jueves, 2 de marzo de 2017

La caspa de HazteOir no merece la cárcel









HazteOir.org insiste en que el autobús circulará y cita a los medios en Cibeles
El presidente de HazteOir junto al autobús, Ignacio Arsuaga. EFE
El mensaje del famoso autobús de HazteOir contra los niños transexuales es fanático, repugnante, integrista... y además es falso. Hace tiempo que está más que demostrado científicamente que la sexualidad no siempre depende de tus genitales: es un hecho, no una ideología. Hay algunas niñas con pene y también algunos niños con vulva, y por eso la campaña transfóbica de los ultras de HazteOir es especialmente peligrosa, porque afecta a un colectivo muy vulnerable: los menores transexuales.
El autobús de HazteOir no debería circular, de la misma manera que se debe vetar cualquier publicidad engañosa o determinados mensajes en televisión durante el horario infantil. Debe ser retirado, más aún cuando la mentira de esa campaña puede provocar tanto daño en niños. Si los seguidores de HazteOir quieren autoengañarse con su odio a la homosexualidad,  que lo sigan haciendo en esas conferencias frikis que organizan y a las que no va casi nadie, pero no en el espacio público donde sus falsedades pueden afectar a menores. Hay que vetar ese autobús, pero también creo que esta campaña odiosa y reaccionaria no debería ser penada como un delito ni perseguida por la Fiscalía.
"Que tu opinión te lleve a la cárcel es un absoluto exceso de nuestra legislación",  escribí hace unas semanas a cuenta de la sentencia contra César Strawberry. Sigo pensando lo mismo. La libertad de expresión se pone a prueba cuando lo que escuchas te disgusta. Los dirigentes de HazteOir y los grupos ultracatólicos que los financian no se merecen la cárcel. Sí la mayor de nuestras repulsas.
Ese sector de la Iglesia al que representa HazteOir ha perdido en España todas sus batallas culturales durante las últimas cuatro décadas. Perdieron la batalla del divorcio, la del aborto, la del matrimonio gay… Hasta Mariano Rajoy, el que  llevó al Constitucional la reforma de Zapatero que permitió las bodas entre personas del mismo sexo, ahora baila la conga en bodas gays de dirigentes de su partido. Son ya una minoría menguante en la sociedad quienes hoy niegan a los homosexuales los derechos más fundamentales, por no hablar de los que quedan en España que hoy piden ilegalizar el divorcio, el toples en las playas o el cine porno.
HazteOir representa a un país que ya no existe, a una minoría anacrónica y casposa, superada por sus prejuicios y frustrada por su incapacidad para imponer su moral a los demás, como hicieron durante tanto tiempo. Incluso en un partido como el PP, sus valores excluyentes huelen a rancio. Aunque les pese a los ultras, la sociedad española es hoy más abierta, más tolerante, más educada, menos fanática y menos reaccionaria. En el último medio siglo, España ha dejado de ser esa "reserva espiritual de Occidente" que impuso la represión franquista para convertirse en uno de los primeros países del mundo en legislar los derechos de las parejas del mismo sexo.
¿Existe aún la homofobia y la transfobia? Sin duda. Pero la casi unánime repulsa que esta campaña ha provocado incluso en gran parte de la derecha demuestra hasta qué punto ese discurso odioso está en retroceso en España. Hasta el portavoz del PP, Rafael Hernando, ha calificado esta campaña de "disparate".
Desde la posición de HazteOir, la polémica provocada por su autobús ha sido un éxito. Nunca antes habían logrado tanta repercusión con ninguno de sus repugnantes mensajes. Pero el griterío que rodea a este grupo cada vez más ultra también muestra su debilidad. En los últimos años han perdido el apoyo de la jerarquía católica y del PP, que durante años les ampararon. Hoy son más ruidosos porque son irrelevantes. 
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En efecto, Nacho Escolar da en el clavo. Y muchas y muchos ciudadanas estamos en esa línea crítica y coherente: en una sociedad democrática el verbo reprimir no debe encajar en el cuadro de la normalidad convivencial. Una democracia tiene que asumir la pluralidad de puntos de vista y combinarla con la igualdad, la libertad de expresión, el respeto y la tolerancia a las ideas  que no nos gustan y hasta nos repugnan, pero jamás caer en el vicio represor de las amenazas y la judicialización constante de todo, aunque sea del choque de valores de conciencia y contravalores impuestos ya convertidos en patrimonio antisocial por la costumbre de repetir sin comprender ni plantearse una autocrítica acerca de la validez moral del patrimonio machaca heredado, colisión que en una delicada línea de fragilidades se puede producir entre opiniones, creencias, actitudes y derechos humanos.
Está claro que la derecha también puede evolucionar aunque sea a la velocidad  de los caracoles, y a remolque, hasta comprender que no todos los seres humanos son clones del Opus Dei. De hecho la flor y nata del pp convive 'pagana y libertinamente' con sus homosexuales casados entre sí y participa de sus bodas con toda naturalidad y sin ningún prejuicio. Y eso les honra y hasta produce en la ciudadanía la sensación de una cierta esperanza de que algún día también se les despierte la decencia y la capacidad de ser igualmente honestos y sensibles con los demás atropellos, sufrimientos sociales y necesidades de lesa y urgente humanidad, y no sólo en el tema lgtbi. Pero menos da una ppiedra y por algo se emppieza. 

