lunes, 21 de enero de 2019

La asignatura pendiente de Sánchez, sine qua non. Qué pena comprobar que al candidato menos gore en las elecciones próximas, las vidas humanas le importan menos que los juegos demoscópicos.De los ciegos es el reino del batacazo anunciado...

  

Antón Losada tiene razón al explicar la situación política con la que la derechona le está poniendo a Sánchez en bandeja el centro del espectro político electoral, pero también es cierto que decisiones políticas acomodaticias a la corriente Salvini-utraderecha, como es negarse a salvar vidas de inmigrantes en peligro de muerte segura si no se les rescata, le va a pasar factura en las urnas a Sánchez y al Psoe, como lo ha hecho con Díaz en Andalucía.
La ciudadanía normal, con valores y lucidez suficiente como para no confundir la velocidad con el tocino, tiene más conciencia y sensibilidad humana que los políticos profesionales, que con tanta profesionalidad ya han perdido hasta  las referencia éticas y humanitarias más elementales, y que en realidad son la clave del éxito social, político y económico. Ignorar el poder y la fuerza  de ese vínculo acaba siempre en fracaso, aunque a primera vista no lo parezca y solo se mida  en cantidad y tamaño la realidad a tocateja. Ése ha sido el mismo error "táctico" de Podemos, del pp y de c's: poner por delante de la empatía social, de la justicia igualitaria y de los DDHH, los intereses y manejos de partido.
A corto plazo se puede ganar algo en votos producto de la demagogia, pero con esa mentalidad mercantilista y cínica, irresponsable en humanidad, se pierde la esencia de la orientación que salva de verdad la convivencia, el progreso y el sentido básico de los estados y naciones, de los pueblos en general, y de sus habitantes en particular, que no podrán fiarse de gobernantes tan perdidos y desnortados como incapaces a la hora de la verdad. No son fiables para casos vitales porque buscan más su interés que el bien común. Exactamente lo mismo puede aplicarse a la actitud absurda de no amnistiar a los presos políticos catalanes, éticamente impecables,  mientras los corruptos como Aznar  y Rajoy o consentidores cómplices y tapaderas como González,vegetan a costa de todos, nada menos que en el Consejo de Estado...en donde solo deberían estar las personas que han demostrado acreditadamente tener mejores iniciativas para crear el bien común y  no sólo la etiqueta de ex-presidentes o ex gerifaltes rumberos. Por ejemplo, viendo los resultados padecidos, sólo Suárez y Zapatero merecerían estar como consejeros estatales, mientras González, Aznar y Rajoy son una vergüenza en ese menester y deberían pagar una multa vitalicia por las desgracias que nos han causado con sus carencias evidentes de principios éticos y morales, de visión política decente  y sobre todo de humanidad y empatía.

La abstención nace fundamentalmente de esa experiencia devastadora, que les/nos lleva a deducir cada vez con más razones, desde la decepción, "que todos son iguales" por muy buenos presupuestos que se presenten y mucha labia "seductora" que se utilice como señuelo y por más mujeres que configuren el consejo de ministros. Cada vez es menos asumible tener que votar a Herodes para salvar a Pilatos y viceversa, mientras los Santos Inocentes pagan siempre los platos rotos en la ruinosa vajilla del estado.

Una cosa es trabajar en consenso y diálogo con la diversidad, que es un deber político, y otra cooperar con el mercadillo del exterminio por no dar la nota ni perder votos entre la cochambre para ganar un poder podrido y cochambroso ya destinado al contenedor de basuras irreciclables, antes de estrenarse. Si queremos un ejemplo vivido en positivo, en limpio y en eficaz, hay que remontarse a la primera legislatura de Zapatero, de 2004 a 2008. Los mejores cuatro años en estabilidad y decencia que ha vivido España en toda su historia democrática. Los otros 36 años, mejor archivarlos en "Exppedientes ppeligrosos, tóxicos y vergonzantes"

