viernes, 7 de marzo de 2014

Nuestros hijos de puta

por Moncho Alpuente

07 mar 2014

Hasta bien entrado el siglo XVIII, los médicos y los físicos más reputados de Madrid defendían que  el aire de la capital era tan fino y tan sutil que no podía respirarse a pleno pulmón, por lo que la costra de basuras, inmundicias y detritos que alfombraba las vías de la ciudad servía para filtrarlo y hacerlo más respirable. Peregrina ciencia que no se diluiría hasta que llegó la Ilustración. Los elevados niveles de contaminación actuales podían servir de nuevo como coartada pero hoy la costra  que más asfixia a los madrileños en particular está formada por sucesivas y espesas capas de corrupción, un olor que inunda nuestras pituitarias sin que nos apercibamos de ello, tan acostumbrados estamos. Si un día desapareciera o redujera mucho tal vez echaríamos en falta ese hedor punzante que se reparte democráticamente en toda la geografía nacional allá donde se abren consistorios, asambleas y  parlamentos, allá donde se reúnen consejos de administración, cúpulas bancarias y chiringuitos financieros. Como le dijo Sarkozy a Carla Bruni, en la política se vive siempre a gastos pagados. En todos los rincones del mundo, se produce la histórica connivencia de empresarios, banqueros y financieros con los intermediarios políticos; las gelatinosas relaciones que entretejen para desvalijar a los ciudadanos están a la vista de todos, cubiertas muchas veces por débiles coartadas que se enredarán en interminables procesos judiciales que pagaremos todos.
Entre nosotros crece la percepción hedionda de la corrupción, la gente está hasta las narices del insoportable tufo que respiramos a diario. El paro y la corrupción son los problemas que más preocupan a todos los españoles menos a los miembros del Gobierno, sus cómplices y sus amos. Algo huele a podrido entre los escombros de la sociedad del bienestar, algo huele a podrido y me parece que son ustedes, que solo lavan el dinero que nos roban y luego lo esconden en lejanas madrigueras. Ustedes que no pisan la calle para no respirar el mismo aire que nosotros, contaminado por sus malos humos y para no encontrarse con el gesto de asco que pondrían a su paso muchos ciudadanos si conocieran sus caras. Ha caído Del Nido y se han precipitado en presidio otros pájaros de cuenta, como Bárcenas, Díaz Ferrán, Correa y sus sicarios, la lista de imputadas e imputados es interminable, duques, infantas, trileros y truhanes de altos vuelos comparten los banquillos. En presidio seguirán algunos hasta que sus nombres caigan en el olvido y salgan por la puerta de atrás para sumir en el anonimato su pasado criminal. Algunos reincidirán, como el inefable Ruiz Mateos, otros encontrarán ocupados sus puestos en la cacería, hay cola, también hay hijos de puta en el paro aunque con más posibilidades de encontrar trabajo.
El paisaje previo a las elecciones europeas es desolador. La falta de interés por los asuntos de la Unión se va transformando en inquina y desconfianza. Cada nueva vuelta de tuerca de las autoridades monetarias atenaza más nuestros cuellos, hasta el punto que nos deja incapacitados para mostrar un mínimo entusiasmo por las hipotéticas mejoras que ocurren a nuestro alrededor (y que aún no percibimos) y refrendar el optimismo forzado y forzoso de nuestros gobernantes, que serán unos hijos de puta pero que son nuestros hijos de puta, como dijo un diplomático para avalar a un déspota africano.

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Querido Moncho: acaban de editar tu artículo y ya se ha levantado por toda España una indignada respuesta a tu tesis. El puterío de las Españas se ha pillado un cabreo del 45 nada más leer el título y jura por todos sus ancestros  que esos hijos "nuestros", según tú,  no son suyos, que no los pueden reconocer como tales, porque nunca los han visto de cerca ni de lejos, sólo emplashmados y a mucha distancia, ya creciditos, con barba, mechas, extensiones, bótox e implantes capilares, y que ninguna monja les pudo dar el cambiazo, porque ellas, las putas clásicas, las fetén, siempre paren en clandestinidad y se gestionan en plan freelance, que les sale mucho más barato y sin los riesgos del timo de la estampita católicobstétrica y momia neonata congelada ad hoc. Vamos, que a sus hijos los tienen controladísimos y que ya se encargan ellas de educarlos mucho mejor de lo que al parecer educaron a los corruptos del pestazo cloaquil sus fétidas y acartonadas familias atufadas y atufando a incienso, alcanfor, a jabón Lagarto y a Floyd, en el marco incomparable de ayuno y abstinencia en viernes cuaresmales, tuneados con bula pontificia a tocateja, que la iglesia es muy suya y no fía sus merchandises, el que no le paga al contado debe abstenerse de todo y ayunar como un recortado rajoyano del montón.
Que ellas son putas a mucha deshonra, pero no tan mala gente como para ir pariendo delincuentes corrompidos y corruptores al trueque, a diestro y siniestro, ni sádicos con escaño y prebenda oficial a cargo del contribuyente que de eso ya se viene encargando hace siglos el Estado de la Putrefacción Legalizada , que, aunque se parece, no es lo  mismo que "prostitución", y aunque al primer golpe de oídas suene como familiar. Pero no lo es, ni por asomo. Aseguran que traficar con el propio cuerpo no tiene ni punto de comparación con el tráfico de poder, influencias, beneficios, regalos y dineros, que esa vocación es más bien cosa de los chulos que de ellas, que también son víctimas del mismo sistema y de la misma mugre y que si las hubiesen educado y hubiesen tenido referencias decentes, en vez de miseria lumpen fashion, a buenas horas iban a estar ellas por las esquinas en minifalda, enseñando los higadillos a temperaturas bajo cero y con taconazos puntiagudos machacando los juanetes... Y afirman enfadadísimas, que esta injusticia léxico-conceptual debe erradicarse de una vez por todas. Que están dispuestas a formar una plataforma popular que deshaga el  entuerto nefasto, y ofensivo para el gremio, de llamar "hijo de puta" a todo truhán, sinvergüenza, parásito político, social, mercantil, financiero o religioso, piraña o buitre atiburonado y trincón que se ponga ciego a base de rapiñas. Que ya está bien, hombre poddió! 

En fin, es lo que tiene este país, que, como en el Evangelio, las putas nos preceden en el Reino de los Cielos, porque en el Reino de las Españas católicas, apostólicas e imperiales,  nos preceden sus muy irreales  malestades y su corte de los milagros ppara-anormales. Ains!

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