Ahora no estaría mal que el pp mire hacia atrás y compare el delito 'horrible y terrorista' de los titiriteros con la exhibición impúdica de ese Hazte Oír. O las condenas de Zapata y Rita Maestre o de cualquier twittero con sentido del humor cuestionable. Y que comprenda que su actitud tan civilizada de ahora, y modificada en tan poco tiempo, aunque nos sorprenda gratamente, nos mosquee bastante. No es lo mismo pisotear al personal por mayoría absoluta que gobernando en minoría, ¿verdad? Tampoco es lo mismo una opinión chistosa un poco macabra en twitter o un acto reivindicativo en la universidad o una sesión de títeres que ridiculiza el terrorismo, que una organización "legalmente" reconocida dedicada expresamente a reventar la dignidad y los derechos humanos de colectivos que sufren discriminación y marginación. Una organización de corte confesional, y perteneciente a una religión que, vulnerando la laicidad del Estado, vive de él.
Ahora al pp le conviene ir con pies de plomo para conservar lo que le queda del glamour en falsete. Por eso parece que se escandaliza con el instagram callejero de la misma barbarie que él lleva ejerciendo desde finales de 2011.

En cuanto al griterío exagerado y el tratamiento social histérico contra la secta redentora de hormonas y aparatos genitales, convendría no caer en los mismos socavones que ella. Simplemente con obligarla a respetar  los derechos humanos en sus manifestaciones públicas para no ofender ni mutilar con su pensamiento y sus creencias la libertad del resto de la ciudadanía debería ser suficiente. Una democracia no es la barra libre de la bajeza moral ni de la caspa social, ni el trampolín del salto a los totalitarismos organizadores de masas amorfas y encefalograma plano, sino el agua y el jabón de una pedagogía inteligente, colectiva e individual, que a base de convivencia, educación de verdad, no sólo de gestos, y respeto a los seres humanos más que a las fijaciones ideo-ilógicas, limpia y desinfecta la suciedad mental, emocional y "tradicional", esa costra invisible que sólo se ve en los excesos, en la crueldad legalizada como apisonadora de la corrupción ya convertida en modus vivendi et operandi

Una vez más insisto: la corrupción del dinero y de las instituciones sólo es la punta del iceberg, el resultado de un largo proceso de degradación sin solución de continuidad. La esencia y el motor  de arranque y la causa, están en la tiranía, en las imposiciones opresivas, en el desprecio a lo que no se comparte y se desea eliminar hasta con violencia, cárcel y torturas si es preciso y en la manipulación de las mentiras para convertirlas en leyes y verdades. Una vez en marcha esa calamidad, las demás secuelas del proceso son pan comido.


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