martes, 19 de enero de 2021

Necesitamos ideas nuevas que reparen el viejo armazón del consumo y el servicio, que con esta pandemia ya no nos sirve

 Acabo de leer que la Comunidad Valenciana establecerá el cierre de la hostelería hasta que mejore el panorama de contagios que ahora es espeluznante, no queda otra, hay que elegir entre vidas y haciendas, las vidas pueden cambiar de haciendas pero las haciendas no son posibles si no hay vidas y salud que las construyan y las hagan necesarias. Es una evidencia indiscutible y criticarla o tratar de impedirla es chocar frontalmente con la insostenibilidad de la propia especie.

Ante semejante tesitura se puede optar por dos actitudes, una, enfurruñarse, deprimirse, despotricar contra lo imposible  y encerrarse en casa con un humor sombrío, bloqueados y generando pensamientos y emociones de lo más pesimista y resignado a las  malas. La otra actitud es intentar que las circunstancias no nos cierren las puertas de la inteligencia con su apabullante mogollón, sino ver las maneras de hacer que lo peor se pueda ir convirtiendo en lo mejor que podamos hacer mientras ejerce su aplastante función. 

Mirando bien la función de la hostelería tendremos que reconocer que es el servicio de alimentos sólidos y líquidos a los clientes que deciden usar el bar o el restaurante para comer, cenar, picar y merendar. El protocolo in situ es totalmente palaciego y medieval: lxs cocinerxs, pinches, camarerxs  están como siervxs a disposición de los señorxs a pie de mesa y mantel, así se ganan la vida, recibiendo órdenes de acá para allá, solventando dificultades, errores, prisas y parsimonias de los clientes, tal vez ya sea hora de que cambien un poco las costumbres y sean lxs señorxs quienes se acerquen a encargar los pedidos y luego los recojan o que se los lleven a casa, como se llevan los pedidos on line del super cuando no se puede ir a la compra personalmente. 

De ese modo nos reeducaríamos, nos flexibilizaríamos, empatizaríamos, valoraríamos más la función de lxs trabajadorxs; se puede quedar por cita previa para recoger o llevar desayunos, aperitivos, comidas, meriendas y cenas, valorar las funciones que cada ser humano realiza en cooperación, ya que sin clientes no es posible mantener un proyecto laboral y sin trabajadores ni proyecto laboral se puede acceder a lo que resulta agradable y a veces necesario. Se pueden establecer formas solidarias de apoyo mutuo, por ejemplo, estableciendo un presupuesto semanal de ayuda al trabajo hostelero, ponerse como compromiso solidario el encargar los menús y consumiciones que antes de tomaban en los bares y terrazas, con el fin de mantener el empleo de los trabajadores y conseguir que las empresas no se hundan.  Si  de todas maneras sin pandemia se gastaba ese dinero, pues seguir en ello, con dos posibilidades: o recoger el servicio personalmente o pedir que lo lleven a casa, con un justo encarecimiento, claro, sustituto concertado previamente por el desplazamiento.  Y la devolución de envases correspondiente. Una pedagogía imprescindible para la sostenibilidad ecológica y para el cambio de mentalidad acerca del servicio, la cooperación y la igualdad, un aprendizaje de urgencias tal y como está el patio planetario. Si lo vamos trabajando ya desde otra percepción más sana la transición forzosa del paradigma capitalista depredador  al paradigma cooperativo regenerador será mucho más sencillo, indoloro, positivo, humano y feliz, sin duda. La debacle definitiva solo está empezando, pero su desarrollo es exponencial, si no le ponemos el turbo y nos contenemos en positivo ganaremos en inteligencia previsora y seguro que lograremos detener el proceso a tiempo. Pero no nos durmamos en las emociones ni la irresponsabilidad infantilona e inmadura pensando que solo los gestores políticos tienen la culpa del desastre y el deber de parar el carro de la destrucción.

De cara a lo sostenible, los recipientes del servicio serían de metal o de cristal irrompible, para no acumular plásticos y añadir más leña al fuego de la destrucción medio ambiental. Tampoco vendría nada mal que la propia hostelería se plantease un cambio de dirección que mejore las condiciones del consumo en vez de empeorarlas, que lo vaya convirtiendo en pedagogía para la convivencia, empezando por conseguir que la calidad salubre del ambiente y de los vínculos del consumo mejore, que bajen y se moderen con carteles y slogans musicales los decibelios y gritos en bares y terrazas, que el tabaco se suprima en los locales y terrazas por su insoportable agresividad y que quienes vayan a la zona de fumadores paguen por ello una cuota por contaminar, con el fin de dejar de ser "normales " y tomar conciencia de que ahumar al prójimo y el medio ambiente merece una multa como mínimo y la desaprobación social.

Ante la tentación de hundirnos el ánimo con el panorama actual , creo que un antídoto muy útil puede ser tener un cuaderno a mano dedicado a recopilar todo lo bueno que vayamos descubriendo, e ir anotando todas las ideas constructivas e innovadoras que se nos ocurran para incrementar el bien común, apuntando los pros y los contras que veamos a la hora de poner en práctica cada iniciativa, mientras escuchamos música, por ejemplo. No vamos a arreglar el mundo, pero aprovechando el confinamiento responsable y forzoso, sí mejoraremos la visión esperanzada que necesitamos para superar el trance en las mejores condiciones psicoemocionales posibles. No olvidemos que la imaginación es un tesoro cuando se emplea para bien como herramienta motriz de la creatividad. 

 Preguntémonos qué se puede hacer y compartamos todo lo bueno que se nos vaya ocurriendo, nos llevaremos sorpresas al comprobar que lo mismo que nosotros hemos pensado en  silencio lo han puesto en marcha en Nueva Zelanda o en Japón. Todo está interconectado, cada vez más y no solo por internet, sino sobre todo por la mejor franja energética de la conciencia colectiva cada vez más sutil y dinámica en la evolución. Einstein, Plank y Tesla, lo intuyeron y Prigogine ha ganado un Nobel el siglo pasado por confirmarlo científicamente. Buda, Jesús, Spinoza, Hegel, Marx, Usui y tantos seres evolucionados, lo experimentaron y nos lo trataron de explicar en su momento y con su ejemplo, en un puzle de pistas  verdaderas. Ahora llega la prueba del nueve universal y podremos comprobar que todos tenían razón al descubrirnos cada pieza diversa del mismo puzle.

Ánimo, saquemos del baúl y del trastero íntimo  todo lo que aun no conocemos de nuestro propio depósito personal y bastante más transferible de lo que suponemos. 

Un ejemplo, esta noticia de eldiario,es:

El Gobierno regula por decreto la figura del consumidor vulnerable para "corregir" la "indefensión” de los más desprotegidos


No hay comentarios: