sábado, 30 de noviembre de 2019

Rastrell / Valencia. Historias que contar



El Rastrell en Valencia es una asociación solidaria y autónoma para fomentar el reciclaje y el empleo digno organizado de quienes son víctimas sociales y lo tienen difícil para ganarse la vida decentemente, un proyecto con mucho futuro que nació en 1983, justo el mismo mes de enero en que mi familia y yo llegamos a la ciudad mediante un destino del Ministerio de Defensa. 
La iniciativa fue de un jesuíta obrero, José Luis, que tuvo la idea de comenzar a reciclar y a fomentar la resiliencia solidaria. 
Llevan treinta y seis años al pie del cañón. Son fuente de trabajo y de desarrollo sostenible. Reciclan y descontaminan, tanto los residuos como las mentes y los hábitos consumistas que se reeducan desde el bien común. Familias enteras con problemas graves de supervivencia, se han ido poniendo en pie de trabajo digno, gracias a esta idea materializada por el amor inteligente. O sea, por el Amor, que sin inteligencia no es posible. Esta idea es también la de Los Traperos de Emaús, otra iniciativa, esta vez francesa, de la inteligencia colectiva bien canalizada. Como La Casa Grande, otra estupenda invención de otro Jesuíta, Antonio Alfonso, en la que tuve el privilegio de iniciar el arranque de lo que se fue fraguando en un antiguo caserón del siglo XV en la Calle Cadirers que ahora es la sede del Centro de Bellas Artes de Valéncia, porque la Casa Grande se trasladó a un barrio periférico de ciudad. Allí acudían los presos que estaban en tercer grado, para comenzar su reinserción social, los colectivos romaníes, las familias en precario, allí se aprendía a ser libres y eficaces, a descubrir las cosas buenas que llevan dentro hasta los más dañados tanto por la sociedad, como por las circunstancias personales. Allí hicimos talleres de reciclaje, de técnicas reparadoras de muebles, de objetos, ropa, mentes, cuerpos y almas. 
Allí se llegó a rehabilitar la vieja cocina y a preparar cada día un menú para los currantes  y para los hambrientos de la calle, si pasaban por el portalón de entrada siempre abierto. 

Quizás sea porque desde muy chica me acostumbré a unos abuelos maternos que tampoco cerraban las puertas de su casa ni de su corazón. Pero el caso es que a lo largo de mi vida con estos proyectos de recuperación humana, que no se quedan en limosna sino que sobre todo cambian vidas, como Proyecto Hombre o el voluntariado en prisiones, acogida y pedagogía para convivir, sanarnos cooperativamente y progresar como seres humanos, superando el riesgo de acabar siendo objetos de consumo caritativo, mi visión del mundo ha crecido desde la base social y su realidad más descarnada, pero también más real y aterrizada. Es mi verdadera Universidad, sin la que la universidad lectiva de mi juventud y su formación intelectual no me hubiese podido enseñar gran cosa más allá de in-formarme. 

Anoche en La Sexta vi un programa investigador, poniendo a parir como de costumbre,  un proyecto solidario como lo es REMAR, de inspiración evangelista, protestante, claro, pero no por eso menos válido. Ojalá el Vaticano y el cardenal Cañizares hiciesen lo mismo que REMAR, convirtiendo el Palacio Apostólico de Roma y el pedazaco de palacio arzobispal de Valencia en iniciativas de empleo solidario, desenganche del consumismo que es la drogadicción más incurable, con una gran casa de acogida para refugiados, italianos y españoles sin techo como son  tantas víctimas de la Banca privada , que se llevó un rescate público para subirse los sueldos y pensiones jubiletas, que el Estado debería reclamarle con todo el derecho del mundo.
REMAR lo conozco solo por encima, no tengo idea de cómo funciona por dentro, pero la realidad de sus resultados es que por fuera lleva muchos años integrando casos perdidos de personas desahuciadas de todo, dando trabajo y sueldo a quienes estaban destinados a vivir peor que perros callejeros, y colgados de la droga, -ahora los perros callejeros provocan mucha más compasión que los seres humanos desterrados de su humanidad por un sistema killer-. 
Confieso que me encantaría ver en la Sexta alguna vez algún programa humanizado, que además de denunciar todo lo que pilla y juzgarlo como si fuese el Supremo Cotillón de Hamurabi, la única verdad y sublime decencia, sea capaz de convocar opiniones variadas con más puntos de vista que solo la planicie del descrédito, del marujeo que disfruta echando pestes de todo lo que se encuentra y no le suena a conocido. Personalmente he comprobado casos de recuperación y rehabilitación, concretamente entre ellas, una persona hijo de un guardia civil,que se rehabilitó en un centro de REMAR. Si esas indecencias que cuenta La Sexta fuesen verdad, no creo que un agente de la Benemérita que además es detective, hubiese consentido que un miembro de su familia se fuese a semejante tugurio moral para empeorar su estado en vez de liberarse de él. 

Se echa de menos que en su furor por destapar enjuagues, La Sexta no cuente nada de las empresas que meten la pata hasta el cuello provocando con su pésimo conocimiento del terreno que pisan  una verdadera movida geológica de terremotos constantes en la costa de Castellón y Tarragona, emperrados en sacar petróleo o gases combustibles de cualquier tipo alrededor de las Islas Columbretes frente a la costa levantina castormente empantanada por unos técnicos que seguramente son del mismo sindicato que Rocío Monasterio, Cristina Cifuentes o Casado, sin que se lograse nada más que poner la geología de la región patas arriba, y con el resultado maravilloso de que en vez de pagar un multazo por incompetentes e ignorantes, van y cobran un pastón del Estado, para quitarles el disgusto del fracaso.  Para compensar el trauma, claro, qué mejor detalle de humanidad que una pasta gansa a la butxaca como indemnización, of course!

Lo que resulta un poco raro es que un periodismo tan vanguardista y al loro contra los delitos imaginarios de REMAR, Enric Cobera, Josep Pamies, Teresa Forcades o la homeopatía, esa pseudociencia medieval, brujeras e hipocrática, malversadora de la deontología médica, no se haya fijado en una noticia tan cañera, ¿verdad? A lo mejor es que la empresa era Castor, y Castor es de Florentino Pérez, el puto amo de las noticias, informaciones y tertulias de La Sexta y A Tres Media. Y claro cuando se recuerda ese dato, la transparente verdad de la noticia brilla por sí misma. Seguro que con tanta iluminación, La Sexta con su espléndido bagaje ético/kikiryki,  que no perdona una en su gallinero cotidiano, acaba por ver todo lo que no ha visto hasta ahora y le monta un equipo de investigación a lo que quede de la Castor y del cableado de Don Floren. Seguro que sí. Pues menudos son.

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