viernes, 24 de agosto de 2012

Ecce esperpento-bodevil

Definitivamente 2012 debe ser el año clave para que se acabe un mundo infumable. Unos se apoyan en el Apocalipsis, otros en Nostradamus o en las profecías mayas y otros en el fin del desarrollo insostenible, pero todos coinciden en señalar este año especialmente como un antes y un después para la civilización humana. Y lo está siendo. Vaya que sí. En España a tutiplén. Nunca podremos volver a ser lo de antes. No. Y no sólo por la crisis y este especial modo tragicómico de enfocarla. Trágico para los damnificados y cómico-burlesco para los damnificantes y el perpetuo ridículo de su incapacidad, que si no fuese causa de tanta ruina y drama humano, sería un exitazo en cualquier peli de Santiago Segura, que ha venido a sustituir las charlotadas horteras e increíbles del bombero-torero y aquellas canciones surrealistas de Emilio el Moro y Pepe da Rosa. A los chistes desternillantes y ridiculizadores del franquismo, o el humor negro y tierno de Gila, que se tradujeron al cine en Bienvenido Mr Marshall, Plácido o El verdugo. Y ahora se nos revela en esta especie de sexto sentido pictórico, o quizás en el sexto misterio inédito, hasta ahora, de un rosario fantasma y agazapado en el signo rupestre y avasallador de la maruja-abuela carpetovetónica, que se manifiesta en Borja como la Agustina de Aragón de la restauración pictórica y piadosa, difuminada entre el ser o no ser la sombra cutre del esperpento goyesco y el piadoso facsímil de la Verónica bíblica, pero pincel en ristre. Qué peligro! 

De repente España vuelve a las primeras páginas de la prensa mundial impulsada por el genio de La Macarena y del Chiquilicuatre. Las ovejitas de Carmen Sevilla dando las uvas, la lírica del Fary, la filosofía del Tío Lavara o Muchachada Nui y las videntes en plan Pitonisa Lola. 
Genio y figura hasta la hartura, que no la sepultura, porque este tipo de "genio" es mucho más inmortal que los genios al uso. Está agazapado en los genes ibéricos. Camuflado de fallera o de Alicia Camacho, con la sensibilidad social de Aguirre, Cospedal o Zaplana. Con la belleza delicada de los ministros Guindos y Montoro,  Matamoros y Belén Esteban, el refinamiento taurófilo de Wert, la exquisitez de  la Sexta y Antena tres o el discreto encanto de Telecinco. Que hay mucho donde tener referencias para llegar al éxtasis atormentado del ecce cosa firmado por la octogenaria beata del pueblo en pleno ataque de fervor y trementina. Brutal. Inenarrable. Y también la metáfora exacta de la España católica y su iglesia intramuros. 
Aunque bien pensado es mucho más que un asunto local. Es, sobre todo, la reproducción simbólica y milimétrica, de lo que la propia iglesia católica ha venido haciendo desde el siglo IV con la figura y el mensaje de Jesús de Nazareth. Una "restauración" chapucera y horrenda, trucada, insensata e ignorante para adaptar al humilde y sabio hijo de carpintero, al look imperial, enjoyado, tieso, hierático, intocable, omnipresente, pantocrator, inquisidor y guerrero victorioso a base de bulas, investiduras, hogueras y barbacoas hereje exprés, cara de pocos amigos y poder político todo terreno, según soplen los vientos del poder y los dineros de este mundo. Eso sí, siempre, con la "mejor intención". Como la abuela aragonesa. 
Una iglesia conducida perennemente por el ya habitual beato octogenario, metido en su mundo parahumano, que no es pintor ni restaurador, sino que reforma de oído y repinta a ojo de buen cubero todos los frescos que va pillando y los maquilla a imagen y semejanza de su curia y su banco vaticano. Según se le tercian las encuestas publicitarias y los vientos de la política mundial. Nada de profesionalidad. Todo inspiración de apaño puntual y muy concreto. Y muy difícil, porque coordinar ese evangélico "dejad que los niños se acerquen a mí" con el espectáculo de la pederastia, es un shock y bendecir a los dictadores genocidas explicando que hay que bendecir al César como a al mismo Dios, tiene tela marinera. Y condenar el aborto pero hacerse el longuis con las guerras "justas" de los afines contra los distintos, para salvaguardar la libertad y la democracia de un hemisferio, o bendecir la castración de los deficientes que no han podido esquivar una vida sin vida, porque abortar es un crimen, pero machacar al noabortado es una virtud pedagógica, como "robar" a un niño judío a su familia y volverlo cristiano e hijo de Papa, por la gracia de Dios. Y condenar que los homosexuales manifiesten su condición mientras se bendice, se tolera y se comparte la homosexualidad religiosa, porque en la intimidad no es materia de "escándalo" sino debilidad y la benévola y tolerante parte pecadora de la santa madre. O dejar que el confesionario sea el bidé de los pecadores peligrosos, donde delito y pecado obtienen la misma indulgencia y cualificación, por el simple hecho de afirmar un arrepentimiento verbal.  De modo que si un Pinochet, un Videla o un Franco, se confiesan, comulgan y honran la liturgia, son ejemplares, mientras un Fidel Castro o un Yaruzelsky son criminales, no porque matan sino porque no van a misa, ni frecuentan los ritos católicos. Aunque no matasen, estarían condenados a la hoguera eterna, por no adaptarse al icono y al listado de sus restauradores. O un Jerzy Popielusko es un mártir por defender la libertad según Occidente y un Ignacio Ellacuría o un Óscar Romero no lo son, por defender la libertad, la dignidad y los derechos de los pobres de cualquier parte del mundo y de cualquier religión o de cualquier ideología. 
Terribles restauraciones de la imagen de Jesús el nazareno. Un verdadero Ecce homo histórico. No una pintura mediocre marraneada por la torpe piedad de una pobre abuela con las neuronas al jerez, tanto por los años como por el bagaje heredado. Fifty/fifty. Sino crímenes y delitos, generados y amparados en un poder anómalo y sin sentido en quienes afirman ser los portavoces e intérpetres más fidedignos del que vivió sin tener donde reposar la cabeza, denunció la injusticia de los poderosos contra los más desgraciados y murió como un delincuente a manos de los " restauradores" habituales de la imagen divina en medio de la deshumanidad que ellos mismos propagan con sus conductas mientras la niegan con sus palabras. Para Ecce homo trucado y deforme, el del Vaticano y sus secuelas.




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