martes, 14 de abril de 2020

La voz de Iñaki Gabilondo | 14/04/20 | Faltan líderes

  


Está claro que faltan líderes, aunque es posible que esa circunstancia no sea  una calamidad, sino un signo claro de que los tiempos son otros, de que ya no es tiempo de liderazgos personalistas que se acaban cuando el protagonista desaparece, porque en realidad no ha construido nada que no se acabe con su finiquito, solo queda una estela de añoranza, una especie de raro vacío, pero todo lo demás resulta que sigue igual que cuando el líder apareció como Supermán, y entonces los miedos, dependencias y angustias del pasado tienden a reproducirse como un programa ya grabado en la cibermemoria del sambenito eterno, quizás ahora el cambio social esté demostrando que el arquetipo lideril ya es más un estorbo que un recurso. Los liderazgos, como las hinchadas del fútbol, o las cofradías o los clubs de fans, descansan indefectiblemente sobre masas autómatas que se alimentan del fervor fanático y ciego, por ello completamente acrítico, ya sea deportivo, religioso o político. Un ejemplo claro de esa dinámica es Podemos. Un partido que aparece "providencialmente" en pleno esplendor del 15M, un movimiento cívico nacido de la conciencia, la solidaridad y la empatía social mucho más que de la rabia, aunque se le quiso colocar la etiqueta de "indignado" en realidad era y sigue siendo mucho más creativo y activo que indignado. Es la masa madre del nuevo pan que tú mismo, Iñaki, reconoces como "la gente" que reacciona y se comporta con mucha más lucidez e inteligencia que los gestores políticos, que están en un punto más muerto que vivo. Y no porque no haya líderes sino porque ya la onda social ha dejado atrás ese arquetipo. Ha tocado fondo. Y ya es hora de asociarse cooperativamente, por sectores e iniciativas concretas y necesarias. Los líderes no sirven para eso. Se ha visto en Podemos claramente. Ese partido no entendió a la ciudadanía, solo se la ha querido comer y llevarse su energía, la confundió en plan leninista con "las masas" y claro, les quiso imponer una hegemonía mecánica de arriba y abajo, como mandan los cánones, y la consecuencia ha sido que se ha visto reducido a la mitad de escaños. "Las masas" resultó que piensan y ya no tragan con las presiones de "que viene el lobo" una vez y otra. Sobre todo porque durante las legislaturas democráticas, se ha ido comprobando sin lugar a dudas que los líderes tienen fecha de caducidad, que si duran poco no les da tiempo a cambiar nada importante y si duran mucho, se corrompen  o  se aflojan, porque el poder tira más que la ética. Y entonces el mismo lider que te libró del pp, puso en marcha la UME, la ley de la igualdad y la memoria histórica, te encaloma una ley de desahucios terrorifica, rescata a las pirañas bancarias con dinero público que saca de tus recortes en todo y nos casca de tapadillo un 135 que te acaba de arreglar el paisaje político y económico, o que el mismo adalid que firma los pactos de la Moncloa con Suárez, te mete en la OTAN con un referendum vergonzoso, te mete en la Guerra del Golfo, te planta una reconversión industrial de escalofrío a cambio de fondos de cohesión que empleará para lucirse con los JJOO, la Expo, y el AVE a Sevilla, claro, como no, allí está su patio, el de Monipodio. Y para rematar, se corrompe hasta las trancas y monta un GAL de aquí te espero, por el que no da la cara y deja que el Minesterio de Interior acabe en la cárcel mientras el invita en la bodeguiya  a las amistades que le premian en Aquisgrán con el el premio Carlo Magno. Y que a toro pasado reacciona igual que el pp ante cualquier problema de Estado. 
 Y esto es la izquierda. De la derecha es imposible decir algo sin arcadas con lo que lleva podrido por delante y por detrás, más todo lo que ella misma desdice de sí misma con lo que deshace para no dejar hacer. Impresentable como carcoma bulímica, hasta para ponerla verde. Que de eso ya se encarga Vox como hijo predilecto y heredero universal de una morralla tan histórica como histérica.  ¿Lideres? 
No, más no. Pasamos. 

Solo pretendemos que los gestores elegidos en las urnas sean compañeros y compañeras capaces de trabajar en limpio y mano a mano con nosotros, el pueblo. La ciudadanía. De ser nuestros portavoces, lo de representarnos, preferimos hacerlo nosotros mismos. No, no somos 'la gente', porque en latín, gens , su origen, significa 'casta'. y va a ser que la casta hasta ahora son los líderes. Nosotros somos el populus, el demos. La esencia soberana del estado. La que en realidad mantiene todo con su trabajo, sus privaciones, sus sacrificios, su dolor, su energía, sus iniciativas locales y la convicción de que vale la pena darlo todo por ser humanos de verdad, decentes y buenas personas. Y es mayoría absoluta a la hora de la verdad. Más allá de patrias ni zarandajas. Porque  todo ser humano es nuestro compatriota universal. Lo tenemos cada vez más claro.

Comprenderás, Iñaki, que si eso que nos ofrece el mercado del pufo son líderes, lo mejor es que se evaporen cuanto antes. Y que se queden los limpios de corazón, los que buscan y se curran la igualdad, los pacíficos y noviolentos, los humildes, los que sufren persecución por defender las causas justas, los que pudiendo comprarse un casoplón siguen viviendo en su barrio de toda la vida y van en bici al Parlamento o a la alcaldía mientras dan la mitad de su sueldo para que nadie las pase canutas. Y cuando se jubilan solo cobran la pensión de su trabajo normal, no por haber sido senadores o diputados, presidentes o alcaldes o jerifaltes. En una sociedad sana y consciente los líderes en el siglo XXI deben ser agua pasada y un marrón que lavar a fondo con lejía. Ya les hemos visto, los hemos soportado y no, ya no cuelan. 

"Habrá que andar nuevos caminos, 
buscar nuevos motivos, 
que no hay nada por aquí" 

Cantaba en los 80 Joan Baptista Humet. Qué ojo profético, el de aquel chaval, mientras todo el garruling hispano-felipista flipaba con la "movida", que ahora ha derivado, como diría el ayudante en El Otoño del Patriarca en: "¡Mierda, mi general, es mierda!"

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