viernes, 18 de septiembre de 2009

Summum ius, summa iniuria

Es importante confrontarnos con nuestra visceralidad, con nuestro animal justiciero, ante las situaciones desesperantes, cuando la incompetencia, la torpeza, la locura e incluso la maldad, se atraviesan en el camino, encarnadas en un ser humano, o en varios, incluso en un sistema. Cuando las injusticias claman al cielo y el cielo se cruza de brazos a la espera de que nosotros mismos descubramos nuestras responsabilidades en aquello que hasta ese momento no hemos creído posible solucionar con los métodos habituales y "lógicos". Y es que los retos de la nueva energía requieren seres nuevos, que hayan logrado superar las tentaciones antiguas, los conceptos de "lucha", "castigo" o "premio", de revancha o venganza, de "justicia" justiciera, que no justa.
La Ley para ser digna de ese nombre no puede olvidar el equilibrio de su balanza, la compasión, que no es esa especie de lástima pegajosa, cómplice, justificadora y perjudicial, sino buscar el lado retributivo que además de restituir y compensar los daños ocasionados por conductas delictivas, ejerzan un efecto constructivo y, si es posible, rehabilitador sobre el delincuente. Jamás una Ley justa puede hacer leña del árbol caído. Ya no sería ecuánime, sino un pretexto para vengarse y descargar la rabia -muchas veces justa y natural-, pero que no puede en ningún caso, ser el motor de un proceso penal.
La privación de libertad es un tiempo muy importante para ser usado positivamente en la rehabilitación. Se retiene al reo convicto y confeso, condenado, no sólo para apartarlo de la vida social, para que no haga más daño y como castigo, sino también para reeducarlo e iluminar su mente y sus desfases educativos, su ausencia de valores y hasta su padecimiento sociópata. Un delincuente es un enfermo, un ser inadaptado, que por un desequilibrio de la personalidad cae en estados de delirio, de trasnorno en la percepción de la realidad, con la imposibilidad para entender el mundo como es y no como él quiere que sea. Incapacidad para valorar sus acciones objetivamente desde un código ético y moral.
Generalmente el delincuente carece del superego freudiano, del mecanismo regulador de la conciencia, el "Padre", en la terminología de Berne y su análisis transaccional. Es un deficiente psicoafectivo cuya sintomatología principal es el delito. Cuando este tipo de enfermo alcanza cuotas de poder importantes porque su actividad orientada a la picaresca y a la astucia le ha colocado en lugares y estamentos decisivos, se suele convertir en un tirano sin escrúpulos y con delirio de omnipotencia y carencia absoluta de límites (esta clase de deficiencia no tiene porqué afectar a la mente mecánica, al contrario, pueden poseer a veces un pensamiento activo y brillante, hasta magnético, y una lógica fría; el cortocircuito lo tienen entre razón-emoción, una importante fractura que les priva de los sentimientos sean de culpa, de responsabilidad, de prudencia, de objetividad, de amor, de lucidez, de gratuidad, de compasion y empatía por los que no les son afines, similares o manipulables, de tal modo que sus conductas ocilan entre la emocionalidad visceral y la frialdad de la mente aisladas entre sí, ya que el vínculo regulador de ese binomio, carece del "puente", del vínculo que las armoniza: los sentimientos) La patología delictiva se caracteriza por la pobreza de los sentimientos, por la incapacidad de reacción al estímulo del mundo afectivo. Los sentimientos son la base de la voluntad. Ni la emoción ni la razón tienen esa cualidad. Sin la ayuda del sentimiento armonizador, la emoción es compulsiva y la razón obsesiva, se pasa de lo uno a lo otro bruscamente y el sujeto sufre cambios de humor fortísimos ante cualquier estímulo externo. Reacciones desproporcionadas que pueden ir del histrionismo a la histeria, de la iraincontenible a la venganza refinada. Sin mecanismo regulador.

Cuando estos sujetos alcanzan, como ya hemos dicho, altas responsabilidades en empresas, instituciones o proyectos, suelen causar desgracias y desastres a su alrededor, pues a su patología "natural" se suma el delirio de grandeza y de onmipotencia carismática, además incrementada por la fascinación que sus actitudes arriesgadas, exhibicionistas y falsamente seguras, ejercen sobre la masa, que sólo ve la imagen, siempre estudiada y cuidadísima por el entorno en el que numerosos satélites interesados viven de la "luz" del falso astro. Es el caso de todos los tiranos: Napoleón, Calígula, Stalin, Hitler, Mao, Nerón, Mussolini, Franco, Pinochet, Idi Amín, Ceaucescu, Sadam Hussein, Bush...Todo un elenco digno de estudiarse a fondo para ver analogías y puntos en común. Cuando la torpeza y la locura alcanzan niveles altísimos, los súbditos que comenzaron admirando sus cualidades, terminan por temerles primero y odiarles a continuación. Y en el peor de los casos, tomándose la justicia(?) por su mano para librarse de ellos, y haciéndoles pagar cruelmente los delitos cometidos. Esto ha ocurrido varias veces en la historia, porque aún no había conciencia de la enfermedad sociopática ni de la responsabilidad del pueblo que aceptando ese tipo de caudillaje se convierte en rehén de la vanidad y de la soberbia de su ídolo. En esos casos el pueblo pierde la soberanía para convertirse en tirano sustituto y reactivo, en una masa de sociópatas, que han abandonado su condición humana para retroceder a la animalidad.

¿Cómo tratar estas delincuencias graves? ¿Qué tratamiento es el indicado?

a) Internamiento en un centro penal-rehabilitativo. Terapia cognitiva. Trabajo físico y de estudio dirigido.

b) Restitución compensatoria. Los bienes adquiridos por métodos ilícitos, serán incautados, devueltos a los estamentos, entidades o personas perjudicadas. Y empleados en regenerar lo que el sujeto en cuestión degradó. Sea la salud pública, el miedioambiente, el patrimonio privado o público.

c) Si el personaje alardeó prepotentemente de sus "poderes" alucinatorios, se le puede hacer un tratamiento simplificador, haciéndole participar de las labores más elementales: limpieza, cultivo de la tierra, carpintería, albañilería y pintura de paredes, cocina, panadería, mantenimiento, servicios de mensajería, arreglo del calzado y lavandería...hasta que vaya estudiando, progresando, educándose y mereciendo cambios a mejor. Tomando conciencia de sus cualidades verdaderas. Desarrollando la voluntad y la inteligencia emocional.

d) En ningún momento sufrirá malos tratos ni humillaciones, sino que será tratado con el máximo respeto, como todos los demás. Igual que se trataría a un paciente en un hospital.

e) En el tratamiento se deberá incluir la revisión moral periódica de sus delitos, en privado, con los miembras de la junta de tratmiento del centro, con el fin de comprobar en sus reacciones el grado de curación que va experimentando. Mostrarle videos con el resultado de sus actos delictivos. Por ejemplo, a un traficante de drogas, se le pueden mostrar enfermos terminales de SIDA, a un terrorista, escenas de sus ataques y personas heridas o muertas por su causa, el dolor de los familiares. A un ladrón, el estado en que dejó a sus víctimas, y las opiniones que hay sobre él. Y se le invitará a que él mismo reflexione como ayudarles, qué podría hacer él para arreglar lo que estropeó. A un corrupto, todo lo que pudo hacer y no hizo con la malversación de fondos y la irresponsabilidad en sus funciones. En fin, hay tantos recursos para ayudar a estos enfermos a reconducir sus vidas sin dañarles ni someterles a vejaciones, aunque ellos lo hayan hecho. Si se quiere avanzar socialmente hay que dejar a un lado la ley del Talión, que es un círculo vicioso.

f) Un delincuente sociópata no cambia porque se le haga sufrir lo que él ha hecho a otros. No lo podría comprender, porque lo tomaría siempre como una venganza, generaría odio y todo seguiría igual al término de la condena, pero agravado por el aumento del odio y del rencor, que hora estarían justificados, ya que este tipo de enfermo siempre se considera inocente y víctima. Su juego consiste en considerar verdugos a los demás. Es un maníaco paranoico. Y el tratamiento consiste en que llegue a responsabilizarse de sus acciones y sea capaz de pedir perdón por ellas, no sólo con palabras sino con un cambio de actitud irreversible.

g) Después de reahabilitado, la sociedad, agradecida por su colaboración en mejorar, le premiará borrando su historial delictivo, proporcionándole al término de su tratamiento, un trabajo para que pueda empezar de nuevo a vivir de otro modo.

h) Deberá comprometerse a mantenerse en la línea de moralidad y honestidad que ha adquirido.

i) Y estará el tiempo que los terapeutas decidan, colaborando en instituciones o voluntariados de servicio público, que certificarán su asistencia y participación habituales en actividades solidarias.

j) Estos tratamientos para los "grandes personajes", serían muy pedagógicos y jemplares. Disuasorios. Y despojarían al pícaro, oportunista, mafioso, político corrupto, etc...de la aureola de admiración, y dejarían de ser un "modelo" para jóvenes sin orientación ni valores. Sería, justamente, una gran colaboración para restaurar los valores eternos y a crear valores nuevos.

Hay pueblos abandonados que reconstruir, campos que no se cultivan, montes que repoblar tras los incendios, carreteras que asfaltar, bosques que limpiar, en fin, muchas oportunidades para emplear a estos enfermos, cuyas mentes y emociones necesitan un ancla en la simple realidad de cada día. Las megalomanías y los delirios pueden sanar, cuando una mens sana se aloja in corpore sano. Y nuestro deber ciudadano es potenciar esa sanación, si es que queremos de verdad un cambio. En una sociedad avanzada y civilizada ya no debería quedar espacio para la crueldad, ni para los pensamientos de venganza "legal"que disfrutan imaginando castigos sin piedad ni inteligencia. Todos nos merecemos algo mejor. Pero lo tenemos que hacer entre todos. No podemos excluir a nadie, por mal que esté. Estos seres son un reto para los demás. Hay que aprender a condenar sus hábitos, pero al mismo tiempo a tenderles una mano para que los cambien. Solos nunca se curarán, porque no tienen conciencia de su enfermedad y egañados, engañan a muchos. Y luego lo pagan todos.

Y para terminar, recordaremos el título de este texto, que es un viejo lema de los inventores del derecho en Occidente: los latinos. "Summum ius, summa iniuria", es decir, la justicia llevada al extremo, se convierte en injusticia. El justo siempre es clemente. Y compasivo. También sabe que sólo en el arrepentimiento el perdón es hace realidad. De nada sirve perdonar a quien no tiene conciencia de su delito, en cambio el arrepentido, aunque no se le perdone, se ha rescatado a sí mismo. Ha recuperado su conciencia real. Su alma. Su vida.

martes, 15 de septiembre de 2009

Desmontando inercias

En estos tiempos de rápidos giros y contrastes bruscos es más necesario que nunca tener bien despiertas la conciencia y la atención, no con tensiones estresantes, sino con paz interior.
Hay una tendencia a ignorar lo que ocurre y otra que tiende a magnificar y a agrandar los poderes de la confusión, a convertir en ídolo imbatibley "sacralizado" todo aquello que desconocen y les causa temor. Es decir, las mayorías se decantan entre la ignorancia voluntaria y el miedo "protector". Estos dos polos reflejan la misma carencia: la falta de lucidez, de sana reflexión y la capacidad asociativa para relacionar fenómenos en tre sí, detectarlos u neutralizarlos sin dañar ni empeorar las situaciones, sino aportando soluciones válidas y no traumáticas. Pongamos algunos puntos interesantes para debatir y reflexionar:

1)) Los medios de comunicación sirven actualidad constantemente, a una velocidad de vértigo que aturde y bloquea la percepción de la realidad sumergiéndola en las aguas turbias y sombrías de la apariencia. La consecuencia es la desinformación deformante. Un ingrediente utilísimo para las nuevas tiranías del poder mediático, que están basando su labor zapadora en el manejo pervertido y abusivo, amoral, de la comunicación. Es una viejísima energía en la que se está injertando la savia fuerte de las nuevas tecnologías que en realidad responden a una visión mucho más amplia y universal que los arcaicos poderes de siempre, que pretenden seguir siendo los mismos perros de ayer decorados con los collares de hoy.

2) En la velocidad con que las noticias divulgan un hecho, que inmediatamente levanta oleajes incontenibles de opiniones irreflexivas, viscerales, de indignación, entusiasmo, pánico, odio o fervor, repulsa o solidaridad, el indivíduo desaparece licuado como sujeto reflexivo y libre, para converterse en un panel de efectos automáticos, de reacciones mecánicas y al mismo tiempo en agente difusor del caos. El efecto pande-mediatico y su regla aúrea: siembra confusión y obtendrás poder y ganancias. Las sociedades confusas y asustadas son clientela segura para consumir lo que le echen, sean víveres en caso de amenaza, vaciando supermercados, sea vaciando gasolineras si se anuncia una subida de combustible, sea arrasando farmacias en busca del básamo de un Fierabrás cada vez más ambcioso y con menos escrúpulos, puesto que nada ni nadie se interpone en su camino de lucro insaciable.

3) En tal estado es imposible tener un instante de lucidez para parar y mirar el paisaje con calma, para poder entrever de donde viene el alud y poder desviarlo,pararlo y deshacerlo. Y sobre todo para investigar qué mecanismos de precariedad personal nos hacen tan vulnerables y tan manipulables.

4) La TV como instrumento de "relax" o de "información directa", es uno de los factores más importantes a la hora de hundirnos en el vacío y en la oscuridad del caos. Sería una herramienta perfecta para despertar, aprender, compartir y disfrutar, para desarrollar potencial humano, pero en manos del "monstruo" cada vez más estúpido, degradante, carente de imaginación, de inteligencia y de valores, que entre unos y otros hemos ido conformando, se ha transformado en un arma letal, asesina de las raices de la conciencia y de la libertad real, mientras sirve en bandeja borreguismo, atrofia y realidades aparentes coloreadas con el tinte que la cadena concreta (¡no es casualidad, sino causalidad, que se llamen "cadenas"a las empresas televisivas!) quiere pintarnos y vendernos lo que le interesa que creamos y pensemos, es decir lo que nos convierte en zombies teledirigidos. Nunca ha sido más exacta la propiedad de esta expresión.

5) Cuando los acontecimientos se desbordan y nos golpean como sociedad y como individuos, es cuando se ve la indefensión en que nos movemos y pululamos, convencidos de que eso es "la vida" que queremos, lo que hemos votado y elegido. Pero no es verdad. Somos la claque de un sainete mediático que aplaude o abuchea según lo que le cuentan, sin capacidad desarrollada para entender y "leer" detenidamente el prospecto del tóxico diario que nos inoculan los medios para gobernarnos desde el propio inconsciente. El peligro de "El gran hermano" no es el control desde fuera, que se quedaría sin súbditos ante las conciencias despiertas, no, el peligro real es que "el gran hermano" se instala dentro del sujeto, se funde con él, y desde allí gobierna hasta transformarlo en "cosa", en objeto. Lo "convierte", como una secta o un predicador hábil pueden convertir a cualquier persona poco despierta a un credo cualquiera. Y en un gota a gota implacable e imperceptible nos despoja de la posibilidad de despertar. Anula nuestro adulto, esa capacidad para crecer, armonizar, comprender, integrar y resolver.

6) El siguiente paso de esta desintegración del yo íntimo e imprescindible, es la ruptura y desarticulación psíquicas. Una locura en escala, que comienza en la idotez y en el pasotismo, en la indiferencia irrespònsable que impide la participación consciente en la vida social, continúa en la avidez insaciable de poseer, de conseguir, de comprar y de poder. Sigue con el fantismo acomodaticio, la violencia que ya no repara en los métodos ni en las formas. Se puede llegar a la ofensa, a la calumnia, a la mentira, al robo, a la asociación delictiva y mafiosa disfrazada de bien cultural, político, comercial, empresarial, religioso o jurídico. Corruptio extenta sine limitibus. Da igual, porque el orden de factores no altera el producto. En ese proceso el deterioro de la percepción de la realidad cambia por completo. El sumo poder aquirido deforma el autoconcepto y ese egregor personal se "vende", se publicita en los medios y se filtra en el inconsciente hasta formar un todo con el arquetípico "gran hermano" que le dotará de una fuerza pesuasiva casi insuperable, porque ya es parte del individuo, que a su vez va perdiendo esa facultad individuadora para identificarse con su "dios salvador" y convertirse en masa moldeable y dócil, que a cambio de "protección" se entrega en brazos del loco que más poder y medios ha rebañado en la olla electoral y sobre todo, mediática. Está claro que, al final, estos procesos, por más camuflados que se vendan hasta confundir lo normal con lo frecuente, terminan siempre en una crisis que aquirirá las dimensiones mismas que tenga la masa implicada. Entonces la tortilla da la vuelta y el "supermán" que salvó al pueblo de todo mal, se convierte en un bandido, un delincuente, un monstruo. Un inútil que ni ha sabido gestionar nada y que ha arrastrado a un pueblo maravilloso e inocente, a la ruina. Entonces hay que lincharlo. Para eso está la democracia, el poder del pueblo.

7) Un error que se debe superar cuanto antes es esa exculpación urbi et orbe de las responsabilidades de la masa. La "culpa" de la masa está ya implícita y explícita en su propia condición. Son los indivíduos los que pueden cambiar las cosas y mejorarlas. Nunca los mogollones del rebaño haciendo bulto y causando desastres manipulados por el más hábil y pícaro encantador de serpientes. Y en la construcción y mantenimiento de la masa colaboran los medios sin escrúpulo alguno, juego que aprovecha el poder sin reparar en ningún miramiento. Y tras el poder, el capital ideológico y económico que lo sostiene.

8) Una sociedad adulta no puede estar eternamente jugando al victimismo. Tiene mucho que ver con quienes la gobiernan, ya que se suelen elegir en votación pública y libre los modelos de gobierno que se consideran aptos y validos porque reflejan los valores, intereses y formas de entender la vida de la mayoría. El concepto de "familia", "trabajo", "seguridad", "salud" o "educación" y "cultura", relaciones internacionales y formas de entender la convivencia ciudadana. Cuando con el tiempo el gobierno elegido demuestra que es tiránico, déspota, corrupto, mentiroso, insaciable y realmente enfermo mental de megalomanía, egocracia y paranoia omnipotente, el pueblo, antes de lapidarlo debe urgentemente mirarse en el espejo de aquello que ha elegido como excelente y,como en un juego de habilidades de la atención, ir buscando coincidencias y diferencias, entre lo que repudian y sus ideales de vida. Sus conductas. Por ejemplo, no se es más ladrón por robar un patinete que por robar un Rolls Royce. No se es menos corrupto porque se aceptan unos cuantos trajes como "pago" y "agradecimiento" de ciertos favores y facilidades, que si se acepta un apartamento o un barco o un viaje con la pareja alredor del mundo, o acciones bancarias o millones en bolsas de plástico o maletines de polipiel. No es más corrupto un alcalde que coloca a su familia entera en el ayuntamiento, que quien saca doble plaza en oposiciones en dos ayuntamientos de la misma comunidad y luego vende una de las plazas ganadas a alguien que que se ha quedado sin ella. O que el director de un colegio que denuncia a los maestros que le hacen preguntas en las reuniones porque no entienden algo y llega hasta expedientarlos sin que la inspección ivestigue nada. ¿Cómo puede acusar de corrupción a un poítico un tendero que roba en el peso, un taxista que truca el taxímetro, una persona que falsifica la declaración de hacienda...Antes de lapidar, y por el bien de todos, todos deberíamos revisar qué "virtud" y "carisma" nos atrajeron del farsante y desatroso gobernante que ahora odiamos y queremos expulsar del "trono", porque tal vez en su lugar quién sabe que hubiésemos hecho.

9) Estas reflexiones del punto anterior no son en absoluto una apología de lo indefendible, sino un método para no perdernos en la vorágine de los hechos que nos llueven como en catarata y nos dejan sin capacidad para ver todo lo que nos impide avanzar, todas las sombras personales que acumulamos sin saberlo y que están en perfecta sintonía con aquello que despreciamos cuando en su realidad nos muestra nuestra debilidad que acepta las apariencias y costumbres como valores y el bombardeo mediático como un infalible director de escena que nos lleva y nos trae al antojo del loco más atrevido y más necio, al que nuestra locura particular pequeñita y nuestra necedad bonsai han elegido como paradigma y gran jefe mixtificador de una tribu que no es india, precisamente, y que no sabe distinguir entre los miedos y los medios.
Como diría Cristo: "Quien esté libre de culpa que tire la primera piedra". Los delitos deben pagar el daño que causan, pero el delincuente es un desgraciado en realidad, un prisionero de sus vicios, un esclavo de sus obsesiones. Lo deseable es que por las buenas, la masa se recupere como individuos, dejen de obedecer al tirano y le obliguen así a dimitir, sin creer en las patrañas que viniendo de él no pueden ser más que basura para salpicar en su caída a todos los que siente como enemigos. Y, por supuesto, que los individuos en recuperación empiecen a creer que es posible la utopía de la honradez, de la decencia, empezando por ellos mismos, valorando al político dialogante, respetuoso con la libertad de quienes le consideran rival en vez de considerarle un "blando" o sin "carisma". Valorando la justicia sin privilegios. La humildad de reconocer los errores y la capacidad para rectificar, en vez de la chulería y la obstinación de permanecer en la basura que todos ven y huelen, sólo porque es la basura de casa y entonces no puede ser basura, sino mérito y virtud, aunque crucificarían al "enemigo" si hiciese simplemente la mitad o la cuarta parte de lo que los tiranos y estúpidos hacen a cada instante, no tanto por maldad como por falta de lucidez, de recursos intelectivos y sentido común.

La invitación de hoy es a reflexionar despacio, sin prisas ni urgencias, sin rabia ni revanchismo. Con paz interior y humanidad compasiva. Ser violentos, juzgones, vengativos y justicieros, que no justos, nos lleva a parecernos más a aquello que nos repugna que a lo que deseríamos ser de verdad y que tanto echamos de menos en la sociedad, donde sobran despotricadores y protestones ruidosos y faltan coherentes discretos que crecen en silencio, capaces de hacer de su vida un ejemplo de bondad, justicia, tolerancia, respeto, equilibrio y belleza.

martes, 1 de septiembre de 2009

Un cuento para la yaya Cari, con mucho cari-ño!

Llevamos juntas un montón de años. Exactamente desde que ella tenía diez y seis. Y ya está jubilada...Recuerdo su sonrisa de adolescente. Su afición por la moda, por el diseño de la ropa. Era una artista de sonrisa resplandeciente y una montaña de ilusiones que guardaba celosamente en el cajón de los sueños secretos. Le gustaba mirar la raya del horizonte cuando volvía de sus clases de costura; se imaginaba siempre viajando a otro lugar, conociendo otros mundos donde se hablaban otras lenguas, donde había otras costumbres menos aburridas que en aquel pueblecito de la Cataluña profunda y labradora. Era de trato fácil, se desenvolvía con soltura entre los conocidos y amigos, pero no abría con facilidad las puertas de su intimidad. Realmente nadie la conocía de verdad. Rumiaba en silencio las huellas de la infancia aún tan próxima y las mezclaba con otras: las del caballo del príncipe azul que cualquier día podría dejarse caer por allí y llevársela a la grupa alada, blanquísima y veloz, entre nubes de seda y cintas de terciopelo.
Le gustaba escribirse con gente lejana y le encantaba conocer otras culturas, otros ambientes.

Recuerdo aún el día en que nos encontramos por primera vez. Me miró varias veces antes de decidirse a mezclarme en su vida, me revisó concienzudamente y por fin tomó la gran decisión: compartiríamos la misma habitación, el mismo horario y los mismos trabajos. Yo siempre he sido dócil y estaba cansada de llevar una vida impersonal, siempre quieta en aquel rincón donde nadie significaba nada para mí y yo tampoco significaba nada para nadie. Por eso me sentí tan halagada y contenta cuando se decidió a llevarme con ella. Cuando me eligió entre otras compañeras.
Conocí todas sus historias. Fui silencioso testigo de sus confidencias a las pocas amigas íntimas que tenían el privilegio de escuchar lo que no le contaba a casi nadie.
Llegué a conocerla tan bien que podía detectar cuando se enamoraba y cuando se desilusionaba.
Le encantaban las fiestas de Nadal y la Festa Major. El baile y la música. Escuchar la radio y hacer planes para el futuro. El pa tomaca amb oli y sentirse una princesa encerrada en su castillo escondido.

Pasó el tiempo y apareció el príncipe. Se llamaba Tony y era una estrella del balón. Un mago del remate de cabeza. Diseñó su traje de novia y se casaron. Fueron felices, de vez en cuando comían pedices y tuvieron tres hijos maravillosos que nacieron envueltos en pentagramas de luz y notas tejidas en colores: Do era organdí salmón. Re, satén turquesa. Mi, de muselina pistacho. Fa, seda natural marfil. Sol, batista fucsia perforada. La, tul magenta. Si, brillantina blanca estampada en pequeñas flores violeta. La casa era el arcano de un pintor misterioso que diseñaba conciertos futuribles en el papel pautado de los rizos y las pupilas de aquellos niños soñadores y agradecidos a la vida. Mientras tanto, ella, la maga de los patrones y el diseño, seguía proyectando los rincones de su fantasía aún sin estrenar, en todo lo que inventaba. Viajando por el pais de norte a sur, me enseñó geografía y culturas diversas. Conocí a sus amigas nuevas. Y disfruté de muchos cambios de ciudad y de casa.

Cuando la estrella de Tony cambió el firmamento del estadio por el cosmos creativo de los fogones y demostró que se podía conseguir un sistema planetario gastronómico manejando las primicias de la madre tierra entre los pucheros y las sartenes, por entre los que Dios acostumbra a pasearse, como ya descubrió Teresa de Jesús, ella, mi amiga de tantos años, me trasladó a vivir junto al mar, a su lado, como siempre. Me buscó un rincón junto a la cristalera de la terraza, frente al puerto, donde se balancean los yates y los veleros en verano y donde el mar se queda solo y lleno de luces de purísimo azul en las mañanas soleadas del invierno. Entre el canto de los pájaros y el roce suave de las palmeras del jardín percibo la delicadeza de los jazmines y las voces nuevas de los niños que vienen a sentarse junto a mí.

He vivido de sensaciones. Del tacto de ella, de su proximidad. De los fragmentos de conversación. De las piadosas gotitas de aceite reparador. De los silencios. Del repicar de la lluvia en las plantas y los toldos. Del aroma del café y el regusto de paellas indescriptibles. De la quietud en la noche cuando sólo los reflejos de la luna se hacen mis confidentes impasibles. Inexcrutables. De las idas y venidas. De los regalos del Tióm y las canciones en catalán. De los destellos de las cuentas, perlas y brillos del brocado y el raso en la falla textil. De los relatos de viajes ultramarinos, mamenrober y mágicos. He sentido las manos pasar por mi piel llena de cicatrices cromáticas, por mi cuerpo horizontal y la torre vertical de mi cuello sólido y potente. Las notas del piano, del trombón, el clarinete y el bajo, la guitarra y la voz...deslizándose por mi melena transparente de caricias necesarias. Por la rueda de la fortuna que me pone en movimiento y me da el empuje para continuar sintiéndome esa vieja amiga imprescindible todavía. He aprendido a enrollar y estirar los hilos de mil historias, a contemplar en silencio caras familiares y desconocidas que desfilan cada día delante de mi discreta y modesta presencia. Por la puerta de servicio. En el rincón oculto del probador. Bajo la sombra del maniquí, el polvo del jaboncillo y la guirnalda de la cinta métrica.

Y aquí estoy, tranquila, envejeciendo en mi rincón mediterráneo con dignidad, como ella, como Tony. Después de tantos años me pregunto por qué no tengo un nombre. Me gustaría que antes de jubilarme para siempre, ella, la única amiga, la única familia que he tenido de verdad, me dijese por fin algún día, mientras suena la música en el taller y Noa ladra a algún tímido rayo de sol en la terraza, que aunque no tenga nombre, he sido la más fiel y servicial colaboradora, ésa que nunca le ha pedido nada a cambio de dejarse llevar y traer, trabajar sin sueldo ni cotización... Su inseparable máquina de coser.

jueves, 27 de agosto de 2009

Buenos días para todos

Cuentan que la verdadera conversión del apóstol Pedro no fue cuando Jesús le eligió como discípulo, ni después de seguirle durante tres intensísimos años de experiencia, ni siquiera cuando recibió el encargo de cuidar del grupo porque reconoció el origen divino del Maestro. El verdadero y fundamental cambio de Pedro se produjo después de negar ante los esbirros del poder hebreo que conocía a Jesús y cuando el miedo le bloqueó hasta el extremo de la traición. Ahí Pedro, el fuerte y el convencido, el honesto y valiente -así se veía él hasta ese momento- comprendió su debilidad y su inconsistencia, ahí se hizo, por fin, consciente de su poquedad, de su nada. De la ausencia de fe y de confianza en aquello que veneraba e incluso le ocupaba su tiempo y dedicación. Y ahí comenzó su verdadero cambio. No de ideas ni de credos, sino de sustancia esencial. Vio su realidad auténtica. Y comenzó su toma de contacto con la santidad verdadera.

Dicen los relatos apócrifos que, después de la crucifixión, Pedro tuvo un sueño lúcido en el que el Maestro apareció resplandeciente y con las manos extendidas hacia él, con una sonrisa y una mirada de ternura y elevada comprensión le dijo: "Simón, no te atormentes más por lo que has hecho. Olvidalo; mientras tú me negabas ante los hombres yo te estaba reconociendo y sanando en el amor del Padre. No dejes que la oscuridad te engañe. El Amor jamás condena. Y Dios es Amor"
A partir de aquel momento Pedro cambió por completo. Y en cada acontecimiento comenzó a ver una oportunidad para la compasión y la misericordia, pues ¿qué otra cosa puede hacer quién se ha despertado y comprendido cuánto amor recibimos constantemente sin ser conscientes de ello y qué torpes y obtusos podemos llegar a ser al ignorarlo e interpretar a nuestro antojo limitador lo que nos sobrepasa?

Cuando te equivoques de camino o te caigas de esa altura en la que creías estar, no te desesperes ni te maltrates. Reconócete con paz y recuerda que aunque tú te castigues duramente por tus errores, el Amor -que te conoce de verdad- te sostiene, te comprende y respeta tu derecho a aquivocarte y a rectificar. A renacer. Y cuando vives esa experiencia, tu esencia cambia para siempre. El miedo, que es el origen de todo error y delito, se va para siempre. Ya no son tus limitados recursos los encargados de solucionar las cosas. El universo y tú sois uno cuando atraviesas la puerta irreversible de la humildad-verdad. Ahí comienza "otra vida" aún sin cambiar de plano material. Y el "milagro" se convierte en el compañero fiel. No es "milagro" sino el cumplimiento de las leyes supremas de la creación. La magia ha intentado reproducir los prodigios por medio de efectos mentales, pero no lo consigue hasta que ella misma se convierte en Amor y asciende hacia una ética sublime, cuando el "mago" alcanza el estado de la santidad, que no es renuncia ni lucha, ni curiosisdad ni juego superficial, ni deseo de "poder", sino rendición, fluidez y simplicidad. Gozo. Despojamiento y liberación. Felicidad sublime y completa. Inextinguible, pase lo que pase.

