sábado, 11 de marzo de 2017

La universidad pública, un oasis de inteligencia en el mar de la confusión


Ayer tarde conectada con el programa de La Sexta, Más vale tarde, de repente volví al pasado, en plan dejá vu, en mi vieja y querida Universidad Complutense, pero, esta vez, a distancia.

El autobús de la inquisición intentó colarse en la Universidad  sin haber sido invitado a la Facultad de Derecho, donde al parecer un alumno proclive a esa organización había solicitado un aula para organizar una actividad con HazteOir, sin decir el nombre de esta organización y sin presentar los requisitos y avales necesarios para que el espacio docente concediese la autorización. Con la provocadora presencia del Torquemada homófobo motorizado, en el stand by del aparcamiento, los estudiantes se plantaron en la puerta de la Facultad para impedir la entrada a la barbarie. Entonces apareció el Decano de Derecho y entabló el diálogo con los chicos y chicas, recomendando calma y no agredir a nadie por las ideas y recordando que la Universidad es el lugar mejor para entenderse y funcionar desde la dialógica, tampoco se cortó al reprochar a algunos de los congregados por llevar la cara tapada y ser incapaces de ir a cara descubierta como iban los demás, incluido él mismo. La decencia, la madurez cognitiva, la defensa de los DDHH y la honestidad intelectual no necesitan esconderse tras ninguna máscara.Es evidente  y muy reconfortante, que un profesor, Decano además, lo recuerde y lo practique en directo.

La antigua Facultad de Filosofía y Letras miraba como un testigo de cargo en silencio y desde el otro lado de la explanada del Paraninfo, el espectáculo del regreso al pasado a las puertas de su compañera de aventuras y desventuras de toda la vida: la Facultad de Derecho de la Complutense. Otra vez, la batalla de ayer amenazaba, implacable, con reproducirse en un replay paranoico y obsesivo, como si no hubiese transcurrido medio siglo desde entonces. Democracia frente a demagogia. Fascismo contra libertad. El franquismo del pasado contra el presente y el futuro. Derechos contra tiranos remozados, esta vez hasta travestidos de demócratas, que, en plena contradicción con sus proclamas "libertarias" combaten a los transexuales calificando su evolución personal de enfermedad, e imponen un credo lleno de prejuicios y dogmas ya superados por la humanidad con el desarrollo de la conciencia y la inteligencia colectivas... Y las/los estudiantes, como siempre en la vanguardia, sin miedo ni prejuicios, poniendo por delante su conciencia en pleno descubrimiento de sí misma y del mundo circundante. Estudiar y aprender a analizar, a escuchar, a pensar, a relacionar causas y efectos, a ser críticos con lo más 'sagrado' también con "nuestras verdades particulares" e inamovibles, nos abre los ojos del alma, de la mente y la voluntad. De la inteligencia en general. Nos quita el miedo, las cadenas heredadas y las ataduras. 
Ayer se batieron el cobre frente a frente, en singular combate, la sabiduría y el garrulismo. La sabiduría venció porque supo con-vencer, autocontrolarse ante la agresión al propio Decano y eligió no ser carnaza ni matarife, sino humanidad en progreso consciente de sí misma y de su dignidad. El recinto universitario se vio invadido por la barbarie montada en autobús que reivindicaba "su" particular concepto del café pésimo para todos al que llaman democracia y libertad de expresión. O sea, libertad como grito de Munch. Desquiciado. Sin razones, a berrido limpio y que se lanzó contra el Decano de Derecho hasta arrancarle los botones de la camisa sin conseguir como respuesta nada más que la serena distancia de una superioridad moral mucho más aplastante que el desmadre violento con que se pretendía provocar un episodio victimista y farisaico: hacer que las víctimas del fascismo se convirtiesen en verdugos de sus provocadores y enemigos confesos. Hasta trataron de imitar una postura dialogante que sus actos actos inmediatamente desmantelaron ante las cámaras de tv y la prensa que informaban en directo. Exactamente en ese instante brilló con luz propia la democracia real. Tal desenlace a favor de la inteligencia colectiva y del respeto a la delicada línea de flotación que obliga a la libertad a ser democracia y a ésta a ser libertad y dignidad, con la justicia, derechos y deberes cívicos como mediadoras. Y todo a las puertas de la Facultad de Derecho: la escuela especializada de la Justicia, con las humanidades enfrente: la actual facultad de Filología y antigua maestra de Filosofía y Letras. Los tiempos van cambiando y no solo a peor. También el desarrollo del factor humano en terrenos de filosofía de vida, ha cambiado a mejor. 

La policía antidisturbios que en otra época habría resuelto el conflicto en veinte minutos, con porras, mangueras, palizas de muerte y detenciones y hasta "suicidios" en la DGS de La Puerta del Sol, no entró siquiera en la dangerous zone, aunque sí observaba desde lejos el penoso episodio que desencadena un hacerse oír sin primero preguntar si alguien quiere oírte y aprender a escuchar las razones que no se entienden a la primera. Las razones del Otro y de la Otra que tú no eres capaz de respetar y valorar sin prejuicios, todavía. 

La que sí entró en el recinto universitario a petición del Decano, fue la policía  municipal, no para "actuar" contra ni a favor de nadie, sino para levantar un atestado y facilitar la denuncia perfectamente legítima de la violencia y de la agresión arranca-botones de camisas decanas. Una pataleta inmadura y rabiosa de un personaje cincuentón mucho más propia del Paleolítico Superior que de la era contemporánea, este Antropoceno lleno de contradicciones a veces horripilantes, que camina, se cae y se levanta, intentando salir del laberinto que él mismo diseña y construye constantemente mientras va madurando a velocidad inversamente proporcional a sus prisas por arrasarlo todo cuanto antes a base de testosterona sistémica, sobre la que ayer tarde triunfó la sabiduría. Sobre la agresividad del hacha de sílex desmantelada por sí misma, se expandió el aura cariñosa del beso que se dieron dos chicos ante la tripulación y pasaje del autobús anaranjado. Y así se saldó el temazo del día: Salud cívica y ética-10, enfermedad social-0.

Envolviendo al Decano soplaba como un ángel de la guarda inmenso, -en las antípodas de Mercelo, el colega alucinógeno de Fernández Díaz- la brisa de la simiente evolutiva en las palabras y actitudes de Tierno Galván, de López Aranguren, de García Calvo, Montero Díaz y Aguirre Navarro, y de tantos otros castigados y anónimos profesores expedientados, expulsados de sus cátedras o trasladados a la fuerza durante el franquismo por ser fieles a su conciencia, a la ética deontológica del magisterio universal.
Lo que ayer se vivió en la Complutense fue el fruto y la cosecha de anteayer. Cuando la ética era solamente una cita de pasada sin detalles en los libros de texto, que en cambio sí se ocupaban extensamente de la religión a medida y del "libro verde" que se explayaba  con fervor en la "formación del espíritu nacional" del fascismo en el que se asimilaban liberalismo y democracia como males y tentaciones a extirpar  de nuestra perfecto y maravilloso régimen divino de la muerte -literalmente-, el mismo que ahora intenta reviscolar en un autobús naranja y fenómenos ejpañoles con ataques repentinos e incontrolables arranca-botones.

Afortunadamente, como cantaba Mercedes Sosa, todo cambia aunque no lo parezca. Ayer el pasado amenazante dejó bien claro que lo suyo ya solo es cosa de fantasmas, como canta Serrat en Los macarras de la moral. A veces las canciones se convierten en la poesía juglaresca de la Historia, en el boomerang de la lucidez. Homero ya lo dejó clarísimo, gracias a él y a sus pistas en versos espondeos y ritmo de aeda que aun resuena cuando los mides y los intentas cantar, Schlimann encontró Troya y Micenas al cabo de más de tresmil años.

Las señales de la inteligencia colectiva nunca mueren, ergo, Gaudeamus igitur, iuvenes dum sumus, post iocundam iuventutem, post (molestam) honestam senectutem,... vivat academia, vivant professores, para lo que haga falta, oigan.
Un gustazo llegar a viejos y poder comprobar que nada bueno es en vano y que el mal solo es el producto de baja calidad que rellena los huecos que no ha ocupado el  bien cuando puede hacerlo y lo pospone para más cómoda ocasión.

Ahora nos queda por aclarar otra cuestión: la permisividad y las subvenciones con dinero público por parte del pp a este  compendio de obtusidad, fanatismo e intolerancia en que el pp se enreda cada vez más mientras cobra de nuestros impuestos por hacerlo cada vez peor. El gobierno de todos los españoles y españolas no puede, sin cometer un grave delito de fraude y abuso, utilizar los fondo públicos para un invento sectario; el pp debe aprender de una vez que un estado, lo mismo que la Justicia o el Parlamento o el Poder Ejecutivo, no es el cortijo de los caciques ppoppulares ni de ninguna otra facción ideológica que llegue al gobuierno, sino un servicio para el bien común de toda la ciudadanía. Bien común es también comprender las diferencias y el sufrimiento de quienes nacen con un cuerpo distinto de la psique y que eso no es una enfermedad sino un hecho evolutivo que afecta a la mente y al cuerpo de algunos seres humanos. Y que es necesario respetar. Para ello seguramente, esa mentalidad ruppestre tendrá que cambiar y civilizarse y no solo en las formas, sino especialmente en lo esencial del fondo,  sin intentar imponer sus ideas monolíticas a millones de personas, aprovechando mayorías parlamentarias y sentencias de tribunales afines a sus intereses y favorables a sus milongas ya impresentables y ridículas además de profundamente injustas y parciales.

¿Cómo se puede condenar la transexualidad si se defiende, se justifica, se pertenece y no se critica jamás, mientras se sostiene con dinero del Estado, una iglesia pederasta en un porcentaje estremecedor, que además de no pagar impuestos por su patrimonio pantagruélico se sigue inmatriculando todo lo que quiere con la cooperación de la "legalidad" ppeppera que se pasa por la zapatilla toda ley que ella no comparta? La autoridad no la da el poder ni los votos de la ignorancia. La da la ética y la credibilidad demostradas en la práctica. Ante ese tipo de tiranía solo nos queda la insumisión de la inteligencia colectiva elegida desde la libertad individual, desde la honestidad de una conciencia crítica cuyo objetivo es el bien común por encima de los bienes parciales.

Y ahora una última pregunta para católicos efervescentes y talibanes: ¿Qué haría Jesús de Nazaret ante el sufrimiento de los transexuales? ¿Volverles la espalda como si no existieran o fuesen un error de la creación? ¿Condenarles a la lapidación por indecentes? ¿Hacerles un exorcismo para "curarles" de su "enfermedad"? ¿O tal vez, en vez de hacerse oir a gritos, escucharles, acogerles y preguntarles cómo se sienten en un mundo que solo piensa en el dinero y en acumular cosas y poder y hacerles un hueco entre los bienaventurados que sufren por la ignorancia de los que creen saberlo todo desde sus dogmas infalibles que fallan en lo esencial: ser humanos y hermanos antes que jueces del bien y del mal, como si ellos fuesen el prototipo de la perfección, sin caer en la cuenta de que lo que llaman "perfección" no pasa de ser una neurosis inculcada por ideas fijas y miedo a lo que no controlan ni conocen, y que es su propia esencia de hijos pródigos de la misma familia universal?




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