domingo, 8 de diciembre de 2013

Pobre Don Quijote...es que no escarmienta...

Forges

 Gato por liebre es el estilo al que nos han acostumbrado. Y así andamos. Ferrán Adriá acabó con el estofado, el arroz al horno, el cocido, el gazpacho y las tortas de Alcázar. Para no hablar de las gachas manchegas, el pisto, el asadillo, los pestiños, la torrijas, el arroz con leche y los mantecados. La Mancha de Don Alonso Quijano y sus pitanzas dejan mucho que desear desde que ha sustituido los huertos solares y parque eólicos por la mantilla y la peineta constante de Dolores de Cospedal, que para los habitantes de la región se ha convertido en el dolor de un órgano invisible, -de momento nadie sabe qué es un 'cospedal' ni en qué zona del organismo está localizado, pero doler, duele lo suyo y cada vez más a los incautos votantes que lo hicieron posible, y sobre todo desde que se ha constituido empresa privada para esquilmar la pública-. Don Quijote está de bajón y Sancho no se aclara con el panorama. Hasta le han recortado al Rucio y le han prohibido llegar a la Ínsula Barataria, porque ahora se ha puesto por las nubes, o sea, Carataria perdida. Ya lo acaba de explicar Montoro, que las encuestas digan misa mayor, él está muy seguro de que el pp volverá a ganar "porque los mercados no son gilipollas". Pero los ciudadanos sí, según él. Por eso protestan cuando piden un potaje de legumbres y les sirven una aceituna envuelta en un cuarto de viruta de hoja de endivia, acompañada de un crujiente de ERE, en salsa de camelo básico con un toque de baba de ministro trincón al dente. Seguro que es por eso, por lo que Montoro está seguro de que a la hora de un buen menú de ese estilo, los españoles, que gracias a la LOMCE se están poniendo al día como nunca en cultura gastronómica además de en garrulismo werteano, volverán, como las golondrinas a votar lo invotable, por mucho chantaje con que los mercados amenacen. Hemos llegado al punto de tener que elegir entre el hambre del perro apaleado y atado con la correa de la vergüenza o el hambre del perro libre y sin amo que puede buscarse su comida con dignidad de cazador, como en la antigua fábula. 

Lo cierto es que los ciudadanos, aunque sea con menos organización al uso, pueden vivir sin gobernantes, pero los gobernantes no son posibles sin ciudadanos, porque a ver quién les mantiene por vivir del cuento. Y el trabajo de los gestores corruptos es convencer a los votantes de lo contrario. 

Ya saben desde ahora los votantes del pp el concepto que tiene de ellos el ministro de Hacienda: o sometidos a los mercados que los arruinan o gilipollas. O sea, imbéciles hagan lo que hagan. ¿Es posible que "eso" merezca ser votado otra vez? Habrá que asumir aquella frase del agricultor al señorito que quería darle una limosna después de explotarle: "Mi hambre es mía y yo me la pago". Más vale una vida incómoda, insegura y libre que una muerte a plazos en la seguridad de la esclavitud. Más mata el colesterol que una dieta poco abundante. Más matan los disgustos y la frustración que una pobreza digna en libertad y respeto solidario. Vayáse usted a paseo, señor ministro, a ver si paseando se despeja y dimite con su gobierno en comandita. Pero no caerá esa breva, antes de que se hayan acabado de fundir lo poco que queda en el restaurante del gato por liebre, donde Don Quijote ya no se aclara entre molinos y gigantes, porque todos son derribos y enanos éticos border line.

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