sábado, 8 de marzo de 2014

La mujer, especie protegida

                     


 "No hace falta que me protejas, ni que me admires, ni que te enamores de mí, ni que filosofes sobre la condición maltratada de las mujeres; basta con que me respetes y , si es posible, que  me comprendas"




                                          Es muy duro, muy difícil, tomar conciencia de nuestra realidad "real", cuando la "otra realidad" ortopédica y postiza, se empeña en hacer de nuestras vidas el decorado y la atrezzatura de su negocio. Otra prueba más: este penoso y artificial festejo del día de la mujer trabajadora. ¿A caso celebramos el día de la felicidad? ¿El día de la salud? ¿El día de la educación y la convivencia? ¿El día del amor verdadero y solidario, nada que ver con la neurosis rentabilísma de los sanvalentines? ¿El día del hombre trabajador? Sólo celebramos lo deficiente y lo enfermo: El día del cáncer, el día de la madre y del padre, el día de los sordomudos o de los estrábicos, el día del libro, el día de los derechos del niño, el día de la Cruz Roja, el día de la Hispanidad, el día del hambre, el día del deficiente, el día del SIDA, el día del trabajo como si fuese una desgracia más sin resolver, el día del mayor, el del orgullo gay...sólo celebramos anomalías y desajustes sociales, porque nos han convencido de lo estupendo que es lavar la conciencia y las grietas del olvido con una celebración global para cada problema sin resolver en el día a día, que es donde se resuelven de verdad las cosas. 

La celebración, antropológicamente, es la fiesta sabática necesaria para equilibrar la vida y nuestra actitud hacia ella. Y es tan antigua como la humanidad. En la celebración se rompían las rutinas, cesaban las actividades, se mezclaban las clases sociales y se borraban las diferencias, se compartía la comida especial, la bebida que anima y fortalece, la hospitalidad, la música, el baile, las historias bien contadas, el buen humor y el relax, el contacto con la naturaleza, la calle, los prados, los parques, los bosques, las playas y la alegría. Todo ello eran como unas vitaminas que nos alimentan y nos dan ánimo, nos acercan unos a otros y refuerzan vínculos sociales. Las romerías, las fiestas y ferias populares, los carnavales, los fuegos artificiales, las verbenas, el pregón de las fiestas, los pasacalles con bandas y grupos de música, son para eso. Pero nuestra sociedad ya no es capaz de hacer el esfuerzo lúdico y sanísimo de la  fiesta, tan terapéutica y necesaria. Tan democrática. Ahora este mundo nuestro occidental, tan listo y preparado, sólo es capaz de "celebrar" y hacer "fiesta" con aquello que no funciona, con la excepción de la anomalía, así, con un día al año para pensar en algo que no va, ya tiene bastante hasta el próximo. Durante las otras 364 jornadas, todo será lo mismo de siempre. 

Si lo que se acostumbra a "celebrar" en este modelo de comportamiento social, es lo débil, lo insuficiente, lo flojo, lo deficitario y lo chungo, ¿no da qué pensar, por qué hay un "día de la mujer" y otro día para los niños, pero no hay un "día del hombre"? Muy sencillo: porque el hombre es al amo de todo. Y cuando digo "el hombre" no me refiero sólo a los individuos, sino al "ente" hombruno; al machismo imperante que también funciona en feminista, creyendo mejorar "a la mujer" se le impone la ruptura con "los valores masculinos". Es una aberración convertirnos en excepciones genéricas. Igualmente sería el caso, al revés: tener que "celebrar" al hombre trabajador y maltratado socialmente y por su mujer, para más inri, como es el caso actual. Alguna vez he tenido que declinar la invitación a participar en manifestaciones sólo de mujeres y prohibidas a "los tíos" como llaman a los hombres en esa barbarilandia de los estrógenos y gestágenos, donde puede más el ego y el odio que la inteligencia y el desbloqueo de lo injusto por medio del conocimiento y la educación recíproca, que es el único modo de trascender un estado tan primario y tan poco evolucionado.

Hay que proponerse, entre todos-as, que la igualdad y el respeto mutuo sean la normalidad los 365 días del año, que los sueldos por los mismos trabajos y responsabilidades sean iguales y no varíen según la condición de género. Lo mismo que se debe pagar igual a un/a inmigrante que a un autóctono/a por el mismo esfuerzo laboral. No nos engañemos, no se celebra el "día de la mujer" porque sea maravillosa ni estupenda, ni porque se le exija trabajar el doble que a un hombre para acceder a puestos de responsabilidad y se le pague casi la mitad, se "celebra" porque se trata de la mujer pobre en recursos, dependiente de un montaje hecho con mente y sensibilidad masculinas, en el que ella misma coopera y del que se siente super orgullosa cuando alcanza un estatus de poder y hasta supera al hombre en dureza, brutalidad y cerrazón en el poder, en la fuerza y en la corrupción. Por ejemplo ¿podemos asegurar que hoy sea también el día de Cospedal, de Christine Lagarde, de S.S.Santamaría, de aAna Mato, de Esperanza Aguirre, de Angela Merkel, de Carla Bruni, de la reina Sofía, de su nuera Letizia, de la Infanta del trinque, de la Duquesa de Alba? Pues va a ser que no cuela. Porque esas mujeres viven encantadas y cooperando en un universo masculino y sobre todo, indecente, desigual y echaíto a perder, podrido hasta las trancas, y del que participan y viven de muerte, aunque sean floreros representativos y en el fondo sean marionetas del mismo sistema, pero eso es algo que ni se plantean viviendo como hetairas y concubinas del poder. Las bienpagás. Sólo eso. Han tenido que renunciar a su condición humana para ser mujeres "importantes". Igual que los hombres. Ni más ni menos.

                                                                   

No celebremos más este tipo de carnaval genérico. Hagamos y revisemos personalmente un sistema diario de valoración del ser humano, de todos los seres vivos, de la naturaleza, del Planeta, eduquémonos unos a otros respetando nuestra esencia por encima de los intereses, sin miserias y rivalidades, sin crueldad ni tópicos y veremos como se facilita todo, como fluye y qué poca "lucha" necesitamos y cuánto nos sobra  e incluso nos estorba para ser uno/a mismo/a. Para estar completos y ser profundamente justos, generosos, maduros y felices. Human@s de verdad.

                                     


Forges

 


  | PÚBLICO
La abogada e histórica feminista Lidia Falcón presentará esta tarde en el Ateneo de Madrid su último ensayo titulado 'Los nuevos machismos', en el que analiza las claves del dominio del patriarcado que sigue detentando el poder.

 


No hay comentarios: