jueves, 11 de octubre de 2012

LAS MEJORES INTENCIONES

Es el título de una de las últimas películas de Ingmar Bergman. Las mejores intenciones.
En realidad la intención, lo mismo que el deseo o el pensamiento, puede proceder de diversos planos de nuestro sistema multicéntrico.
Hay una intención superior que está desprovista de apegos particulares, que se dirige a la realización del bien común y su contagio a todos los seres vivos, que no excluye a nadie. Nace del plano más maduro y sano de nuestra inteligencia emocional y de la conexión con el espíritu.
Hay otras intenciones menos altruistas pero también válidas, que contemplan en primer lugar el bien particular si excluir el bien común en segundo plano. Nacen de la lógica.
Hay otras intenciones que aspiran al bien particular sin tener en cuenta el bien común. Nacen del capricho egocéntrico e inmaduro.
Hay otras intenciones crueles y descaradamente egoístas que pretenden el bien propio a costa del mal común. Nacen del sadismo.
Y finalmente hay otras intenciones cuyo deseo es el mal ajeno con tal empeño y ardor, que están dispuestas hasta a soportar el mal propio, con tal de que el prójimo sufra. Nacen del sadomasoquismo y de la estupidez suicida.

Con este amplio abanico de posibilidades las mejores intenciones suelen quedarse en el plano del tópico irrelevante, a veces iluso y frecuentemente, cínico.

La inteligencia de la intención lo primero que mira es el horizonte de las posibles consecuencias y repercusiones de lo intencionable, para constatar que los medios se adaptan adecuadamente a los  fines que se pretenden y no a lo contrario. Por ejemplo, si se quiere conquistar y enamorar a alguien a quien se quiere convertir en adorador devoto de los propios encantos y se le maltrata, se le vende y se le traiciona sin miramiento alguno, por muchas sonrisas y melindres que se le dediquen, de cuando en cuando, llegará un momento que lo que prevalecerá al final, será la intención inicial  y verdadera, porque lo sano y equilibrado es que la víctima desee liberarse de tales "afectos" indeseables y lo consiga. Y quede al descubierto el juego sucio de la intención primera. 

Cuando es la inteligencia y su honestidad la que dirige la maniobra intencional jamás se emplearán medios inicuos para obtener fines decentes. Porque el medio que se emplea para realizar un proyecto, contagia su condición al proyecto mismo y de un modo importante contribuye al éxito o al fracaso de la empresa. Otro ejemplo: si se quieren construir buenas viviendas que se vendan bien, todos los materiales de la construcción deben ser de la mejor calidad, igual que la mano de obra. 
Es decir, que una empresa por muy buenas ideas que tenga su director, si no cuenta con los colaboradores adecuados, el negocio se hunde. Y no es culpa de los que no compran sus productos, sino de quienes los diseñan con tanta torpeza e incapacidad y con pésimos materiales y torpes trabajadores encargados de tareas que no saben ni pueden realizar. Nadie quiere invertir en productos que luego no le sirvan para nada o incluso puedan ser perjudiciales para el medio ambiente y la salud.

Conozco de cerca familias que van ya por la cuarta generación empresarial llevando adelante las mejores intenciones de un bisabuelo clarividente y emprendedor. Y lo han logrado a pesar de atravesar guerras mundiales y civiles, crisis y debacles sociales espantosas. De tener que adaptarse a las necesidades de la demanda mutable, que les ha obligado tantas veces a invertir en muy distintas ofertas, pero sin perder la ética ni el rumbo moral y humano.  Si han resistido modélicamente ha sido porque sus mejores intenciones se convertían en vida y progreso para que sus trabajadores escalasen también el progreso y sus hijos en vez de obreros o chóferes o mecánicos u oficinistas como sus padres, ahora sean  abogados, médicos, arquitectos e ingenieros colaboradores y socios de esa misma empresa. 

No sé qué cuentos chinos se llegan a contar los políticos mutuamente y a sí mismos respecto a sus intenciones en las campañas electorales y en sus promesas irrealizables. Tomaduras de pelo, simplemente. Andando fuera de todo camino lógico y práctico. Si mientes, si no eres capaz de cumplir lo que prometes, si juras una constitución para poder pisotearla con los más infumables desacatos, y para realizar tus deseos más "nobles"tienes que perjudicar gravemente a quienes se supone que son el objeto de esos planes estupendos, debes arruinarles la existencia, traicionar su confianza constantemente aliándote de por vida con gangsters mercantiles y oligarquías delincuentes, jugar con sus derechos fundamentales, especular con su seguridad y con su vida y la de sus familiares, vaciar sus bolsillos con recortes escandalosos de los que tú te nutres, dejarles en el paro y sin atenciones básicas, tus buenas intenciones son un fraude. Y no sé de que te sorprendes cuando rechazan tus falsas promesas y cantos de sirena desafinada y sorda. Pero con la estupenda intención de dar un recital de palabrería audiovisual  al posible electorado. 

Las buenas empresas y proyectos sólo se llevan a cabo cuando las mejores intenciones determinan los mejores medios para conseguir los mejores logros. Los mismos materiales éticos e intelectuales.  Es resultado de la nueva energía que ahora se hace imprescindible para el cambio de conciencia. 

En otros tiempos la estrategia de las trampas y de las marrullerías daba resultado porque el contenido de los valores no era el mismo que ahora. Y eso ha dado lugar a que incluso haya habido escuelas "filosóficas" y religiosas que han hecho de la ocultación, la mentira y el delito disfrazado de virtud, un camino de "conocimiento", sí desde luego, de un conocimiento de bajísima vibración que ha machacado la honradez y los caminos más sabios y sencillos, convirtiendo la vida en una jungla laberíntica, inútil y peligrosa.
Pero a ese estilo de conductas hace ya tiempo que se le ha terminado el glamour.