lunes, 11 de enero de 2021

Las vacunas no pueden ser la coartada fatal de un capitalismo salvaje, feroz e inhumano. Las prisas por venderlas cuanto antes pueden facilitar y provocar el peor de los repuntes pandémicos, como es posible que ya esté sucediendo. Normalmente la preparación y la seguridad en la investigación, -nunca garantizada al cien por cien como todo en esta vida- ,necesita años de estudios y de pruebas. Las vidas no se salvan jugando a la ruleta rusa con las posibilidades a ver qué pasa, si suena la flauta por casualidad, mientras cada soplo en ella pone en riesgo las vidas de los más frágiles (un modo muy gentil de quitar abuelos de enmedio, si las vacunas contagian y bajan defensas en vez de proteger, puesto que están en sus primeros balbuceos preventivos y puede pasar de todo) un mejunje que cuesta millones a los estados que invierten en las investigaciones, no en laboratorios de universidades e inicativas públicas, -en lugares como España el I+D+I se esfumó hace tiempo en manos de la rentabilidad privada de las amistades ppeligrosas- , o sea, en las mismas empresas farmacéuticas que llevan años y años haciendo barbaridades en el Tercer Mundo con sus experimentos, ¿de dónde salieron el SIDA, el Ébola, y las gripes aviares y neumonías atípicas? Si de verdad esos laboratorios fuesen lo que venden que son, estaríamos a años luz de pandemias e infecciones cada vez más inexplicables en un mundo capaz de ir por el espacio como se va de compras, de inventar internet y tantas tecnologías alucinantes para controlar todo y a todos, desde los datos personales, al pensamiento, emociones, metabolismo y neuronas. Aquí sobra pseudociencia a cascoporro,demasiado porro, sin duda, que es en lo que la ciencia degenera cuando sus gestores y matenedores más puestos carecen de conciencia, y por ello son y actúan como verdaderos desalmados, pues sin alma no hay conciencia y sin conciencia ni alma, el mundo se convierte en un campo nazi de exterminio, sea cual sea la ideología dominante que se predique y se imponga. Sin alma/conciencia, la misma vida solo es terrorismo y el ser humano un virus demoledor hasta para sí mismo. Gracias, Llamazares/Souto e Infolibre, por compartir e informar educando tan generosamente mediante la reflexión, aun al alcance de todos y todas, incluidos los que no pueden pagar por leer e informarse

Martes, 12 de enero. Últimas noticias al respecto que vienen a confirmar los datos más preocupantes en esta pandemia, esos que nunca quisiéramos ver confirmados, y que nos proporciona el Diario Levante desde València. El sentido común que ata los cabos entre causas y efectos tangibles debe ser la base fundamental para entender y gestionar cualquier experiencia, pero sobre todo, la experiencia científica -obligatoriamente pasada por la ética, ¡no lo olvidemos nunca!- que controla la salud, el clima, la economía, la organización social, la vida laboral, la movilidad, las comunicaciones, las transacciones, las relaciones interpersonales y los intercambios cualitativos y cuantitativos que hacen posible la subsistencia. Es decir, la política en su más sana y verdadera acepción. Es decir, la cultura en su más elemental sentido práctico y tangible. El cultivo materializado inseparablemente de nuestras mejores cualidades individuales y colectivas. Sin ese elemento fundamental ninguna vacuna ni medicamento podrá curarnos de verdad, solo serán chapuzas e hilvanes que nunca se cosen, por eso, duran tan poco y se deshacen solos sin que lo notemos siquiera, hasta que todo se cae por su propio peso  y lo que nunca se  conseguió arreglar ya no tiene arreglo posible. Hay que reinventarlo. Rehacerlo con mejores iniciativas y herramientas humanas, y luego, sí, tecnológicas, por supuesto.

