domingo, 11 de abril de 2021

🤗🤗🤗👍👍👍👍👍👏👏👏👏👏🙏🙏🙏🙏🙏 Estupendo artículo ⏰ despertador . Muchas gracias Javier Sádaba y Público!

 

Dominio público

Evangélicos

Javier Sádaba

Filósofo. Miembro del Grupo de Pensamiento Laico, integrado por Nazanín Armanian, Francisco Delgado Ruiz, Enrique J. Díez Gutiérrez, Pedro López López, Rosa Regás Pagés, Javier Sádaba Garay, Waleed Saleh AlKhalifa y Ana María Vacas Rodríguez

Los llamados evangélicos evangelistas son una amplia rama del protestantismo y que tiene su inspiración en Lutero. Lutero rompe con Roma y, esa es su intención, intenta retornar a la pureza de los inicios frente a la supuesta corrupción del Vaticano. Si en Roma existe una cabeza, el Papa, que manda sobre el resto de los creyentes cristianos, el protestantismo se parece a un archipiélago con muchas islas, algunas de estas de nuevo subdivididas.

A pesar de sus diferencias internas, evangélicos y romanos se declaran cristianos puesto que tienen creencias básicas comunes. Por ejemplo, Jesús es el Hijo de Dios que nos redimirá del pecado y nos salvará en una vida futura feliz. Tales creencias las basan en unos libros sagrados, los evangelios, que estarían revelados por el mismo Dios. Es verdad que lo que está escrito en los citados evangelios los católicos lo toman de una manera más amplia y alegórica, mientras que los evangelistas se agarran a lo escrito como si el texto fuera en sí mismo divino. De ahí su fundamentalismo, su integrismo y su dogmatismo.

Los evangelistas, y dejando atrás su historia, se están extendiendo por el mundo de modo imparable. Las causas de dicha expansión son varias. Por citar algunas, el poder económico, con el que les es fácil penetrar en las capas populares más empobrecidas. Téngase en cuenta que su base reside en Estados Unidos. En este aguerrido, económicamente y militarmente, país, la mitad de la población es evangelista, con la cantidad de ramificaciones antes citada, como es el caso, y es un ejemplo, de los pentecostalistas o los metodistas. De ahí sale buena parte del dinero que se derramará después, en nombre de un Dios Salvador, a lo largo del mundo. Por otro lado, no habría que olvidar el decaimiento del catolicismo romano. El catolicismo se ha hecho viejo y le falta, además, el ardor proselitista que les sobra a los evangélicos. Nada extraño que allí en donde antes se profesaba la fe católica ahora tomen el relevo los evangélicos. Es este un fenómeno que se da en muchos grupos y movimientos. Una vez que las ideas y los ideales se hacen difusos la derrota se disimula con palabras, gestos o una simple liturgia. El evangélico, sin embargo, se emociona, canta, grita, reza en común con las manos unidas y forma, así, una comunidad enfebrecida que se lleva por delante lo que comienza a contemplarse como algo sin fuerza ni firmeza.

El evangelismo, lo dije ya, se extiende y avanza por todo el mundo. Fijémonos en la hasta ahora católica Latinoamérica. En Centroamérica, en donde pequeños pueblos que nadan en la pobreza sueñan con emigrar a Estados Unidos, los evangélicos arrasan y sobrepasan ya a otras religiones. El tristemente conocido Bolsonaro y su equipo de gobierno son fervorosamente evangélicos. No es de extrañar que allí la pandemia viral que padecemos globalmente sea una de las mayores y peor tratada. Y es que si ponerse de rodillas y rezar es más eficaz que la ciencia médica, entonces despidámonos de esta y todos a rezar. En México están en el gobierno y prácticamente en todos los países condicionan la política, dada la cantidad de evangélicos que existen. Solo en Colombia se cuentan más de cinco millones.

El principal problema no es solo su fe ciega, un problema sin duda para una persona racional y laica, sino la ideología que trasportan. Se oponen a la eutanasia y a la interrupción voluntaria del embarazo, colocan la magia por encima de la ciencia, apoyan con los votos o el dinero a los gobiernos más corruptos de derecha y extrema derecha. Y así podríamos continuar. Esa es la situación que atañe al resto de los países. En lugares como Arabia Saudí alientan la persecución de mujeres que tildan de brujas, y en otros países, todavía saliendo del limbo de una colonización que los ha hecho mantenerse en pañales, persiguen la homosexualidad, lo que llaman pornografía y todo aquello que huela a mínima modernidad. Y todo esto se propaga a los ojos de un mundo que parece no alterarse por este tipo de actitudes que van directamente al corazón de una sociedad laica. El evangelismo es un peligro en general. Todavía no ha entrado mucho en la sociedad española. Hay que estar atentos. Que nadie interprete lo dicho como una defensa del catolicismo. En absoluto. Lo que quiero decir es que no vendría mal conocer más de la historia de las religiones. Y que hay que enterarse y mirar a todos los lados para salvar al siempre necesario laicismo.

Respuesta del blogg

Estas reflexiones de Javier Sádaba son indispensables siempre, pero ahora lo son mucho más, en el tiempo de la gran confusión globalizada. 

Descubrir que el ser humano tiene un camino por delante mucho más sano de lo que parece a simple vista y que dispone de una fuerza interior para crecer e integrar sin dañar nada ni a nadie ni dañarse a sí mismos, es siempre la mejor de las noticias. Es lo que originariamente significa eu (buen) angellós (mensaje/noticia), dos conceptos unidos en una misma contracción verbal: evangelio. El nombre actual del fenómeno fue un invento de los griegos para definir el hecho comunicador boca a boca experimentable de que es posible cambiar a mejor, perdonar haciendo borrón y cuenta nueva en una misma y en su entorno, crear esperanza y buen terreno vital echando mano de los mejores sentimientos, pensamientos y emociones, para gestionar la realidad desde parámetros terapéuticos, que nos mejoran y, por ello, mejoran el mundo que nos rodea. 

Lo que Sádaba denuncia con toda la razón legítima son las consecuencias de la manipulación y la suplantación de una realidad indiscutiblemente constructiva por unos intereses y unos métodos tan demoledores como turbios y obscenos. Primitivos y al mismo tiempo, retorcidos y manipuladores. Una "buena noticia" que se empeña en acumular poder, machacar lo que no le conviene, manipulando el inconsciente tanto individual como colectivo, no solo no es evangelio, es un fraude, una impostura, un abuso y un crimen social propio de una ausencia total de conciencia. Llamarse "evangélicos" mientras el único dios que se conoce y se predica es el capitalismo depredador, el poder para oprimir, asustar, marginar y amenazar con el infierno post mortem mientras ese infierno es el caldo de cultivo violento, desigual, fanático y cruel con los que no se consideran afines, no solo no es evangélico, es todo lo contrario, un oximoron indecente: la negación práctica de la teoría que se quiere vender como "verdad". La misma "cristiandad" nunca ha entendido el Apocalipsis, cuyo mensaje preventivo es la misma denuncia que hace Sádaba en este artículo: una vez prostituido y deformado el buen mensaje y puesto al servicio de la bestia, todo se entenderá al revés entre los propios creyentes que estarán adorando un anticristo, más perdidos que la ética de Donald Trump y eso durante diez ciclos o imperios, dará lugar a un caos que solo la recuperación de la humanidad desde sus bases sociales más sanas podrá realizar. 

El factor "religioso" es una trampa del poder que oscurece y asfixia la mejor naturaleza humana y biológica, centrarse en él es prostituir la mejor realidad vendiendo como negocio la energía más sana y limpia de que disponemos: la conciencia, mediante la confusión, el miedo, la soberbia y la mentira que es el hilo conector del sistema. 

El peor daño de las religiones es que parten de una experiencia real y muy positiva: la manifestación de una vida integradora, equilibrada, lúcida, creativa, ética y humana, en la mejor acepción del término, que comprende y asume las debilidades, carencias y fallos normales en el camino de la vida, cuya finalidad la determina la misma conciencia que nos sostiene y nos reeduca desde dentro y desde la experiencia imprescindible que irradia sobre la colectividad cooperativa que se transforma entre todas/os, no solo enfrentada y a la defensiva. 

 Católicos y protestantes son, ante el evangelio de Jesús de Nazaret, lo que Lenin, Stalin, Mao Tse Tung o Fidel Castro fueron al socialismo de Karl Marx. Se basaron en el mejor origen para dar rienda suelta a sus movidas egóticas y manipuladoras, que acabaron haciendo más daño que bien, tanto a los seres humanos como a la naturaleza. Usaron las buenas noticias para montarse sus proprios guiones, igual que el capitalismo y los imperios hacen con las páginas de un evangelio que nunca han logrado comprender, pero cuya fraseología hace clientela y negocio, cuando emocionalmente se emplea al revés. Como los mercaderes en el templo de Jerusalén hacían sus negocios en "nombre de dios". 

El laicismo es una necesidad social imprescindible para tener la libertad y la conciencia de elegir sin que ningún fraude religioso nos coma el coco. El libre albedrío es un derecho y un deber cósmico. Eso significa sin duda una buenísima noticia imprescindible: las religiones igual que las ideologías, en este estado evolutivo en paro milenario, solo son bastones y muletas para inválidos, no son un factor que ayuda a liberarse sino un bloqueo constante, porque dividen y enfrentan en vez de reconciliar, armonizar y conectar a la humanidad en sus preciosas diferencias y pluralidad. 

