sábado, 27 de abril de 2024

Gracias infinitas, hermano Ignacio Escolar y ElDiario.es. Un regalo, un alivio y un soplo de esperanza es leer esta declaración de humanidad, de ética, de lucidez y decencia informativa. La necesitamos con urgencia. Seguro que la sociedad española agradecerá que haya faros dando luz en medio del eclipse ético, de la ausencia de conciencia en las tempestades en medio de las Cuevas de Platón y de Alí Babá. Gracias, de verdad, Nacho y familia informadora. La vida, sin duda alguna, os devolverá el regalo como búmeran del alma, de esa conciencia sana, despierta y coherente, que ya es imprescindible en este mundo para mantenerse en pie.

 


El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en el hemiciclo

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“¿Merece la pena todo esto?”. La pregunta que se hace Pedro Sánchez es pertinente y sincera. No conozco a ninguna persona honesta que esté o haya pasado por la política y que no se lo haya planteado. Tampoco a nadie, ni siquiera a las personas más fuertes, que no haya dudado más de una vez. Que no hayan tenido la tentación de rendirse, de tirar la toalla, de salir corriendo de allí.

¿Merece la pena pasar por un proceso judicial, acusada falsamente de encubrir un delito de abuso sexual, como sufrió Mónica Oltra? ¿Merece la pena que tus hijas adolescentes sean insultadas y ridiculizadas públicamente, como le ocurrió a Zapatero? ¿Merece la pena padecer durante meses un acoso constante y permanente en la puerta de tu casa, como hicieron con Pablo Iglesias e Irene Montero? ¿Merece la pena que te intenten meter en prisión con pruebas falsas –a ti y a tu pareja–, como soportó Victoria Rosell? ¿Merece la pena pasar por injustas persecuciones judiciales por “terrorismo” como las que sufren algunos de los políticos independentistas?

Hay una expresión que detesto y que estos días no paro de escuchar: “A la política se viene llorado de casa”. Me parece abominable por una doble razón. La primera, esta idea tóxica de que tener sentimientos es algo a exterminar, cuando es al contrario: ojalá más personas con empatía, capaces de sufrir y de llorar; nada hay más humano que esa emoción. La segunda, esta regla odiosa de que en política vale todo y hay que soportarlo todo sin siquiera mostrar la más mínima aflicción. Que hay una suerte de nuevo derecho constitucional, el derecho al acoso con insultos, mentiras y denuncias falsas, que se extiende no solo a los políticos sino a todo su entorno personal.

No, no creo que ser familiar de un político te otorgue una bula especial. Claro que la prensa debe fiscalizar al poder y son muchas las ocasiones en que resulta imprescindible entrar ahí. Claro que es pertinente informar sobre el fraude y las comisiones millonarias de la pareja de Isabel Díaz Ayuso, la persona que paga la casa de lujo donde vive la presidenta de Madrid; igual que lo fue, décadas atrás, publicar los tejemanejes del hermano de Alfonso Guerra –que también fue condenado por un delito de fraude fiscal–. No seré yo quien no defienda el derecho constitucional a la información. Pero subrayo esa palabra: información. Que no es lo mismo que los bulos, las mentiras y las medias verdades que tanto abundan hoy. 

Se ha abusado tanto del victimismo en política que es inevitable desconfiar. No conozco a ningún corrupto que, pillado in fraganti, no proclame sufrir una persecución mediática y judicial. Empezando por el propio Donald Trump, que es quien más ha utilizado esa vía para eludir cualquier responsabilidad, y ha creado, para toda la extrema derecha del mundo, un manual. 

No sé si Pedro Sánchez dimitirá. Hoy creo que no, pero solo él lo sabe con certeza. Sí estoy plenamente convencido de que la denuncia contra Begoña Gómez, más tarde o más temprano, se archivará. Porque a pesar de la pulsión reaccionaria que late en algunos juzgados –imprescindible para explicar buena parte de las cacerías contra políticos de izquierda– me niego a creer que una acusación tan endeble pueda prosperar.

Pero volvamos a la pregunta inicial de esta carta. ¿Merece la pena? La terrible respuesta es que no, que no sale a cuenta. Que hace mucho que no merece la pena, si solo se mide desde el punto de vista personal. 

¿Merece la pena que llamen “Begoño” a tu mujer?, ¿que la arrastren de los pelos por el barro de los juzgados con una denuncia basada en bulos?, ¿que acosen a tu hermano, a tu padre o a tu suegro con mentiras y falsedades? ¿Merece la pena que machaquen a las personas que quieres?

Un ejemplo: ¿cuántas veces has escuchado lo de “la sauna del suegro de Pedro Sánchez”? 

Este miércoles, Ester Muñoz, diputada y vicesecretaria del PP, insistía en esa misma acusación: “Tenemos los escándalos que rodean al presidente del Gobierno, ahí tenemos a su suegro que se enriquece con esas saunas, todos sabemos a qué tipo de saunas me refiero”.

Al día siguiente, la periodista Silvia Intxaurrondo preguntó a esta dirigente del PP qué pruebas tenía para sus acusaciones. “Están publicados en los medios y que todo el mundo... Es que yo no he acusado absolutamente de nada a nadie. He dicho cosas que están publicadas en los medios”, respondió.

Hoy en elDiario.es explicamos el origen de una de estas “cosas que están publicadas en los medios”. El Gobierno de Rajoy encargó al comisario Villarejo espiar al padre de Begoña Gómez. Según el entonces número dos del Ministerio del Interior, Francisco Martínez, serviría para “matar políticamente a Sánchez”. “Esto lo revienta”, decía también. 

¿La verdad de la historia? Que las famosas saunas ni siquiera eran del suegro de Sánchez. Son de sus hermanos. Pero decir que “los hermanos del padre de la mujer de Pedro Sánchez” tienen una sauna quedaba peor en el titular.

Todo esto pasó hace ya diez años, en 2014. A los pocos meses de que Pedro Sánchez llegara por primera vez a la secretaría general del PSOE. Tras este encargo del Gobierno de Rajoy a Villarejo, la historia de la sauna del suegro de Pedro Sánchez se multiplicó por varios medios de comunicación. Tal vez algún día también descubramos el origen de las mentiras que se publican hoy. Aunque para entonces será como con este bulo de la sauna: una calumnia cuyo daño será imposible de reparar.

¿Es humano tener la tentación de rendirse, para proteger a los que más quieres? Claro que lo es. Por duro que seas. Por fuerte que te creas. Supongo que a mí me cuesta algo menos empatizar con lo que pasa por la cabeza de Pedro Sánchez porque, a una escala mucho menor, también he sufrido episodios similares. Titulares infectos de medios aún más deleznables contra quien entonces era mi pareja. O acoso e insultos en redes sociales contra mi actual mujer. Me he tirado más de un año imputado por el delito de “revelación de secretos”, por informar del máster fraudulento de Cristina Cifuentes. Me toca pasar por los juzgados casi cada mes, para defenderme de demandas injustas contra elDiario.es. Y hay barrios de Madrid –esos en los que arrasa Vox– por los que prefiero no ir, porque no es plato de gusto que te insulten cuando paseas con tu mujer y tus hijos, como me ha ocurrido en demasiadas ocasiones. 

Cualquier persona de izquierdas mínimamente conocida sabe de qué hablo porque todos lo sufrimos, especialmente las mujeres. Son problemas de país rico, me suelo consolar –en otros lugares del mundo, los periodistas incómodos acaban muertos, en el exilio o en prisión–. Pero es un desgaste constante, agotador, que impacta en tu vida y te cambia el humor. Hubo una temporada que me daba miedo salir a comer o a cenar en sitios públicos porque casi siempre terminaba mal. 

El acoso contra la izquierda siempre ha existido. Pero en los últimos años ha ido a peor. La derecha ha logrado convertir la vida pública en un lodazal, una estrategia deliberada para igualar la reputación de todos: la gente honesta y la que no lo es. Y que en demasiadas ocasiones cuenta con la imprescindible colaboración de algunos jueces afines. Y de muchos medios de comunicación. 

¿Todos los políticos son iguales? ¿En serio? ¿Por qué entonces el gobierno de Zapatero no tuvo ningún gran caso de corrupción y el de Aznar ha acabado con tres de sus ministros en prisión? 

¿Qué dirían, qué escribirían, si Begoña Gómez se hubiera llevado 234.000 euros de comisión de una adjudicación del Gobierno, como hizo el hermano de Ayuso? ¿Dónde estaría hoy Pedro Sánchez si su pareja hubiera defraudado 350.000 euros a Hacienda tras cobrar un pelotazo de dos millones, como ha pasado con la presidenta de Madrid?

Es la misma derecha que, hace veinte años, alimentó una teoría de la conspiración sobre los muertos del peor atentado terrorista de la historia de España. La misma que, hace diez años, utilizó los fondos reservados y la cloaca policial para destrozar a sus rivales políticos. Los mismos que ahora han convertido el “que te vote Txapote” en un lema electoral. Los mismos que llaman “hijo de puta” al presidente del Gobierno y, en vez de disculparse por el exabrupto, lo convierten en una chanza más. Los mismos que se jactan de controlar la Justicia “desde detrás” y que por eso mantienen secuestrada desde hace más de un lustro la renovación del Consejo General del Poder Judicial. 

¿La izquierda ha contribuido a que el espacio público se haya deteriorado tanto? Creo honestamente que sí, que una parte de la izquierda cometió el error, años atrás, de validar los escraches, que nunca se debieron producir. Esa agresividad le volvió a la izquierda multiplicada por mil. El famoso escrache a Soraya Sáenz de Santamaría en la puerta de su casa fue pacífico, duró 20 minutos y pasó una sola vez. No hay punto posible de comparación con lo que Iglesias y Montero padecieron durante meses. Y la manifestación frente a la sede de Génova también ha pasado apenas una vez, y no es equiparable a lo que ocurre desde hace meses en Ferraz y otras sedes de partidos de izquierdas por toda España. Hace mucho tiempo que es la derecha, no la izquierda, quien ha cruzado todos los límites y está fuera de sí.

