sábado, 13 de junio de 2020

Puntos sobre las íes



Me llama muchísimo la atención el poco eco que ha tenido en los medios el éxito democrático de la aprobación por mayoría de la propuesta del salario básico social. Un verdadero puntazo, y sobre todo en los tiempos que corren, para que esto sea de verdad un estado democrático y de  derechos humanos en vez de un corral de vacas explotado por sus amos sin conciencia, e históricamente verdaderos matarifes de la dignidad, del verdadero honor y la decencia. 
Parece mentira que con la agilidad y profusión que se ejercitan para contar desgracias, guarradas, chapuzas, para los malos rollos, y  en general para las perspectivas más negras, no se celebre y se hable de ello cuando pasa algo tan bueno, positivo y justo, como es lograr ese gran objetivo, sobre todo mediante el acuerdo en el voto del hemiciclo que últimamente recuerda más un ring de boxeo zarrapastroso que un Congreso digno de respeto en el que se debe trabajar por el bien común y no por el siglismo y sus intereses particulares y demagógicos. Creo que esa noticia es lo más sano e inteligente que nos ha pasado desde que hay democracia. Que la mayoría más holgada la obtenga el bien común y no el grupete de conchabados para vivir del partido sin que nunca se logre nada decisivo y transformador para la sociedad más allá de derechos parciales para algún sector, como remiendos. Una veces feminista o tras laboral otras gay, etc...Es verdad que todo hace camino, pero hay que reconocer cuando se dan pasitos, zancadas o se gana un maratón. Esta vez ha sido eso. Un maratón total. Y no solo por el objetivo directo, sino sobre todo por la capacidad de acuerdo, porque al fin comienza a nacer en la ciudadanía la esperanza con síntomas reales, de que entenderse, respetarse y unificar fuerzas para los mejores fines y medios, no solo es posible, es un hecho.

Debe alegrarnos y animarnos también descubrir que dentro de las derechas no está todo perdido, que late un corazón y un alma incipientes, desperezándose, tendiendo manos con poca soltura aún, pero con posibilidades de seguir el camino de la regeneración. Porque, ¿sabéis una cosa, derechistas?, es que nos doléis, sí, cuando os vemos tan ciegos, tan siglacéntricos y obcecados, tan lejos del dolor social, tan inconscientes como para no querer reparar lo que habéis provocado en los años en que tuvistéis una mayoría absoluta que usastéis en plan derecho de pernada, la verdad es que se acaba sintiendo por lo vuestro más pena y derrota que indignación y rabia. Más ganas de llorar por vosotros como zombis de la ética, cadáveres fosilizados esparcidos en medio de la conciencia colectiva, que de enfadarnos por vuestro déficit. Es como una rara compasión por vosotros y por nosotras, vuestras víctimas. Tal vez sea algo parecido al síndrome de Estocolmo. No sé. Pero resulta inevitable. Y ahora, al ver vuestro cambio repentino hacia un derrotero mucho más lúcido y sano, vivo, por fin, nos habéis dado un alegrón enorme, sobre todo por lo sorprendente de poderos ver más humanos, más empáticos, menos aferrados a la cabezonería y a los códigos de Pijolandia. Por ver cómo pisáis el suelo real y dejáis de andar como funambulistas del disparate, por el cable de la ruina segura. 

Os agradezco que por fin hayáis decidido lanzaros al acuerdo y experimentar lo que mola ser más queridos que temidos, mejores personas que hábiles especuladores sin alma, bendecidos en vez de maldecidos, no porque déis o no limosna, sino por hacer posibles la igualdad, la justicia y el amor fraterno, que sin ellas dos no es posible por mucho que vayáis a misa y recéis a un dios que nada tiene que ver con el Espíritu y la Verdad, que leeis y os cuentan, pero que como el movimiento, solo se demuestran andando hacia la luz, amando y dando lo mejor de cada uno y una. El mismo don es ya la recompensa. Seguro que después de haber dado ese salto cualitativo os sentís mucho mejor, y es que en vez de maldiciones y pensamientos de dolor, estáis recibiendo mejores ondas mentales y emotivas.

Y para nuestro gobierno de coalición solo tenemos gratitud infinita por la paciencia, por la dedicación, por morderos la lengua, por no cansaros de vivir cada día una pesadilla entre la agresión esperpéntica de los opuestos, por soportar a tipejos como González y Bono, que no se sabe para qué se llamaron alguna vez socialistas, más la dureza de la prensa siempre sacando punta a lo chungo e incapaz de asumir lo bueno a la sombra del Ibex35 que le da trabajo y publicidad, y el hartazgo de la ciudadanía cansada de aguantar tanto a tantos niveles. 

