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Mas nos valdría saber adiestrarnos para combatir las intoxicaciones desinformativas y recuperar un ambiente político-cultural donde primara la solidaridad europea frente a una despiadada lógica del atroz mercantilismo que lo cosifica todo deshumanizándonos por completo
El anuncio nos ha pillado algo desprevenidos. Aunque se comprenda que se trata de una campaña para sensibilizarnos ante las nuevas circunstancias del mapa geoestratégico, la verdad es que resulta un tanto irrisoria o, por decirlo de otro modo, casi entrañable por su lozana ingenuidad. ¿Qué cabría hacer con ese kit destinado a las emergencias? ¿Lo tendríamos listo en casa o lo acarrearíamos todo el rato allá donde fuéramos por si las moscas? En el primero caso habría que decidir hacía dónde dirigirse al abandonar el domicilio habitual o transitorio y en el segundo resultaría poco práctico desplazarse con ese peso suplementario, salvo que lo lleve dentro del coche quien disponga del mismo. Nadie se imagina cogiéndolo en medio de un accidente aéreo ni ante una sorpresiva catástrofe natural. Sin duda, las mantas térmicas incrementarán sus ventas y los equipamientos normalmente destinados a los excursionistas para ir al monte tampoco se quedarán atrás. Hay quien se forrará con este nuevo artículo de consumo.
¿No había otra forma de concienciarnos ante las nuevas amenazas? La preocupación va por barrios. No podemos compararnos con Polonia, Finlandia o los países bálticos, cuyas fronteras colindan con la expansionista Rusia de Putin. De ahí que reclamen disponer de un paraguas nuclear cedido por Francia y Reino Unido. Si realmente vinieran mal dadas, cuesta creer que aliviáramos los males llevando un poco de agua, la documentación y algo de dinero. Quien se lo puede permitir se compra un bunker para su finca, tal como se almacenaron en otra época mascaras anti-gas. Tan solo falta que se incentive tener armas en casa para defendernos del enemigo, como si eso pudiera ser eficaz frente a ejércitos bien pertrechados y amparados por una vanguardista tecnología militar que ni siquiera podemos imaginar. Más vale prevenir que curar, pero de poco sirve ponerse una venda sin habernos herido todavía.
Hasta no hace tanto, en Alemania, la gente de cierta edad coleccionaba las cocinas que iba retirando, porque siempre se podía necesitar una de leña u otro combustible sin electricidad. Había sobrevivido a un par de guerras mundiales y conocían de primera mano lo que significa quedarse sin suministro eléctrico, entre otras muchas miserias. En España la escasez dio lugar al fenómeno del estraperlo y conviene recordar esa lección, cuando se incentiva el acopio de alimentos.

Otra cosa es concienciarnos de que los europeos debemos racionalizar los recursos defensivos y tener una política común en esa materia. Eso incluye abastecernos dentro de nuestras fronteras para no engrosar las arcas de potenciales agresores e invertir asimismo en tecnología. No estaría mal reclutar la materia gris que se desprecia en otros lugares, porque la historia nos muestra el inmenso potencial que se gana con ello. Destinar fondos a la seguridad significa destinarlos también al ámbito científico y no solo a las industrias armamentísticas. Hay que contar con los medios adecuados y el personal entrenado para evitar ciberataques que nos dejen inermes o muy noqueados. La innovación tecnológica puede ser el mejor escudo contra un sinfín de agresiones bélicas o de cualquier otra índole.
Pero no cabe descuidar en el flanco interno esa vulnerabilidad epistémica que favorece quedar abducido por las patrañas más alucinantes y que nutre una legión de quintacolumnistas bien dispuestos a dejarse invadir por la ideología más lesiva. El vicepresidente de los Estados Unidos manifiesta reiteradamente su desprecio a Europa y eso nos debería poner en guardia. Para una mentalidad tan retrograda e infantil como la suya, los europeos representamos un modelo político alternativo que no suscribe masivamente al menos por ahora el culto exacerbado a una plutocracia sin escrúpulos amparada por la selvática ley del más fuerte.
Para buscar otras alianzas fuera de la Unión Europea, tenemos que comenzar poniéndonos de acuerdo en su seno y en cada país miembro, porque difícilmente cabe buscar socios cuando cunden las divisiones internas. Es hora de poner entre paréntesis las diferencias partidistas y tomarse muy en serio las nuevas amenazas que se cierne sobre la democracia deliberativa como forma de convivencia. Resulta comprensible que problemas tan acuciantes como el acceso a la vivienda o el empleo estable generen un malestar social de alto voltaje, pero no deberíamos permitir que cundiese la tentación de añorar mesianismos políticos con soluciones mágicas y talante dictatorial.
En el kit comunitario europeo de supervivencia no solo hay que poner armas defensivas, porque de nada servirán sin un acceso a los bienes culturales y a unos mínimos de subsistencia que cohesionen una comunidad que se deshumaniza cuando pierde su carácter cooperativo, al creer que será más prospera eliminando a los más débiles o desafortunados. En ese kit hay que hacer acopio de una tecnología guiada por la ética y no tanto por los beneficios comerciales. E igualmente se precisan grandes dosis de acceso a una educación que propicie la reflexión crítica, para inmunizar a la ciudadanía del virus que inocula el intransigente fanatismo de los dogmas indiscutibles.