¿Merece la pena? No. A nadie le sale a cuenta vivir así. Y de eso se trata. Este envenenamiento constante y sistemático tiene un objetivo deliberado: destrozar a cualquiera que asome la cabeza, para que sea insoportable estar ahí.

No merece la pena. Pero hay que resistir. Para lograr, entre todos, un debate público menos tóxico, y que nunca más vuelva a ser necesario enfrentarse a un dilema así. Estoy seguro de que Pedro Sánchez y su familia serían más felices si dejan La Moncloa. Pero también espero que no dimita, porque las consecuencias para España y nuestra democracia serían nefastas. 

viernes, 26 de abril de 2024

La Misión- Tema Principal

¡¡¡Bravo, Pedro Sánchez!!!

 

Ya está bien, querid@s fachas, herman@s del resto de la especie, a pesar vuestro, obviamente. La humanidad es una familia, a pesar de todos los pesares... Sin duda, es vuestro retraso evolutivo impuesto como sistema, la causa de que este mundo sufra tanto y mejore tan despacio y con tanta marcha atrás. Una prueba inocultable es el pifostio que habéis montado con las ganas de lapidar a Pedro Sánchez, a Mónica Oltra, a la jueza Victoria Rosell,  y a cualquier trabajador/a de la gestión pública que dé señales de tener conciencia y humanidad suficiente como para hacerse responsable de sus deberes éticos por encima de sus intereses personales y de partido -en el reino podrido de fachilandia ambas cosas son inseparables, por eso estamos como estamos-. 

Como ciudadana de la polis española quiero hacer público mi apoyo total a Pedro Sánchez, más allá de ideologías, lo primero como ser humano  en el momento que está afrontando y padeciendo a causa de ser un defensor total del Bien Común, desde el principio de su andadura política, hasta ahora. Una virtud que nos encantaría ver también en el PP y en Vox, pero que según está el patio, se encuentra aún a millones de años luces, nunca mejor dicho y peor sucedido. Y lo segundo como presidente del Gobierno de estas Españas desgarradas histórica e histéricamente por  manipulaciones y estupideces cronificadas en un sentido ppatriótico tan inútil como cegato y desgarrador, que ha hecho del enfrentamiento civil y político, una profesión y un negocio de aquí te (des)espero, mientras me forro. 

Lo peor que le puede ocurrir a un pueblo, a una nación, a un Estado, es no aprender nada, durante siglos y siglos, de su propia historia y, para colmo, hasta sentirse orgulloso(¡😱!) de sus barbaridades, en vez de reconocer los errores para no repetirlos enrabietándose con todo lo que no es "lo suyo" como estrategia electoralista y depredadora, cuando alguien o álguienes, lo hacen, como es, por ejemplo, lo que la derechona escupe y berrea por Bildu y el pueblo euskaldún, justamente por haber evolucionado y crecido, superando el horror de la ETA, una madurez social y política que ni el pp ni vox alcanzarán jamás si siguen como van, cuesta abajo y sin frenos psicomorales, eliminando cualquier atisbo de alma y de conciencia, de ética y humanidad, de, como diría Jane Austen: sentido y sensibilidad,  e incluso de inteligencia, que confunden sin parar con la manipulación y el sistema "celestina" y "lazarillo de Tormes" como base picaresca y delincuente, tan política como económica y social...El ambiente ppeppero/voxciferante no conoce otros métodos, es obvio, que la reproducción interminable del modelito heredado de una miseria secular, una herida  profunda, crónica y empeñada en ser eterna, tan caralsol, como de espaldas a la conciencia ...Ufff, ,menudo, marrón.

Pedro Sánchez, al contrario de la afirmación de Ayuso y su modo ideoilógico de gobernar, sí tiene sentimientos. No está dividido entre intereses y carnavales. Vive y comparte sin disfraces lo que piensa y siente. Por encima del politiqueo está su conciencia, su sentido de la responsabilidad y su humanidad. El no poder ni querer "triunfar" a costa del sufrimiento de cualquier ser humano. En este caso de su compañera de vida y de familia, a la que la mafia derechista lleva años persiguiendo y acusando de absurdos y majaderías increíbles, que para colmo, en su locura, dejan cristalino el origen del que provienen, y que canta La Traviata: una mediocridad absoluta, que una vez llegada al poder, acaba invadiendo Irak y provocando un atentado terrorista en Atocha, como consecuencia del disparate invasor sin más sentido que seguir como un borrego a un mediocre e irresponsable presidente del disparate como lo fue George Bush jr, una 'desalma' gemela de Aznar, sin duda,..que acabó por encalomar a ETA el atentado de Atocha, así, sin más. A tanto llega esa mediocridad, que siguen empeñados en que ETA siga viva, cuando la propia ETA, se deshizo a sí misma, por el trabajo de Zapatero junto al ministro de Interior  Pérez Rubalcaba, incluyendo previamente el gobierno de coalición del Psoe en tiempos de Patxi López y de Basagoiti, en el pp de Euskalherría,   el propio terrorismo -hace ya 13 años- entendió lo absurdo de su continuidad y públicamente dio testimonio de su finiquito total, en una sociedad donde la violencia y el fanatismo ideológico habían perdido toda razón de ser y estar. Un proceso que el pp jamás supo poner en marcha y mucho menos, resolver. Para la ideología fanática y cerrada sobre sí misma, la escucha y la cooperación, los valores como la ética y la responsabilidad humana, el diálogo y el acuerdo entre las diversidades, son defectos y debilidades, sólo la brutalidad, la imposición, la fuerza más bruta y retorcida, los insultos y las calumnias, son "virtudes".