El cielo es ese estado de conciencia que te permite la felicidad en medio de la vida tal como llega. Y la felicidad es la manifestación del cielo en todo lo que vas viviendo sin depender de que ello sea "bueno" o "malo", de que aparentemente de "perjudique" o te "favorezca". El Amor borra el juicio, cambia el sabor y el contenido de la fruta del árbol de las confusiones.
Por eso es la llave del conocimiento, de la verdad y de la liberación.

sábado, 22 de agosto de 2009

Operación "mandala"

Queridos amigos que seguíais de vez en cuando los tres blogs que he suprimido, quisiera agradeceros la compañía que durante un par de meses me habéis regalado, vuestras visitas y comentarios a veces escritos, a veces (la mayoría) in person. Y también, -aunque no es necesario, sí me parece oportuno- explicaros que tanto la decisión de brirlos como la de cerrarlos ha obedecido a un ciclo de inspiración que ya ha caducado. Ahora toca dejar que el universo reparta en lo invisible lo que se plasmó en lo visible, si es que quiere hacerlo. La verdad es que me da igual lo que la vida y el universo hagan con lo que sólo les pertenece a ellos. Al transcribiente sólo le corresponde el gozo del disfrute del proceso y el crecimiento que queda como un poso bajo los dictados de cada inspiración, que es un regalo personal de "arriba" y de "dentro", indeleble, por decontado.
Igual que los lamas tibetanos, he deshecho alegremente mi mandala de tres círculos concéntricos y así dejo que el viento del espíritu, que sopla donde quiere y como quiere, se lleve el polvo coloreado de las ideas, el eco silencioso de las palabras escritas y la música de las imágenes.
Que todo lo bello y bueno que hubiese ahí, llueva dulcemente sobre los mares eternos y regrese a casa convertido en gotitas de eternidad, no por el poquísimo tiempo que ha sido perceptible, sino por el origen que todo lo recicla y da sentido y utilidad, a su manera, que generalmente no es la nuestra.
Como para los pajaritos del cielo y los lirios del campo, todo está en su sitio. A cada día le basta su afán. Y mañana Dios dirá por donde sopla el ángel inspirador. Hoy sólo quiero daros este abrazo de luz y transparencia.
Que la paz esté y se quede con vosotros y en vosotros, puesto que ella sólo es posible porque vosotros, nosotros y ellos la podemos acoger, generar, cuidar y multiplicar.

Gracias por vuestra compañía. Sed felices.

jueves, 6 de agosto de 2009

La única hora buena

Había una vez un prestamista muy cruel que cobraba intereses elevadísimos por sus préstamos a la gente que tenía dificultades, sin pensar jamás en el dolor y la angustia que causaba su avidez despiadada.
Un día se presentó de repente en casa de un labrador, que tras un año de sequía y de inundaciones alternativas, se había arruinado y había perdido la cosecha entera.

"Vengo a que me pagues la deuda que tienes conmigo", le dijo ásperamente. "Ahora, no sólo me debes lo que te presté, más los intereses, sino también el recargo de un 50% más , por el retraso".

La suma era tan grande que el pobre labrador no podría pagarla en toda su vida, ni aunque sus cosechas fuesen extraordinarias. "Si no bajas el precio del recargo y el de los intereses, que has ido subiendo en este tiempo, no podré pagarte nunca"-le dijo.

"Ya veo que no me vas a pagar y como me lo temía, ya vengo preparado, además de quedarme con tu ganado, tus tierras y tu casa, he traído estas dos maletas bien grandes para llevarme todos los objetos de valor que encuentre".
Dicho y hecho. El prestamista llenó las dos maletas con todo lo que encontró en la casa, que pudiese tener algún valor, pero al intentar levantarlas no pudo, a causa del peso de todo cuanto había cogido.
Necesitado de ayuda para transportar su voluminoso equipaje, la pidió en el pueblo, pero nadie quiso ayudarle. Por fin, apareció un hombre dispuesto a hacerlo. Era un ermitaño, que desde hacía mucho tiempo vivía en una casita en las afueras y que habiendo escuchado a la gente comentar el caso, se prestó a hacer aquel servicio sin cobrar nada a cambio, pero con la condición de que durante el camino, o bien el prestamista alabase y bendijese a Dios o bien, le escuchase a él alabarLe y bendecirLe. El prestamista accedió encantado, pues si además de llevarle las maletas, aquel tipo le divertía con sus excentricidades, miel sobre hojuelas.
Y así emprendieron el camino hacia el pueblo del prestamista que estaba a unos cuantos kilómetros. El ermitaño, en vista de que el otro no decía nada, comenzó a hablar acerca de las maravillas de Dios, de su bondad, de su ternura, de su compasión, de su sabiduría, de su justicia siempre clemente...Según hablaba su fuerza y su vigor aumentaban, ni el peso, ni el calor, ni el cansancio tenían poder sobre él y eso que ya era casi anciano. Mientras le hablaba de Dios, le llegó un conocimiento sobre la vida de aquel hombre y supo que aquel encuentro podría ser providencial porque el prestamista moriría dentro de pocos días.

Al llegar ante la casa, finalizado el camino, el ermitaño le dijo al prestamista que moriría dentro de ocho días y que salvo la hora que había pasado en su compañía escuchando las bondades de Dios, no había en su historia personal nada más que valiese la pena e inclinase la balanza cósmica a su favor. Y que cuando los ángeles de la muerte le preguntasen si quería la recompensa por esa hora antes o después, les dijera que antes y que les pidiese que le dejasen en compañía del ermitaño durante ese tiempo de gratificación. Y que en cuanto al resto, ya lo vería por sí mismo.

El prestamista no entendió nada, pero a los ocho días murió. Y los ángeles de la muerte le colocaron ante la balanza de la conciencia, donde está el Señor del juicio particular. Allí se examinaron los registros de su vida y lo único bueno que encontraron fue aquella hora en que acompañó a un amante divino que le llevaba las maletas de su culpa. Por aquel tiempo sagrado que había compartido le correspondía un tiempo igual de recompensa, entonces le preguntaron si la recompensa la quería inmediatamente o prefería dejarla para después. Ahí recordó las palabras del santo y eligió la recompensa inmediata. "La quiero ahora, y, por favor, llevadme junto al hombre que me acompañaba entonces".
Inmediatamente se vio al lado del ermitaño, que fuera del tiempo y del espacio, estaba cantando y contemplando la grandeza del amor de Dios.

