jueves, 1 de noviembre de 2012

Dime lo que celebras y te diré que futuro te espera



Halloween. La fiesta yankee. El apósito adhesivo que el imperio mediático ha impuesto al mundo. Porque sí. Porque mola un mazo, colegas. Y da dinero. Cómo no. Si la felicidad es gratis y el sufrimiento es el negocio del siglo. De todos los siglos que en el tiempo han sido.

Ayer, a la caída de la tarde. Ahora que los anocheceres se adelantan, la ciudad era una irrealidad fantasmagórica. Niños y adultos sin madurar, o sea patéticos, paseaban por las aceras disfrazados de vampiros, calaveras, demonios, fantasmas, trasgos, orcos, brujas y monstruos de diversa especie y condición. Celebrar la fealdad, el terror y la destrucción se ha convertido en un ritual festivo, en unos carnavales obsoletos y ridículos, de infierno transgénico y desesperado en una sociedad en crisis total, de todo. Esencialmente y como base idiopática de la enfermedad, carente de valores. O sea, de salud. Terminal, en una palabra. 

¿Qué futuro tendrán generaciones que están creciendo mientras celebran el espanto como juego favorito ya programado en el IPhon y que tienen la falsificación de los dinosaurios como mascotas de peluche para dormir en sus cunitas y darles la ternura del primer contacto con lo, supuestamente, "vivo"? 
No sé si los psicólogos lo habrán notado o si tal vez la mayoría de ellos ni lo vea. Pero es imposible que sembrando horrores y malformaciones mentales en el inconsciente humano, desde la más tierna infancia, nuestra especie pueda producir algo mejor que psicópatas robotizados o carne de manicomio. Idiotas cibernéticos y bricks vacíos de contenido, dispuestos a llenarse de cualquier sustancia energética que los quiera poseer y teledirigir.

Tampoco sé si alguien habrá advertido la sibilina e imperceptible sustitución de fechas y de contenidos semióticos de este evento. La fiesta de halloween ha venido a suplantar, no a la del recuerdo de los difuntos queridos, que se celebra el día 2 de Noviembre, sino a la de Todos los Santos, que en el plisplás de un escobazo dantesco  y mercantil, ha quitado de en medio una referencia importante para la evolución. Porque todos los santos son realmente, todos los seres humanos que van superando etapas de crecimiento y van alcanzando, en esta vida , grados de conciencia cada vez más sutiles, inteligentes, felices y amorosos. Es la fiesta de la Comunión de los Santos, es decir, la fiesta que celebra la vivencia comunitaria, la energía vital en común-unión de los que avanzan. La alegría del encuentro. De todos nosotros, los hijos de la vida y no de la muerte. Pues la muerte es estéril e instrumental, no es   por sí misma, nada más que el punto de salida y de entrada simultánea de un estado sólido-líquido, al estado gaseoso y expansivo de lo que ha estado limitado y constreñido a una forma determinada y cambiante. El paso de la materia a la energía que hace posible cada experiencia y la dota de vida y movimiento. Es decir, el paso de la conciencia reducida a la conciencia infinita. La muerte es sólo la puerta multiusos que comunica las innumerables habitaciones de nuestra casa cósmica. Quedarse atascados en el culto pueril e insignificante a la calavera, a los infiernos, que sólo son obra nuestra, a las brujas, fantasmas ,hombres-lobo, monstruos y demás horrendeces, que son enfermedades y miasmas en la escoria del psiquismo imaginario, deja el alma encerrada en un túnel de oscuridad. En un páramo gris y tenebroso. Le arrebata recursos a la inteligencia. Congela y recorta los caminos del crecimiento. Si todo "termina" en ese bosque irreal de lo mortuorio, ¿para qué estudiar?,¿para qué trabajar?, ¿para qué superarse? Si al final de todo sólo queda la calavera sobre dos tibias cruzadas, ¿para qué hacer nada que no sea simplemente depredar y procurar ser el depredador mejor que el depredado? Obviamente, quedar reducidos a la simple animalidad, frustrando el proyecto humano en su plenitud. Así el primitivismo asustadizo, tiene la posibilidad de adquirir un caché que en realidad no le corresponde, porque la evolución sigue a pesar de cualquier obstáculo, por más persistente y obsesivo que sea. Sobre todo porque el culto a la animalidad se acaba en su autodestrucción, mientras la vida adopta alturas y planos que el animal pensante e inconsciente, se ha prohibido a sí mismo.