No es nada extraño que Pedro Sánchez se vea incapaz de asumir una barbaridad como el sistem in failure pepero. Eso es lo  lógico en un ser humano sano, responsable y lúcido, que conserva su humanidad y su inteligencia consciente en buen estado. Pedro Sánchez nunca haría lo que hace el pp para conseguir mandar. Al contrario, prefiere, como Alberto Garzón, no perder el norte de su conciencia aunque eso signifique renunciar a cargos políticos, como hizo Mónica Oltra también. Un ser humano agredido profundamente, lacerado y agotado por tanta basura en un país donde la justicia está descaradamente en manos de la corrupción, es irrenovable, se compra y se vende como un cupón de la ONCE, o donde un rey dimite y se larga con un pastón al reino de las mil y una noches, se pasea por SanXenxo, como si tal cosa, y aquí no pasa ná, de ná...porque ante él la Justicia simplemente es la flauta de Bartolo, con un agujero solo, que por supuesto es el ojo del pp...

¿Cómo olvidar la brutal falta de respeto, consentida y ninguneada en la TV privada, claro, por los moderadores del cotarro informativo, en el debate(¿?) de las últimas elecciones, entre Pedro Sánchez y Feijóo, que no dejó hablar a su supuesto contrincante electoral ni para decir ¡hola!? Fue horrible y vergonzoso. ¿Quiénes mueven sin parar la manivela de la manipulación ad hoc? ¿Quienes están cocinando el menú del desastre en el fogón de las basuras? 

El problema de fondo es que Pedro Sánchez es más humano que animal, más persona que aparato manejable por la ppasta y el ppoderío. Y como no es comprable, estorba. Personalmente yo, como ciudadana, siempre daré mi voto a un ser humano consciente, bondadoso, generoso y desapegado de las bajezas morales, responsable de sí mismo y capaz de abandonar puestos ilustres, jefaturas de gobierno y de partido, antes que corromperse y mantenerse en un poder asqueroso, que en realidad destruye todo aquello por lo que ese ser ha trabajado y se ha esforzado hasta el heroísmo durante toda su faena política, de años y años, al servicio del Bien Común y de la conciencia social y personal. Un Sócrates político, capaz de tomarse la cicuta como le exige la democracia orientada absurdamente contra sí misma por y para quienes la ética, el diálogo y la construcción de la humanidad, sólo son problemas y no soluciones ni caminos acertados en nuestra evolución.

Beneficios del crecimiento espiritual  


Curiosamente hoy aparece en la prensa, al mismo tiempo que el shock sanchista, una noticia inesperada: España ya no es el país europeo con más crecimiento laboral, sino que presenta un bajón impresionante, así, de golpe y porrazo y lo publican en masa, a lo bestia...como suelen hacer con la dinamita desinformativa  cloaquil. En fin, querida fachosfera, trata de entender, si puedes, claro, que aunque seamos comprensiv@s, repetuos@s y pacientes contigo, no significa que seamos imbéciles. A ver si te autocontrolas, con menos trolas, claro...

jueves, 25 de abril de 2024

Grândola Vila Morena Zeca Afonso Letra 25 DE ABRIL C. L. S.

Grândola Vila Morena - Flashmob em Berlim

  

¡Feliz aniversario, querida y ejemplar revolución portuguesa y queridos hermanos y hermanas que la hicísteis posible! Para la vecina España fue y sigue siendo un acontecimiento admirable e inalcanzable, desde el final del franquismo hasta hoy, heredera de una dictadura pegajosa, que ni siquiera terminó con la muerte de su promotor, sino que se sigue pudriendo en el sótano del basurero histórico y forrístico de las Hisppanias... Parece mentira que teniendóos ahí al lado este país no se plantee el estado comatoso  de su miserable democracia...Basta leer la prensa o escuchar las noticias, para comprobarlo. Alemania estará encantada de escucharos y acogeros, amorosa Terra da fraternidade, Grândola Vila Morena! A ver si España aprende de vosotr@s y revisa su esperpéntica y oximorónica democracia(¿?)...

¡Gracias, familia portuguesa, por vuestro ejemplo y vuestra conciencia! ¡Cumpleaños feliz, herman@s! 