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Un brote afecta a 21 personas de un geriátrico de Vinaròs que habían recibido la primera dosis

Los responsables de la Residencia de mayores Sant Sebastià de Vinaròs comunicaron ayer un brote de covid-19 entre residentes y trabajadores que afecta a 21 personas. Tanto a los residentes como a los empleados se les suministró la primera dosis de la vacuna, el 31 de diciembre. Según informó el ayuntamiento, los afectados están estables y no hay ningún caso grave. Por parte del consistorio se están suministrando EPIs en el centro para facilitar el trabajo del personal. Además, se ha puesto también a disposición del centro un Servicio de Atención Domiciliaria (SAD) para agilizar el trabajo. El geriátrico se encuentra en coordinación con el Hospital Comarcal para supervisar la aplicación correcta de las medidas de protección. El 4 de enero se realizó una criba general con resultados negativos, pero después de que un usuario presentara síntomas, se realizó una segunda criba el día 9, que es la que detectó 14 usuarios, 5 trabajadores y 2 hermanas con resultados positivos. «Después de la vacunación del 31, el contagio se ha producido dentro de la normalidad», indicó la consellera Ana Barceló, que recordó que, con la primera dosis, «las personas no quedan inmunizadas», sino que se debe esperar a la segunda.

(Diario Levante EMV)

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 Plaza Pública

Vacunas: entre la salud de todos y el negocio de unos pocos

Gaspar Llamazares | Miguel Souto Bayarri
Publicada el 11/01/2021 
Infolibre
  
                  Celebración de aplausos de manos de dibujos animados en ...

Cerramos 2020, un año muy malo, y abrimos 2021, el año de las vacunas y la incertidumbre. En esta pandemia se ha demostrado la gran importancia de las políticas públicas; y hemos visto cómo el deterioro y el déficit de financiación de la sanidad y la salud públicas han puesto en peligro el control de los contagios y el tratamiento de la covid-19. Particularmente desde la crisis financiera de 2007, las campañas y la propaganda a favor de las privatizaciones han sido muy fuertes. De aquellos polvos estos lodos, en los déficits de la salud pública, la atención primaria y ahora la debilidad operativa de algunas CCAA, como por ejemplo la Comunidad de Madrid, ante el reto de una vacunación masiva. Por eso, ahora que ya están aquí las vacunas, hay que insistir que no son las farmacéuticas, la Big Pharma, como se ha dicho de manera interesada, las que nos están librando del virus.

Esas afirmaciones no son ciertas, parecen producto de vivir miopes por los acontecimientos, no solo cuando dicen que gracias a las farmacéuticas nos hemos librado de la covid-19, sino que además omiten lo fundamental (la mejor muestra de que tal teoría constituye un mero delirio): las vacunas, que por algo han sido definidas como "bien público global", son el producto de la investigación pública y de grandes aportaciones económicas de países que tienen una I+D muy robusta. En este campo, como en otros, lo que se produce luego es una transferencia significativa de recursos públicos a los intereses privados, y se genera la apariencia de que la I+D y la innovación privadas son más eficientes, reforzando los argumentos favorables al discurso dominante: privatizar. Es verdad que quienes así hablan, con su pobre capacidad para argumentar la causa que defienden en favor de la industria farmacéutica se acercan al absurdo, sobre todo cuando afirman que la inmunización la ha pagado la industria, sin descontar la financiación pública altísima que han recibido los laboratorios de investigación para la investigación básica y aplicada que ha desembocado en las vacunas.

Pero a la vez hay una moraleja simple, se trata de no hacer de los templos del capitalismo (la Big Pharma y la High Tech) un mundo superior, no entrar en el juego de considerar que son un territorio del que solo cabría esperar una gestión eficaz, y no hacer seguidismo de unas estructuras que, como narraba John le Carré en sus tramas internacionales, se mueven sin escrúpulos por los escenarios más turbios del desorden geopolítico. Los medicamentos son el escándalo de África, según escribió el gran novelista en El jardinero fiel. "Si algo denota la indiferencia occidental al sufrimiento africano, es la lamentable escasez de medicamentos adecuados, así como los abusivos precios que vienen cobrando las empresas farmacéuticas en los últimos treinta años".

En relación con las vacunas, aunque han aparecido ahora en un tiempo récord, como si cayesen del cielo, no es que las farmacéuticas hayan tenido un pálpito, o adivinado el porvenir. De hecho, los tratamientos de las enfermedades infecciosas, y en particular las vacunas, hace tiempo que no forman parte de sus prioridades por su alto coste de investigación, la incertidumbre de su eficacia y seguridad en el llamado valle de la muestra, y el carácter acotado en el tiempo de la enfermedad y en consecuencia de la retribución. Todo ello, a diferencia del negocio seguro y a largo plazo de las enfermedades crónicas y degenerativas. Por eso, muchos de los proyectos de investigación que pusieron las bases científicas y la tecnología para la rápida producción de las vacunas de la covid-19 ahora, han recibido financiación durante años con fondos públicos de los Estados Unidos, la Unión Europea o China. Y, de hecho, si el proceso de vacunación está siendo más lento de lo esperado, es también en parte porque las farmacéuticas están fallando en el que sería precisamente su cometido fundamental: la capacidad de producción. Y eso que se trata de los países ricos que han acaparado el doble de las vacunas de las que les corresponderían en función de su población.

Para los amantes de las cifras es aconsejable dedicar un tiempo al estudio de las mismas (por algo la industria farmacéutica ha puesto el grito en el cielo cuando se han desvelado los precios de venta, y la gran diferencia de precios entre unas y otras que salió a la luz por la indiscreción momentánea, tipo lapsus, de una ministra de Bruselas). Más cifras: en España, algunas comunidades autónomas de las que van en cabeza, como el País Vasco, dedican cerca del dos por cien de su PIB a I+D, mientras que la mayoría de las CCAA queda muy lejos de esa cifra (Alemania dedica más del tres por cien). Ya se sabe que en nuestro país la estructura productiva y la inversión prioritaria han estado tradicionalmente en la industria de turismo y en los servicios más afectados por la pandemia. La investigación en el coronavirus, sin ir más lejos, ha estado en manos de científicos con contratos temporales y precarios o ligados a proyectos, a pesar de que muchos de ellos, sin embargo, cuentan con muchos años de experiencia en primera línea. Paralelamente, la inversión en I+D ha sido raquítica en los últimos años. Pero esto no ha sido siempre así. En los primeros años de la democracia, mediante convocatorias de proyectos se financiaron multitud de pequeños grupos de investigación que poblaban los departamentos universitarios. También el gobierno Zapatero empezó con un fuerte incremento del presupuesto destinado a investigación, que luego sufrió un brutal recorte de más del 60 por ciento con el gobierno de Mariano Rajoy.

En este escenario de necesidades acuciantes se debería enmarcar una operación con más carácter ofensivo que defensivo. Entre los retos de los próximos años, en la I+D, España tiene que hacer frente a algún problema pendiente. Sin menoscabo de las acciones sobre la pandemia y la salud de las personas, que seguirán siendo prioritarios, entre los más urgentes está financiar a los múltiples grupos universitarios que se han quedado sin ayudas para investigar. Las estrategias puestas en marcha los últimos años no han sido fructíferas. Hoy, la financiación se concentra en pocas manos, y es evidente que el problema es grande y que hace falta un cambio de modelo, porque España se ha retrasado en la carrera de la investigación durante la pandemia y en las vacunas. Habría que fomentar la colaboración entre el sector público como el instituto Carlos III, los grupos de las universidades y las empresas con I+D+i, y potenciar a aquellas que son verdaderamente innovadoras, a la vez que fomentar su colaboración con esos cientos de grupos de investigación pequeños, los que algunos denominan despectivamente "la hojarasca", que actualmente languidecen infrafinanciados en las universidades españolas. Todo ello en el marco de un salto en la investigación y la gobernanza global, en relación con futuras pandemias.

Por último, añadir que la iniciativa mundial COVAX para el reparto de vacunas corre un riesgo serio de fracasar. La actual campaña de inmunización ha sido diseñada por los países ricos como no podía ser de otra manera: una suerte de sálvese quien pueda que, por supuesto, está dejando en la cola de la carrera a los países más pobres. Sin ellos no hay victoria sobre la pandemia que valga. O nos salvamos juntos o no se salva nadie.

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