martes, 21 de abril de 2015

La voz de Iñaki

21 ABR 2015 - 09:04 CET
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La herencia que recibirán

EL PAÍS  


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Estoy de acuerdo con que en una época de trastornos y graves convulsiones sociales, los seres humanos, igual que hacen los médicos para diagnosticar las enfermedades, hagan un repaso analítico del historial, del camino y de las sintomatologías de aviso, que nos han conducido al estado actual; es completamente lógico que además, en ese repaso, se fije la atención en los fallos del pasado más que en los éxitos.  Lo mismo que a la hora de describir ante el médico lo que nos pasa no le contamos la estupenda salud que tuvimos de pequeños o de jóvenes, sino lo que nos duele ahora y lo que sospechamos que hemos hecho mal en los últimos tiempos para estar tan fastidiados en el presente.  Por analogía se puede entender que anímicamente, en los malos tiempos no está el horno para bollos y la misma preocupación que angustia a la sociedad, conduce a la revisión en negativo de los hechos que han precedido al y provocado el desastre. Dicho esto, por lo demás, creo que es muy preocupante la actitud actual de la sociedad, no solo española, sino europea y global, también. 
La rapidez y la voracidad son, entre otros, los signos de este tiempo cada vez más gaseoso. Inconsistente y disperso, pero al mismo tiempo, greagario y acomodado. Y aquí quiero hacer hincapié en la resignación y consenso general ante el estado global de la cosa sociopolítica, económica y cultural. Ex-ideológica. Ya no me refiero a la precariedad y desgaste de las ideologías, sino al riesgo de aniquilar la Idea. En el sentido platónico, como fuente y arquetipo de la vida y su sentido, de la inspiración, del pensamiento inteligente como creación humana y universal. Como co-gestión de la inteligencia cósmica. Este estado de vaciedumbre sí que lo veo preocupante. Y mucho. 
Vivir inmersos en un remolino constante de informaciones inconexas, de riesgos, amenazas, peligros, estafas, mentiras, bombas, guerras, asesinatos, tragedias, premios, lujo desorbitado y miserias inimaginables, verdadera bulimia y estrés tecnológico por estar a a la última no perder comba en el modelo de móvil o de tablet, como en el estar al loro del último chisme mediático, este vértigo lacerante que atraviesan el Planeta sin parar y sin dejar más huella que la provisionalidad de todo y la inseguridad como estado permanente, donde la única realidad tangible ya ni siquiera es uno mismo, sino el poder adquisitivo que se tiene o no, el "tanto tienes y aparentas que eres, tanto vales", todo este mapa de manicomio, no puede dar otros resultados que los que estamos comprobando. Y lo curioso es que al analizar todo el enjambre de aberraciones que nos arrastra, al comprobar este estado ,sólo se alcance a buscar culpables, como si la cosa no fuese con cada uno de nosotros también. Siguiendo la alegoría del médico, en la consulta, equivaldría a que al relatar nuestro preocupante estado de salud, comenzásemos a culpabilizar a nuestra familia, amigos, vecinos, maestros, conductores de autobús, al alcalde o al peluquero, de todas las desgracias que nos afectan y nos enferman. 

