miércoles, 19 de octubre de 2016

Cuando la historia se repite es porque ya es hora de cambiar lo que no se cambió en su día

El retrato de Felipe González, boca abajo / TWITTER


No sé cómo se le habrá quedado el cuerpo a Felipe González esta mañana en la Universidad Autónoma de Madrid, cuando se haya descubierto, junto a su fiel escudero mediático Cebrián, en el mismo rol despreciable de los prebostes franquistas que él mismo, probablemente, habría abucheado tantas veces al final de los sesenta y principios de los setenta en la Universidad y que Cebrián  trataba de fustigar desde su diario El País, que comenzó unos años más tarde a ser la voz de las reivindicaciones justas y de la democracia inexistente. 

Por lo menos en la Complutense era lo que se hacía constantemente en aquellos años finales del nazifranquismo. Abuchear a los caciques en cuanto aparecían en lugares inadecuados, como la Universidad, por ejemplo. Aunque también es cierto que los pequeños gerifaltes del entonces clandestino y en ciernes, Psoe, no solían aparecer casi nunca en las peligrosas convocatorias de protesta de aquel tiempo, que tantas veces eran  por iniciativa suya, y de donde nunca se estaba seguros de volver sanos y salvos a casa o al Colegio Mayor, como era mi caso. Los ya caciques ideológicos del futuro, se protegían y no daban la cara por si les pillaban en la trinchera, ellos eran los estrategas y no carne de cañón. Rara era la manifa que no acababa disuelta a palizas, a manguerazos con agua teñida con anilina para marcar a los asistentes al desmadre -estudiantes engañados y obreros maltratados, siempre codo con codo- y con montones de detenidos en furgones policiales, torturados y a veces "suicidados" en la DGS de Sol (qué paradoja, quién se iba a imaginar entonces que de esa misma plaza saldría en 2011 un nuevo movimiento social que conseguiría conmocionar y remover las conciencias y despertar al pueblo para que se convierta en ciudadanía soberana de verdad de una vez por todas) Qué cosas...

Me pregunto si González habrá caído en la cuenta del figurón que está haciendo en estos tiempos y del daño irreparable que ha venido perpetrando a este dolorido y machacado país, con lo que él llamaba pragmatismo gatuno blanco y negro pero a lo suyo, y que el resto de españoles damnificados por él llamaba y sigue llamando desvergüenza, el mismo daño que ha ido devastando aquel proyecto político que tuvo la osadía de colocarse la misma sigla del antiguo Psoe y de pillar en usufructo fraudulento cien años de una honradez que la borrosa fotocopia del original no ha tocado ni por el forro, por si acaso se le contagiase algo de una virtud tan desconocida en la política postfranquista como en el franquismo genuino. 

Me pregunto si González se preguntará el por qué de esos abucheos y retratos suyos boca abajo en algunas sedes socialistas, del desprecio y la indignación de las propias bases sociatas, y si será capaz de responderse con algún retal de honestidad recuperada del viejo socialismo de antaño, el de Pablo Iglesias, el fetén. No del psoe de Suresnes, obviamente, que fue una engañifa y un apaño como ahora lo está siendo C's, por ejemplo. Una especie de cyborg programado para dar el pego o una red circense para que no se descalabre del todo el régimen de siempre y se adapte a los nuevos avatares del mundo, colocando un decorado-trampantojo delante de los mismos escombros morales y ruinas obscenas, enfangadas en miedo, en mala conciencia o ausencia de ella y en intereses tan corruptos como repugnantes. Un truco vil para aprovechar coyunturas a base de más esloganes que coherencia, ética, sustancia aplicable y compromiso social y político de verdad. 

Y me pregunto cómo es posible que este remiendo desastroso de país y de sistema, que viene desgarrándose y descomponiéndose año tras año, no ha conseguido aún que tipos como González y Cebrián abran los ojos y vean lo que hay al otro lado de su ilusoria y decrépita visión de una sociedad de farsa mediática y pomposa, que ellos diseñaron y ellos se han ido cargando con tanta maña, pasito a paso, copa a copa, frase a frase, enchufe a enchufe, trinque a trinque, contacto a contacto, el uno ejecutando y el otro inspirando alternativamente según los gajes de cada  temporada. El caso es que, según van pintando bastos y espadas donde antes pintaban más oros y copas, les ha llegado la hora del ocaso y eso es muy duro cuando uno tiene ya asumido como natural un status determinado de florero público e incluso de prócer y casi padre de cualquier patria conformista y resignada a lo que hay y, sobre todo a lo que le cuentan que hay.

El caso es que  este tipo de personajes y sus contubernios pseudopolíticos y rentabilísimos son los que han resucitado en las capas más primitivas y acríticas de la sociedad a la momia de Franco y su amoralidad criminal y meapilas bajo palio, reencarnada en el pp, algo que si el socialismo felipista hubiese sido de verdad socialismo y democracia, a estas alturas no tendría cabida en nuestras instituciones y sería sencillamente, el recuerdo de una época cruel y remota imposible de repetir. El fracaso de los mediocres indecentes es el origen de las tiranías capaces de lo peor, pero convencidas de  ser la mejor solución al caos que ellas mismas van creando para tener razones que les permitan estar y des-gobernar, mientras creen  y proclaman que gobiernan y hasta que mejoran la economía arramblando con las pensiones, la educación, la sanidad, la vivienda, la energía, el empleo, los salarios, la protección a los desvalidos y dependientes, más el desvalijamiento del Estado de derecho ya convertido en la empresa más ruinosa para los contribuyentes y más lucrativa para las mafias político-financieras que crecen en su entorno y dentro de la misma organización delincuente como setas tras la lluvia, mientras en su patética y criminal gestión  solo dejan ruinas desoladas y basureros saturados y cloacas atascadas de corrupción sistémica y  'normalizada' por sus leyes ad hoc. 

 Todo el espacio que no ocupan la justicia, la igualdad, la ética y la honestidad, lo acaba rellenando lo contrario, que es su ausencia.

Lo malo y lo bueno que tiene tocar fondo es que ya no se puede caer más bajo. ¿O sí?

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