viernes, 3 de julio de 2015

La razón




El referéndum griego es un disparate porque puede salir que no. Si estuviéramos seguros del sí, constituiría un ejercicio impecable de democracia interna, un ejemplo a seguir por el resto de los países de la Unión, etcétera. Para determinadas cabezas, la democracia consiste, alternativamente, en no votar o en que salga lo que ellas necesitan. Sabemos quiénes son las cabezas, pero no estamos seguros de para quién trabajan, del mismo modo que ya no podemos distinguir los bancos que se dedican al lavado del dinero negro de los que no. Supongamos, como ejercicio teórico, que los políticos que venimos eligiendo hasta ahora trabajan para los acreedores que viven del negocio de la protección. Si decidiéramos, de súbito, votar a otros, convendría suspender la democracia, temporalmente al menos, hasta que entráramos en razón. Uno de los rostros de la razón es Christine Lagarde, la cabeza visible del FMI, institución democrática donde las haya cuyos principios fundacionales chocan con su práctica diaria. No hay más que observar la estabilidad que proporciona al sistema.
Pero hablábamos de lo que es democrático y de lo que no. Convocar un referéndum no lo es, sobre todo porque para decidir sobre las cuestiones técnicas están los técnicos. Eso dicen. El contribuyente medio ignora si el IVA debe ser del 20% o del 30%, aunque lo vaya a pagar él. Así las cosas, Grecia, que entró en Europa por haber inventado la democracia, puede salir de ella por empeñarse en practicarla. En cuanto a los españoles, debemos votar al PP o al PSOE para evitar los males que aquejan al país heleno. Si nos portamos bien, nuestro futuro será el descrito hace poco por el gobernador del Banco de España, del que tampoco sabemos para quién trabaja.

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