Hay que decir la verdad a los consumidores del espanto. No hace falta que se inventen y compren disfraces para la familia, ni que busquen el escalofrío de la irrealidad. Si de verdad quieren ver el horror real, sólo deben enchufar la televisión y comparar los anuncios con el panorama que ven cada día, dejar el cibermundo y salir a la calle. Pasarse por las puertas de los supermercados, de los bancos, por los hospitales que no admiten parados cuando han perdido el subsidio. Por los comedores asistenciales que ya no dan abasto, por los contenedores de basura, donde padres y madres de familia, que ayer los usaban para tirar residuos, hoy buscan bolsas de pan de ayer, frutas tocadas, botes de conserva caducados. Pueden encontrarse a Cecilia, la abuelita que pide en la puerta de Mercadona, a la que los doscientos euros de pensión, se le van en la luz, el gas y los gastos de comunidad. No le queda nada para comer, ni para vestir, ni para farmacia recortada cuando pilla un resfriado, cada vez más frecuente, porque al no comer casi nada, no tiene defensas. Y sobrevive de lo que los clientes del super le van dando. 
Pueden llevar a los niños para que vean fantasmas de carne y hueso, a charlar un rato con Arturo. Maestro de obras. Ha perdido su casa y su trabajo. Está separado. Tiene tres hijos a su cargo que ya no pueden pagarse los 3 euros del tupper ware. Y con casi cincuenta años no espera que nadie le contrate a  pesar de su experiencia.
Y si quieren ver a la bruja más piruja y vengativa, pueden presentarles a Iris. Ecuatoriana furibunda y desesperada, capaz de matar para dar de comer a los suyos y conseguir un billete de vuelta a los suburbios de Guayaquil. El hombre-lobo puede ser Don Ramón. ATS jubilado y que ha perdido hasta la camisa gracias a las preferentes, en un falso ahorro pensionista, de un banco gallego que ahora subvenciona a Núñez Feijóo y celebra el triunfo de la abstención. Eso sí que es el terror. Y no las calaveras de plástico y los tridentes de juguete o los colmillos de vampiros irrisorios. Para vampiro, este gobierno. Para sacamantecas, el señor Presidente. Para brujas, el elenco que empieza en el Parlamento y acaba en la Comunidades Autónomas. Para hombres del saco, los señorías de la complicidad y el silencio cooperante. Para aquelarre, la monarquía. Y para Santa Compaña, la iglesia tan silenciosa ante el genocidio de la dignidad humana  como gritona y estridente para defender sus intereses y sus manías cratófilas y persecutorias.
Para terror, terror, pasen y vean los fenómenos tecnológicos que pueden asolar un país en un santiamén si les cae gordo, por alguna razón subversiva, a los inventores y sostenedores del halloween de marras.  Y España tiene todas las papeletas por haberse "inventado" la indignación activa como respuesta al abuso global. Ahí está la clave. España ha descubierto que el verdadero halloween vive en Wall Street y desde allí, maneja todo, mientras va vendiendo folklore mortuorio para derrotar psicológicamente al posible futuro de la humanidad, desde dentro de los mismo consumidores, y con ello se llena los bolsillos a costa del euro agonizante, el yen fukushimado y el verdadero opio del pueblo, que es el miedo. Y así el anillo de Sauron va ocupando, sin inconveniente alguno, los dedos y las mentes de los que gobiernan el negocio del horror. 

Una humanidad que se olvida de celebrar su santidad natural y su capacidad para ser feliz y solidariamente cívica, pero cree divertirse al disfrazarse de cementerio y horror show, se está condenando a sí misma a no tener futuro alguno. A ser su  propia tumba. Donde ponemos la atención, ponemos la dedicación. Y donde ponemos atención y dedicación, ponemos el interés y el afecto; así sembramos el futuro. 

Habrá que repensar el regalito envenenado que Europa y el mundo en general están recibiendo sumisa e irresponsablemente, desde Hollywood, Hallowen, el Pentágono, la Casa Blanca (?) y Wall Street.
Más que nada por supervivencia de la propia especie y del Planeta que la mantiene.

Y para muestra,este botón recién salido del horno crematorio:


Tres jóvenes muertas y dos en estado crítico por una estampida en una fiesta de Halloween en Madrid
Las chicas, de entre 18 y 25 años, fueron aplastadas. La Policía cree que el disparo de una bengala provocó la avalancha.

No hay comentarios: