sábado, 18 de marzo de 2017

¿Qué es socialismo?





por Vicens Navarro 

17-3-2017 (Publico)

Autor del libro Ataque a la democracia y al bienestar. Crítica al
pensamiento económico dominante
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A raíz de la reciente publicación de mi artículo El porqué del declive electoral del PSOE: los entramados de sus equipos económicos (Público, 08.03.17), he recibido bastantes comentarios de los cuales valoro especialmente el artículo publicado en Público ¿Está el proyecto político ‘Por una nueva socialdemocracia’ inspirado en el Programa de Unidos Podemos? (10.03.17), firmado por mi apreciado colega, el economista Manuel Escudero, que dirige el equipo económico de la candidatura de Pedro Sánchez para el puesto de Secretario General del PSOE.
Escudero ha escrito, con la colaboración de otras personas, el documento Somos socialistas. Por una nueva socialdemocracia, que yo comentaba (entre muchos otros) en mi artículo. Tengo un gran respeto y una estima por Manuel Escudero, con el que he compartido proyectos en el pasado, aunque ahora veo que estamos en dos distintos: él apoya al PSOE y yo apoyo a Unidos Podemos (UP). Y ello deriva de que tenemos dos concepciones distintas del socialismo y como llegar a él. Veámoslo.
Pero antes que nada quiero agradecerle su crítica y sus observaciones, aunque algunas me sorprendan, como la que hace cuando termina su artículo escribiendo que debería dejarse de lado entre nosotros (PSOE y UP) “la actitud de aniquilar abierta o sibilinamente al vecino”, quizás insinuando que es lo que yo estaba intentando hacer en mis comentarios a su documento. Le ruego a Escudero que se lea con más detalle mi artículo, porque queda claro que mi deseo es que el programa que él ha desarrollado para la candidatura de Pedro Sánchez sea el que gane en la competición entre Sánchez y Susana Díaz, los dos candidatos con mayor soporte para el puesto de Secretario General del PSOE. Con este programa de Sánchez será más fácil para Unidos Podemos llegar a un acuerdo que con el desarrollado por José Carlos Díez, el gurú económico de El País y también de la gestora del PSOE y de Susana Díaz (que también comenté en mi artículo), que representa la vía continuista, con la cual va ser difícil para UP establecer una alianza de gobierno.

Es necesario trabajar para establecer una amplia alianza de las izquierdas

Soy consciente de que se ha dicho con cierta frecuencia que desde el punto de vista meramente partidista y electoral, le iría mejor a Unidos Podemos que ganara Susana Díaz, pues ello atraería hacia tal coalición (UP) a muchos votantes y militantes del PSOE, deseosos de romper con el continuismo de las políticas llevadas a cabo por la gestora de dicho partido, lo cual ocurriría si tal candidata ganara las primarias y fuera elegida como su Secretaria General. Yo no comparto esta lectura ni deseo que ello ocurra. Es fundamental poner las necesidades del país (que pasan por el establecimiento de una amplia coalición de fuerzas progresistas lideradas por las izquierdas) por encima de las consideraciones partidistas. Le aseguro a Escudero que no hay ningún deseo de aniquilación (repito, ninguno) de la candidatura de Pedro Sánchez. Todo lo contrario, deseo su éxito en la competición dentro del PSOE.
Tengo presente que, como resultado de lo que acabo de decir, se me critique, como hace Escudero, por inmiscuirme en negocios de otros partidos. Pero todo el mundo tiene que ser consciente de que para los que apoyamos a Unidos Podemos lo que ocurre en el PSOE es importante, pues que haya un futuro gobierno de coalición (deseado por Unidos Podemos, si se alcanzara un acuerdo de programa) depende de ello. Con el PSOE actual, liderado por la gestora o Susana Díaz, que ven a Podemos como el enemigo a aniquilar, me temo que habrá gobierno del PP para muchos años. La candidatura de Sánchez, en caso de que haga lo que dice, podría abrir posibilidades de colaboración entre el PSOE y UP para reemplazar el gobierno del PP, el gobierno más reaccionario que este país haya tenido y cuyas políticas públicas están dañando enormemente el bienestar de las clases populares.

La necesaria autocrítica dentro del PSOE

Paso ahora a responder (respuesta que, quiero aclarar, es a título personal) los argumentos de Escudero, señalando algunas distinciones importantes que él establece entre las propuestas de Pedro Sánchez y Unidos Podemos. Pero antes siento la necesidad de aclarar que si la socialdemocracia europea hubiera continuado siendo la socialdemocracia de antaño, no habrían aparecido movimientos contestatarios en toda Europa, pues estos partidos habrían canalizado el gran rechazo que las políticas neoliberales han creado entre las clases populares.
El problema que tienen estos partidos es que dejaron de ser socialdemócratas y pasaron a aplicar tales políticas neoliberales. Y esto pasó en España también. Y lo que es digno de mención es que, mientras en muchos países el enfado lo han canalizado los partidos de ultraderecha, aquí, en este país, lo han canalizado las nuevas izquierdas (Podemos, En Comú Podem, En Marea, Compromís y otros), así como las renovadas izquierdas (IU). En realidad, muchas de las demandas hechas por estas nuevas fuerzas políticas encajan claramente con esta tradición socialdemócrata, que ha sido abandonada por el PSOE. Las líneas generales del programa económico que Juan Torres y yo preparamos a petición de Podemos, y que influenció muchos de los elementos del programa económico de tal partido, eran socialdemócratas de pura cepa. El propio Manuel Escudero lo aplaudió.