 Creo que una buena parábola/alegoría acerca de este problema puede ser el uso de la energía que hace el ser humano. Valga este ejemplo sencillo para reflexionar: 

Hasta ahora hemos dependido únicamente de los combustibles fósiles y de la minería y hasta del peligroo nuclear para poder crecer y desarrollar sobre todo el lado especulativo de la existencia. Pero esas fuentes de energía se agotan de un modo exponencial con el propio modus vivendi -cada vez más moriendi-, y además su consumo constante e in crescendo está contaminando todo el medio ambiente y amenazando la vida del propio ser humano, que se ha cargado miles de especies intermedias que le protegían de enfermedades y calamidades, hasta convertirse en  verdadero peligro para la propia vida del Planeta. ¿Con qué cuenta el ser humano como energía constante e inofensiva porque no contamina ni se agota? Con la luz inagotable de la energía solar. Pero hay dos modos de gestionarla: se puede hacer un macro negocio fotovoltaico dedicando millones de hectáreas a la macroproducción, que al mismo tiempo impediría la función básica de la agricultura y arrasaría bosques y espacios verdes imprescindibles para la vida y el oxígeno que respiramos mientras seguiría llenando bolsillos millonetis, sin futuro alguno, si no se puede respirar ni comer ni disponer de agua para beber de poco sirve estar forrados de pasta asfixiante. O bien, dejar en paz a la Naturaleza  para su función nutritiva y protectora y volcarse en fomentar el autoconsumo solar, con placas en los tejados y fachadas de los edificios, como en patios y jardines. El estado ayudaría a mantener la instalación y el cuidado de  del sistema y los consumidores pagarían una cuota fija por el uso de las placas, como se paga el IBI. No por el consumo que es gratis, como gratis es la luz y el calor del sol.

Las religiones son el  sistema macroempresarial devoto que controla e intoxica la Naturaleza y la Humanidad, creando un negocio mundial para explicar y predicar "soluciones" que degeneran indefectiblemente en negocio, transacción, poder y control de masas al servicio del mismo sistema que se extermina a sí mismo, con sus promotores y usuarios incluidos. Valga este ejemplo sencillo para explicar la diferencia entre religiones y energía espiritual: Las placas solares en autoconsumo hacen posible la sostenibilidad en un modo de vida que debe cambiar el derroche y la avidez por experiencias más sanas, relajadas y creativas, más fraternales y nada egocéntricas. Un mundo donde nadie se forra y todos disponen de lo necesario para funcionar felizmente mientras el Planeta se va liberando de los tóxicos medioambientales y nosotras descubrimos qué poco dinero se necesita para estar rebosantes de vida y gratitud mientras nos reinventamos, porque la felicidad es la recompensa instantánea que da el reconocimiento natural del Ser en lo más pequeño como en lo más grande.Así en la tierra como en el cielo. Entonces no necesitamos religiones, reataduras constantes, sino aprender a disfrutar el tesoro de cada uno al compartirlo con todxs.

Es indudable que las religiones a estas alturas de la evolución han agotado de sobra su objetivo. Hay, para colmo, un profeta en la Biblia, del que ahora no recuerdo el nombre, que habló así de este tiempo futuro: "Llegará un tiempo en que ya nadie tendrá que decir dónde encontrar a dios, porque yo estaré dentro de sus corazones y ellos me reconocerán". Estoy convencida que, como especie, nunca hemos estado más cerca de ese momento evolutivo que ahora, aunque los miedos y el caos alteren la superficie, buceando hasta el fondo del océano esencial descubrimos la calma y una vida inalterable, donde nunca llegan las tempestades y la quietud zen es lo normal. Hay que aprender a bucear libremente, y no para escapar de la realidad y "salvarse", sino para modificarla con nuestra transformación contagiosa, no porque sea un virus lo que nos despierta y moviliza, sino porque se reconoce una misma en el hermano y hermana que encontramos a cada paso.

La única función que deberían tener las religiones, las ideologías y las escuelas de domesticación imperial, es acompañar mientras se buscan caminos hacia el descubrimiento de la conexión con el whifi infinito que somos, uno por una y como especie, mucho más si una inmensa mayoría de seres humanos va descubriendo en su interior esa conexión, las religiones, ideologías y "sistemas" dominadores, deberían apagar las bombillas de sus verbenas y dedicarse a lo mismo que esa mayoría humana: a encontrar su verdadero sentido en el interior de cada uno de sus miembros para reconocerlo en la totalidad cuántica del amor fraterno. Y como Pedro Arrupe le dijo al papa del momento cuando le acusó de querer destrozar lo que Ignacio de Loyola había fundado: 'Si el trabajo necesario ya se ha hecho, el último que apague la luz.'

Muchas gracias a Javier Sádaba y al Grupo de Pensamiento Laico, por dar en la diana, con el mismo mensaje que un humilde y despierto carpintero de Nazaret trajo a este mundo y le valió la muerte y el suplicio por anunciar la misma buena noticia, pasada por el lenguaje, la interpretación y la mentalidad de hace XXI siglos. Honestidad, coherencia, ética y amor universal por encima de tiempos y espacios son el bálsamo al que no se resiste ningún daño ¡Y la base sustancial de toda buena noticia! Ergo, recurriendo a la etimología como base de la realidad, este magnífico artículo de Sádaba, además de un verdadero ejercicio en modo tollendo ponens es genial y completamente evangélico.

 

 


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