"¡Hermano, estás aquí!"-dijo el ermitaño.
"Sí, me han traído para pasar una hora contigo, pero los ángeles de la muerte están esperándome fuera"
"No te preocupes -dijo el santo contemplativo- y acompáñame mientras la alabanza reconoce y celebra las bondades del Señor". La luz que emanaba el hombre de Dios se expandió en todo y el prestamista lleno de ella, comenzó también a bendecirle y a reconocerle, su estado cambió por completo y en unidad con el santo se fundía en el amor divino. En vano los ángeles de la muerte insistían en llamar al prestamista para que les acompañase. Aquél no les podía oír ni ver. Estaba en un plano distinto al que los ángeles de la muerte no tenían acceso. Frustrados, fueron a contarle al señor del juicio lo que ocurría. Y éste les contestó con palabras del Adi Granth :

"Escuchad, mensajeros de la muerte:no os acerquéis
nunca a un Santo. Los Santos siempre están unidos
al Señor en alabanza, acción de gracias, gozo espiritual
y contemplación profunda, aún en medio de la actividad
en el tiempo y en el espacio, ellos conservan su alma,
su mente y su corazón, siempre en el seno de Dios .
Ni vosotros ni yo podemos nunca
entrar en esa dimensión, porque nos transformaría
y no podríamos ya cumplir nuestro cometido cósmico
en el orden de los planos inferiores.
Una vez que se entra en esa esfera
nunca más se puede salir.
Tal es la felicidad y plenitud que se alcanzan".


Por eso los amantes de Dios nos dicen que un momento de fusión completa en el Amor Divino es más valioso que cualquier cosa de este mundo. Por eso quien lo ha probado nunca vuelve a ser el mismo. Una mirada de Dios tiene el poder de transformar el plomo de la debilidad claudicante en el oro del infinito .



Sanai-ben-Syphanì "Cuentos Místicos"

martes, 4 de agosto de 2009

No es oro todo lo que reluce ni es luz verdadera todo lo que brilla

-Maestro ¿cuál es el punto justo entre el brillo del espíritu y el fuego artificial de la vanidad?

-Dicen que en un sistema solar de poca monta, insignificante, perdido en el universo algunos planetas y satélites que giraban alrededor de la estrella central comenzaron a quejarse de que al brillar en exceso, con una luz tan potente, aquel astro les eclipsaba su propio brillo y eso les incomodaba muchísimo. Cuando la estrella se enteró del malestar que generaba su luz, reunió a todos y humildemente se excusó por haberles molestado sin querer, sólo porque su condición inevitable era la luz. Así que decidió abandonar la oscuridad en la que ya no tenía sentido su trabajo para regresar a fundirse con su origen, y fue apagando los anillos luminosos de sus circuitos para no molestar a los otros cuerpos celestes opacos que la rodeaban. Y así, poco a poco, se redujo aquella potencia, hasta apagarse. Entonces, la vida desapareció por completo de aquel sistema ex-solar, y los planetas y satélites que girando entorno a la estrella, al recibir su luz, se veían y brillaban con la energía prestada, dejaron de verse en la oscuridad infinita del cosmos y nunca más se supo que existían, convertidos en piedras inertes e invisibles ya que la luz que les daba sentido se había marchado.

Pero tembién cuentan otra versión de la misma historia. Algunos planetas, cansados de no tener luz propia y de depender tanto de la estrella central, decidieron convertirse ellos mismos en astros independientes y, pretendiendo brillar al máximo, se incineraron hasta calcinarse. La estrella entonces tuvo que aumentar su luz hasta volver a producir vida, agua y vegetación en aquellas desérticas y rocosas desolaciones suicidas.

Pues lo mismo ocurre entre nosotros, los humanos. Hay seres que brillan con luz divina, sin que ellos lo pretendan, y cuyo resplandor es siempre benéfico para el entorno, crean vida, no piden nada a cambio y mantienen la energía del sistema, éstos son imprescindibles para el desarrollo y el equilibrio del universo. Existen también otros seres que pierden el sentido de la realidad y desean brillar por encima de los demás aunque eso suponga su propia destrucción y la de su entorno.

Quien vive en la luz de Dios no brilla con luz propia, sino que transparenta la luz divina. Sus obras son tan limpias como sus pensamientos y deseos. Por eso no tiene ningún interés en brillar por el hecho de ser visto ni admirado. Al contrario, desea solamente que sea el Amor divino lo que brille y sane el mundo, ya sea a través suyo o de los demás.
Quien vive en su ego personal desea ser reconocido, manejar poderes, exhibir riquezas, falsas virtudes y habilidades inútiles, adquirir importancia. Y eso acaba por agotarles en luchas estúpidas y crueles, por atraer la envidia sobre ellos y dejar sus vidas inertes y estériles, como aquellos planetas necios, que queriendo manejar un poder imposible, se autodestruyeron.

La envidia contra la luz del Espíritu es insignificante, ni se nota ni se siente ni se ve, pero contra la luz de lo mediocre es destructiva.

Por eso es muy necesario que aprendamos a distinguir de qué luz nos alimentamos.


Sanai-Ben- Syphanì "Discernimiento"