciudadanos que intenten protestar públicamente contra los abusos y las injusticias constantes.
                                   

La oligocracia plutócrata de shiempre, pasito a paso, ha utilizado su dinero para invertirlo en corromper todo el tejido social: desde la monarquía, poderes legislativo, ejecutivo y judicial, instituciones, partidos, sindicatos, y la iglesia como guía "espiritual" de la estrategia del imperio. Ahora esa oligocracia plutócrata -del griego oligós (pocos) y krathía (poder), y ploutós (riqueza) y krathía (poder) = gobierno de los ricos,- es la dueña de todo y  hasta ha conseguido en las urnas que los españoles le paguen las cadenas y las esposas con que los están aprisionando "legalmente" además de pagarles sueldos vitalicios y millonarios por el desguace. 
Y todo el pack del éxito, gracias a que en el 23-F de 1981 triunfó rotundamente el mayor y más grave golpe de estado de nuestra historia. En él hemos vivido una mentira de dimensiones impensables, han conseguido descafeinar y hundir las mejores intenciones decentes de todo el que ha llegado al poder. Hasta Zapatero compartió finde con el Bildelberg con toda naturalidad. Buenas y honestas personas han caído una tras otra en las redes demoníacas de esta trama hedionda, que nos pretenden colar como la única democracia posible. Una verdadera antítesis, un absurdo político-social. ¿Cómo puede entenderse y existir una democracia, que es el gobierno del pueblo, sometida a una monarquía plutócrata, en este caso, el poder de uno sometido y enlodado con el poder de unos pocos?

                                                

Esta crisis es la prueba del nueve demostradora de que lo que hemos vivido como democracia desde 1981 ha sido una dictadura como las de shiempre, pero esta vez travestida de irrisoria y destemplada democracia, donde precisamente los demócratas son las víctimas y los encubiertos dictadores, los verdugos. Y si  queremos desmantelarla antes de que nos abduzca y nos liquide, jueces y policías decentes, por favor, uníos a los ciudadanos, cumplid vuestra obligación deontológica y ...Cherchez la Suisse...cherchez l'argent...cherchez e trouvez -vous chaque malfaisant, s'il vous plait! 
                                               
                                  

  Gracias, malestad, nunca podremos olvidar lo que ha hecho usted con nosotros      







Forges





Peridis


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