jueves, 8 de noviembre de 2012

Los intereses creados

Lo acabo de leer: el café alarga la vida y es beneficioso para el Parkinson. Toma ya.

De repente los negocios cafeteros se han visto mermados por las recomendaciones dietéticas de la medicina más avanzada. El café lleva años siendo restringido por internistas, cardíologos, urólogos, bromatólogos y neurólogos  y unido al tabaco es el quinto jinete del apocalipsis sanitario. Las patologías coronarias, hepáticas, intestinales, renales y del sistema simpático lo atestiguan con estudios innumerables y concienzudos. El café es tóxico por su composición química que produce reacciones devastadoras en el organismo, sobre todo a medio y largo plazo. Y por las purinas y detritus que genera al mezclarse con otras sustancias químicas. Uno de sus estragos peores y más silenciosos es la anemia, por inhibición asimilativa de la hemoglobina en sangre, ¿cómo se produce?, pues porque la cafeína, como la nicotina, impide la acción metabolizadora del oxígeno que es la base del transporte de hemoglobina en el torrente sanguíneo y además coopera en la formación de capas de ateroma en las arterias a las que la cafeína añade la vasoconstricción y la aceleración de los impulsos elećtricos sobre el ritmo circulatorio. La prueba más clara es el resultado de rápida mejoría que presentan los pacientes que renuncian a esa adicción cafetera. 
Hasta físicamente puede apreciarse tanto su toxicidad en la exploración del iris, como en la propia pigmentación amarillenta de la epidermis o la fetidez del aliento, la fragilidad del cabello y de las uñas, como el deterioro y corrosión del esmalte dental. 
El café, que con sus alcaloides, como la cafeína, por un rato parece subir el tono vital, con el consiguiente bajón cuando pasa el efímero efecto, lo único que hace es alterar el sistema nervioso, facilitar la excitación del eje diencáfalo-suprarenal, produciendo descargas abundantes de adrenalina y alterando la producción de neurotransmisores, con el consiguiente desequilibrio glandular; se altera la producción de ácido clorhidrico, de ácidos biliares y digestivos, al mismo tempo que altera la mucosa esofágica, gástrica e intestinal. Altera el sistema eléctrico que regula las neuronas y el músculo cardíaco. Y los ciclos del sueño. Favorece tensiones musculares y contracturas que afectan la movilidad y producen rigidez y calambres. Y como es un diurético muy potente ya que excita las células renales y de los conductos urinarios, es un agente directo de deshidratación tisular. 

Está claro que tomar una taza de café de tarde en tarde no es un peligro para nadie, excepto para los hipertensos o enfermos hiperexcitados o enfermos de gastritis, úlceras digestivas, enfermos renales o de hepatitis y litiasis renal o biliar o de padecedores de jaquecas vasoconstrictivas e insomnio. Y desde luego es lo menos indicado para una enfermedad como el Parkinson, cuyo síntoma más alarmante es precisamente el descontrol del sistema nervioso que hace temblar las extremidades y debilitar el control de los espasmos orgánicos que por falta de mielina en el tejido nervioso se van acentuando y se multiplicarían si se le añadiese cafeína. 
En cambio para estos enfermos es ideal la infusión de espino blanco, passiflora, hierbaluisa y melisa, acompañada por treinta gotas de ginkgo biloba, tres veces al día y la última toma antes de dormir, junto con una dieta donde abunden los crudos vegetales. Abundantes ensaladas, zumos y licuados de verduras  y frutas frescas, preferiblemente de producción ecológica. Lo mismo que cereales integrales que aportan la vitamina B y legumbres. La proteína se puede aumentar con los frutos secos oleaginosos, y la clara del huevo, eliminando la yema rica en colesterol. Las grasas del aceite de oliva natural y los azúcares de la fruta, la melaza de arroz, el concentrado de manzana y la miel.


Los daños por abuso del café están ligados a la aparición, precisamente de las enfermedades degenerativas del sistema nervioso. Y es un crimen irresponsable recomendar venenos alimenticios, socialmente adictivos y con el marchamo de la costumbre tribal, como el alcohol, el tabaco y el café, causantes de las enfermedades que ahora, "milagrosamente", alivian y mejoran, según le vaya al mercado...
La única "mejoría" posible que puede experimentar brevemente un paciente adicto al café y privado de él por profilaxis, es un alivio psíquico, por quitarse "el mono" de la abstinencia. Pero la música de la toxicidad va por dentro haciendo estragos. 
Y hay que estudiar, investigar y consultar antes de decir y escribir cosas inexactas y perjudiciales para la salud de todos. Menos cotilleo desinformativo y más responsabilidad ética en las noticias, por favor.

De todos modos una cosa es cierta: cada organismo tiene sus particularidades y hay que aprender a conocerlas. A veces lo que para unos es la panacea, para otros es una carencia y viceversa. Y el medicamento milagroso para unos puede matar a otros. Es responsabilidad personal cuidar nuestro vehículo corporal al que deberíamos conocer mejor que cualquier médico. Esa toma de conciencia que es todo lo contrario a la hipocondría, es parte del cambio de vibración mental y emocional en el que estamos comenzando a funcionar.
Con el tiempo también la orientación de la medicina cambiará y los médicos en vez de curanderos fármaco-agresivos, matarifes de inseguridad social por titulación académica, serán maestros, asesores y educadores en salud. Y en cada uno de nosotros despertarán al médico interno. Al poseedor del verdadero "ojo clínico". Y volverá la simplicidad hipocrática, con algún añadido evolutivo: "Que tu conciencia y tu alimento sean tu medicina y que tu medicina sea tu alimento y tu conciencia".

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