¿Qué se entiende, pues, por socialdemocracia?

La diferencia no está, pues, entre socialdemocracia o no socialdemocracia, sino en el significado de socialdemocracia (que originalmente era el intento de alcanzar el socialismo por la vía democrática). Ahora bien, la aceptación por parte de la socialdemocracia (en el famoso Congreso de Bad Godesberg, y que explícitamente inspira “Somos socialistas”) del principio que en las áreas económicas la labor a realizar por los socialdemócratas era “expandir el mercado tanto como sea posible, y el Estado tanto como sea necesario”, estableció las bases para que la socialdemocracia llegara a la situación en la que se encuentra ahora.
Tal principio asume una dicotomía, mercado versus Estado, que la realidad actual ha mostrado que es insuficiente, o incluso falsa, pues la integración de los aparatos de los partidos socialdemócratas en la estructura de poder económico y financiero (lo que tradicionalmente había caracterizado a los partidos de derechas, de corte conservador y/o liberal) ha establecido un entramado que determina que los mismos poderes financieros y económicos que configuran lo que se llama mercado sean los que también dominen las políticas públicas del Estado. La incorporación del neoliberalismo (la ideología de los poderes financieros y económicos) en el argumentario de los partidos socialdemócratas actuales ha sido un indicador de ello, contribuyendo con ello (al aplicar políticas neoliberales) al enorme sufrimiento de las clases populares, que siempre habían sido sus bases electorales. Y ahí está la raíz del problema, que exige una clara autocrítica hacia el PSOE por parte de las izquierdas existentes en su seno, y que echo en falta en el documento “Somos socialistas”. Yo me permito sugerirles que lo hagan, pues, sin tal autocrítica, perderán credibilidad.

¿Cómo llegar al socialismo?

Este maridaje del poder financiero y económico con el poder político (y hay que añadir mediático) caracteriza al sistema capitalista, que es el mayor obstáculo para el desarrollo democrático de un país, como se ve claramente en España. Esta observación, avalada con una contundente evidencia, debería llevarnos a discutir la vía para llegar al socialismo. Y ahí nos encontramos con otra dicotomía que, como la dicotomía mercado versus Estado, es también falsa. Tal dicotomía aparece en las discusiones sobre cómo avanzar hacia alcanzar el objetivo deseado, que se reduce a dos alternativas: o la vía parlamentaria o la vía no parlamentaria (o como presenta Escudero, con un pelín de mala leche, la existente en las democracias “de corte popular” —refiriéndose a las experiencias soviéticas, que siempre se definieron como democracias populares—), atribuyendo esta segunda vía a Unidos Podemos.
Este sectarismo, propio de la derecha española, empobrece las posibilidades de debate y rompe con la madurez política y sensibilidad democrática que siempre ha caracterizado el trabajo de Escudero. Hay que recordar que el eslogan del 15-M, al cual apoyé con toda la intensidad con que pude, era “no nos representan”, que era una denuncia del sistema parlamentario por falta de democracia. Tal exigencia inspiró la entrada en la arena política de aquellos nuevos partidos de izquierdas, cuyo compromiso con la democracia está revolucionando el panorama político (y espero económico) del país. Y esta democratización requiere un cambio profundísimo entre lo que se llama y presenta como sistema democrático, imposibilitando la reproducción del entramado antes citado entre poder financiero y económico, por un lado, y poder político por el otro, entramado que, como he dicho antes, ha alcanzado en España unos niveles asfixiantes.
Hay varios síntomas de ello. Uno de ellos es la corrupción (“No hay pan para tanto chorizo”). Pero no es el único. Las puertas giratorias son otro. La dictadura mediática (instrumentalizada por poderes financieros, entre otros) que vive España es otro. Y así una larga lista. De ahí que los cambios necesarios para el país –que conllevan inevitablemente enfrentamientos con los establishments financieros y económicos- sean mucho más sustanciales que los propuestos en el programa de Pedro Sánchez, el cual se queda corto y tiene pocas medidas específicas. En realidad, la mayor oposición a que se estableciera una coalición de gobierno con Unidos Podemos fueron estos intereses, bien representados por la dirección del PSOE. A no ser que la nueva dirección del PSOE desactive esta relación de complicidad con aquellos poderes fácticos, no habrá cambio posible.

