miércoles, 26 de octubre de 2016

¿Y el cambio, para cuando?

 

Al parecer solo Iu/Up se siente ciudadanía a la hora de apoyar el rechazo ético de la sociedad civil a la investidura del cacique corrupto de turno mediante el timo del ninguneo electoral por parte de las fuerzas más votadas en una democracia de guiñol y pucherazo institucional constante aumentado por la    complicidad táctica de un psoe que ya no sabe ni lo que es. Todos los demás, incluido hasta Compromís y Pablo Iglesias, que ya ha anunciado su disposición a condescender y por ello saldrá a saludar a la plebe como si fuese Felipe VI&Lety, han confirmado su determinación de permanecer en los puestos de mando del hemiciclo para participar solamente en el sarao del tradicional biparty, mucho más confortable y cómodo que la pluralidad que votaron las urnas en dos momentos consecutivos de alienación, dónde va a parar! Ya es hora de dejar las pamplinas y de ir a la estabilidad de siempre; donde esté la seguridad de una corrupción sólida y con solera que se quiten los intentos amateurs. A ver si resulta ahora que todo el monte de la polis va a ser orégano populachero y mindundi, que no sabe por donde le da el aire, poddió!  



Hay que ver cómo igualan las clases sociales el poderío y el juego de iconos entronizados por sus  egos respectivos. Aunque parezca una contradicción, lo más democrático que hay, especialmente en España, al alcance de cualquiera es la tentación del glamour, ese ceder al minuto o a la legislatura de gloria, el paseíllo del ego mirando al tendido desde la arena del redondel y dejar bien claro quién es quién. Ya lo decía Ortega, el filósofo: una de las características más relevantes de la masa es que cada uno de sus componentes se cree especial y singular de la misma manera, imaginándose únicos y especiales en medio de todos los que piensan y sienten lo mismo creyendo ser la hostia.  



Es muy, pero que muy, de agradecer que Alberto Garzón no se haya dejado contagiar por el delirium tremens de los patres conscripti parlamentarios,  siga siendo ciudadanía en carne mortal y no haya perdido el oremus acosado por el virus de la irrisoria aristocracia diputadesca. Eso dice mucho de su condición sensata, honesta y coherente. Participar en la sesión de investidura, aportar al debate la voz de los votantes y decir no al despropósito de la indecencia de un gobierno mafioso, no solo no es incompatible con participar de la movilización ciudadana en las calles, cuando se ha cumplido la obligación del voto en conciencia, sino un deber social, moral y político, propio, no de un "representante"que asume poderes que no son suyos sino de los votantes, sino de un verdadero portavoz, que es un encargo -no un cargo- bastante más digno que el de disjokey dicharachero, que es en lo que el régimen actual de partidos-secta, convierte a la mayoría de su piezas de ajedrez político en cuanto las pilla por banda y con el consentimiento, la equiescencia y el regustico de mandar en algo y estar por encima de muchos alguiénes, con el subidón de ego que el evento proporciona a la miseria esencial del ser humano cuando se queda atrapado en el escenario teatral y se olvida de la realidad de la calle, sin la cual ni el teatro ni el escenario tienen el menor sentido ni presupuestos para subsistir.  



Los parlamentarios no son nuestros líderes ni nuestros jefes, son nuestros asalariados, contratados en las urnas por nuestros votos, para que sirvan a la causa del bien común con su gestión y no para cargárselo sirviendo al apaño del cacicato de siempre, acostumbrado al derecho de pernada medieval. Estableciendo y obedeciendo leyes y normas que son en su mayoría despropósitos impuestos y basados en el poder  injustísimo, tiránico y moralmente vergonzante, que les da el voto de mayorías engañadas y estafadas. El primer deber de un portavoz político o sindical es estar al lado de la ciudadanía y que ella le diga lo que debe exponer en el Parlamento, no lo que le diga un partido, que por muy bueno que sea, lo primero que quiere es ganar a cualquier precio e imponerse a los otros, aunque eso, paradójicamente, signifique olvidar el por qué y el sentido de su existencia. ¿Cómo olvidar a Carlos Fabra y otros elementos de la misma cuerda capaces  de matar chiquillos desprotegidos en sus rituales para mantener su poderío a base de magias negras?

