"Las mafias seguirán lanzando gente al mar, ¿qué hacemos?, ¿dejarles morir?"
Dos ONG españolas y una alemana ponen en marcha
Maydayterráneo, una misión de rescate en la ruta migratoria más
mortífera que llega justo después de que cuatro organizaciones hayan
abandonado la zona por la inseguridad generada tras los acuerdo de la UE
con Libia
"La disyuntiva es
muy simple: si no estamos ahí se van a morir. Las mafias van a seguir
lanzando a refugiados e inmigrantes al mar. Les da igual si llegan vivos
o no. ¿Qué hacemos?, ¿les dejamos morir?". Íñigo Gutiérrez
resume de esta forma lo que pasará haciendo durante los próximos cuatro
meses junto a sus compañeros. Salvar vidas en el Mediterráneo Central.
Gutiérrez es miembro de la ONG guipuzcoana Salvamento Marítimo Humano (SMH),
que ya tiene experiencia en el rescate de personas que huyen hacia
Europa de la guerra y la persecución en sus país. Trabajó en plena
crisis de los refugiados, en 2015, en la isla griega de Quíos, aunque
sabe que las aguas del Egeo no se parecen a las de la alta mar entre el
sur europeo y el norte de África. Después de aquella experiencia, SMH y
otra ONG andaluza ─Proem-Aid,
que rescató y prestó asistencia médica a los refugiados que llegaban a
la isla griega de Lesbos─ se pusieron a pensar en la forma de trabajar
en el Mediterráneo Central, la ruta migratoria más mortífera. En lo que
va de año las aguas se han tragado más de 2.300 vidas. Casi 13.000 desde
el 2014, según la Organización Internacional de las Migraciones (OIM). La cifra de muertos se eleva por encima de las 14.000 en todo el Mediterráneo, una fosa común demasiado grande como para mirar hacia otro lado.
"En marzo de este año decidimos que teníamos
que ir al Mediterráneo Central vista su situación”, apunta Gutiérrez
desde Malta, base de operaciones del proyecto. Se pusieron manos a la
obra y lanzaron Maydayterraneo-Proyecto Aita Mari Zubia junto a la ONG alemana Mission Lifeline.
“Somos una organización muy pequeña y nosotros solos no podíamos, así
que decidimos trabajar conjuntamente. Este tipo de misiones son muy
caras”, explica.
Han conseguido recaudar casi 250.000 euros
gracias a donaciones y la colaboración del Gobierno vasco, las Juntas
Generales de Gipuzkoa y varios ayuntamientos, y ya están a punto de
empezar a rescatar. Afirman que no es nada fácil organizar misiones de
rescate. Les costó mucho encontrar un barco y una tripulación, pero
finalmente lo lograron. “Teníamos previsto empezar este viernes, pero
todo son problemas. Cuando solucionas una cosa aparecen otras cinco"
Esperamos comenzar el día 18 si todo va bien, aunque aún queda mucho
trabajo a bordo del barco”, relata.
El peligro de los guardacostas libios
Sabe que la situación en el Mediterráneo
Central no es la más idónea para trabajar. “Salimos de Malta y nos
acercaremos a la zona de rescate SAR en libia. Varios compañeros de
otras ONG nos dicen todo ha cambiado a raíz de los últimos acuerdo entre
la Unión Europea y Libia”, explica. “Hay mucha vigilancia de la Guardia
Costera libia y no podemos acercarnos a la ciudad de Trípoli. Este país
es un berenjenal y la zona más segura para rescatar en la parte Este.
El oeste el muy peligroso”, expone. Otra ONG española, Proactiva Open
Arms, ha denunciado que los guardacostas libios les han hostigado y han
bloqueado misiones de rescates desde los acuerdos, llegando incluso a disparar para evitar que las ONG hicieran su trabajo.
En principio, las personas rescatadas
serán trasladadas a puertos italianos. “Hace poco estaban dejando
barcos de rescate bloqueados, pero parece que han vuelto a abrirnos los
puertos. No sabemos qué pasará, todo puede cambiar en cualquier momento y
ya se han producido devoluciones en caliente en el mar”, advierte.
“La situación en Libia es dantesca. Se mata, se viola y se vende gente detenida”
Libia
es el lugar de partida de las embarcaciones. Punto neurálgico del
tráfico de personas debido a la ausencia de un Estado tras la guerra
civil de 2011 que acabó con el régimen de Gadafi. Actualmente, tres
facciones se disputan el poder y se reparten el territorio. La UE sólo
reconoce al Consejo Nacional de Transición, a quien está financiando para impedir que los inmigrantes salgan hacia Europa.
