martes, 13 de octubre de 2020

La información reflexionada es la mejor medicina para el caos. Este artículo aclara muchas cosas importantes que conviene saber y/o recordar, en especial ahora, cuando todo parece hacer aguas y que "todos son iguales" a la hora de meter la pata hasta las sienes. Sí, es cierto, somos iguales en derechos y deberes, en dignidad y sustancia humana, pero el desarrollo de la conciencia responsable y ética, solo depende de cómo se gestiona personal e individualmente lo que vivimos en común. De lo que tú, yo, ella , él, nosotras, vosotros, ellos y ellas, decidimos o renunciamos a decidir. En ese aspecto vital, psicoemocional y moral, que no es ñoñería religiosa para evitar "el pecado", o sea, el error como culpa, con el único fin más egoísta que otra cosa, de "ir al cielo" y evitar castigos, sino el cultivo de los mejores hábitos sociales que construyen bien común para convivr progresando como humanidad in crescendo, con la mejor calidad de vida posible, sin dañar ni herir ni enfermar ni matar a nadie ni destruir y envenenar el medio que nos permite vivir a TODAS Y a TODOS . Nadie puede ni debe intentar suplantarnos ni lavarnos el cerebro en las decisiones fundamentales, tanto individuales como colectivas, ni debemos permitirlo. Nunca. Jamás. Si es que de verdad queremos que este suplicio social constante cambie y no vuelva a la carga eternamente, como lleva haciendo toda la puñetera historia, especialmente en este corralón hispánico, como estamos comprobando. Ya basta. Nuestro es el Stop! Y si te pierdes por el camino, mira dentro de ti, conecta el whifi de tu conciencia, siéntela, respírala, escucha su luz y enseguida irás encontrando respuestas y pistas a tu alrededor, mapa, brújula, compañía y orientación auténtica, no oportunista ni tóxica. E irás viendo que nada pasa por inercia para quien va despertando y atando cabos. Ánimo, no nos queda otra y no estamos solos ni queriendo. Somos un TODO de potencial magnífico o desastroso, depende de COMO elegimos vivir , descodificar y gestionar psicoemocionalmente, solos/acompañados, los tiempos y espacios que no tenemos más remedio que aceptar. No soy yo y mi circunstancia, la experiencia es cristalina -y que me perdone Ortega y Gasset el añadido- soy en realidad lo que hago o dejo de hacer con mis circunstancias. En eso consiste la libertad, no en lo que acepto como inamovible o como mutable sino en lo que elijo hacer con ello. El cómo, el por qué, el para qué, con quienes y para quienes


Raúl Cordero Nuñez, secretario general Comarca Sur de CCOO Madrid

En toda democracia se impone una relación compleja entre la ciudadanía y sus instituciones. Para garantizar el marco de derechos fundamentales que define un sistema democrático es necesaria una legitimidad suficiente de las instituciones que van a delimitar la esfera pública, un grado suficiente de eficacia en su gestión de los problemas, pero también una percepción positiva por parte de la ciudadanía sobre las dos cosas anteriores. Un sistema democrático debe serlo y parecerlo. Si no lo es, aunque la ciudadanía no lo perciba, se estarán perdiendo derechos fundamentales. Si lo es, pero la gente no lo piensa, el apoyo popular sobre el sistema desciende, y, con este descenso, las instituciones pierden su legitimidad, que descansa precisamente en el apoyo popular.

Por eso, es necesario plantear algunas reflexiones sobre el fallo del TSJ de Madrid en relación a las medidas sanitarias adoptadas por el Ministerio de Sanidad. Porque las sentencias de un tribunal de justicia en un sistema democrático también inciden en los ámbitos de la legitimidad, la eficacia y la percepción popular de las instituciones, más allá de las valoraciones estrictamente jurídicas.

Los municipios del sur de Madrid, representados por sus gobiernos locales, sus sindicatos mayoritarios, sus asociaciones de vecinos y otras muchas organizaciones sociales, no nos hemos opuesto a las restricciones sobre nuestra movilidad. En los distintos espacios colectivos de que disponemos, hemos acordado defender la sanidad pública sin menoscabar el prestigio de la autoridad sanitaria, para lo que estamos haciendo un ejercicio enorme de gestión de la frustración al renunciar, por ejemplo, a la convocatoria de movilizaciones presenciales. Pero exigimos igualdad de trato.

Los argumentos sobre la vulneración de derechos y libertades fundamentales que han servido para tumbar las medidas extendidas a la totalidad de la ciudad de Madrid, contienen en su afirmación positiva una exclusión. Esos mismos derechos y libertades parecerían estar en juego también en el caso de las restricciones selectivas sobre algunos barrios obreros o municipios del sur. Sin embargo, no se consideró así por el mismo tribunal pocos días antes.

Las consecuencias de este aparente trato discriminatorio inciden en la percepción popular sobre las instituciones. El mensaje que se lanza a los vecinos y vecinas del sur es que los derechos fundamentales están confinados en los barrios del norte. Pero, además, perjudican la gestión eficaz de los problemas sanitarios. En los debates sobre participación y democracia, pocas veces se habla de la necesidad de eficacia para la vida democrática. Una democracia ineficaz para resolver los problemas de la gente, termina dando paso a monstruos totalitarios, que siempre son más eficaces (para sus propios fines).

En este momento, el mayor reto al que se enfrenta nuestro país tiene que ver con una gestión eficaz de la crisis del coronavirus. Cuando se juega en corto y se busca la rentabilidad política en la confrontación, en lugar de basarse en criterios sanitarios, se desvaloriza la democracia en su exigencia de eficacia. Cuando se evidencia la política de clase discriminatoria, se desvaloriza la percepción popular sobre las instituciones. Y, cuando sucede todo lo anterior, se pierde legitimidad. Se abre el paso para la antipolítica y la reacción.

Pareciera que la presidenta de la Comunidad de Madrid, avalada por el fallo del tribunal, se hubiese propuesto confinar los derechos y libertades fundamentales para evitar que salgan de algunos barrios privilegiados de Madrid. Y esto hace saltar el marco completo de derechos fundamentales: ni es legítimo, ni es eficaz para gestionar la pandemia, ni puede percibirse como positivo en el Sur de Madrid.

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