 La avaricia y la soberbia pueden hacer del ser humano un verdadero monstruo si pierde los límites de la salud psicoemocional arrastrado por los más bajos  instintos camuflados de poder absoluto que disfraza de legítimo hasta el mismo crimen si le sirve  para sus fines. El pp está demostrando la peor de las realidades aberrantes en que se puede convertir la política en manos sin escrúpulos. Y el psoe confirma hasta donde se puede caer por el mismo motivo haciéndose cómplice de lo peor si eso le acerca al poder aunque sea de refilón y totalmente de espaldas y al margen de la ciudadanía que votó todo lo contrario por dos veces. 

 

¿Qué gobernabilidad es ésa que se asienta en el lumpen y la delincuencia, que no se considera delincuencia sino negocio legítimo? ¿Qué valor tiene para la ciudadanía una investidura como ésa?¿Cómo callar ante tal atropello y cómo no salir a la calle y rodear el Congreso de todos, secuestrado por filibusteros y mangantes, si se es un  portavoz de la ciudadanía amordazada por el desguace de la democracia real? Todos los diputados decentes deberían salir a la calle y no a saludar como caciques bien avenidos con la abusocracia, sino a participar de  la manifestación, por supuesto que siempre pacífica y civilizada, aunque profundamente defraudada e indignada, que lo cortés no quita lo valiente. El miedo a la ciudadanía de ese trust de irresponsables es la confirmación de que no se sienten parte de la ciudadanía sino 'casta', y su ineptitud para gestionar lo que ni comparten, ni entienden porque les desborda y les supera. Es lo que ocurre cuando los pueblos y naciones evolucionan más y más rápido que los gobernantes apartados de la realidad por voluntad propia y autoexcluidos de su propia condición natural, y que ignoran cómo sus injusticias y aberraciones son el mismo motor de ese cambio ciudadano que tan poco respetan y tanto temen.



Si de verdad se quiere cambiar lo viejo y apestado por la decencia fresca y limpia de lo nuevo no se pueden seguir haciendo las mismas tonterías y cacicadas de siempre lavándoles la cara a base de cháchara y gestos estrambóticos para llamar la atención y despistar, y así que no se note que en el fondo se es el mismo perro con distinto collar y a veces, hasta con el mismo collar remasterizado. 

 

Un gobierno como el del pp, no debería merecer tanta consideración y ringorrangos, ni ser recibido por el Jefe del Estado, ni escuchado siquiera mientras no reconozca el mal que está haciendo, se arrepienta, se regenere, mande a casa a los que no distinguen la basura de  la normalidad, porque hasta el aliento lo tiene corromppido, y debería ya estar en pleno, sin simular ni diferir por más tiempo tanta indecencia, en Soto del Real y no nada menos que en el Parlamento, que debe ser la casa del pueblo y no la Cueva de Alí Babá. 

Los votos no pueden legitimar delincuentes por muchos que sean;democracia sin justicia es tiranía. Y si además, se ha pervertido el Estado convirtiéndolo en un régimen mafioso-clientelar desde la base a la cúpula. 



El nuevo tiempo, para ser nuevo de verdad, tiene que convertir la calle en parlamento asambleario y sacar el Parlamento a la calle para que  no se  desconecte la realidad cívica del gestionar político y que no sea la indignación de unos y la represión y el miedo de los otros la única forma de desentenderse y desgobernar.  


Garzón for president! No hay nadie que, de momento, tenga su valor inteligente, ni mejor organizada la visión dinámica de la sociedad y el conocimiento estructural de la política como servicio  y no como privilegio y fuente de prebendas. Podría dar un master al Congreso y al Senado y además lo haría desde la firmeza de la humildad y el respeto.

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