Allí permanecen miles de personas sobre todo de origen subsahariano,
detenidos y hacinados en condiciones infrahumanas en distintos centros
de detención.
“La situación en Libia es absolutamente
dantesca”, denuncia el cooperante vasco. “Se mata a los que intentan
huir, se venden personas, se viola a las mujeres”, resume. Gutiérrez
afirma que otras organizaciones han rescatado a personas que, al zarpar
el barco de rescate, preguntan se vuelve a Libia. “Son capaces de saltar por la borda con tal de no regresar”, ilustra.
Recientemente, Médicos Sin Fronteras, que
realiza labores sanitarias en alguno de estos centros de detención,
llamó la atención a Bruselas sobre lo que ocurre allí. “Los detenidos
están privados de toda dignidad, sufren malos tratos y carecen de acceso
a la atención médica”, denunció la ONG, que trata enfermos con
infecciones respiratorias, del tracto urinario, sarna, diarreas agudas y
desnutrición. “Los centros carecen de un registro formal y de archivo
de los detenidos; una vez que las personas están dentro, no hay manera
de saber lo que les ocurre”, alertaba, y advertía torturas y
desapariciones de personas detenidas arbitrariamente.
Gutiérrez tiene claro que pagar a otro
Estado para que controle los flujos migratorios es un simple parche. “Es
como tapar con el dedo una tubería llena de fugas”, explica. “Si no
llegan por esa vía buscarán otra, porque huyen de la guerra y de las
hambrunas. Nadie se queda en casa esperando a morir, ya sea por bombas o
por hambre o porque una empresa minera te quita la tierra”, asegura. El
resulto es el aumento de llegadas, por ejemplo, a las costas andaluzas, que se ha incrementado de forma más que notable este año. También han llegado pateras al Mar Negro, advierte el cooperante.
"¿Quién te dice que el dinero que damos a Libia no acaba en manos del ISIS, que opera allí"
Critica
la financiación de la UE para que Libia haga el trabajo sucio. Un
dinero que “no se sabe ni a quién se le está dando. Pagamos a una
milicia armada y, ¿quién te dice que al final ese dinero o parte acaba
en manos del ISIS, que una de las facciones armadas que opera en el
país”.
La misión de Gutiérrez y el resto del
equipo llega en un momento crítico para los inmigrantes y refugiados.
Desde el verano, cuatro ONG han abandonado las labores de rescate en la
zona por la inseguridad. La primera fue Médicos Sin Fronteras, también
crítica con el código de conducta que Italia obliga a firmar desde hace
meses a las organizaciones humanitarias que operan en la zona. A ésta le
siguieron See Eye y Save the Children. Recientemente se fue MOAS. “Es
normal que se retiren si las autoridades no les apoyan. No se puede
criticar a la gente que ha estado todo este tiempo salvando vidas y
llevando el peso de la mayoría de rescates”, afirma. Pero precisamente
por eso cree que su labor es más necesaria que en otros momentos.
Lamenta la “criminalización que las
autoridades están haciendo de las ONG como nosotros” y advierte de que
el “discurso del odio está aflorando con mucha virulencia” desde que
comenzó este éxodo masivo. Masivo, un término que para Gutiérrez suena
mucho más impactante de lo que es en realidad, pero que se está quedando
en el imaginario colectivo de los europeos. “ Parece que vienen hordas y
no son tantos. Lo que más me preocupa es que me he encontrado con gente
buena y solidaria que, de un tiempo a esta parte, empiezan a hacer
suyos los mensajes de la extrema derecha”, apunta.
“Dicen que nosotros estamos haciendo
negocio de la ayuda humanitaria. Pues si quieren les envío nuestras
cuentas, porque esta misión nos supone un quebranto económico muy
importante”, responde. De hecho, el proyecto publicará el balance
económico en su web para desterrar esa “nueva corriente informativa que
acusa a las ONG de estar lucrándose con el tráfico de seres humanos”. La
misión, aventura, no va a ser fácil, pero espera que su proyecto agite
conciencias y poder regresar al Mediterráneo después de que su barco
vuelva a puerto en diciembre, porque, como afirma Gutiérrez, “los que
rescatamos son los mejores de cada casa, los que tienen posibilidad de
pagar por huir”. Muchos ni siquiera pueden jugarse la vida para escapar
de la muerte.
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