viernes, 23 de octubre de 2020

La más bella | El niño de la Hipoteca y Yellow Mellow (letra)

   

Esta canción del Niño de la Hipoteca va que ni pintada con el momento par-lamentario que ayer padecimos con paciencia de santos y cansancio  superviviente de diseño. Va dedicada con todo cariño, desinfectantes hidroalcoholicos y mascarillas a esa derecha manca y torpe a la que estamos dedicando demasiados arrumacos en los últimos tiempos. 

No nos hagamos ilusiones, familia, un Abascasado/miento  de toda la vida no se liquida en el plisplás de un arrebato de corral desesperado como el de ayer cabalgando entre el imposible y el ridículo. Todo fue un astrakán a dúo más digno de Muñoz-Seca en plan La Venganza de Don Mendo que otra cosa. Lo más patético es que ni siquiera es una estrategia audaz para marear la perdiz mientras todo sigue igual en la intimidad, ¡qué va!, es la eterna pelea de gallos señoritos con una kurda de alivio en el casino del pueblo, que esta vez ha sido el Congreso de los Diputados. Sí, ese casino provinciano que citan los versos de Machado. Una egohemia, un colocón digno de Ciempozuelos en sus mejores tiempos, rebozado en legañas  rancias a tutiplén, "y una triste expresión que no es tristeza/sino algo más ni menos que el vacío del mundo en la oquedad de sus cabezas" compartida por dos lechuguinos a sueldo del estado, o sea, pagado por todas nostras, y que solo la derecha española es capaz de haber colocado en la cúpula enchufista de sus manejos, con esa visión tan lúcida y previsora que la caracteriza. Nunca sabremos si lo hace por sadismo contra la ciudadanía o por masoquismo suicida contra su propia esencia y tradición sin pies ni cabeza, pero con tripas e instintos fatales para dar y repartir sin restricciones ni tiquismiquis. 

La vergüenza como pueblo es que las urnas, con más abstenciones e irresponsabilidad que votos, estén haciendo posible esta masacre de la inteligencia institucional, de la ética política, de la justicia y de la propia democracia. No podemos seguir en este plan, consintiendo con nuestra resignación que la noble politeia, la imprescindible civilitas, sea el pasto para estas ganaderías feroces e idiotas. Ya sabemos que idiota no es un insulto sino una desgracia elegida por sus propias víctimas y coautores que se paga carísima. 

La gestión de los asuntos públicos, la política, no es ni puede ser un negocio de empresas en el ppoder, ni una gallera de fachi-frikis, ni un ring, ni un estadio, ni una partida de poker ni de ajedrez,  de Monopoly, Cluedo, Parchís , La Oca o el Stratego, ni un concurso como Ahora caigo o Pasapalabra. Se está jugando con frivolidad circense con miles y ya, hasta con el primer millón español de vidas humanas. Debemos exigir que haya un control ético parlamentario que impida este tipo de abuso sin parangón. No hemos votado para mantener y presenciar estas obscenidades, pagadas con nuestros impuestos. No queremos más chistes ni gracietas sobre la desgracia más grande que nos aplasta. Sencillamente queremos que el Estado tenga la capacidad para apartar de la responsabilidad política a los ínútiles, a los lastres, a los incapaces y discapaces voluntarios, a los corruptos en cohechos práctico y en ideas perturbadas usadas como armas de destrucción masiva de derechos y deberes, de la conciencia personal y colectiva. De modo que cuando cualquier formación política se convierta en obstáculo para una gobernabilidad ética y sana que trabaje para el bien común y no para sus propios fines e intereses partidistas, el mismo Estado los desautorice, inhabilite y aparte de los tres poderes estatales: Legislativo, Ejecutivo y Judicial y que en ese estamento regulador tenga voz y voto una representación directa de las asambleas ciudadanas. Lo mismo que se hace en los tribunales de justicia con los jurados. 

Hay que lograr que el pueblo tenga y ejerza un verdadero peso y contenido institucional, una vez comprobado que la representación no es suficiente ni eficaz ni fiable, si no son los ciudadanos quienes deciden qué personas consideran aptas ética y profesionalmente para representarles, puesto que son las cúpulas de los partidos ideológicos y sus apoyos logísticos del dinero, quienes te pueden colocar como sumos pontífices a un Abascal, un Casado, un Aznar, un Rajoy, un Camps, un Zaplana o un González . No, gracias, democracia de pacotilla, ya en el siglo XXI no se puede ni se debe soportar por más tiempo esta atrocidad convertida en sistema; si el pueblo ve y padece lo que hay, y sus representantes no lo ven, está claro que hay que cambiarlos cuanto antes, y sobre todo cambiar los criterios por los que este estado de desguace se ha producido. Qué modelo de estado necesitamos para que estas barbaridades no vuelvan a reproducirse con una naturalidad espeluznante, y que los agentes del caos ni lo noten, ni lo analicen, ni lo vean, que se agarren al Parlamento para justificarse y ganar puntos en el ranking de la desvergüenza, como Ayuso cada día, como Casado y Abascal ayer mismo, jugando con el dolor, las carencias, la enfermedad, y el desaliento, para salirse con la suya y dar campanazos que no avisan de nada, pero ensordecen el discurrir mecánico de la peor costumbre: hacer que el sufrimiento sea virtud social en vez de injusticia, atropello y crueldad. Basta de máscaras y marrones que no nos merecemos, ¿o tal vez sí, cuando no exigimos, ni nos solidarizamos, ni nos implicamos en cambiar lo que nos destruye, porque es más cómodo ese dejarse arrastrar por lo que nos dan en la tele y dejar nuestras vidas en manos sucias y corruptas o irresponsables e inútiles, que a la hora de la verdad dan idénticos resultados? 

El daño menos malo a cambio de un bien amañado no se puede pactar porque es perverso. El pacto útil y sano solo puede tener como objetivo transparente el bien común sin exclusiones, no solo el bien parcial de unos cuantos, por eso el diálogo y la inteligencia nunca deben ser sustituidos por el dislate fanático de lo obtuso y primario.  Cuando eso sucede ya estamos viendo qué consecuencias se derivan. No es lo mismo ceder en el territorio egocéntrico inmaduro e infantilón de las banderas, los desfiles y las fanfarrias que se ofenden con una facilidad de sociópata, que deshacer los DDHH y sus deberes concomitantes. Que la pandemia no se convierta en las tragaderas chantajistas de lo de siempre. Esa enfermiza españolez llena de odio  y de miseria que se confunde con el berrinche teledirigido de "lo nuestro" tan fácilmente. Una monserga que ni siquiera es nuestra sino de los amos del cortijo de siempre para proteger su patrimonio que no paga impuestos pero se lleva los nuestros. Lo mismo que se lleva nuestra plusvalía por delante y vive de ella. Marx dixit. Y qué razón tenía ese rojazo  socialista maravilloso mucho más cerca de Jesús el carpintero que de Donald Trump, de Bolsonaro, de Putin,  o el del pp o de vox...Ains!

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