                              Whatsapp Individual Emojis Para Copiar Y Pegar - m-i-s-s-l-o-l-i-t-a

miércoles, 24 de abril de 2024

Ludwig van BEETHOVEN.- Sinfonía núm. 9 "Coral" - Oda a la alegría

Me parece que este artículo del profesor Javier de Lucas, publicado por InfoLibre, es de imprescindible lectura para tod@s, en el momento histórico que estamos padeciendo. Dar un buen repaso a Kant, para celebrar el 300 aniversario de su nacimiento, no sólo puede instruirnos, sino que sobre todo, puede despertarnos y hacernos descubrir un panorama distinto y posible, para cambiar las rutinas suicidas de nuestra especie, automatismos que nosotr@s mism@s afianzamos y perpetuamos resignadamente, porque aún no hemos trabajado a fondo la relación entre alma, mente, instintos, emociones, conciencia e inteligencia, todo ello aplicado a nuestro presente, a la temporalidad directa mediante un Derecho mucho más consciente, vivo y sano, haciendo que la Ley, combinando amor, luz y vida, como camino integrativo de nuestra especie se convierta en el alimento de nuestra evolución. No podemos seguir en el mismo plan que en los imperios padecidos a lo largo de milenios y sus consecuencias, repitiéndose con un automatismo tóxico tan demencial, beligerante y destructivo como intenso. Ahora es nuestro momento para el cambio a mucho mejor para todos y todas, sin excepciones, haciendo del Planeta nuestra Casa Común.Gracias, hermano Javier de Lucas e Infolibre por compartir este chispazo tan necesario de lucidez y de humanitaria responsablidad, cada día más urgentes y necesarias. De UCI antropológica.

 

Una propuesta para leer a Kant 🤩🤗👍👍👍👏👏👏🙏🙏🙏

Derecho y paz en Kant 

InfoLibre

Estamos acostumbrados a imaginar a Kant como el pensador ilustrado que pone las bases de la emancipación mediante la razón, la crítica, como el filósofo que asienta principios básicos de una ética universal y racional, aspectos abundantemente glosados con ocasión del tercer centenario de su nacimiento, que se cumple hoy, 22 de abril de 2024.

Quiero proponer al lector que considere otro aspecto menos trillado de la obra de Kant, el que sugería Jean Lacroix cuando le definió como “un hombre de Derecho”. Créanme, nada más cierto, ni más pertinente en este momento. Porque es precisamente su preocupación por garantizar la libertad y la paz a través del Derecho (el aspecto de su legado que recogió en buena medida el gran jurista Kelsen), lo que hace rabiosamente actual a Kant. Lo es, en un contexto tan dilemático y atribulado como el nuestro, marcado por el retorno a un discurso belicista que subraya la ineficacia de una comunidad y de un orden internacional como el onusiano (heredero de las propuestas kantianas), incapaz de encontrar una voluntad política común que ofrezca respuesta eficaz a lo que parece el eterno retorno de la guerra. Esa incapacidad, ese sentimiento de impotencia ante la imágenes de destrucción en Ucrania y Gaza, ha dado alas a un pragmatismo bajo el que resurge, más o menos descarnado o encubierto, una nueva ola de belicismo.

Por eso, aunque siempre hay muchas buenas razones para volver a leer a Kant, la que propongo es la actualidad del propósito que preside la última etapa de su obra, de carácter marcadamente filosófico jurídico y político. En efecto, en sus últimos años reivindica el papel central del Derecho para garantizar esos dos objetivos que consideraba fundamentales, la libertad y la paz. Es lo que desarrolla en dos trabajos capitales de esa última etapa: el panfleto sobre La paz perpetua (1795), en el que explora las soluciones para superar la guerra, y la Metafísica de las Costumbres (1797), cuya primera parte está dedicada a la Doctrina del Derecho, una indagación de carácter filosófico jurídico, nada abstracta, muy vinculada a los cambios trascendentales que se vivían en las últimas décadas del XVIII, marcadas por las revoluciones americana y francesa y también, claro, por la omnipresencia de la guerra. 

Hobbes y Kant: un antagonismo simplista

Es evidente el peso que tienen en nuestra visión del mundo dos guerras, las que se libran en Ucrania y Gaza. Ambas, dominadas por esa niebla de la guerra de la que se sirven cada vez más los contendientes para manipular la realidad, mucho más allá de lo que teorizó Von Clausevitz cuando acuñó la expresión. 