El ganador es Pedro Sánchez

El PP gana cuando ocupa el centro y, sobre todo, cuando logra desmovilizar a parte de la izquierda a base de moderación y pocas estridencias
El neoaznarismo trae dos buenas noticias para Sánchez: le regala el centro y le suministra un malo de manual para movilizar a sus votantes



Íñigo Errejón: No compete a la dirección de Podemos opinar sobre la candidatura de Madrid Íñigo Errejón en una fotografía de archivo EFE

Ha sido una buena semana para el inquilino de la Moncloa. A derecha y a izquierda sus competidores le han ofrecido regalos que debería saber aprovechar. A fin y al cabo, no todas las semanas tu mayor competidor por la derecha te regala el centro y tu mayor competidor por la izquierda te quita la presión por mantener la hegemonía en el espacio progresista. Mientras, contra pronóstico de casi todos, también se multiplican las señales de que los presupuestos de 2019 podrían pasar sin apuros el trámite de las enmiendas a la totalidad -el cabo de Hornos de la tramitación presupuestaria, en palabras del socialista que más presupuestos ha negociado: Fernández Marugán-; después, las sesiones del juicio oral al Procés y los equilibrios de unos y otros dirán.
Núñez Feijóo, que es listo y aún gana elecciones por mayoría absoluta, lo ve venir. Mariano Rajoy también pero pasa; ha decidido que si su partido quiere estrellarse que al menos lo haga sin su ayuda. El presidente gallego lleva todo el fin de semana de gira por la Convención y por los medios de Madrid avisando el suicidio que supone abrazarse al neoaznarismo y volver a dejar el centro al PSOE y a Ciudadanos y el voto regionalista al nacionalismo democristiano.


Un rápido repaso a los resultados electorales del Partido Popular en Generales le da la razón por goleada. El aznarismo, el gran ganador del cónclave, derrotó por los pelos a un agonizante Felipe González en 1996 y obtuvo su mayoría absoluta en el 2000 con Rajoy de director de campaña y al más puro estilo marianista. El marianismo, el gran derrotado del cónclave, arrasó en 2011, ganó en 2015 y amplió su ventaja en 2016. Perdió por culpa de Aznar en 2004 y por sus propios méritos en 2008. El PP gana cuando ocupa el centro y, sobre todo, cuando logra desmovilizar a parte de la izquierda a base de moderación y pocas estridencias. El neoaznarismo trae dos buenas noticias para Sánchez: le regala el centro y le suministra un malo de manual para movilizar a sus votantes.
Iñigo Errejón ha hecho lo mismo que hicieron un millón de votantes en 2016 y más de trescientos mil en Andalucía, en diciembre de 2018: constatar que la marca Podemos se está quemando más rápido de lo que todos calculábamos. No se le puede reprochar que siga su camino, buscando ampliar el espacio y renovar el formato, para intentar ganar sus primeras elecciones como cabeza de cartel. Que los líderes reclamen y puedan exigir lealtad no basta para condenar a los demás a la estupidez o a la falta de visión.
La máquina de fango activada contra Errejón, poniendo en duda su lealtad, su integridad o sus verdaderas motivaciones, solo puede disimular, pero no ocultar, la evidencia. Ni Podemos ni Pablo Iglesias están ya en condiciones de disputarle a Pedro Sánchez y al PSOE la hegemonía de la izquierda sin efectuar una maniobra envolvente parecida a la ejecutada primero por Manuela Carmena y ahora por Errejón.
Todavía hoy, en 2019, los morados siguen recogiendo los frutos amargos del error histórico cometido en la primavera de 2016 cuando, entre todas las opciones disponibles: pactar con los socialistas y gobernar, dejar gobernar al PSOE y Cs o votar con el PP contra la investidura de Sánchez, escogieron la peor. Seguramente Errejón ya lo supo entonces pero, o no lo dijo lo suficientemente claro, o se calló; eso sí se le puede reprochar.


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