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P.D. del blog:
Totalmente de acuerdo. Resulta bastante esperpéntica, inmadura y mediocre esa ocurrencia de la UE a estas alturas de la involución humana(¡?). Se comprende un poco que tras las dos guerras mundiales que inició y remató Alemania el siglo pasado, aún pueda quedar algo en la memoria de Europa, a la hora de la mieditis histórico-histérico-institiva.
El miedo es mucho más terrible por lo que provoca en los seres humanos, que por lo que pueda suceder en la realidad. La misma Alemania que aterrorizó al mundo entero nunca se imaginó lo que acabaría provocando ella misma en su propio territorio, mucho más terrorífico, en todos los aspectos, que lo que pudo suceder en otros lugares, también sufridores de sus ocurrencias bélico/locatis. En la misma onda que los actuales USA con Trump al mando del manicomio globalizado, y con Putin, Zelenski, Netanjahu, Milei u "Obiscal" delirando en idéntico manicomio "normalizado" y reforzado con centrales nucleares y bombas atómicas, nada menos que para acabar de rematar lo que a Hitler y a sus secuaces, no les dio tiempo.
Cuando, como es natural, la mediocridad no encuentra soluciones inteligentes y beneficioso-pastarrentables, para aprovechar ese bien común que no entiende ni conoce personalmente, se le bloquean las neuronas a golpe de egos delirantes, y suele perpetrar cualquier burrada, convencida de que es lo más "normal", "justo" y "necesario", que se puede hacer en este mundo con la creación regalada que se ha encontrado en el Planeta. Así acabaron, por ejemplo, Hitler y Mussolini, o sea, el nazismo y el fascismo, el terrible dúo del aquí te pillo y aquí te liquido. Que andaban en el mismo plan imperio's fashion, que estas maravillas alucinógenas del siglo XXI, repartidas, ahora, también, por varios continentes.
Los nazis cavaron refugios subterráneos, los llenaron de víveres, de armas defensivas, de vituallas para resistir lo que hiciese falta, lo tenían todo: menos la inteligencia verdadera de la conciencia y la energía del alma, de la psijé, como la llamaban los papis griegos de la filosofía, los amigos del conocimiento, y su base ética e insustituible, que nos hace comprender por pura lógica, que todo el mal ejercido contra nuestra propia especie,contra la vida, sus derechos y sus deberes inseparables, acaba con todo, incluidos ellos mismos, los atacantes machacadores de vidas humanas, animales, vegetales y minerales...y ya en estos tiempos tóxicos por su naturaleza cutreforme, también con el aire que se respira, el agua que se bebe, la comida que se ingiere en el paraíso de la contaminación y microplásticos, y hasta la tierra que se pisa. Porque la cosa ha ido y va a más exponencialmente, en su locura tan inteligente(¡?) como artificial, bocachancla y estúpida al 100x1000.
Es absolutamente incomprensible que una sociedad capaz de inventar Inteligencia Artificial, de liarla parda por donde pasa, de viajar por el espacio, de inventar todo lo inimaginable para forrarse y mangonear sin parar todo lo que pilla, aún no haya sido capaz durante milenios de conseguir ver ni comprender el valor y la necesidad del cemento y los ladrillos de la PAZ, como base imprescindible sostenedora de la misma vida humana, porque ni siquiera la tiene que inventar, es una energía que ya existe en el ADN de la inteligencia verdadera, en la conciencia, en el espíritu, en la dinámica y en la quietud, en la intuición, en la fusión integradora de lo humano y lo divino, de la emoción y la razón en el sentimiento, que son las aparentemente distintas caras de una misma realidad. Sólo hay que descubrirla, cultivarla, trabajarla, compartirla y disfrutarla del uno por una al Nosotr@s, como una canastilla para la vida que renace a cada instante, en modo bendición cósmica.
Mientras la Paz siga siendo solamente una ilusión, un espejismo "buenista" sin nada que ver con lo que aporta y beneficia por naturaleza y signo de auténtica evolución planetaria y sorofraterna, nuestra especie seguirá aparcada sin fecha de caducidad en el calderoniano Monólogo de Segismundo en La Vida es Sueño, hasta que se agote. Es decir, que por mucho ruido y más nueces que acumulemos en las cuentas corrientes de lo monstruoso disfrazado de "normalidad", nuestra especie seguirá aparcada en el mismo garaje/basurero hasta que acabe consigo misma, en plan suicida, o dé el salto personal y social, de uno en una, y tod@s a la vez, por contagio de lo bueno, lo sano y lo urgente, hacia la conciencia, el alma, la verdadera inteligencia que es el SER, para poder estar, existir, comprender, inventar, realizar, compartir, disfrutar en vez de padecer, Amando de verdad.