En el marco de este regreso a la guerra como horizonte existencial, hay quien ha hablado de una nueva victoria del momento hobbesiano sobre el kantiano, acudiendo a lo que, a mi juicio, es una tan fácil como simplista contraposición entre estos dos gigantes del pensamiento

Un ejemplo de ello, a mi juicio, es cómo se ha presentado el lanzamiento de drones y misiles desde la república fundamentalista islámica de Irán contra territorio de Israel, información que en la mayoría de los medios apenas hace referencia a que se trata de una respuesta del régimen totalitario de los ayatollah frente a la destrucción por Israel de su consulado en Damasco, que causó la muerte de trece personas, entre ellos su cónsul y el jefe del servicio de inteligencia y otros altos mandos de la Guardia revolucionaria iraní que asesoran al régimen sirio. Un ataque de ese tipo, evidentemente, constituye una agresión a los principios básicos de soberanía y respeto a las sedes diplomáticas, mucho más grave que la entrada de la policía en la embajada de México en Quito, que suscitó con toda justicia la prácticamente unánime condena internacional. Pero es interesante pensar en las características y consecuencias del ataque iraní –quizá también prevista por el gobierno israelí, cuando destruyó el consulado de Damasco–, neutralizado eficazmente por los sistemas israelís de defensa, con colaboración, entre otros, de los EEUU y Jordania. Lo cierto es que, pese a la enorme dimensión cuantitaviva del ataque, quizá fue en realidad una respuesta calculada, pensando más en la imagen de fuerza del régimen y no tanto en causar daños relevantes (lo que sería una prueba del realismo de ese régimen, como ha argumentado Sami Nair). En todo caso, lo que parece evidente es que la respuesta de Irán ha devuelto al gobierno de Israel un apoyo internacional que perdía a chorros y ha actuado como pantalla para continuar con su programa de destrucción implacable en Gaza y su horrible coste para la población civil palestina. Y todo ello mientras asistimos casi indiferentes a las otras guerras, que no afectan tan directamente a nuestros bolsillos.

Vuelvo al interés de leer a Kant en nuestro contexto inmediato. Parecería que estas dos guerras en Ucrania y Gaza han vuelto a decantar el delicado equilibrio entre principios y pragmatismo en las relaciones internacionales del lado del belicismo, una versión radical de la tradicional reivindicación del pragmatismo (“realismo”) como condición del buen gobernante: me refiero a la concepción expresada en la metáfora admonitoria, atribuida a Bismarck, sobre la necesidad de evitar el idealismo propio del político que sólo se pertrecha de principios para realizar su tarea, a quien el canciller de hierro compara con el ingenuo que se adentra en un bosque infestado de ladrones, con un palillo entre los dientes. Una versión radical que inspiraba, por cierto, la pragmática concepción de Kissinger –continuada por la muy influyente Madeleine Allbright– acerca de la prioridad de disponer de una posición de fuerza en las relaciones internacionales y ejecutarla, al precio que fuere.

Los partidarios del nuevo pragmatismo nos dicen que debemos abandonar el wishfull thinking y reconocer que, a la hora de la verdad, ni la diplomacia, ni las normas del Derecho internacional, ni ninguna autoridad superior (esto es, la fuerza de la razón jurídica y política, la fuerza del Derecho) nos protegerán frente a la razón de la fuerza. Sólo ser capaces de oponer una fuerza mayor –la amenaza verosímil de recurrir a ella– nos ofrece esa garantía. Ergo, ante las amenazas de Putin, sólo cabría confiar en la existencia de esa amenaza mayor, una capacidad de respuesta bélica superior a la de Putin (sobre ello). Hoy, buena parte de los gobernantes europeos (de Donald Tusk y Kaja Kallas, a Von der Leyen y, en alguna medida, el propio Borrell) multiplican las advertencias a los ciudadanos europeos para que seamos conscientes de que vivimos en situación prebélica y debemos armarnos para poder esgrimir esa amenaza. Cuanto más, mejor.

¿Y qué tiene que ver todo esto con leer a Kant? Pues resulta que, en el marco de este regreso a la guerra como horizonte existencial, hay quien ha hablado de una nueva victoria del momento hobbesiano sobre el kantiano, acudiendo a lo que, a mi juicio, es una tan fácil como simplista contraposición entre estos dos gigantes del pensamiento. En efecto, suele presentarse a Kant como el gran contrapunto de Hobbes, precisamente a propósito de la guerra y de la paz. Con la crítica al idealismo kantiano, los pragmáticos se cobrarían una nueva victoria sobre los ingenuos pacifistas.

A mi juicio, hay que empezar por leer con un poco de detenimiento, más allá de los tópicos. Kant no es en absoluto un ingenuo idealista encerrado en su torre de marfil: el gran filósofo alemán , un voraz lector de las noticias de todo el mundo, no se aleja en realidad del modo de concebir la guerra como nuestro horizonte existencial que propone Hobbes, sino que la comparte, aunque llegado un momento se pone a la tarea de ofrecer una respuesta a esa realidad muy distinta de la de Hobbes (el gran Leviathan): la necesidad de superar ese destino fatal, mediante el Derecho y la federación de Estados, en aras de otra manera de entender la paz.

