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Pasaron
los hombres de Ayuso por el Tribunal Supremo y es como si hubiera
pasado un vendaval. Miguel Ángel Rodríguez, el jefe de gabinete, y
Alberto González Amador, la pareja de oro, han dedicado horas de
declaración judicial a culpar al fiscal general del Estado de todos sus
males y a atacar a los periodistas que destaparon los delitos fiscales
del novio de la presidenta. Ellos, mártires e inocentes.
Los demás, culpables de “un atropello” mediático y del “aparato del
Estado” que le han “destrozado la vida” al pobre defraudador fiscal
confeso, que fíjate si está indefenso que ha acabado sometiendo a juicio
a todo un fiscal general.
“Pasé a ser el delincuente confeso del Reino de España”, dice González Amador, como si la responsabilidad de sus fraudes acreditados por Hacienda
fuera de los demás. “Nadie es consciente del daño que se me ha
producido”, añadió en un uso envidiable de la pasiva refleja. “O me voy
de España o me suicido”, ha rematado. “No le recomiendo ninguna de las
dos cosas”, le ha respondido el juez, aguándole el dramatismo. González
Amador ha llegado a decir que, según un estudio de Google que tiene,
“hay más noticias mías que de la guerra de Ucrania”.
Miguel Ángel Rodríguez, el gestor (con dinero público) de la crisis legal de los Ayuso, ha vuelto a admitir (a su manera) que se inventó la teoría de la conspiración
con la que varios medios defendieron a González Amador y que provocaron
la reacción oficial de la Fiscalía para desmentirle. Además, se ha despachado a gusto contra elDiario.es.
Dice que somos “unos escandalosos” y que “tiene muchas cosas que hacer
como para aguantar a periodistas de línea izquierdista” y que por eso no
nos quiso dar su versión (esa versión) cuando le escribimos el día
antes de publicar las pruebas del fraude fiscal. Entre sus argumentos,
algún insulto y muchas mentiras sobre lo que realmente pasó. Las desgrana Ignacio Escolar.
Hoy
les toca declarar en el Supremo a dos periodistas de elDiario.es,
citados como testigos porque tuvieron acceso al correo de confesión que
ahora está en el centro de este juicio. Porque recuerda: todo este lío
descomunal es para buscar quién filtró a los medios el correo de
confesión. O más bien: para dilucidar si esa persona fue o no fue el
fiscal general del Estado, Álvaro García Ortiz. Varios periodistas, de
elDiario.es y de otros medios, ya han dicho por activa y por pasiva que
no fue él. Pero nunca revelaremos quién fue realmente nuestra fuente.
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