Es muy importante que dejemos la victimitis porque es el peor de los aliados para mejorar las cosas. Pensar que todo lo malo que nos pasa es culpa de una economía ajena a nosotros que nos han obligado a asumir, o culpa de una cuadrilla de bandoleros políticos que están ahí precisamente porque nosotros hemos querido que estén. Votándoles en vez de botarles, una vez y otra,  sin escarmentar, hagan lo que hagan. ¿Quién ha votado durante años y años a los mismos biparty? ¿Nos obligaba alguien acaso? ¿Tal vez no había otras opciones electorales a las que no se hacía ni caso porque, curiosamente, les acusaban de ser minoría los mismos que se apuntaban a la mayoría por pura inercia rebañil? Cuántas  veces habremos escuchado este lúcido y fantástico comentario: " Es una pena que IU nunca alcance una mayoría i para gobernar porque son muy decentes y su programa es el mejor. Pero es que sacan tan pocos votos..." "¿Y tú les votas?" "No, que va. Yo le voto al Psoe (o al pp, según la inclinación del comentarista), no me gusta casi nada de lo que hacen ,pero como les vota tanta gente, ganan". La cosa no da para más. Los dos dedos de frente se han quedado reducidos a medio meñique escaso, sobre el plano unicejo frontal del paisanaje. Ganar es lo que cuenta, como en el fútbol o  en el Juego de Tronos tan querido para P. Iglesias. Da lo mismo jugárselo a los chinos que al mus. O a las canicas. Hasta ahora ha sido así. Cuestión de inercias. A nadie se le ocurría echar un vistazo a las legislaturas anteriores, ni comparar nada, ni fijarse en el momento económico general del tiempo anterior y compararlo con el presente. Mucho menos pensar en el futuro ni en la herencia de las generaciones venideras. ¿Para qué, si ellos ya no iban a estar allí? Y si se insinuaba la más mínima objeción o invitación a reflexionar para poder elegir mejores opciones, la respuesta era indefectiblemente la misma: " Yo es que en política no me meto. Ni quiero saber nada" Y era como un orgullo. Un certificado de irresponsable social que molaba una barbaridad. "Yo soy apolítico". Un laurel. Una medalla. La banda de honor del listo de la clase. Y para no ser menos, había hasta coro griego apoyando el trance. "Ni yo". "Anda, yo tampoco." "Pues menudo asco da la política". Y así, más o menos hemos vivido y vegetado políticamente durante casi cuarenta añazos, como el éxodo judío por el desierto de la corrupción, y encima creyéndonos ya en la tierra prometida...y sin ningún Moisés que cabreado tirase las tablas de la ley hasta hacerlas trizas, a causa del empeño de la masa en ser frita y refrita en el altar del becerro de oro, o sea en la freidora de la banca y sus buenos Ratos. Con aceite puro de Olivas, de Granados, de Guindos, de Cospedales, de Camps florits i molt rics. Y así, ERE que ERE, hénos de Pravia, que diría Muñoz Seca en la Venganza de Don Mendo, aunque sólo sea por hacer juego con la primera reina campechana de verdad que ahora ocupa el trono consorte, a la que sólo le queda hacerse la foto para anunciar el anís de la Asturiana con la corona encima del pañuelín, para campechanizar del todo la herencia recibida.

Con tal panorama heredado y con la colección de 'ostias' de toda laya que la peña lleva encajando lo mejor que puede desde 2008 ¿qué otra cosa se puede hacer ahora, una vez despiertos, que empezar a revisar el pasado reciente para hacer balance y poder organizar el nuevo tiempo con conciencia de escarmiento para no repetir en las mismas tesituras y ponerle cara y nombre al mogollón y así que no se repita el pasado ni ahora ni en el futuro? Claro, que en mirar hacia un pasado reciente como el nuestro, hay un riesgo considerable de alucinar y quedarse enganchados en el estupor y del estupor al cabreo hay apenas un "tris"cuando las cosas pintan bastos y espadas para la ciudadanía y copas y oros para los vivales que la están devorando en plan caníbal. Es en ese punto donde hay que dar el salto cuántico del una y no más, santo Tomás. Es decir, ya hemos comprobado lo que hubo y la relación entre lo que hubo y lo que hay. Y eso tiene que dar lugar a que desde ahora, lo que hubo y lo que hay se transforme en decencia y ética, para que ésa sea la herencia que reciban nuestros hijos y nietos y no el rebufo corrompido de un tiempo entre imposturas.

Personalmente, creo que es importante esta catarsis, colocar las piezas en el puzle para darle forma y un orden adecuado que permita la coherencia. Es el paso crítico para que "las masas populares" adquieran su certificado escolar de ciudadanía y de adultez. Es el antídoto contra toda tentación de populismo hortera y humillante para la inteligencia colectiva. 
Para poder afirmar "Nunca mais"  y hacerlo realidad, antes es necesario tomar conciencia del chapapote y sus porqués y sus causas. Y en ello andamos. También esa conciencia nos hace comprender que si uno "no quiere saber nada de política porque es un asco", se merece como resultado inevitable una política asquerosa. Es la oferta y la demanda. El mercado. El pozo en que se cae cuando se ha perdido el alma por el camino de la mediocridad y el convencionalismo resignado a lo más cutre admitido como un excelente cualidad.

Dejemos que cada día nos aporte la fuerza, la lucidez y el amor suficientes para que hagamos todo lo posible porque ese pasado y sus flecos se disuelvan en una frescura nueva, en un impulso regenerador y sin complejos aprendamos la lección: hemos tenido lo que hemos votado o no hemos querido votar. Hemos aceptado por comodidad todas las ventajas de lo opaco, de lo espeso, de lo pringado, de lo "heredado" de un dictador que ha permanecido en la trastienda de la democracia, con el consentimiento de la mayoría absoluta. Ahora es lógico que suframos las consecuencias, pero no nos vamos a quedar en ello. Superado el schock, nos levantamos, nos organizamos, nos animamos y con más fuerza que nunca, vamos p'alante. Sí, se puede. Y a pesar de los pesares y con toda la mochila del pasado intentando aligerar el peso para que podamos aligerar el paso de la ética como estética... !!!Viva la ciudadanía!!!!  



                                    
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