Kant, como Hobbes, explica que, si se atiende a lo que podríamos llamar la experiencia histórica de los pueblos, la guerra es algo natural, un recurso de la naturaleza para obtener sus fines, o incluso un instrumento de progreso cultural de la humanidad (no tan lejos de lo que luego sostendrá Hegel). Esas tesis se encuentran en su ensayo de 1784, Ideas para una historia universal en clave cosmopolita, o en el de 1786, Probable inicio de la historia humana. Pero Kant, como decía, era un ávido lector y observador de cuanto acontecía en el mundo. Por eso, como han explicado muy bien entre otros los profesores Roberto Rodríguez Aramayo y Teresa Aguado, su concepción de la guerra experimenta una profunda transformación cuando, siempre atento a la realidad internacional, tiene noticia de los acontecimientos que abocan a la Paz de Basilea de 1795: me refiero a los dos tratados firmados en esa ciudad suiza por la recién nacida República francesa y el reino de España, que ponen fin a la denominada “guerra de la Convención”, el frente pirenaico de la coalición de las monarquías europeas contra el régimen revolucionario francés, un acuerdo forzado en buena medida por la ruina económica que causaba en la monarquía española. Es cuando Kant decide escribir La paz perpetua. Un diseño filosófico, el trascendental opúsculo en el que sentará las bases de su proyecto jurídico y político con el que trata de transformar ese horizonte inevitable de la guerra. La guerra, sostendrá Kant, es un grave obstáculo para el progreso moral de la humanidad. Por eso, propone su prohibición, como un imperativo de la razón práctica: debemos prohibir el recurso a la guerra porque, de no hacerlo, estaríamos yendo en contra de nuestra propia condición de humanos.

Ese es el legado de Kant que me interesa subrayar. Tal y como argumenta la profesora Aguado, Kant sienta así las bases jurídicas, éticas y políticas para una filosofía cosmopolita de las relaciones internacionales, que se resumen en una nueva formulación del derecho de gentes y una teoría de la gestión de relaciones pacíficas entre los Estados, a través de un federalismo internacional. Sus ejes son la garantía de la paz y del respeto de los derechos humanos, en el marco de lo que con Habermas podríamos denominar una esfera pública y, junto a ellos, la propuesta de una sociedad civil global, garantizada por un Derecho cosmopolita. Por eso, para Kant, lo que podríamos llamar un Estado cosmopolita de Derecho, aunque sería más exacto denominarlo Federación cosmopolita de Repúblicas, que es lo que imagina Kant, no puede no ser sino un Estado de paz, en el que ninguna guerra debe ser permitida. De ahí que, como se ha escrito, el núcleo de las tesis de Kant sobre guerra y Derecho se puede resumir en estos términos: donde impera el Derecho no puede haber ninguna guerra y donde hay guerra no cabe el imperio del Derecho. Kant, por cierto, nunca llegó a imaginar el Derecho internacional humanitario, que trata de autodisciplinar la guerra.

Para salir del atolladero en el que nos encontramos, creo que el Kant radicalmente ilustrado de la 'Doctrina del Derecho' y de 'La paz perpetua' vuelve a aparecer hoy como referente ineludible

Un matiz: espero que cuando sostengo la validez de las propuestas kantianas sobre la exigencia prioritaria de la paz a través del Derecho y del modelo de negociación multilateral para tratar los conflictos, en el marco de una federación de Estados, se me conceda desde el lado de los pragmáticos que no postulo la estupidez de prescindir de la política de defensa. Mi reflexión se encamina a una prudente interpretación del manido lema de los Epitoma rei militaris de Vegetius, un clásico de los estudios militares que, frente a la interpretación habitual, no ordena taxativamente prepararse para la guerra si uno quiere la paz (si vis pacem, para bellum). Su apotegma es bastante menos asertivo: igitur, qui desiderat pacem, praeparet bellum, esto es, “por tanto, quien deseara la paz, debería prepararse para la guerra”.

Lo que propongo, con Kant y con el kantiano Kelsen que escribe La paz a través del Derecho, pero también, desde luego, con Gandhi y con el Mandela que sale de la cárcel tras haber sostenido la lucha armada y se transforma en defensor de la negociación con el enemigo, no es la simpleza de prescindir de la política de defensa y transformar en arados las espadas. Se trata más bien de recordar que armarse hasta los dientes, amenazar con guerra sin cuartel, no es la vía aúrea para la paz: hay que entender el manido lema de Gandhi según el cual la paz es el único camino. A mi juicio, su significado es que, para lograr la paz, lo prioritario no es tanto amenazar al enemigo con un arsenal mayor, sino trabajar en las condiciones de la negociación, del arreglo pacífico sometido a las reglas de esa concreción de lo que Kant llamaba Derecho cosmopolita que son las normas y la jurisprudencia propias de la legalidad internacional. Y que ello no obsta para exigir responsabilidades a quienes violen las normas del Derecho internacional humanitario en el curso de la guerra.

El Derecho, piedra maestra de la obra de Kant

Pues bien, ese Derecho cosmopolita que propone Kant encuentra su armazón teórica en la referida Doctrina del Derecho, a la que, como he recordado, dedica la primera parte de su gran obra final, la Metafísica de las Costumbres. Y aquí viene mi recomendación al lector, que no es otra que sugerir que lea las penetrantes páginas del ensayo con el que Manuel Jiménez Redondo introduce la magnífica edición de la Metafísica de las costumbres que se acaba de publicar en castellano, traducida por él mismo, y que lea asimismo el sustancioso prólogo escrito para esa edición por nuestro añorado Tomás Vives.