Que esta luz sabatina os colme de paz y de bien. A los unos por dejar a un lado lo peor y a los otros por potenciar y dar fuerza a lo mejor. Gracias a todas y a todos, y porfa, no abandonéis el buen camino de la cooperación y el apoyo mutuo, aunque solo sea de día en día. Superando escollos, juntos y codo con codo. Así solamente se supera hasta lo imposible. Un abrazo, familia parlamentaria!


P.D.
Ayer no caí en la cuenta de añadir a esta reflexión un dato que me parece necesario para entender el valor universal de la cooperación que se nos muestra hasta en la biología y en la fisiología humanas. La función conciliadora y transversal de nuestro propio cuerpo. Tenemos un cerebro -el órgano de pensar y generar motricidad, entre otras cosas- dividido en dos mitades inseparables. Por algo será. Dos hemisferios complementarios que actúan justamente en el plano motriz, al contrario. Es decir, el hemisferio derecho se manifiesta en el lado izquierdo y el izquierdo en el derecho. El lado izquierdo exterior se encarga de gestionar la energía que emite el hemisferio derecho cerebral. Es decir, la organización de las ideas, de las percepciones, el orden sistémico y la estructura materializable de la inteligencia. La habilidad del talento para canalizarse.
El lado derecho exterior "traduce" y materializa la energía emitida por el hemisferio izquierdo, por ello se encarga de implementar las ideas creadoras, la intuición, la visión general, panorámica, el trayecto a largo plazo de la vida y sus funciones, la inspiración como estrategia y el sentido universal y trascendente de lo que se realiza, el porqué de cada asunto y su valor más sostenible en el tiempo. Simplificando: el hemisferio derecho es especialista en lo más particular e individual y el izquierdo en lo más universal y colectivo. Sólo unidos ambos y cooperando armonizados es posible que nuestro ser funcione saludablemente para bien de ambos y del entorno que rodea a cada uno de nosotras. El hemisferio izquierdo es el arquitecto que diseña los planos con la mano derecha, y el hemisferio derecho es la empresa constructora que los materializa con la mano izquierda. Es evidente que si cada hemisferio va a lo "suyo" solo puede haber un resultado: un caos descerebrado y letal para el organismo, que es el cuerpo social en el caso de la política, la economía y las ideas imprescindibles que la sociedad tiene que gestionar para vivir o para destruirse. Para mejorar o para ser un castigo más que otra cosa.

Es fundamental que desaparezcan las mayorías absolutas porque desequilibran el funcionamiento de la misma democracia y del bien común.  Con ellas solo se hace posible que predomine y domine un solo hemisferio y que las virtudes y propiedades de su 'opuesto' no se manifiesten como herramientas imprescindibles para el equilibrio del mismo cuerpo social. Ya que la diversidad de visión política y social se percibe como oposición, hostilidad, competición, lucha y guerra constante para "triunfar" sobre un "enemigo" cuya existencia no tiene más sentido que provocar desequilibrio y enfermedad: un ictus funcional en la inteligencia colectiva de la humanidad. Es decir un padecimiento que o bien debilita e imposibilita las funciones básicas o produce la muerte del sistema social.
La pluralidad de funciones y de iniciativas se consolida en esos dos hemisferios, de ahí se deriva la importancia de las coaliciones y los acuerdos, en que las minorías celulares pueden y deben unificarse en el hemisferio correspondiente por consenso sistémico y funcional de la inteligencia global expresada en y comprendido por lo parcial.  Eso significa que además de salud material es imprescindible la salud emocional, mental y espiritual de la  sociedad. El bien común es la expresión social del funcionamiento orgánico  saludable de ideas, voluntades, palabras y acciones. Convivencia y empatía. Justicia e igualdad. Todo lo bueno que quieras para ti y los tuyos, quiérelo para el resto de la humanidad. Todo el mal que rechazas para ti y los tuyos evítalo para el resto de la humanidad. 

Nada puede cambiar en lo colectivo si no se desarrolla un cambio en lo individual. Nada puede cambiar en lo individual si no tiene una proyección paralela en lo colectivo. De nada sirve una derecha muy poderosa en medios si no es capaz de contar con la energía de una izquierda más inteligente y despierta en los fines. De nada sirve una izquierda inteligente y con visión en los fines si no cuenta con la energía de una derecha densa y centrada en los medios.

La cooperación en el humilde y sabio aprendizaje mutuo, es imprescindible siempre,-en nuestro propio cuerpo tenemos el paradigma magistral-  pero en especial en situaciones como esta, ya es cosa de vida o extinción hasta de nuestra especie.

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