jueves, 22 de abril de 2021

👍👍👍👍👍👍👍👏👏👏👏👏👏👏👏🤗🤗🤗🤗🤗🤗🤗🥰🥰🥰🥰🥰🥰 Imposible hacer un resumen mejor que este de Anita Pardo de Vera, sobre el debate entre la sensatez de la conciencia y el atrakán del destarifo. Ha quedado clarísimo: la supervivencia de España es manca y zurda, pero con predominio indudable del lado izquierdo, que en realidad es el único diponibe para la práctica inteligencia emocional y política de la ciudadanía. Cuando las únicas propuestas son la rabieta, el insulto, las descalificación, la superficialidad, las tripas, el eructo, la chulería de cloaca, la incultura, un desconcimiento antológico, una mala educación inocultable y un ridículo monumental, no creo que si a los madrileños les queda un poco de sentido común disponible tengan alguna duda acerca de lo que les esperaría si votasen por mayoría al lado oscuro de la propuesta electoral, a Mordor, directamente, "mejorado" y refrendado con más tontuna y zafiedad de lo habitual. Ayuso, Monasterio y Bal, en plan Miguel Bosé despendolado, han hecho posible que la verdad brille por sí misma. Han dejado clarísimo lo que puede hacer la droga del ppoder con sus adictos más entusiastas. Gabilondo, Iglesias y García, se han limitado a limpiar los cristales de la transparencia demostrando que la verdad es la única medicina homeopática que puede curar lo más crudo del crudo invierno moral que padece este pobre país, que ya se merece un cambio en el tratamiento de su peor enfermedad: la ceguera voluntaria y, en consecuencia, la conciencia autosecuestrada. Gracias a la resistencia madrileña y mucho ánimo, que si Auschwitz, Treblinka y Mathaussen se acabaron, también se acabará Mordor y sus orcos, porque no nadie creerá en ellos como 'solución' para algo que no sea el exterminio de la dignidad, los derechos y los deberes humanos, o sea, de la misma humanidad y del mismo Planeta de que viven mientras se los cargan...Qué paradoja tan 'inteligente' , ¿no? Los fraudes se acaban cuando dejan de tener fans que se los creen y los consideran verdades beneficiosas. No odies a la ultra derecha, basta con votar a las opciones que le impiden mangonear y destrozar la vida de todxs, empezando por lxs más pobres y maltratadxs. Si hay una ética y una fraternidad capaz de compadecer y de construir el bien común que nos igualaría a los países más avanzados e inteligentes: vota a los más avanzados e inteligentes, no a la zurrappa disfrazada de superwomen y superman


El candidato del PSOE-M a la Presidencia de la Comunidad de Madrid, Ángel Gabilondo, dio el titular de la noche al tender la mano a Pablo Iglesias, Unidas Podemos, para intentar echar a la (ultra)derecha de la foto de Colón (PP, Ciudadanos y Vox); el mismo Pablo Iglesias con el que Gabilondo dijo que no pactaría cuando Isabel Díaz Ayuso decidió convocar las elecciones autonómicas para el 4 de mayo. "Pablo, tenemos doce días para ganar", advirtió el socialista al exvicepresidente.

No obstante, a Gabilondo le faltó soltar lastre y pidió a Iglesias contar con su "apoyo", mientras que a Mónica García, candidata de Más Madrid en ascenso y seguramente ganadora del debate, el candidato del PSOE-M le ofreció "gobernar juntos". Son matices de campaña dirigidos al electorado socialista más conservador y con más peso en el centro de España, el más reticente a gobernar con Unidas Podemos por considerarlo, seguramente, un espejo que les devuelve una imagen de partido socialdemócrata atado a un régimen coronado y sus privilegios en cascada. Con todo, no es nada que impida, llegado el momento y si la izquierda suma para gobernar, un Ejecutivo progresista en Madrid tras 26 años de gobiernos del PP de la Gürtel y la Púnica. Cosas de campaña.

Sin duda, el giro de 180º de la estrategia del PSOE-M, que se venía anunciando hace días desde Moncloa tras el pretendido trasvase de votos de Ciudadanos a los socialistas que las encuestas han dado por fracasado -casi todos los votos de Cs que se van acaban en el PP de Ayuso, como sus tránsfugas murcianos han acabado en el Gobierno de López Miras-, ha sido la noticia más destacada de un debate bronco por parte de la (ultra)derecha, cuya capacidad de interrumpir con la descalificación personal y la mentira cuando no pueden rebatir los datos se ha demostrado innata en este debate a seis. El tono, la actitud y la grosería desplegada por Rocío Monasterio (Vox) y Ayuso cuando carecían de argumentos para rebatir datos incontestables daban auténtica vergüenza ajena y no es de extrañar la cara de terror de Gabilondo echando para atrás el cuerpo, sin dar crédito a la embestida, cuando ambas le interrumpían constantemente a punto de tirarle a la cara un muñequito de Pedro Sánchez atravesado por alfileres.

Fue la izquierda quien puso educación al debate, sobre todo, entre sí misma, con diferencias de criterio (vivienda o impuestos) habladas de forma exquisita entre Iglesias y Gabilondo para no perjudicarse ni un segundo, aunque eso no evite que la derecha -con permiso de un difuso Edmundo Bal (Ciudadanos), que lo tiene francamente difícil- haya perdido la fuerza, su fuerza: el convencimiento a sus electores de que existe una realidad paralela de felicidad individual ficticia basada en el consumo, la calle y las cañas como munición para una población agotada de muerte, contagios, ruina y restricciones. ¿Se puede creer que el consumo y la ausencia de carga impositiva salvará a los madrileños de la desigualdad y la pobreza cada vez más acusadas en la Comunidad? Se puede, las encuestas lo muestran claramente.


El bloque de izquierdas sale reforzado del debate y eso siempre motiva a su electorado, muy deprimido ante el ciclón Ayuso, que empezó el debate con mucha más fuerza de la que dejó para el final, incluso con momentos largos de absoluto silencio a partir de la pausa. La presidenta madrileña era la que menos tenía que perder y algo que ganar: sacarse de encima un debate que nunca quiso y que va a ser el único que haga. Ella es más de mítines, donde nadie le rebate nada.

De Vox, nada nuevo. Hasta Franco empieza a quedárseles corto.

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