El profesor Jiménez Redondo, en efecto, explica cómo en este ensayo, centrado en la discusión sobre las relaciones entre Derecho y ética y en el que Kant rehace los conceptos y principios de su filosofía jurídica, ética y política, Kant está profundamente marcado por el impacto que en él ha provocado la revolución de 1789, cuyos acontecimientos sigue con muchísima atención y muy concretamente por el debate en torno a los principios que inspiran la "Declaración de los derechos del hombre y del ciudadano". De manera tan brillante como convincente, Jiménez Redondo hace ver que la Doctrina del Derecho no es otra cosa sino un análisis de esa Declaración de derechos de 1789, a la que convierte en una teoría del Derecho perfectamente articulada, basada en la libertad.

El Derecho que nos presenta Kant es un orden esencialmente tripartito, que parece particularmente adecuado en este momento de nuestra existencia marcado por la experiencia de la globalidad, por la conciencia de que formamos parte de una casa común, la Tierra y, por tanto, por la conciencia creciente acerca de que la interrelación, la interdependencia de esa morada y todos los que la habitan –no sólo los seres humanos, añadimos hoy– exige la garantía de un orden efectivo de Derecho. Un orden compuesto por el Derecho de los Estados de Derecho, el Derecho que ha de regular las relaciones entre los Estados de Derecho y el Derecho que exige la red cada vez más densa e inextricable de relaciones cosmopolitas; "si falla una de estas tres partes, necesariamente tienen que fallar las otras dos”, escribe Kant.

El siglo XXI parecía haber dejado atrás la catástrofe de un orden internacional como sistema de Estados conformado con arreglo a la relación amigo-enemigo, como proclamó también el fin de la historia, al entender derrotado el modelo de socialismo de Estado, y el final del orden de la posguerra. Pero lo cierto es que pronto hemos comprobado que no se ha abierto un orden multilateral basado en la negociación y el imperio de la legalidad internacional.

Para salir del atolladero en el que nos encontramos, creo que el Kant radicalmente ilustrado de la Doctrina del Derecho y de La paz perpetua vuelve a aparecer hoy como referente ineludible. Como lo ha sido para los principales teóricos del último tercio del siglo XX, que buscan asentar las bases de un orden justo en las relaciones internacionales, como Rawls o Habermas. Más en concreto, si pretendemos un orden internacional que no renuncie a ser justo por ser eficaz, me parecen irrenunciables las tres propuestas de Kant, en parte matizadas por Kelsen, como ha explicado mi compañera, la profesora Cristina García Pascual: un Derecho cosmopolita dotado de Tribunales de justicia con capacidad sancionadora, un orden multilateral bajo la forma de federación de Estados (no de un Estado o imperio mundial), y la paz como valor superior, tal y como enunciara la Carta de las Naciones Unidas.

Quiero concluir. Como muestra de esa actualidad de Kant, no me resisto a transcribir un rasgo de la aportación de Kant sobre el que escribe Tomás Vives en su prólogo: “Kant postula un derecho de ciudadanía mundial del que se desprende como mínimo el derecho de hospitalidad”. Y cita a Kant: “No se trata aquí de un derecho por el cual el recién llegado pueda exigir el trato de huésped –que para ello sería preciso un convenio especial benéfico que diera al extranjero la consideración y el trato de un amigo o convidado–, sino simplemente de un derecho de visitante, que a todos los hombres asiste: el derecho a presentarse en una sociedad”. Por eso, concluye Vives: “Ese derecho se funda en la común posesión del suelo de la tierra. Estas ideas van ya mucho más allá de los postulados actuales de los Estados liberales de Derecho y contrastan con el inaceptable trato que recibe la emigración. Lo que sigue a ese punto de partida es la igualdad postulada de todos los pueblos en el marco de un Derecho público universal. Es decir, en el marco de un Derecho público cosmopolita común a todos y aceptado por todos como garantía de la paz perpetua. Ese objetivo está muy lejos; pero el día que se lograse, el mundo se hallaría en una situación mucho mejor que la actual para todos los individuos y se habría asegurado la paz perpetua. Tender a ese objetivo, por dificultoso que sea, es para Kant una obligación”. A pocos días del, a mi juicio, fallido pacto europeo de inmigración y asilo, estas palabras continúan siendo un aldabonazo.

Por eso, si queremos celebrar a Kant, si queremos entender por qué vale la pena leerlo, sugiero comenzar por leer esas páginas introductorias de los profesores Vives y Jiménez Redondo sobre el gran proyecto de Kant, el Derecho cosmopolita, al servicio de la libertad y de la paz. Creo que, si algún lector me hace caso, me lo agradecerá.

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Javier de Lucas es catedrático de Filosofía del Derecho y Filosofía Política en el Instituto de Derechos Humanos de la Universidad de València.