No es la revolución digital la que crea el precariado

Ha sido este entramado entre el poder financiero y económico, por un lado, y el poder político y mediático, por el otro, el que ha sido responsable del deterioro del bienestar de las clases populares, pues en las intervenciones del Estado (sea central, autonómico o local) los intereses de aquellos poderes fácticos toman prioridad sobre los intereses de las clases populares. La evidencia de ello es clara y contundente, como he documentado en mi libro El subdesarrollo social de España: causas y consecuencias (Anagrama, 2006). Y las políticas públicas, que dicho entramado determina, han conllevado un enorme deterioro del mercado laboral, incluyendo la aparición del precariado.
Ello me lleva a enfatizar otra dicotomía, que también considero falsa, que originó en su día un debate entre Escudero y yo, y que lleva a hacer propuestas diferentes frente al enorme deterioro del mercado laboral, que ha generado una gran expansión del precariado. En mis escritos he subrayado que este deterioro no se debe a la revolución digital. La atribución del precariado a la revolución digital olvida que la manera como se está estableciendo esta revolución digital y tecnológica no es resultado de un determinismo tecnológico (la robótica), sino que es consecuencia del contexto político que determina cómo y dónde se aplica tal robótica.
Naturalmente que no estoy en contra de la revolución tecnológica, sino de cómo se está aplicando. Y ahí detecto un excesivo determinismo tecnológico en muchos de los análisis de lo que está ocurriendo y en las propuestas que se hacen para resolver este enorme drama humano. La misma revolución tecnológica que oprime y sustituye a los trabajadores puede liberar y crear más y mejor empleo. En este sentido, me alegra ver que algunas de las propuestas de Unidos Podemos que portavoces del PSOE habían tachado de utópicas e irrealizables, como la muy marcada reducción y distribución del tiempo de trabajo que UP proponía, ahora sean presentadas como factibles y deseables por voces dentro del PSOE, como se ve en el programa “Somos socialistas”.
Entiendo la necesidad de establecer diferencias entre los dos programas, que existen y son notables. Pero sería conveniente que, para añadir credibilidad a las propuestas de reducir el tiempo de trabajo, se incluyera aquí también (como hace el programa económico de Unidos Podemos) una crítica a la reforma laboral del PSOE, que precisamente dificulta el desarrollo de tales medidas. Y es ahí donde creo que es necesario que las fuerzas progresistas dentro del PSOE hagan una crítica de su reforma laboral, que como bien denunciaron los mayores sindicatos del país (CCOO y UGT), deterioró significativamente el mercado de trabajo. Tales voces dentro del PSOE deberían así hacerlo, para recuperar la credibilidad. Y lamento que no lo hagan.

La socialdemocracia, necesaria pero insuficiente

El punto clave en el siglo XXI es si, para los que queremos alcanzar el socialismo, la vía socialdemócrata (y me estoy refiriendo no a la socialdemocracia actual –que abandonó la socialdemocracia-, sino a los propios principios socialdemócratas inspirados por el Congreso de Bad Godesberg) es suficiente o no. Y la respuesta es que es una condición necesaria, pero no suficiente, pues, a no ser que la socialdemocracia evite la gran concentración de la propiedad del capital y del poder financiero y económico generado por tal propiedad (que se ha alcanzado ahora), no se va a avanzar hacia la democratización de la sociedad que se requiere para el desarrollo del socialismo. Toda la evidencia apunta a que, a no ser que se rompa con la transformación del poder económico y financiero en poder político (y mediático), no va a haber ni democracia ni socialismo.
Han sido precisamente las políticas públicas neoliberales iniciadas por el Presidente Reagan en EEUU y la Sra. Thatcher en el Reino Unido, y hechas suyas por la Tercera Vía del Sr. Blair y del Sr. Schröder, y del Sr. Zapatero (particularmente en la segunda parte de su segundo mandato), las que han determinado esta enorme concentración de la propiedad del capital y de las rentas derivadas de ello, lo cual ha ocurrido a costa de la gran disminución de las rentas del trabajo.
Ello explica las crisis financieras y económicas que, a su vez, han creado la gran crisis política, con una pérdida de legitimidad del sistema democrático. El gran crecimiento de las desigualdades es un reflejo de ello. Y no es por casualidad que entre los países capitalistas más desarrollados económicamente, los países con mayores desigualdades sean aquellos con menor desarrollo democrático. EEUU es un ejemplo de ello. En contra de lo que promueve el pensamiento liberal, la democracia estadounidense es de las más limitadas de las democracias existentes, debido a la privatización de la financiación del sistema electoral. En esta situación, la elección de Trump (una vez se hubo destruido la alternativa Sanders), era predecible.
Es un dato a señalar que sean las nuevas izquierdas las que están canalizando el rechazo y el deseo de cambio. Y el intento de demonizarlas por parte del establishment político-mediático (incluyendo al PSOE) es un intento desesperado de destruirlas. Valoro positivamente que haya ahora una alternativa que, si hace lo que dice, pueda dar pie a una colaboración y alianza con aquellas fuerzas que hagan posible un gobierno alternativo. Así lo deseo.

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